Estamos tan metidos en esto de la formación de Gobierno, la cabalgata de los
corruptos y asistiendo ojipláticos al lamentable espectáculo de la autodestrucción del PSOE a manos de ellos mismos (bueno, unos “ellos” que ya no sabemos ni para quién trabajan) que se nos pasan por alto cosas mucho más importantes, tanto como que Puigdemont inicia la andadura de una nueva consulta y no le hacen ni caso.
Nadie lo diría pero han ocurrido en el mundo otros hechos deberíamos tomarnos en
serio. Desde el NO al referéndum de la paz en Colombia que sólo puede explicarse en clave de sed de venganza, el hiperorgullo colombiano o porque el negocio de la plantación de coca ha influido bastante en las urnas. Casi que me quedo con lo último por aquello de que los humanos tenemos el hábito de pretender comer todos los días y la desesperación puede llevar a preferir un tiro a la inanición. No se, es una idea loca que se me pasó por la cabeza pero como este mundo ha perdido en Norte y va a base de Trankimazín, vete tú a saber.
Aquí, en casa, nos han pasado de puntillas por los informativos noticias que serían
como para “tirarse al monte”. ¿Alguien en la sala sabe mucho de eso de que el Tribunal de Justicia Europeo ha sacudido un poco a la reforma laboral del PP? Resulta que, muy por encima, nos dicen que es injusto que se distinga en el despido a los eventuales de los fijos y visto como han callado televisiones, partidos, patronales y sindicatos me temo lo peor. Me recuerda a aquello de las uvas y el Lazarillo de Tormes y me veo venir la equiparación de los despidos, como dice el Tribunal, pero a la baja y que nos finiquiten dándonos una patada en las posaderas.
Si cosas así de gordas pasan sin darnos cuenta, imaginemos otras más discretas pero preocupantes porque dejan claro que nuestra sociedad está rota, fundida y a la deriva
(exagerado, ¿verdad?). El otro día cayó en mis manos, todavía no se como, un artículo de una revista especializada, BMC Psiquiatry (o algo por el estilo) Según conseguí entender en mi inglés de bote, resulta que el consumo de psicofármacos en este país se ha disparado una barbaridad tanto como que, parece que a pesar de la inmerecida fama de “siesteros”, aquí nadie puede dormir tranquilo y tomamos medicinas alegremente como si fuesen caramelos.
¿Pero qué nos llevar al trabajo una fiambrera de esas de hojalata con un bocata de
tortilla de Valium? Personalmente creo que sería un error pensar que nos gusta colocarnos porque sí. Más bien creo que nos hemos transformado en una sociedad que no puede descansar, que desconoce la paz porque vive agobiada por el paro, las deudas, el esperpento político y los millones de sueños rotos deas forma injusta y prematura. Puedes comprobarlo al subir al metro, antes todo el mundo hablaba, ahora parece el bus para acudir a un funeral, todo son lamentos y caras largas, nada bueno.
Todo suma para que muchos se sientan como huérfanos que buscan en la química el
consuelo que no tienen en ninguna parte. Antes algunos encontraban un lamentable sosiego en el barman-confesor pero ahora ni siquiera eso, hemos dejado las relaciones sociales “face to face” y nos empeñamos en simular una falsa felicidad con fotos sonrientes en el Instagram que en realidad como dice un amigo, que es muy bruto, no son más que la versión 2.0 de la foto de la lápida.
No son pocas las cosas que no funcionan y eso hace que vivamos en una sensación de “sálvese quién pueda” generalizado en la que caemos de cabeza porque ya no quedan
valores de ningún tipo a los que agarrarse. Parece que en este naufragio cada uno busca evadirse como sea, unos se matan haciendo deportes cuanto más extremos mejor para sentirse superiores y contarlo a los demás (suicidas les llamo yo). Otros se marchan al exilio en busca de “mejores prados en los que retozar”, la religión, meditación, puenting o lo que se nos pase por la cabeza porque como decía Serrat “cada loco con su tema”. La química es una puerta más, desaconsejable pero presente.
La resolución del problema no está solamente en la cura de las adicciones. Hasta que no liquidemos el verdadero origen de la enfermedad no vamos a conseguir nada. Hasta que no recuperemos la ilusión y las ganas de levantarnos cada mañana no saldremos de esta. Pero esto que está destruyendo existencias a todos los seres mundanos, parece que no sea importante para nuestros políticos que prefieren centrarse en lo económico y nos tratan como a trastos. Mientras SUS cuentas salgan y nosotros no aprendamos a valorarnos la solución estará lejos.




























me hinchan las meninges y eso no es bueno.
darán cuenta de que no podemos tragar con este chantaje sin nombre al que nos somete el señor de la barba diciendo “si no me aceptáis, votareis en Navidad y colgareis papeletas en el arbol” y conseguirán evitarlo, hay forma
que convocar elecciones no parece que sea más que otra de esas trampas saduceas a que nos tiene acostumbrados y que al final, ni se sabe como, acaban saliéndole bien. De hecho ya han empezado a dar sus frutos porque con esto de la negociación con Ciudadanos ha conseguido ya cosas como rellenarnos el verano y llevarnos a estos días taciturnos en los que olemos el final del verano (poned al Duo Dinámico, please). Aparecen los coleccionables en los kioskos, lo vemos todo un poco menos luminoso, volvemos a la realidad, los días ya acortan y empezamos a tener menos ganas de caipirinhas.
llos y
apoplejía o sucumbiesen a la modorra de una investidura a las 4 de la tarde un verano, Mariano habría conseguido tener a un “tonto útil” al que cargarle el muerto del invierno que nos espera después de 4 años de gobierno sordo y despótico. Lo dicho, un maestro, ni a
entrado en el juego de Mariano como ratón en una ratonera. Ha aceptado la posibilidad de sacar a pasear las urnas en Navidad, sin temer que los cuatro integristas que acudirán a votar acabarán dándole una flamante mayoría absoluta al PP
Elefante y aquello de
desarrollar un cáncer de piel a lo largo de los 30 años de esperanza de vida de que disponen. Los albinos han de hacer frente a una grave amenaza que los hace objeto de una pesadilla que parece recortada de tiempos ancestrales. Se les persigue por culpa de creencias y supersticiones que en muchos casos les llevan a una muerte cruel y sin sentido, como si todavía estuviésemos en la Edad Media. Son atacados porque se les cree malditos (algo así como los
cualquier periódico (incluso en papel). Si hemos podido llegar a saber de esto es
algo, porque igual no sabe que muchos viven instalados al borde del pánico. El primero es el miedo a lo desconocido, que es el susto inevitable a aquello de “a ver que me encuentro”. El que se genera cuando, por ejemplo, cuando vas a cruzar una puerta en una más de esas miles de entrevistas de trabajo que padecen las personas normales esas que han de aguantar carros y carretas para que alguien le diga, con esa sonrisa sádica que usted conoce, “es que no eres lo que estamos buscando” y así hasta la próxima mientras el tiempo pasa, el paro se acaba y cada vez andamos más desanimados con esa sensación falsa de “no valgo” que al final te hace aceptar un trabajo en los trirremes de Caesar Augusto porque hay que alimentarse a uno mismo y a la prole en la que cada vez hay más gente, hijos, hermanos, suegras…. Ese miedo usted no lo conoce, para usted el miedo a lo desconocido seguramente se limitará al cosquilleo ese que se siente al ir a tirarse por una montaña rusa en un parque de atracciones. Bueno, ese sustito también me vale, a algunos hasta nos gusta.
para el porrazo. Usted Sr. Trump, con su oportunismo y sus maneras al más puro estilo
a la gente lo que quiere oír, lo que sus más bajos instintos quieren escuchar porque, como en Europa, están quemados por no llegar ni a pagar las facturas. Usted sabe manejar esa frustración y la utiliza en beneficio propio proponiendo como si fuese una novedad el retorno a la política de lo básico. El brillo de sus ojos le delata, Sr. Trump.
cuando poco a poco vi como, valiendose de que el Partido Republicano está hecho unos zorros, se deshacía de sus contrincantes uno a uno, con unas formas agresivas, zafias y en las que valía todo. Fui dándome cuenta que estamos ante un gran peligro público, más que nada por las consecuencias que puede traernos el “desatar la bestia” que una sociedad al límite como la nuestra tiene dentro. De eso, Sr Trump, en el SXX ya hemos tenido demasiados y dolorosos ejemplos, no los reeditemos.
