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Permitidme que responda

Publicado: 8 junio, 2021 en actualité...

No te sorprenderá si te digo que vivimos en unos tiempos tan raros que nada es lo que dice ser y en los que algo tan valioso como la libertad se ha transformado en un slogan de la Ayuso y poco más (menudo descubrimiento os estoy contando yo a estas horas ¿verdad?). Ya resulta hasta agotador. Pues bueno, la semana pasada hablaba yo nosequé de que los medios se encargaban de contarnos lo que queríamos oír y así, de paso, nos moldeaban a su antojo y patatín y patatán…Te lo resumo diciendo que aparentamos ser libres pero posiblemente vivimos uno de los tiempos en los que la libertad está más pervertida que nunca a manos de personajes “todoopinadores” que han transformado las noticias y la vida en general en algo exactamente igual al “Tómbola” que llevaba Ximo Rovira (igual es verdad que soy viejo). En aquél programa por lo menos sabías de antemano que se atacaría con una fiereza propia del “Tercio Viejo de Cartagena” al famosillo del cotilleo de turno.
Pues bueno, yo que pensaba que nadie me hacía ni caso, recibí un lindo mensaje de alguien que se presentaba como “colaborador de un importante medio televisivo” en el que me decía que con posts así no haría nunca nada y que mejor que me dedicase a otras cosas, supongo que pensaría en el macramé. Por lo visto así funciona la cosa, si creen que te pasas te ponen en cintura, o lo intentan ¿Pero sabes una cosa? “Ladran luego cabalgamos” decía don Quijote.
No sabía cómo cogerlo, si con cierto orgullo, miedo o risa. Al final se me ocurrió que, igual respondiendo así, en familia, como lo hago ahora vería que no es el “llegar a algo” o “sacar provecho” lo debiera mover el mundo y de paso que existen cosas más decentes que venderse a cambio de unas monedas. Cuentan que allá por el Viernes Santo uno lo hizo y acabó fatal. Lo de la decencia es algo que hoy en día no es que abunde demasiado todo depende de los anunciantes y “enchufadores” que se encargarán de que cada cual diga lo que ha de decir a base de hacernos creer que las andanzas de Rocío o si vacunamos o no a la selección son la cosa más importante en un mundo que lucha contra una pandemia, es incapaz de proteger a sus mujeres de unos animales que una vez dijeron que las amaban y que niega el pan y la sal a los que necesitan cualquier cosa que les haga poder sentirse medianamente humanos. Piénsalo, esto no funciona, deberíamos reordenar nuestras prioridades. Igual nos han tarado la balanza, como los malos tenderos, para hacernos creer que morir intentando llegar a la costa buscando una existencia digna puede tener el mismo “share” que lo que nos quiera contar alguien a nosotros y no a un juez, como debiera. Al final han conseguido que intentar ser medianamente equilibrado sea algo transgresor y perseguible. Si es así muchos preferimos ser declarados “el enemigo público número uno”.
Esta casa será una birria, ya lo se. Pero si quieres que te diga la verdad, prefiero choza libre a palacete encarcelado. Puede que sea una lección aprendida por uno que aunque peine algunas canas, no es tan mayor (no fastidies). Ya sabes que las experiencias no siempre tienen que ver con la edad.
Bueno, no os doy más la brasa, no me toméis muy en cuenta el post de hoy. Sólo quería responder que en esta taberna, desde el primer día, lo único que se pretende es creer que se puede ser libre de decir lo que se tercie, siempre desde el respeto y la cordialidad.
Muchísimas gracias a todos por estar ahí. Seguimos.

Un mundo a la carta

Publicado: 1 junio, 2021 en actualité...

Todavía recuerdo cuando mi abuelo llegaba a casa con su periódico debajo del brazo. Se sentaba en un silloncito y empezaba a hojearlo. Solía empezar por mirarla sección de deportes para ver si su Valencia CF le daba alguna alegría (raro), después solía saltar a Nacional y por último se leía las notas de sociedad. Al final se había leído todo el periódico, casi en el mismo tiempo en el que yo me había acabado en hacer los pasatiempos del suplemento de fin de semana que me daba nada más entrar por la puerta. Solía leer siempre el mismo periódico aunque después en el casino leía otros, los que fuesen. Decía que era indiferente porque total todos mentían y necesitabas leer más de uno para hacerte una idea de lo que podría haber sido la verdad. Esa frase se me marcó a fuego.Ahora todo ha cambiado. Andamos todos con la cabeza metida en el smartphone pensando que somos una especie de agencia de noticias y que somos las personas más ilustradas del universo. Escarbando a todas horas para saber si al jugador tal de tu equipo se le ha roto una uña… Pasamos tanto tiempo metidos que puede que se nos olvide que hay vida a la otra parte de la cajita. Todo sin pensar que no, no nos informan, nos entretienen. Parece que hemos elegido que nos entretengan en lugar de informarnos. Esa es la única explicación que se me ocurre a los índices de audiencia de ciertos programas como las tertulias de Telecinco. Ya ni pensamos, vemos opiniones, nos las dan digeridas y precocinadas como los platillos del Mercadona. Hacemos lo mismo las consumimos, nos las apropiamos y asunto finalizado sin darnos cuenta de que cada vez estamos más sesgados, más desinformados y somos más maleables en un tiempo en el que la información está más al alcance de la mano que nunca en la historia de la humanidad.Al final nos llega todo sesgado. Sólo nos dicen lo que queremos oír, de eso se encargan las cookies y todo lo que se tercie. El resultado es que cada vez andamos más u más polarizados, más y más cabreados. Andamos metidos en un mundo irreal donde sólo importa lo que queremos ver y lo que quieren que veamos.¿Se te ha ocurrido interesarte por los rituales de apareamiento del ornitorrinco? Hazlo y verás como se te llena todo internet de ornitorrincos hasta el punto de que creerás que en el Arca de Noé sólo viajaban estos animalitos y que, de repente, todo el mundo habla de ellos. Pues oye, podríamos sospechar que lo mismo ocurrirá con nuestras intenciones de voto, con los bombardeos de un país contra otro… y así con todo. Cada vez más polarizados, cada vez más ofendiditos, cada vez menos humanos y más aborregados.

La riqueza era el tiempo…

Publicado: 25 mayo, 2021 en actualité...

Suena el despertador, las 5:15 de la mañana. Todo un laaaargo día por delante en el que cualquier atisbo de improvisación o desliz va a ser mal visto y te puede llevar derechito al infierno, Vas a zona peligrosa, lo sabes pero borras de tu mente eso de negarse a subir al coche y conducirte a esa mesa insulsa y ese trabajo que sabes que te está matando pero te paga las facturas. Maldito argumento, siempre el mismo. Inapelable.

Te levantas porque te han hecho creer que es lo correcto, ya grabado a fuego, desde los tiempos del colegio donde empezaron a darte forma para ser un hombre “de provecho”. Suena el despertador, te arrastras al baño, intentas parecer un ser humano. Un café, la careta que te obligas a vestir para aparentar lo que quizás no eres y hala, a trabajar, que hay que ganar dinero para poder gastarlo después. Esa rueda va girando, día tras día, hasta que llegará un momento en el que dejarás de ser útil y te arrinconarán como un trasto viejo, apartado, sólo, esperando a que llegue el momento de decir adiós. Puede que entonces descubras que jamás hiciste nada más que hacer ricos a los que ya lo eran, ser su herramienta de usar y tirar para mantenerse en su olimpo.

Puede que este día descubras que parecía que vivías bien pero no. Pasaste la vida sin vivirla. Te perdiste todos esos amaneceres, todos esos momentos, todas las sonrisas de tus hijos, toda esa vida que transcurrió mientras creías lo que te dijeron, que había que conseguir más y más, como fuese, al precio que fuese porque te dijeron que la felicidad estaba en él, que no había más y que el metal era lo que lo compraría todo. Jamás te diste cuenta de que el dinero lo acuñan los mismos que te lo dan para hacerte creer importante, los mismos que te meten en la cabeza que la felicidad está en poseer una tele más grande, un coche más grande, un lo que sea mas grande que tu vecino. Te hicieron creer que habías de gastar ese dinero porque así vuelve a los mismos que te lo dieron. Es una gran rueda, como el las antiguas minas de salitre de Chile en las que los trabajadores semiesclavos cobraban en fichas que debían ser gastadas en los mismos economatos de la empresa para la que trabajaban.

Piénsalo, puede que estemos viviendo en un megaeconomato y estemos enriqueciendo al mismo patrón. Cierra los ojos y piensa por un momento en que sucedería si pudiésemos romper la rueda, si pudiésemos desterrar de nuestra cabeza la frase que llevamos tatuada, aquella sentencia lapidaria de “no tengo tiempo”, puede que bien pensado si lo tengas, puede que necesitemos sacarnos esa especie de programa malware que llevamos incrustado, puede que todo esté en reorganizar nuestras prioridades y dar importancia a lo que de verdad lo merece, Puede que todos los males de esta sociedad enferma mejorasen si fuésemos capaces de “tener tiempo” para sonreir, para abrazar, para amar, para ver esa puesta de Sol con la que siempre soñaste. Puede que todo sea cuestión de aprender que la verdadera riqueza está en el tiempo, en algo que pasa y jamás vuelve.

 

Equidistante

Publicado: 18 mayo, 2021 en actualité...

Antes que nada ya te digo que hoy puedes llamarme blandito, comodón, equidistante o lo que te de la santa gana, a estas horas poco importa ya y encima está de moda. Importa poco porque al final al que le mata una bomba le da igual de donde venga. El resultado es el mismo, muerte, destrucción y dolor allá donde alcanza la vista. No creo que exista una gran diferencia entre si el artefacto te lo ha tirado tu bando o el adversario, poco soluciona haber muerto por “fuego amigo” (menuda contradicción). Al final todo se resume en dolor, polvo y desastre.

Igual será que no entiendo de esto porque la verdad es que todo lo que tenga que ver con tiros, muertos, ausencia de diálogo y barbaridad me repele enormemente, intento evitarlo como sea porque soy de esos ilusos que creen que este mundo está enfermo pero todavía se puede recuperar y que el camino de las armas, después de tantos milenios de darnos garrotazos no es la medicina. Soy de los que cree que la única utilidad de la pólvora debieran ser los fuegos artificiales y que debiéramos disparar  una grandiosa mascletá  con todo el explosivo que sobraría estos días en Oriente próximo. 

Hoy te cuento todo este rollo porque de verdad parece que no aprendamos y sigamos empeñados en nuestra propia autodestrucción llevamos milenios dándonos de pedradas y está visto que ni las pandemias nos sirven como argumento para detenernos. Creamos una vez organismos internacionales que nos podían venir al pelo ahora para intentar mediar y parar la sangría pero nada, aquí seguimos, en pleno SXXI viendo como nuestras naciones se ponen en corrillos interesados, como en una pelea de patio de colegio, a jalear y azuzar a unos u otros.

Parece mentira que todavía no hayamos aprendido después de tanta sangre derramada, que no existe motivo alguno que justifique la muerte y la destrucción, el dolor y las imágenes que nos sacuden la poca empatía que parece que nos quede. Ya se que unos me vais a decir que es una lucha desigual y desproporcionada, ya lo se y seguramente tendréis razón. Otros me diréis que están bombardeando inocentes, por supuesto, seguramente también la tendréis. En ambos casos diré que un buen argumentario, bien vendido, puede convencer a cualquiera y más todavía si el que argumenta se queda para sí las partes que no interesan como que el enemigo acérrimo puede serlo o no según los intereses del momento. Pero lo que tampoco podréis negar es que Gandhi tenía razón cuando dijo aquello de “ojo por ojo y el mundo acabará ciego”. En algún momento habremos de empezar a hablar, antes de que no quede nadie vivo a quien enviar a morir o matar por una causa bien vendida, y a este paso esto no tardará demasiado en acontecer.

 ¿Qué quieres que te diga? Seguiré esperando sentado que la ONU, la UE o cualquiera de las siglas que hoy veo vacías se levante de su letargo y siente en la misma mesa a los que llevan ya más de una semana matándose de la forma más cruel y proporcionándonos imágenes que no hacen más que retroalimentar el  y demostrarnos que las guerras las montan los poderosos pero no son precisamente ellos los que mueren en ellas. Nada, cosas de iluso que un día creyó que las instituciones internacionales podrían servir para frenar esa querencia que tenemos en autodestruirnos continuamente.

¿La libertad era esto?

Publicado: 11 mayo, 2021 en actualité...

¡Cuán gritan esos malditos! ¡Pero mal rayo me parta si en concluyendo la carta no pagan caros sus gritos! La verdad es que sin llegar a ser el Tenorio me pasó por la cabeza esta inmortal frase de Don Juan al ver el escándalo que se armó por las calles cuando en la madrugada del sábado al domingo acabó el estado de alarma y entramos de nuevo en un terreno pantanoso en el que nada está claro y los jueces van a tener que hacer horas extras para intentar dar un poco de luz a la incertidumbre jurídica. Han tenido un año largo para preveer esto pero como siempre nos ha pillado el toro y nos va a tocar rezar para que no pase nada, ahora que no tenemos la espada de Damocles tan cerquita de la cabeza y vamos a volver a vivir una temporada a base de “inventos”. El panorama a la vista no resulta muy alentador, más aún después de ver a los que salieron a “ejercer la libertad de quinto y tapas” de Ayuso. No es buen fario, por lo menos para a los que nuestra estabilidad ya se resiente después de tantos meses de pandemia, de tanto océano de tragedia cruzado para llegar a este punto y pensar en la posibilidad de morir justo en la orilla. Al final, acaba el estado de alarma y lejos de causar alegría, provoca inquietud. Soy raro, ¿Verdad?

Igual soy un cobarde por asustarme al ver como saltó la gente a la calle por toda España para celebrar no sé yo muy bien que. La pandemia no ha acabado, sólo lo ha hecho el Estado de Alarma. El bicho sigue ahí y mucho me temo que tal y como estaba la carretera de la playa este domingo, a estas horas estará frotándose las manos al ver como se lo estamos poniendo en bandeja para que remonte y volvamos a las cifras intolerables. Si eso ocurriese, veremos con que cara miramos a los que se están dejando la piel por nosotros. Los mismos que ahora miran alucinados los botellones justo enfrente de los hospitales donde sigue muriendo gente.

Puede que si volvemos a los días duros entendamos que la libertad no consistía en hacer el cenutrio por la calle como si no hubiese un mañana (igual no lo hay gracias justamente a esos comportamientos). Pero bueno, así son las cosas. Se ha simplificado tanto el significado de los grandes valores a base de entretenimiento unineuronal, campañas electorales ñoñas, discursos vacíos y tonterías varias que ya nadie puede llegar a entender que la libertad es algo mucho más grandioso que tomar unas cañas o ponerse la mascarilla por montera. En estos tiempos en los que la happycracia lo ha invadido todo hemos olvidado que la libertad tiene una compañera inseparable que se llama responsabilidad. La libertad no puede consistir en salir a la calle a contagiar o contagiarse despreciando el esfuerzo y el sacrificio de tantos durante tanto tiempo. La libertad es algo que ha costado ríos de sangre a lo largo de la historia de la humanidad y que no puede resumirse en salir de botellón con la panda, lo siento.

Por lo visto resulta muy difícil meter en la cabeza de demasiados eso de que vivimos en una sociedad en la que todo está entrelazado y que existe una piedra angular que aguanta todo el edificio. Antes, los antiguos, la llamábamos respeto. Respeto al prójimo y a uno mismo, sin eso no podremos hacer nada, por mucho que Ayuso y compañía lo resuman todo en esa especie de barrio Sésamo que representan en cada una de sus apariciones para que cada vez seamos más y más simples para así podernos engañar mejor. No, la libertad no es salir de tapas.

Gana la banca

Publicado: 4 mayo, 2021 en actualité...

Seguro que alguna vez has visto alguna película de casinos, gánsteres y robos. Ya sabes, aquellas en las que aparecen unos señores de frac moviendo fichas y bolitas en una ruleta mientras otros, vestidos a lo ninja intentan asaltar la caja fuerte y largarse con los cuartos. Algunas veces los pillan, otras no, depende de quienes sean los actores. Si es alguno de medio pelo seguro que aparece un detective de policía genial y acaban en Sing Sing, pero si es George Clooney la cosa cambia y acabará gastándose en botín en cualquier paraíso, como muchos patriotas de los que esconden el dinero en Andorra para que no los pille el fisco, ¿verdad?. Lo que resulta inevitable es que sintamos cierta atracción por los cacos, quizás sea porque estamos un tanto hartos de oír aquello de “gana la banca”, ¿quién sabe?

Pues yo no se a ti pero a mí por lo menos me está ocurriendo algo parecido cuando veo que Caixabank quiere echar a más de 8.000 trabajadores, y el BBVA a casi 4.000, sin pestañear siquiera y sin que el ministerio del ramo ni los sindicatos del sector armen la de Troya, ahí es nada. Ahora, después de que lleven años haciendo que nos acostumbremos a hacernos nuestras propias gestiones en los cajeros o por internet adivinamos que sus intenciones eran las de “hacer que sobre gente” Si los empleados se hubiesen vuelto luditas quizá no hubiésemos llegado a esto. Pero bueno, eso es otra historia, una historia en la que entran las miradas prepotentes que recibíamos cuando nos decían “Eso se hace en el cajero” o “eso de 9 a 10:45”. De aquellos polvos vienen estos lodos, dicen.

Ellos, los que nunca tienen bastante, siempre ellos, pobrecitos que se llevaron el oro cuando nos dijeron que estaban arruinados y que se las han apañado para no devolver nada y justificar el cobro de comisiones sólo equiparables a las de algunos políticos bien vestidos. Los mismitos que esta semana han ganado en bolsa muchísimo más de lo que ganarán todas nuestras familias durante varias generaciones nos dicen que necesitan despedir a miles de sus empleados para sanear sus bancos mientras vemos lo que se llevan sus mandamases al año. Por citar un par de ejemplos, Gonzalo Gortázar (Caixabank), 3 millones. José Ignacio Goirigolzarri (Bankia), sobre los dos millones (sin olvidar que todavía ha de estar disfrutando de los 50 millones que se llevó como pensión en 2009 del BBVA). Y ya que mentamos a los de Vizcaya podíamos decir que su presidente , Carlos Torres, se lleva millón y medio de un banco que paga 80 millones a un señor al que se le piden cuentas por sus trejemenejes de novela negra cutre con Villarejo. Viendo estas cifras lo que resulta complicado es encontrar a alguien no comprado que no sienta cierto resquemor contra esta especie de ejército de Pancho Villa que continúa haciendo de las suyas.

Siguen a lo suyo, se llevan las comisiones, nos maltratan cuando llamamos a sus puertas y no les importa demasiado llevarse el techo de los que andan apurados en estos tiempos en los que, como cantaban Celtas Cortos, vivir es un arte. Saben que están blindados por obra y arte de las puertas giratorias y los sillones mulliditos para el que se porta bien con ellos. Mucho me temo que,una vez más, oiremos aquello de “gana la banca” ¿Hasta cuando?

El huevo de dragón

Publicado: 27 abril, 2021 en actualité...

Cuentan que hace años una familia se encontró labrando la tierra para plantar boniatos un huevo de dragón. Decidieron llevárselo a casa y ponerlo debajo de una potente luz para incubarlo a pesar de que el brujo de la aldea les decía que era una mala idea. No le hicieron ningún caso porque, claro, un dragón les sacaría de pobres. Pasaron las semanas y nació el polluelo, era pequeñito, sin dientes, muy tierno y apenas si sacaba un poco de humo por su hocico de peluche. Todos se acercaban a verlo y envidiaban la suerte de la familia que tenía nada más y nada menos que un dragón que les ayudaría a labrar la tierra. Todos menos el brujo que no hacía más que repetir que la desgracia caería sobre todos. Nadie le creía, se burlaron de él y el dragoncito siguió en la aldea. Creció y creció, cada vez comía más. Hasta que un día escupió fuego y quemó parte de la azotea. Nada, ha sido un accidente, decía su familia de acogida a los bomberos. Otro día se comió a los bueyes que trabajaban las tierras. Se disgustaron porque esas bestias habían mantenido a la familia trabajando las tierras pero claro, ¿Cómo se podían imaginar nada malo de ese animalejo que los acompañaba desde que era un huevo? Pasaron las semanas y la bestezuela creció y creció, cada vez atemorizaba más a los vecinos con sus gritos y las llamaradas de fuego que salían por la ventana. Les dijeron que eso no podía estar en el poblado pero sospechaban que sus vecinos lo hacían por pura envidia. Pasaron los días hasta que un día el dragón arrasó la aldea hasta los cimientos. Sólo quedó vivo el brujo que repetía una y otra vez que advirtió la desgracia y que las bestias bestias son y hay que detenerlas cuando todavía se puede.

Estos días hemos asistido un tanto estupefactos a las demostraciones de la extrema derecha en Madrid. Hemos visto como se las gastaba la Sra Monasterio en la Cadena Ser y puede que algunos hayamos visto las orejas al lobo o que incluso se nos haya ocurrido pensar si los botoncitos del DeLorean de Regreso al Pasado no nos habrán llevado a la Alemania en la que Hitler empezaba su ascenso y todavía no sospechaba nadie la que estaba por venir. La iconografía desde luego recuerda a aquello tanto que parece que una extraña locura se haya asentado entre nosotros. Los carteles poniendo en el disparadero a los MENA, las salidas de tono, las amenazas, los paquetitos con navajas ensangrentadas o unas balas que de momento quedan guardaditas en sobres… Parece que esto se nos está yendo de las manos y estemos al borde de una Noche de los cristales rotos.
¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Te acuerdas cuando pensábamos que eso del resurgir facha era cosa de cuatro iluminados? Puede que igual ese día nos quedamos el polluelo de dragón. Lo alimentamos dejándolo andar con una mezcla de convicción democrática, algo de buenismo ingenuo y una cobertura mediática desmesurada. Ahora, quizá, la bestia esté a punto de arrasar con nuestra aldea si no dejamos de alimentarla como hicieron en Grecia con Amanecer Dorado (Al dejar de darle pábulo informativo se vio la magnitud real del problema, llegó la justicia y quedaron reducidos a la nada). Quizás por fin entendamos que hasta la democracia tiene un manual de instrucciones que se ha de seguir escrupulosamente. Hace casi un siglo nos costó millones de muertos aprender la lección que parece que hayamos olvidado.

Definitivamente lo que está ocurriendo hoy en día con nosotros supongo que no había pasado nunca. Seguro que en la historia de la humanidad jamás se había visto a tanta gente obsesionada y mirando hacia un mismo lugar. Al final se nos va a caer el mundo a trocitos y no nos vamos a enterar, sólo tenemos ojos para lo mismo, el bicho y el vodevil de las vacunas Guadiana que aparecen y desaparecen según sople el viento y la histeria.

Me di cuenta ayer al acercarme al bar a por un café (modalidad para llevar, que uno intenta rascar segundos para acabar en el trabajo cuanto antes mejor, llegar a casa y hacer como cuando jugábamos a pillar y gritábamos ¡Casa! Para que no nos atrapasen). Me encontré con Paco que me dijo que estaba esperando a que la UEFA repartirse sanciones a su Real Madrid por el invento de la Superliga. Por supuesto que no tenía ni idea de que era ese nuevo invento para rascar unos milloncejos de euros por parte de los clubs ya megamillonarios. Admito que nada sorprendente en un espécimen raro como yo para el que el fútbol viene a ser algo así como la física termonuclear aplicada pero inaudito en gente como Paco que se sabe las alineaciones de todos los equipos desde los años 60 hasta hoy. Me dejó preocupado parece que falte poco para que venga Bruce Willis a salvarnos del Armageddon porque hasta el dios Futbol ha pasado ya a un segundo plano. El bicho y todos sus anejos nos tienen sorbidos el poco seso que nos quedaba, o si no que se lo pregunten a Bosé. Resulta inquietante.

Andamos tan afectados buscando el más mínimo rayo de esperanza en mitad de toda la sobreinformación pesimista que nos invade. Estamos tan Dañados por tanta muerte, tanto dolor , tantos abrazos perdidos o tantos besos que no serán que ni siquiera hemos sido capaces de darnos cuenta de que la semana pasada, en el Congreso salió adelante una ilusionante ley pionera para proteger a aquellos a los que decimos querer más que nada en este mundo, a nuestros hijos. Una ley centrada en proteger a la infancia de toda esta inmundicia que les acecha. Pero claro, en ella no sale el bicho. También nos ha pasado por alto los seis muchimillonarios proyectos propuestos por el Gobierno para intentar salir de esta. No entro en si me parecen realistas o no, sólo te digo que ni nos hemos enterado igual como también nos hemos quedado “in albis” al respecto de las comparecencias de los artistas de la serie Gürtel, que antes estaba tan de moda o incluso igual tampoco sabes que han imputado a los presidentes de La Caixa y Repsol por contratar a ese superagente secreto cañí llamado Villarejo. Seguro que hasta en Cataluña ni se han enterado de las últimas novedades de la policía patriótica. Todo pasa desapercibido.

¿Se te ha ocurrido pensar que si hasta somos incapaces de ver pasar elefantes delante de nuestras narices porque estamos distraídos mirando hacia donde nos señalan igual pasan otras cosas que ni sospechamos? Resulta que esto también pasará, esperemos que más pronto que tarde, si hacemos caso a los científicos y no nos dedicamos a hacer el cernícalo. Esto pasará y la vida seguirá adelante con lo que haya quedado en pie después de todo lo que haya sucedido sin enterarnos por estar distraídos mirando hacia otra parte. Entonces igual nos demos cuenta de que no debimos quedarnos embobados.

Le puedes ayudar?

Publicado: 13 abril, 2021 en actualité...

A veces la realidad se empeña en sacarnos del ostracismo este en el que estamos inmersos. Andamos todos tan cómodamente agobiados con nuestras pandemias y nuestras vacunas, metidos veinticuatro horas al día pensando en como regodearnos en nuestra mala suerte y descansando si eso un ratito para ver cómo la justicia aparta a Toni Cantó de la lista de las elecciones esas que parece que vayan a curarnos a todos. Ya ves tú, una persona tan comedida, inamovible en sus convicciones y dispuesta a hundirse con sus siglas… total por un asuntillo de empadronamiento en una comunidad… total por abandonar otra en la que era parlamentario…  que cosas veremos, fíjate. Bueno, como decía, hay veces en las que la realidad se empeña en golpearnos con tal fuerza que nos hace caer de nuestro cómodo sofá pandémico y nos incrusta una imagen imposible de olvidar y si el golpe te lo proporciona la foto de un niño, todavía más. No han sido más que unos cuantos segundos pero suficientes para espabilar y ver que, a pesar de todo seguimos en la parte privilegiada del barrio. El mundo sigue igual y hay gente a la que las catástrofes inenarrables nuestras de este año no le resulta tan importante.

Andaba yo trajinando por la cocina en la que el año pasado perpetraba pasteles y panes con harina de contrabando cuando se metió, entre vacuna y vacuna, un crío nicaragüense de unos 10 años, llorando a moco tendido en por el desierto de Texas, mientras pedía ayuda a un policía de fronteras. Subí el volumen de la tele y lo que contaban que había andado durante horas por el desierto del Far West aquel de John Ford y John Wayne. Estaba solo, abandonado por el grupo con el que pasó, de estranjis la frontera con  Estados Unidos buscando una oportunidad con la que intentar salir adelante dejando atrás algo que ni siquiera podríamos calificar de vida a pesar de que se nos llene la boca pregonando nosequé de los Derechos del Niño.

Llámame sentimentaloide pero aquél vídeo me tocó la fibra esa que ya creía muerta y enterrada hacía siglos. Me saltó a la cabeza la imagen de mis hijos andando por ese desierto intentando sobrevivir y se me despertó el corazón ese que llevamos adormecido durante un año ya. Volví a poder ver un poco más allá de nuestra propia hipocresía egocéntrica en la que andamos inmersos, en la que nuestro problema con AstraZeneca es lo único que nos importa y nos impide levantar la vista y ver como los problemas siguen, el mundo gira y olvidamos cosas tan importantes como los miles de niños que suplican ayuda en cualquier carretera o los que malviven en campos de refugiados sin ninguna oportunidad.

Las seis en un pueblo con mar

Publicado: 6 abril, 2021 en actualité...

Soy de cerca de la playa. Algo así como la camarera de Sabina en “un pueblo con mar”, aunque olvidémonos de aquello de “Y nos dieron las diez y las once” porque incumples el toque de queda y te caen encima los municipales libreta en mano. Antes del bicho, cuando llegaba Semana Santa y Pascua se llenaba todo de gente venida de cualquier parte buscando los primeros rayos de Sol y esa foto para instagram con la que hacer los dientes largos a los que se quedaron en la ciudad. Como siempre.
Si, como siempre, porque este año ha sido igual. Los controles de las carreteras de acceso a la playa en los que pusimos la esperanza de que sirviesen para algo más que para crear atascos a la ida y a la vuelta del trabajo no han servido de demasiado. El paseo estaba lleno hasta los topes, jubilados con sus nietos, parejitas furtivas, matrimonios con niños, solterones animosos o cuadrillas. Todo mientras la playa permanece desde la salida del Sol llena de sombrillas de todas las partes del universo mundo, habitadas por “comedores de pipas” y “oidores” de reggaeton, como todos los años.
Lo único que no ha sido igual es que el del hotel de toda la vida ha tenido que cerrar, en el edificio luce un cartel de Se Vende y se cuenta que los empleados han formado una “colla” para intentar ganarse la vida recolectando las cada vez mas malpagadas naranjas. Otra cosa que también ha cambiado es que el personal de los bares del paseo ha borrado las sonrisas, hay otras caras. Un reloj marca el tiempo desde el momento en el que te sientas, hay que hacer el mayor número de servicios posibles antes de que den las seis y tengan que recoger todo el tinglado a velocidades de manteros vendedores de DVD piratas. Me cuentan que lo cumplen a rajatabla, que el otro día desalojaron alguien que estaba acabando un café del tiempo con barquillo o un “Nacional” tocado de “Tiamaria”, no recuerdo si era así o al revés. El caso es cuando suena la hora se vacían las mesas y se llena la barandilla del paseo marítimo de gente consumiendo lo mismo que en la terraza pero sin ningún tipo de control de distancias. Y así en todo, inexplicable.
“No sé, no entiendo” es lo que nos pasa por la cabeza a demasiada gente, parece que algo no está funcionando y puede que sea la comunicación entre los que ponen las normas y los que debemos cumplirlas. A nadie se le ha ocurrido pensar que cuando se exhorta a hacer algo se ha de explicar claramente, con eso del “ordeno y mando” de primero de dictadura no sirve porque pueden ocurrir dos cosas; que la gente la acate sin pensar (raroooo) y aquello acabe convirtiéndose en una especie de dogma de fe y aparezcan como champiñones verdaderos hooligans, como aquel Jedi de los policías de balcón cuya vida tan exitante lo llevó a denunciar desde Alicante a otro que circulaba sin mascarilla por Lugo porque lo había visto por internet. O en caso contrario (más probable), que como nos dicen que debemos cumplir algo no podemos entender, lo cuestionamos y lo incumplimos pensando que somos más astutos que una regla puesta “sólo para amar la existencia”.
Igual a nadie por los ministerios se le ha ocurrido que, quizás, deberían dedicarse a poner un poco de coherencia a todo este coctel de normas que debemos cumplir. Ha llegado el buen tiempo y todavía no tenemos claro si llevaremos mascarillas o no en la playa. El ministerio dice una cosa, la Conselleria otra y todavía esperamos a alguien que salga y nos diga claramente porqué una cosa o la otra. Muy normal no parece, ¿verdad? Y así con todo.
Igual una solución sería sugerir a las autoridades que se leyesen 1984, de Orwell y si quieren que nadie se atreva siquiera a salir a la calle nos pongan a todos a mirar webcams, la represión sería terrible. ¿Te acuerdas de aquello que decíamos hará un año “saldremos mejores”? A mí me dan ganas de pintar una camiseta con Hobbes gritando aquello de “El hombre es un lobo para el hombre”. Oye, más acertado. ¿A que sí?.