Archivos para abril, 2021

Definitivamente lo que está ocurriendo hoy en día con nosotros supongo que no había pasado nunca. Seguro que en la historia de la humanidad jamás se había visto a tanta gente obsesionada y mirando hacia un mismo lugar. Al final se nos va a caer el mundo a trocitos y no nos vamos a enterar, sólo tenemos ojos para lo mismo, el bicho y el vodevil de las vacunas Guadiana que aparecen y desaparecen según sople el viento y la histeria.

Me di cuenta ayer al acercarme al bar a por un café (modalidad para llevar, que uno intenta rascar segundos para acabar en el trabajo cuanto antes mejor, llegar a casa y hacer como cuando jugábamos a pillar y gritábamos ¡Casa! Para que no nos atrapasen). Me encontré con Paco que me dijo que estaba esperando a que la UEFA repartirse sanciones a su Real Madrid por el invento de la Superliga. Por supuesto que no tenía ni idea de que era ese nuevo invento para rascar unos milloncejos de euros por parte de los clubs ya megamillonarios. Admito que nada sorprendente en un espécimen raro como yo para el que el fútbol viene a ser algo así como la física termonuclear aplicada pero inaudito en gente como Paco que se sabe las alineaciones de todos los equipos desde los años 60 hasta hoy. Me dejó preocupado parece que falte poco para que venga Bruce Willis a salvarnos del Armageddon porque hasta el dios Futbol ha pasado ya a un segundo plano. El bicho y todos sus anejos nos tienen sorbidos el poco seso que nos quedaba, o si no que se lo pregunten a Bosé. Resulta inquietante.

Andamos tan afectados buscando el más mínimo rayo de esperanza en mitad de toda la sobreinformación pesimista que nos invade. Estamos tan Dañados por tanta muerte, tanto dolor , tantos abrazos perdidos o tantos besos que no serán que ni siquiera hemos sido capaces de darnos cuenta de que la semana pasada, en el Congreso salió adelante una ilusionante ley pionera para proteger a aquellos a los que decimos querer más que nada en este mundo, a nuestros hijos. Una ley centrada en proteger a la infancia de toda esta inmundicia que les acecha. Pero claro, en ella no sale el bicho. También nos ha pasado por alto los seis muchimillonarios proyectos propuestos por el Gobierno para intentar salir de esta. No entro en si me parecen realistas o no, sólo te digo que ni nos hemos enterado igual como también nos hemos quedado “in albis” al respecto de las comparecencias de los artistas de la serie Gürtel, que antes estaba tan de moda o incluso igual tampoco sabes que han imputado a los presidentes de La Caixa y Repsol por contratar a ese superagente secreto cañí llamado Villarejo. Seguro que hasta en Cataluña ni se han enterado de las últimas novedades de la policía patriótica. Todo pasa desapercibido.

¿Se te ha ocurrido pensar que si hasta somos incapaces de ver pasar elefantes delante de nuestras narices porque estamos distraídos mirando hacia donde nos señalan igual pasan otras cosas que ni sospechamos? Resulta que esto también pasará, esperemos que más pronto que tarde, si hacemos caso a los científicos y no nos dedicamos a hacer el cernícalo. Esto pasará y la vida seguirá adelante con lo que haya quedado en pie después de todo lo que haya sucedido sin enterarnos por estar distraídos mirando hacia otra parte. Entonces igual nos demos cuenta de que no debimos quedarnos embobados.

Le puedes ayudar?

Publicado: 13 abril, 2021 en actualité...

A veces la realidad se empeña en sacarnos del ostracismo este en el que estamos inmersos. Andamos todos tan cómodamente agobiados con nuestras pandemias y nuestras vacunas, metidos veinticuatro horas al día pensando en como regodearnos en nuestra mala suerte y descansando si eso un ratito para ver cómo la justicia aparta a Toni Cantó de la lista de las elecciones esas que parece que vayan a curarnos a todos. Ya ves tú, una persona tan comedida, inamovible en sus convicciones y dispuesta a hundirse con sus siglas… total por un asuntillo de empadronamiento en una comunidad… total por abandonar otra en la que era parlamentario…  que cosas veremos, fíjate. Bueno, como decía, hay veces en las que la realidad se empeña en golpearnos con tal fuerza que nos hace caer de nuestro cómodo sofá pandémico y nos incrusta una imagen imposible de olvidar y si el golpe te lo proporciona la foto de un niño, todavía más. No han sido más que unos cuantos segundos pero suficientes para espabilar y ver que, a pesar de todo seguimos en la parte privilegiada del barrio. El mundo sigue igual y hay gente a la que las catástrofes inenarrables nuestras de este año no le resulta tan importante.

Andaba yo trajinando por la cocina en la que el año pasado perpetraba pasteles y panes con harina de contrabando cuando se metió, entre vacuna y vacuna, un crío nicaragüense de unos 10 años, llorando a moco tendido en por el desierto de Texas, mientras pedía ayuda a un policía de fronteras. Subí el volumen de la tele y lo que contaban que había andado durante horas por el desierto del Far West aquel de John Ford y John Wayne. Estaba solo, abandonado por el grupo con el que pasó, de estranjis la frontera con  Estados Unidos buscando una oportunidad con la que intentar salir adelante dejando atrás algo que ni siquiera podríamos calificar de vida a pesar de que se nos llene la boca pregonando nosequé de los Derechos del Niño.

Llámame sentimentaloide pero aquél vídeo me tocó la fibra esa que ya creía muerta y enterrada hacía siglos. Me saltó a la cabeza la imagen de mis hijos andando por ese desierto intentando sobrevivir y se me despertó el corazón ese que llevamos adormecido durante un año ya. Volví a poder ver un poco más allá de nuestra propia hipocresía egocéntrica en la que andamos inmersos, en la que nuestro problema con AstraZeneca es lo único que nos importa y nos impide levantar la vista y ver como los problemas siguen, el mundo gira y olvidamos cosas tan importantes como los miles de niños que suplican ayuda en cualquier carretera o los que malviven en campos de refugiados sin ninguna oportunidad.

Las seis en un pueblo con mar

Publicado: 6 abril, 2021 en actualité...

Soy de cerca de la playa. Algo así como la camarera de Sabina en “un pueblo con mar”, aunque olvidémonos de aquello de “Y nos dieron las diez y las once” porque incumples el toque de queda y te caen encima los municipales libreta en mano. Antes del bicho, cuando llegaba Semana Santa y Pascua se llenaba todo de gente venida de cualquier parte buscando los primeros rayos de Sol y esa foto para instagram con la que hacer los dientes largos a los que se quedaron en la ciudad. Como siempre.
Si, como siempre, porque este año ha sido igual. Los controles de las carreteras de acceso a la playa en los que pusimos la esperanza de que sirviesen para algo más que para crear atascos a la ida y a la vuelta del trabajo no han servido de demasiado. El paseo estaba lleno hasta los topes, jubilados con sus nietos, parejitas furtivas, matrimonios con niños, solterones animosos o cuadrillas. Todo mientras la playa permanece desde la salida del Sol llena de sombrillas de todas las partes del universo mundo, habitadas por “comedores de pipas” y “oidores” de reggaeton, como todos los años.
Lo único que no ha sido igual es que el del hotel de toda la vida ha tenido que cerrar, en el edificio luce un cartel de Se Vende y se cuenta que los empleados han formado una “colla” para intentar ganarse la vida recolectando las cada vez mas malpagadas naranjas. Otra cosa que también ha cambiado es que el personal de los bares del paseo ha borrado las sonrisas, hay otras caras. Un reloj marca el tiempo desde el momento en el que te sientas, hay que hacer el mayor número de servicios posibles antes de que den las seis y tengan que recoger todo el tinglado a velocidades de manteros vendedores de DVD piratas. Me cuentan que lo cumplen a rajatabla, que el otro día desalojaron alguien que estaba acabando un café del tiempo con barquillo o un “Nacional” tocado de “Tiamaria”, no recuerdo si era así o al revés. El caso es cuando suena la hora se vacían las mesas y se llena la barandilla del paseo marítimo de gente consumiendo lo mismo que en la terraza pero sin ningún tipo de control de distancias. Y así en todo, inexplicable.
“No sé, no entiendo” es lo que nos pasa por la cabeza a demasiada gente, parece que algo no está funcionando y puede que sea la comunicación entre los que ponen las normas y los que debemos cumplirlas. A nadie se le ha ocurrido pensar que cuando se exhorta a hacer algo se ha de explicar claramente, con eso del “ordeno y mando” de primero de dictadura no sirve porque pueden ocurrir dos cosas; que la gente la acate sin pensar (raroooo) y aquello acabe convirtiéndose en una especie de dogma de fe y aparezcan como champiñones verdaderos hooligans, como aquel Jedi de los policías de balcón cuya vida tan exitante lo llevó a denunciar desde Alicante a otro que circulaba sin mascarilla por Lugo porque lo había visto por internet. O en caso contrario (más probable), que como nos dicen que debemos cumplir algo no podemos entender, lo cuestionamos y lo incumplimos pensando que somos más astutos que una regla puesta “sólo para amar la existencia”.
Igual a nadie por los ministerios se le ha ocurrido que, quizás, deberían dedicarse a poner un poco de coherencia a todo este coctel de normas que debemos cumplir. Ha llegado el buen tiempo y todavía no tenemos claro si llevaremos mascarillas o no en la playa. El ministerio dice una cosa, la Conselleria otra y todavía esperamos a alguien que salga y nos diga claramente porqué una cosa o la otra. Muy normal no parece, ¿verdad? Y así con todo.
Igual una solución sería sugerir a las autoridades que se leyesen 1984, de Orwell y si quieren que nadie se atreva siquiera a salir a la calle nos pongan a todos a mirar webcams, la represión sería terrible. ¿Te acuerdas de aquello que decíamos hará un año “saldremos mejores”? A mí me dan ganas de pintar una camiseta con Hobbes gritando aquello de “El hombre es un lobo para el hombre”. Oye, más acertado. ¿A que sí?.