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La ciudad y los niños

Publicado: 3 noviembre, 2015 en actualité...
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No es que sea yo el abuelo cebolleta, ni me llega la edad ni las ganas de serlo, pero soy afortunado por haber nacido hace unas décadas en un pueblo (bueno, ciudad pequeña, no se me vayan a enfadar) y vivir esos días en los que saltábamos del cole a la calle a jugar a mil cosas, que ahora estarían prohibidas por wpid-img_20151103_110737.jpgpeligrosas, sin que nuestros padres nos pusiesen un GPS en la oreja. Jugábamos sin temor a que nos pase algo que no sea la colleja que nos podíamos llevar cuando le rompíamos el jarrón a la vecina de un balonazo mal dirigido. Jugábamos como si no hubiese un mañana, con la única interrupción de algún coche que pasaba y que nos hacía apartarnos un momentín (no sin antes ponernos a saltar ante él al grito de el que no pita no pasa, por supuesto). Era una época sin relojes inteligentes, vivíamos el presente, sin apenas deberes porque en el cole no se ensañaban. Era un tiempo en el que para hablar con alguien te acercabas a la puerta de su casa, llamabas y probabas suerte. No estábamos gordos aunque comíamos Phosquitos, simplemente porque no parábamos un segundo. Con el buen tiempo vivíamos en la calle, jugábamos con palos y columpios de hierro oxidado pero, oye, aquí estamos y creo que tan cerriles no hemos salido.

¿Y a santo de qué os estoy soltando todo esto? Pues resulta que hará unos días aterrizó en España para asistir a unas jornadas sobre Infancia y ciudad una de esas eminencias que, por sensato y modesto no parecen serlo. Me refiero a Francesco Tonucci (Frato para los amigos) quién se sorprendía al ver que aquí cartel20-novtodavía se pueden ver algunos niños por la calle. Oírlo me hizo recapacitar al respecto de lo que estamos haciendo a nuestros enanos, supongo que cuando crezcan y se enteren que allá por 1989 firmamos con gran pompa una de las mayores tomaduras de pelo de la historia llamada Convención de los Derechos del Niño se van a enfadar tanto con nosotros que los asilos de ancianos abandonados van a estar más concurridos que el Circuito de Cheste en pleno Moto GP porque ni siquiera aplicamos su artículo 12 en el que se nos dice que el niño tiene derecho a expresar su opinión y a que esta se tenga en cuenta en los asuntos que le afectan. Según Tonucci Escuchar a los niños es algo positivo para la sociedad porque las soluciones de los niños suelen beneficiar a todos, no solo a ellos ¿Alguien ha preguntado a nuestros hijos como quieren crecer?

Vivimos en ciudades muy organizadas (excepto cuando llueve que se arman unos cirios antológicos) que frato juegoestán diseñadas para alguien específico que Frato define como varón, adulto y trabajador pero que abandonan a los débiles, niños y ancianos, que ya ni se atreven a salir de casa porque es todo muy agresivo para ellos. Los coches lo han comido todo y existe el miedo a cualquier cosa.

Los niños necesitan jugar y moverse sin guardaespaldas, necesitan liberar su energía. Nos quejamos que andan un tanto fofos y blandengues o que se han disparado los casos de déficit de atención (TDA/H según diría la psicopedagoga @vanepuig) pero no conseguimos que puedan jugar sin ser víctimas de todos los miedos y fobias que les hemos creado.

Sin darnos cuenta estamos cortando las alas a nuestros hijos. Continuamos empeñados en que se dediquen a frato aprendercosas de provecho y que saquen buenas notas sin que nos importe si tenemos un Picasso pequeñito en casa. Después del cole intentamos apuntarles a actividades extraescolares para que se cansen y nos dejen en paz. Salen del cole, van a inglés, después vuelven y se encierran a hacer los doce trabajos de Hércules en forma de deberes, están destrozados, se sientan cara la tele y a dormir. Puede que ahí esté la clave del fracaso escolar. Según Frato, este niño cuando vaya el día después a clase no tendrá nada que contar, no le ha ocurrido nada especial, y así todos los niños de la clase. ¿Conclusión? El profe tira de libro y dejamos perder algo igual o más importante que las materias regladas, la enseñanza vivencial. No evolucionamos. ¿El resultado final? Unos adultos regordetes que, vale, pueden ser fantásticos abogados o médicos pero que estarán un tanto vacíos simplemente porque les amputaron su niñez.

frato avión

Esta tarde el mundo se va a parar y no será por las procesiones que nos inyecta la tele pública de un estado “aconfesional” ni por una hecatombe de dimensiones bíblicas según Hollywood. De repente ya nadie va tener problemas de ningún tipo, hasta los independentistas se extasiarían con una copa de un Rey del que dicen que “ni fu ni fa”. ¿Verdad que es curioso? Como si no pudiesen comprarse una cristalería entera!.

Es un buen día para dejar los trajes de la Gürtel en los contenedores de ropa, esos que todos los días intentan saquear muchas personas jugándose la vida. Un buen momento porque ni siquiera los reporteros de Telecinco van a buscarlos “en directo” para el Sálvame. Personalmente, y con lo que nos han costado, me gustaría que pusiesen un museo para que podamos ver lo cutre que llega a ser nuestra clase política.

Esta tarde nadie se va a acordar de que hace un par de días que no cena, que no le puede dar desayuno a su pequeñajo, que se ilumina con cirios robados en una procesión o que las letras del Bankio lo van a dejar en la calle. Ni siquiera de que socialmente hemos vuelto a las panoramica02cavernas trogloditas y se acercarán a Mestalla como romeros al Rocío o musulmanes a La Meca para ver el partido, aunque tengan que desembolsar la mitad de los ahorros familiares o empeñar la dentadura de la abuela.El país va a pararse, las calles parecerán el desierto de Gobi a mediodía en verano. Es el efecto de la final entre el Barça y el Real Madrid. Todo se diluirá como azucarillo en un pantano ante lo que nos priva vociferar como descosidos en el bar de la esquina (que vuelve a estar lleno, no se si por efecto de la “recuperación” esa que nos venden o más bien de la desesperación) sobre la conspiración arbitral o el transfondo político. Somos así, nos cambia el circo_hispalisánimo cuando Messi, Ronaldo y Cia. gritan a la grada como lo hacían sus ancestros en el Coliseo: “Ave! Los que se forran os saludan”. Les regalamos nuestro afecto aunque sean mercenarios a sueldo para un club que si pagara todas sus deudas al fisco otro gallo nos cantaría a todos, a los futboleros y a los otros.

Que quereis que os diga, no se si habréis notado que futbolero no soy demasiado, prefiero las 22.El-rey-Amadeo-I-de-Saboya-1845-1890-rey-de-España-desde-1870-a-1873.-Museo-de-San-Fernandobicis y las zapatillas, confieso. Pero es que siempre que pienso en el efecto del fútbol en las masas me vienen a la cabeza el pobrecillo Amadeo de Saboya diciendo aquello de “Ah, por Bacco, no entiendo nada, esto es una jaula de locos” y Marx con “La religión es el opio del pueblo”. Cada vez estoy más convencido de que el buen hombre de haber nacido un poco más tarde, hubiese salido a la calle con sus barbas, gritando desencajado: “El fútbol es el opio del pueblo”. Eso sí, abrazado a la bufanda de su equipo favorito, seguro.

Es la receta “nouvelle cuisine” para mantenernos durmiendo la siesta y que no les demos la tabarra. En resumidas cuentas, lo de siempre, “Panem et circenses” aunque, por lo menos, el imperio procuraba el pan para saciar el hambre de la plebe y no se quedaba en mitad de la frase como nos sucede hoy en día. Supongo que será cosa de los recortes, que han afectado a la segunda mitad..

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Una de las cosas terribles e injustas que tiene esta sobre información “fastFood” que fast_food_mensajes_nutriciotenemos hoy en día es que lo que hoy es noticia, mañana es “un recuadrito en una página par” y pasado si te he visto no me acuerdo. Y eso, utilizado con mala leche, puede ser un arma devastadora. Ya me diréis lo que se intenta hacer con las marchas del pasado fin de semana y el funeral de Don Adolfo. Les ha venido de perlas para “enterrar” la inmensa manifestación de Madrid, no sin antes manipularla hasta la putrefacción.

Reconozco que algunas veces esa inmediatez hasta puede ser buena (más aun si de tweets desafortunados hablamos) aunque este no es el caso, creedme. Hoy estamos todos inmersos en el funeral de uno de los padres de la España actual (puedo prometer y img-20140323-wa00051prometo un post al respecto) e intentando olvidar las lamentables imágenes de los altercados POST manifestación pacífica o incluso esperando la próxima tirada en la partidita de ajedrez de Ucrania pero, no recordamos ya que en lugares como Siria o Líbano continúa la barbarie, con más violencia si cabe, amparada por el paraguas del anonimato al haber dejado de ser noticia.

No sabemos lo afortunados que somos porque nuestros pequeños pueden disfrutar de una niñez medianamente feliz al haber nacido por estas latitudes, aunque si no espabilamos, a este paso se la vamos a destruir. En otras partes del mundo los crios en lugar de una infancia padecen una pesadilla permanente que dejaría a “Pesadilla en Elm Street” como un circo de tres pistas lleno de payasos.

Aunque ya no salga por la tele ni nada, hace tres años (mira que pasa rápido el tiempo cuando se está tranquilo) que Siria padece una extraña guerra civil de “todos contra todos” y como siempre que ocurre algo así los que acaban pagando la factura son los que ya no saben ni porque les pegan y más que nadie los niños. Siria, aunque ya no salga por la tele, sigue padeciendo unas deficiencias gravísimas en la atención necesidades básicas y eso afecta más si cabe a los más pequeños.

No es moco de pavo leer que Save The Children nos dice que un 60% por ciento de los 071422_Siria_LRZIMA20121113_0045_3hospitales no funcionan, entre otras cosas porque la mitad de los sanitarios han huido despavoridos, víctimas de las barbaridades y las agresiones que padecen por parte de uno y otro bando de los combatientes que no dudan en atacar a los médicos, enfermeros o enfermos (sin que el hecho de que se trate de niños les importe) cuando van de camino a uno de los pocos hospitales abarrotados que quedan o incluso dentro de ellos. Los medios son tan escasos que se llega a operar en lugares como las casas en ruinas utilizando técnicas que aquí consideraríamos propias de bárbaros.

Mención aparte merece el hecho de que la ausencia de medicamentos y medidas sanitarias deja expuesto a los niños a enfermedades y epidemias “no muy graves” en condiciones normales pero que a ellos les resultan mortales. Desde que estalló este conflicto han muerto varios miles de niños debido a la imposibilidad de acceso a tratamientos para enfermedades de todo tipo.

El mensaje de Save The Children sobre que la crisis humanitaria se ha convertido en crisis de salud nos debería hacer razonar sobre si estamos haciendo lo que debemos. Sacar a estos niños de la primera plana de los informativos es condenarlos al olvido. No pedir el pronunciamiento del Consejo General de las Naciones Unidas para que intervenga es condenarlos a muerte.

¿De verdad pensamos que mirando a otra parte, usando la táctica del avestruz, sus problemas desaparecen? ¿Es justo que miremos hacia otra parte y olvidemos la tragedia de los más pequeños que sufren inocentemente las atrocidades y los despropósitos de sus padres?

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Save The Children

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Desde el descansillo de la escalera se oía a la del quinto vociferando a su hijo (un niño de Screenshot_2014-03-11-20-29-10esos bajitos, cabezones, modelo dibujos animados) ” ¡Niñooo, cometelooo que está buenooo!” Que si está verde no pasa “ná” que lo dijo el “menistro” el otro día y esa gente sabe mucho de “too”.  Y allí estaba el pequeño engullendo un yogurt marca “Yoplait”. ¡Os juro que todavía era de esa marca!. Debió de sobrar de aquella tarde en que la madre merendó viendo “Los Goonies”, el día de su estreno.

Pues resulta que la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios (Ceaccu) publicó el lunes los resultados de unablancas encuesta a 750 familias sobre los cambios en las cosas que compramos y consumimos con nuestra carterita, para mayor gloria de las marcas blancas. En ella se evalúa si creemos que no nos va a pasar nada por comer ese pastelito pasado de fecha que ha “aparecido” por la despensa. Algo que según la confederación puede ser “muy peligroso” ( y si no que lo pregunten en urgencias). Pues bién, según este estudio a uno de cada tres nos gusta vivir peligrosamente y comemos alimentos caducados, “ si no han pasado muchos días” (aunque eso del tiempo es relativo. No hace falta ser Einstein para saber que Napoleón hace tiempo que pasó y para otros fué “el otro día”. Pues eso, relativo).

El 92 % de nosotros consultamos (poniéndonos gafas y usando una lupa para excrutar la bolsita de las narices) la fecha marcada y más sabios que nadie, metemos el brazoScreenshot_2014-03-11-20-28-19 hasta las orejas para sacar de las entrañas del estante del super el bote del final, ese que siempre “caduca más tarde” pero que lo ponen detrás para que nos llevemos los que caducan antes (que son muy listos los del super). Eso sí, está visto que no distinguimos entre fecha de caducidad y de consumo preferente, ya que uno de cada tres consumidores se zampa productos caducados porque no sabemos que “fecha de caducidad” (tíralo, incauto) es algo distinto a la de consumo preferente ( “buenooo, cómelo si ha pasado un poco pero no está tan rico”). Parece ser que no sabemos que si una cosa está caducada es que ya no es segura, vamos que nos podemos poner como un Gremlin malo.

Existe un 11% de nosotros que comprarían víveres rancios si los venden más baratos. Esto nos demuestra un serio problema latente en todo esto, el de los precios imposibles y el desastroso poder adquisitivo al que nos hemos visto reducidos. El no tener un duro y que las cosas estén carísimas ha hecho que los mortales que andamos por la calle (Amancio y Emilio, vosotros no) llenemos el carrito con lo que podemos. Hoy en día, en muchos casos, hasta el “Hacendado” puede parecer de un glamour extremo y ni soñamos ya con las marcas “consolidadas”, con el consecuente holocausto de las empresas de toda la vida y el golpe al empleo que supone (menuda rueda, ¿verdad?).

El caso es que andamos por casa al borde de instaurar las cartillas de racionamiento y, lo Screenshot_2014-03-11-20-30-05que es ya un hecho lamentable, no pudiendo dar desayunos a la prole como es debido. Drama que parece no afectar a nuestros ministros, ni el de Agricultura (descendiente directo de Lucrecia Borja, supongo) con su apología del envenenamiento, ni a los de los dineros, que deberían partirse el espinazo para que, por lo menos, podamos comprar comida decente y no andemos comiendo cosas que nos puedan transformar en mutantes.

Ceaccu. El carro de la compra de la crisis

El 61% de los consumidores ha modificado sus hábitos de compra debido a la crisis

Tres de cada diez niños se acuestan con hambre y van al colegio en ayunas en España

Las familias valencianas consumen un 24% menos que hace seis años

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     Existen crímenes tan terroríficos para los que mi conciencia no está preparada, como no creo que lo esté la de ninguno de nosotros. Aunque igual sí, porque tener que fijar un “Día Mundial de…” es porque se necesita dar un toque de atención para concienciarnos de que cada día se sigue produciendo uno de los crímenes más terribles que pueda perpetrar un ser humano, asesinar los sueños impedir la educación, destrozar la posibilidad de jugar, crecer y ser feliz a una persona, robarle la infancia a un niño.

    Más de 200 millones de niños están explotados, han de levantarse a las seis de la mañana y acostarse, si la diosa Fortuna les ha favorecido ese día, a la una de la madrugada, todos los días de la semana, a cambio de golpes y gritos para ganar menos de 10 euros al mes y dos comidas diarias. Además, si es así tienen suerte porque significa que no han caído en el escalón siguiente en esta escalera del horror, el abuso sexual. Millones de niños son explotados sexualmente a manos de depravados que les roban la infancia, su dignidad y su futuro porque estos niños no van a ser niños nunca más, pero no sólo eso, tampoco van a poder ser personas.

    Con la conciencia carcomida y la ilusa idea de descubrir de que esto fuese una pesadilla fruto de una mala cena me pongo a buscar y descubro con gran horror que según la OIT unos 215 millones de niños son víctimas del trabajo infantil y 115 millones de estos niños tienen sus “puestos” en trabajos peligrosos. Los estados miembros de la Organización Internacional del Trabajo han fijado una meta que, por desgracia,se me antoja utópica la de erradicar en 2016 la participación de menores en los empleos más peligrosos

    La solución está, como siempre, en la educación. Desde fuera siempre se considera que los niños no deben trabajar, pero ignoramos que existe toda una maraña de intereses y de podredumbre social que provoca que, en algunos países, las familias crean que necesitan prestarse a entregar a sus niños, como ofrenda, a un ciclo que debemos, como sea detener.

    Rose Anne Papavero, responsable del programa de protección a la infancia de Unicef en Bangladesh, incide en que la población considera el trabajo infantil como algo normal, esto hace que los niños explotados “desaparezcan”, son invisibles para la sociedad. Nadie habla de ellos, y mucho menos se plantea si el trabajo en condiciones infrahumanas que desempeñan, sin ningún tipo de posibilidad de escolarización los condena a un futuro de pobreza. Ante este panorama parece que el avance sea imposible.

    En cambio existe un plan piloto de Unicef en Bangladesh nos ofrece un rayo de esperanza. Consiste en proporcionar una mínima subvención a la familia a cambio de que el niño esté escolarizado, tenga sus necesidades básicas cubiertas, y esté protegido contra el matrimonio infantil. El dinero lo pueden gastar como crean conveniente siempre que esas obligaciones se cumplan . El resultado es espectacular: después de un año, la mayoría de las familias consiguieron ahorrar; en 18 meses, el 76% de los beneficiarios adquieren la renta suficiente como para dejar de percibir la subvención.

     Todos estos datos me martillean el alma. Yo, minúsculo como soy, ¿qué puedo hacer? Siempre puedo colaborar con tiempo o dinero, cosa complicadilla en estos días que corren, con UNICEF, Save the Children o cualquiera de las ONG’s que existen. Podéis, por supuesto, presentárnoslas aquí mismo porque toda ayuda, por pequeña que sea es bienvenida y nos hará incluso mayor provecho personal a nosotros que a los beneficiarios. También podemos ayudar a mejorar la situación de nuestros niños, colaborando en asociaciones educativas o incluso en los comedores escolares que parece que se quedan sin subvenciones, ahora, justo que descubríamos el otro día que en Barcelona miles de niños no tenían cubiertas sus necesidades alimenticias básicas….

UNICEF

Save the children

Grupo de ONGs para la Convención sobre los Derechos del Niño

Conferencia mundial sobre trabajo infantil de 2010 – Hoja de ruta adoptada

http://www.ite.educacion.es/es/inicio/noticias-de-interes/1044-12-de-junio-dia-mundial-contra-el-trabajo-infantil-2013

http://www.finanzas.com/xl-semanal/magazine/20130602/junio-mundial-contra-trabajo-5491.html

http://recursostic.educacion.es/kairos/web/ensenanzas/bachillerato/mundo/cambios_03_00.html