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7 de Julio de 2016, CINCO individuos, presuntamente, violan a una joven y se jactan de ello. Existen pruebas que parecen concluyentes, vídeos, whatsapps y nosecuantas cosas más. Todo clama al cielo pero aunque se nos pase por la cabeza olvidar por un rato la existencia del Código Penal. Esto, por suerte, no funciona así y debemos esperar a ver que dice la justicia (espero que les diga, y mucho, si se demuestran culpables). Este tipo de noticias, por desgracia, cada vez son más frecuentes. Demasiado como para no ponerle freno inmediato.

Los hechos dejan claro que algo no está funcionando. Son actos terroríficos y más todavía por eso del grupo. A mí me asalta una duda. ¿Cómo es posible que se puedan cometer estas barbaridades en comandita? ¿Cómo puede ser que se reúnan una panda de depravados para cometer estas bestialidades? Supongo que eso de cometer los crímenes en grupo no creo que sea con la intención de hacer más “brutal” el crimen. Más bien será cosa de cobardía porque eso de ampararse en el anonimato del grupo les hace sentirse “más valientes” y “menos culpables”. No se a vosotros pero a mi se me hace más execrable el crimen.

Me horroriza admitir que puede existir en algún pliegue escondido y remoto del cerebro masculino la idea esa de juraque ser “hombre” implica ser más salvaje que el resto de los “machos” de la manada. En otros tiempos supongo que hacías la mili y te bestializaban un rato o algo por el estilo para volverte “hombre” (No lo se, fui uno de esos objetores de conciencia que llegamos a bordear la legalidad). Todavía parece que algunos descerebrados no han aprendido que lo único que hay que demostrar es el cariño a los que amas y el respeto al resto. Si eso fuese así otro gallo nos cantaría ¿verdad?

Pero existe otro tipo de criminal igual o más peligroso, el que se esconde puertas adentro, en casa. Se cree con barceloderechos propios de otros siglos, copiados de cuando aquella “Guia de la Buena Esposa” de Pilar Primo de Rivera para hacer de la hostia y el abuso su forma de diálogo. Suelen ser los que no saben donde está la cocina y buscan el puerto USB para cargar la batería de la escoba, se creen superiores, el “majarajá” de la casa. Pero el caso es que la mayoría antes no eran así, se han ido construyendo con el paso del tiempo, la cosificación de las mujeres en los anuncios, la tele o el cine y el haberles hecho creer de sangre azul dentro de casa. Puede.

El “Homo violator” necesita contar sus fechorías en el bar o a sus amigotes para buscar la aprobación general. Algo moeque consiguen cuando, en muchos casos, en lugar de llevarlo a collejas hasta la comisaría más cercana se callan y retroalimentan involuntariamente la idea rara esa del salvaje de que cree defender a los HOMBRES (así en mayúsculas y en general) frente a la amenaza de “lo femenino”. Lamentable pero cierto.

Necesitamos gritarles NO, a la cara y mostrar nuestro rechazo hacia los que hacen la vida imposible a nuestras compañeras. Nos hace falta que nos ayudéis a dejarles claro que nos humillan, que nos hacen sentir vergüenza de nuestro propio género. Nos están llevando a una situación en la que parece que nos han de tratar como bestias salvajes que se guían por impulsos irrefrenables, algo que se manifiesta en la inquietud de nuestras compañeras al quedarse solas entre varios hombres en un vagón de tren y no al revés.

Como perteneciente al género masculino pido que no se me integre en el colectivo de bestias descerebradas que a manual_buena-_esposa.jpgestas alturas de la evolución de la especie son incapaces de comportarse como humanos y siguen gruñendo en las cuevas. Pensad que pertenecemos a la misma especie y los especímenes masculinos también sabemos comportarnos y  no merecemos el recelo generalizado. Aunque admito que lo entiendo, visto que la mayoría de las bestias que se han infiltrado entre la especie humana han adoptado un cuerpo masculino.

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El otro día comentábamos (más bien tecleábamos) la amiga Ana (@pollitalus) y yo mismo un suceso de esos que pasan por las noticias de puntillas pero que en realidad son importantes para entender porque nos ocurren cosas surrealistas día sí, día también. Resulta que al final, y después de ponerle mucho suspense al asunto, el Gobierno en funciones (como si salmeron_15651_11hubiese funcionado alguna vez) se decidió a conceder un “indulto parcial” (parcial porque parece ser que sólo se pidió en cuanto a una sentencia de las varias que amontona) a Maria Salmerón, una madre que se limitó a defender a su hija de un maltratador condenado al que no se le retiró el régimen de visitas a pesar de la condena por un rosario de malos tratos físicos y psicológicos a la madre. Un indulto sobre algo que no debió llegar nunca a ese punto y que se le concedió con el desdén del que es capaz el “pijo muchimillonario” que tira cincuenta céntimos de limosna al pobre de la esquina “para que no moleste”.

El caso es que María y su ex maltratador tienen una hija, una chica de 15 años, a la que también el juez podía haber preguntado al respecto. La niña, naturalmente, no quería acercarse a su padre ni para pedirle machismo-2la hora, a lo que la madre accedió porque seguro que tenía miedo y no esperaba nada bueno del sujeto. Estoy convencido de que hubieses hecho lo mismo. ¿Acaso no queremos evitar el sufrimiento de nuestros propios hijos, pese a quién pese?¿No es lógico que la madre tenga miedo y quiera proteger a la niña de algo que puede hacerle, también a ella, mucho daño? Casos hemos tenido un montón y por desgracia no parece que vaya a tener remedio, por lo menos a corto plazo, visto que vivimos en un país en el que se convocan concentraciones machistas y nos tomamos a broma eso de que se empiece a llamar “Feminazis” a las mujeres que defienden lo que les corresponde.

Pues bueno, al final a María le cayeron 7 meses y debía ingresar en prisión porque además de esta tenía lobovarias condenas por el mismo asunto. Ella se negaba a entregar a la niña y el padre atormentador se ponía el disfraz de víctima afligida y corría al juzgado a interponer la consiguiente demanda, que se ponía a la cola para mayor retorcimiento de la madre que sumaba condenas como quién acumula puntos en la Travel Club. ¿Es eso justo? Como decía Ana, no es posible entender que si un animal defiende a su camada nos enternezcamos y en cambio si es una madre la que lo hace con sus hijos, acabe en prisión.

Parece ser que en este caso (y en tantos otros) la justicia es todo menos eso, justa. Se limita a aplicar las leyes sin pararse a pensar que no hace más que ensañarse en el dolor en lugar de mitigarlo. Cuando esto es así nos damos cuenta de que algo no funciona como debe.

No funciona porque parece que no aprendimos nada de cuando se procesaron jueces en Nuremberg por nurembergaplicar el Derecho Nazi sin pensar que lo que aplicaban era bárbaro y perverso, pero vigente en la época negra. Tan vigente entonces como nuestro actual Código Penal. Pero no voy a meterme en discursos sobre la eterna guerra entre el positivismo y el iusnaturalismo, para eso ya tenemos verdaderas eminencias en la materia a un tuit de distancia (adelantos de la técnica, yo me tuve que enrolar en la facultad de derecho) Seguro que uno de los mejores, el profesor Xavier de Lucas (@xdelucas) que nos puede iluminar mucho al respecto.

Nuestra justicia, en muchos casos, se dedica a aplicar códigos sin pensar en las consecuencias. Vivimos moisesun sistema judicial un tanto desnaturalizado en el que la mayoría de los jueces actúan como autómatas. Ya nadie se acuerda de Hobbes, Locke o Platón y puede que por eso a menudo se aplica la ley estricta como quién aprieta un botón, fríamente sin pensar siquiera en que el Derecho es algo más que un amasijo de leyes y que la justicia muchas veces no sólo ha de ser justa sino que además parecerlo (lo más complicado de todo). El oficio de juzgar no debiera ser como el Quimicefa, aplicar fórmulas para tener un resultado. Es algo niunamenoscreativo que muchas veces obliga al juez a hacer de equilibrista del Cirque Du Soleil entre lo que es justo y lo que dice la ley porque lo que tiene en sus manos son las vidas de personas con una historia particular detrás y las soluciones “a granel” no son válidas. Pero la verdad es que, como todo, muchas veces se ha reducido todo a “yo digo esto que es lo que dice el manual y evito líos”. Tenemos jueces para evitar eso, para que piensen y decidan sobre lo correcto y hagan lo que se espera de la justicia, resolver conflictos entre personas, no crearlos. De no ser así igual mejor los sustituimos por máquinas expendedoras de resoluciones y se acabó el asunto “su sentencia… gracias”.

No, hoy no es el día de la mujer (¿hace falta para que nos acordemos de ellas?) pero a juzgar por las lamentables y espantosas noticias que vemos a diario,  parece que aún vivamos en el Paleolítico Superior en pleno Siglo XXI. El otro día se convocó otra jornada de protesta para reclamar el derecho de las mujeres a conducir, cosa que no parece tan aceptada porque algún que otro jeque se ha pasado tres pueblos.

El jeque en cuestión, Saleh al-Luhaidan, miembro del Consejo Superior de Ulemas, decía, sin 207098aportar pruebas, en una entrevista que “Si una mujer conduce un coche, no por pura necesidad, podría tener efectos fisiológicos negativos (…) ya que afecta a los ovarios y empuja la pelvis hacia arriba”. Según él las mujeres sólo conducirían en “circunstancias justificadas” como la enfermedad de su marido durante el viaje. ¡Toma ya! Ojiplático me quedo

El caso es que en Arabia Saudí, uno de esos lugares con una sociedad religiosa anacrónica disfrazada de modernidad, petroleo y lujo, varias conductoras han sido detenidas y liberadas después de firmar un compromiso de no volver a conducir, algo así como el “no volverá a ocurrir” borbónico. Otras, como Shayma Ghassaniya, fueron sentenciadas a recibir diez latigazos (que al final fueron revocados).

¿Ah, que esto nos queda lejos? Pues en todas partes cuecen habas. Diría yo que la editorial del Arzobispado de Granada está en eso de superar al jeque con la edición de un libro titulado “Cásate y sé sumisa” (encima escrito por una mujer, Costanza Miriano) en el que defiende que la mujer debe “aprender la obediencia leal y generosa, la sumisión” para poder ser “feliz INCLUSO con su marido”, manda narices!.

Dejar pasar estas cosas puede que sea una de las causas que llevan a que aquí se vivan cosas mucho más lamentables. Me refiero, sin duda, a las más de 700 mujeres asesinadas por violencia de género en España, ayer mismo la última, muertes que se debieran haber evitado la última década, una cifra horrible, sólo comparable a las del terrorismo, más “mediáticas” marmita2pero también lamentables. A mi, y supongo que a todos, me hierve la sangre a fuego lento leer que nuestros gobiernos psicópatas en vez de legislar eficazmente, para evitar esta sangría, subvencionan a centros que segregan por sexos o consienten la diferencia salarial, pues oye, esas cosas me alteran las meninges. Además, es alucinante leer “perlas” tales como las injerencias de Gallardón en materia de abortos, sin recato ninguno y lo que ya no tiene nombre son las salvajadas pronunciadas por mujeres, en puestos de relevancia, retrógradas, machistas, que parecen avergonzarse de su própio género. Inexplicablemente me viene a la cabeza Esperanza Aguirre diciendo aquello de “el aborto no es un Derecho sino un FRACASO de la mujer en todos los supuestos” , muy propio de la Edad Media, si señora, ni Torquemada lo hubiese dicho mejor.

No debiéramos consentir que se emprenda ese camino, ni desde la política, ni desde el arzobispado y mucho menos desde el mundo de la cultura, lo siento por Perez Reverte y su ROSIE THE RIVETERlamentable “Mujeres como las de antes” (caballero, una mala tarde la tiene cualquiera). Porque si no conseguimos educarnos en la igualdad, en menos que canta un gallo regresaremos a la cuando las mujeres no salían de la cocina y no conseguían jamás la mayoría de edad. Entonces de nada habrá valido la lucha de nuestras compañeras quienes nos demuestran todos los días que siguen con nosotros, a pesar de los milenios de injusticias cometidas sobre ellas. Nos enseñan que su valía es, como mínimo, igual a la nuestra.

Esta vez no han de quedarse solas, todos tenemos mucho que perder. No hablamos ya sólo la segregación de los géneros, hablamos también del retroceso cultural, la vuelta a la barbaridad, con todo lo que ello conllevaría en cuanto a destrucción de derechos y garantías no sólo los de ellas sino los de todos.

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