El nombre de las cosas

Publicado: 23 febrero, 2021 en actualité...

Desde que el mundo es mundo siempre el ser humano ha tenido la necesidad de ponerle nombre a las cosas con las que se va encontrando por ahí. Generalmente se trata de una etiqueta para aclararse un poco porque imagina intentar hacer ver al resto de la tribu que viene un Dientes de Sable con más hambre que un ratón de herrería. Sería como jugar al Gestos o al Pictionary mientras lo describes y el resto lo adivina, el bicho ha llegado y se ha zampado a cinco o seis. ¿Verdad?.

Lo de ponerle un nombre a algo casi nunca es inocente porque ya que nos ponemos a etiquetar algo lo hacemos como nos interesa, intentando provocar en el que lo oye una emoción que nos sea útil. Si llamamos a alguien Pedrito seguro que no nos imaginamos a un buen mozo de dos metros de alto y los brazos de un escolari, lo imaginamos como alguien pequeñito y tierno. Pero la cosa cambia si es Don Pedro, así, más grande y solemne. ¿Qué le vamos a hacer? Nuestro cerebro está acostumbrado a jugar a las imágenes, es inevitable, seguro que te impone más oir a Iván “El terrible” que a José I Bonaparte, alias “Pepe Botella”, en el primer caso dan ganas de correr a “postrarse en dos” y en el segundo, de levantase contra el francés, cosas que pasan. Esa manía de nuestro cerebro puede resultar muy útil según para qué. Depende de como le llamemos a las cosas se crea un ambientillo u otro en el que lo oye y eso puede que esté afectándonos un poquitín en estos días tan rarejos que vivimos.

Me explico. Seguro que sabes que soy de Valencia. Pues bueno, aquí desde siempre, de vez en cuando nos llueve polvo sahariano mezclado con agua – en mi caso justo después de lavar el coche, es un axioma irrefutable- Cuando eso ocurre siempre se repite la misma historia, unas maldiciones y una sesión de escoba y fregona y hasta la próxima. Nunca ha ocurrido nada más, no nos ha importado demasiado. Pero últimamente la cosa cambia. Por la tele se pasan un par de días antes avisándote que nos va a caer una “lluvia de sangre” pues, oye, como es normal eso te pone las orejas de punta, no es lo mismo, ni duermes pensando en la que nos va a caer. Y así últimamente con todo, a las olas de frío de estos meses antes les llamábamos invierno y nos quedábamos tan panchos, a los prevaricadores, sinvergüenzas … Era todo más fácil que ahora que nunca llamamos a las cosas por su nombre sino más bien por otro que cree un mayor desasosiego, es como si nos quisiesen tener distraídos, asustados pensando en si vendrá otra vez Filomena o si Gloria volverá a llevarse el paseo marítimo. Por lo que sea han conseguido que todo lo que ocurre a nuestro alrededor acabe teñido con halo de apocalipsis irrepetible, todo es específico individualizado, irrepetible. Todo está sumergido en ese ambiente de desastre de las películas de catástrofes de serie B del domingo por la tarde. Igual es que al que pone el nombre a las cosas se le ha ocurrido mantenernos en un estado en el que todos nos sentimos desamparados como el náufrago que ha sobrevivido al hundimiento o como el que ha sobrevivido al holocausto nuclear.

¿Qué pretenderán con ello? Igual que no miremos más allá de la próxima nevada y no veamos que están ocurriendo muchas cosas a nuestro alrededor además de la pandemia que todo lo invade.

Supongo que tu también presentías eso de que por aquí, en el fondo, somos muy nuestros y esto de las elecciones catalanas acabaría más o menos como empezó. Al final eso de intentar marear la perdiz o intentar modelar las ideas de cada uno, por suerte, no funciona. A veces para bien y a veces para mal, cada uno tiene su realidad que defender que para eso estamos en la tierra de Buñuel o Dalí. Un lugar tan surrealista que afirma que todos los ciudadanos son iguales ante la ley pero existen unos que son mas iguales que otros. Nada, tonterías mías.

Empezamos la semana con algunos intentando hacernos comulgar con ruedas de molino y hacernos tragar aquello de que “la niña se nos hace mayor” y “La niña se nos va al cole al extranjero”. Puede que hayan conseguido revolver el gallinero pero al final me parece que muchos hemos acabando pensando que ¿Dónde está la noticia? Esta gente hace lo que le da la gana y seguirá haciéndolo mientras no nos sentemos a hablar sobre lo que se puede y no se puede hacer en esta pseudodemocracia en la que de fulmina al que se pasa de la raya con la tituladora de la tele o se encierra al que canta según que cosas. Te diré que no me han gustado nunca las canciones de Hasél pero oye, con cambiar el dial de la radio ya basta, cada cual es muy libre de cantar lo que quiera. Los tiempos del medievo y las tijeras de la censura deberían haber acabado ya. Pero bueno, está visto que no, aquí continuamos obligados a aplaudir con las orejas el que la niña se marche a Howards al cole y a callar según que cosas. Ya se lo decía mi abuelo a mi padre “no te signifiques o acabarás mal”. Nada nuevo bajo el sol.

Igual nos hace falta tatuarnos en la cara aquella frase que dicen era de Voltaire «No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo».  Si me guardas el secreto te diré que, al parecer fue Evelyn Beatrice Hall, seguro que si no hubiese sido mujer no se la habría silenciado tanto.

Y en esto que andábamos enfrascados hasta que llegó el domingo y nos dimos de bruces con la realidad – No, señores de la porra, las ideas de las masas no se modifican con el palo y la amenaza-. Votaron en Cataluña y a pesar de los pesares sólo podemos sacar unas pocas conclusiones. Si el PSC siguiese el mismo camino que Cs en las últimas elecciones con eso de no querer presentarse a la investidura (donde previsiblemente el show del día va a ser el emplumamiento del Sr Illa)  sería el siguiente en acabar en el pudridero porque, a pesar de todos, la mayoría independentista sigue viva, muy viva y seguirá así mientras no se intente el diálogo asumiendo la realidad desde todas las partes. Esa es una conclusión, la otra, mucho más peligrosa. Recuerdo cuando en los tiempos del pleistoceno algunos me decían, riéndose, que el desastre de la izquierda era la fragmentación y yo les respondía que ojalá no les pasase a ellos lo mismo porque si eso ocurría podíamos pasarlo todos muy mal. Ayer me llamó por teléfono un buen amigo, derechón hasta la médula (siempre intenté no mezclar ideologías con amistades -ya conocéis a Paco-). Me fijo que  había entendido lo que siempre decíamos sobre la atomización y hasta me pidió disculpas por las burlas de años (no las merecen, siempre han sido respetuosas).  La izquierda siempre se ha ensarzado en luchas internas pero ahora que son ellos los que se están robando la merienda los unos a los otros han descubierto que con todo esto han despertado a la bestia del fascismo. Vox, cuarta fuerza más votada en Cataluña. ¿Podrán dormir tranquilos?.

La moral de la tropa

Publicado: 9 febrero, 2021 en actualité...

Te levantas por la mañana, arrastrándote sin saber muy bien porque lo haces. El cansancio ha invadido tu vida y se ha visto impregnado por un extraño sentimiento de vacío que todo lo abarca. Una sensación de soledad te acompaña No hay ganas de nada. No te preocupes, puede ser normal.

Llevamos ya más de un año de pandemia. En este año se ha intentado acabar con el bicho, empezamos fuerte, aplaudiendo a las ocho y con un “todo saldrá bien” tatuado en la frente. Han pasado los meses y nos encontramos en el punto de salida (como poco) o eso por lo menos es lo que percibimos al ver a través de todo el coro monotemático y monocorde como canto gregoriano que nos bombardea día y noche diciéndonos que nada funciona y que las cifras son mareantes. Puede que sea verdad pero lo que sí lo es es que así, realmente, intentar mantener cualquier tipo de buen pensamiento se hace difícil, sucumbimos a la poda y acabamos con el cerebro aborregado. Pensando que vamos a palmar todos, inevitable.

Si tú también estás en este punto, no te preocupes, puede ser normal. Puede serlo porque en todo este maremágnum nos hemos olvidado alimentar un factor importante, nuestra propia moral para seguir adelante con esa sonrisa que ahora nos hace tanta falta. Resulta ridículo intentar plantar batalla al más absurdo de los enemigos si la tropa ya se presenta en el campo vencida por dentro, vacía y desmotivada. Así andamos ya la mayoría. Deprimidos y con un “no hay salida” que nos han grabado a base de machacarnos y de decirnos que somos unos zotes incapaces de hacer nada cuando puede que no toda la culpa sea nuestra. Vale que algunos no se han dado cuenta todavía de nada pero también igual tiene algo de culpa el intentar parar al bicho con medidas que se revelan como verdaderas tonterías  y que no hacen más que hacer patente la incompetencia de los que nos las incrustaron. ¿Resultado?  Ya no somos capaces de comprender el sentido de la lucha y más a aún cuando se nos confunde con normas que no entendemos (o preferimos no entender para que no nos den ganas de quemar algo) como por ejemplo eso de que podamos acudir a un meeting electoral pero no  reunirnos con la familia o que el virus sólo actúe en franjas horarias. La verdad, no parece muy lógico a simple vista y eso no ayuda.

Andamos apagados, confundidos y con peligroso sentimiento de vacío. Como si nos hubiesen extraído el alma con una pajita. Si fuese malpensado diría que igual a alguien se le ha ocurrido dejarnos así porque si estamos tristes y desorientados nos volvemos vulnerables, manejables. Pero el  problema está en que ningún hueco en el universo queda exento a la tendencia a ser rellenado (como prueba empírica te preguntaré si eres capaz de mantener un armario vacío). Veremos de que se rellenan nuestras almas esta vez, porque visto lo visto, alegría y esperanza no nos queda demasiada y en cambio es la bilis amarga la que abunda cada vez más, por las redes, por la tele y por los circos políticos en los que la extrema derecha parece que vaya expandiendo sus redes.

Tierra de pícaros.

Publicado: 26 enero, 2021 en actualité...

“Pues sepa vuesa merced ante todas las cosas, que a mi llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y Antona Pérez…”La vida de Lazarillo de Tormes y  de sus fortunas y adversidades. Anónimo, SXVI.

Al final va a ser verdad aquella etiqueta un tanto injusta que nos han colgado a martillazos a todo el que se le ha ocurrido ir a nacer por estas latitudes. Por aquí somos un poco dados a la picaresca a la mínima que salta la 9541470811649_XXL.jpgliebre, igual será verdad eso de que lo llevamos en el ADN (siempre he pensado que no es verdad y que siempre la pagamos justos por pecadores pero ya ando dubitativo al respecto). No en balde somos el país de el Lazarillo y el Buscón, el de los espabilados que andan sueltos por el Quijote y el de los bandidos de Sierra Morena… ¡En fín!, pasan los siglos y esto sigue igual. Lo de la pandemia no podía ser menos. ¡Que cruz!.

Ha empezado ya el rosario, que se prevé interminable, de personajes listillos que se cuelan en las listas de la vacuna como aquellas octogenarias que muestran su arte de décadas cada vez que aparecen delante de tuyo en la cola del mostrador de la carniceria . “Estaba yo antes” te sueltan con toda la jeta, mirándote a los ojos, sin inmutarse, sabiendo que vas a consentir si no quieres oir el abucheo del resto de los asistentes.¡Zas! se cuelan y siempre se llevan esos últimos cuartos de pollo que querías tú para hacer la comida del sábado. No falla!

Siempre nos ocurre lo mismo, sólo que nos tenían acostumbrados a que metiesen la mano en la caja y ahora que hemos descubierto que también son capaces de meter el brazo en la vacuna nos han sorprendido un poco. Son alcaldes, altos funcionarios, consejeros, directores de hospitales, gente de todo tipo, hasta un JEMAD y un Screenshot_2021-01-23-19-01-51-323_com.twitter.android.jpgobispo que nos recuerdan que el espíritu de “La escopeta nacional” todavía sigue vivo. Todos ellos han demostrado su enorme insolidaridad, egoísmo y cobardía salvándose ellos primeros, como el capitán que salta al primer bote disponible dejando al resto achicando el agua con cubos. Esto, si cabe, puede que sea más grave, ahora no estamos hablando de llevarse “el parné” sino de llevarse la vacuna que otro que la necesita más quedará esperando a que llegue. Lo que no sabemos es si llegará antes la vacuna o “la parca” porque en este caso hablamos de la salud de 10-euro_LI (2)los vulnerables. Que no se nos olvide ni a nosotros que deberíamos saber quienes son los egoístas ni a la fiscalía que debería repasar si con esas actuaciones no se estará cometiendo delito grave, tan grave como que puede costar una vida. Objetivamente y si no queremos mojarnos podremos decir que  el Código Penal exige un beneficio económico para delitos como el tráfico de influencias o un uso ilícito para probar el delito de malversación pero, ¿Esto es justo? Como si que existe voluntad y dolo en la acción a sabiendas de que se pueden producir perjuicios graves, igual podíamos buscar otro tipo un tanto más feo. No se, ahí lo dejamos.

Al final puede que no reparen en el hecho pero el asunto se complica, andamos hasta las narices de ver lo que nos está ocurriendo. Nos están robando (eso ya lo sabíamos) pero puede que no el hecho de que nos están robando las vacunas (que viene a ser como que te roben la salud de tu abuelo ) en nuestra propia cara. Nos enteramos, dimiten y aquí no ha pasado nada. Es una piedra más en la mochila y llevamos tantas que no vamos a tardar en explotar. Cada día vemos señales más claras de gente que está hasta las narices, eso no es gratis (nos pasará factura en depresiones y suicidios, no lo olvidemos, puede que sea la próxima pandemia). Cada vez más gente se entrega al sincerebismo por puro hartazgo y desesperación, terreno abonado para la extrema derecha que va buscando adeptos, en silencio y a hurtadillas, entre los que no encuentran salida y están cansados de luchar. Pero convendría no olvidar una cosa, si somos el país de los pícaros también somos el de “El barbero de Sevilla”.

La muerte del dinero.

Publicado: 19 enero, 2021 en actualité...

No, no voy a salirte ahora con el cuento tártaro ese de que la pandemia no es más que una estratagema artificial. Tampoco te diré que “el bicho” en realidad no es más que un matarife a sueldo de alguien. De verdad que sería pexels-photo-96612.jpegun tanto raro de creer esto sin acabar con un gorro de papel de aluminio en la cabeza y un disco en la mano de gente como Bosé, Bunbury , París o tantos otros que parece que no se les ocurre otra cosa menos irresponsable que soltar barbaridades para que se siga hablando de ellos. De ser así ¿Qué triste, verdad?

Pero puede que esto de buscarle cinco patas a un gato no sea algo tan alocado en unos tiempos en los que parece villanoque se nos muevan los cimientos de la sociedad como una gelatina. Me da que algo se nos escapa y es que aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid a alguien se le está ocurriendo intentar sacar partido de que andamos intentado esquivar el “chungo” como sea. Somos presa fácil, asustados cada vez que oímos a los medios, cansados porque esto se hace largo, acostándonos cada día dando las gracias por no estar en la lista de contagiados y acusándonos de propagar la pandemia los unos a los otros

Son tiempos para oportunistas y déspotas. Vivimos en un eterno susto, parece que seamos incapaces de ver pasar un elefante de color rosa a nuestro lado y no reparamos en las barbaridades que están ocurriendo a nuestro Ayuntamiento-recibido-solicitudes-ayuda_EDIIMA20151109_0727_1alrededor. Andamos tan saturados de monotema que no nos enteramos de cosas que, en caso contrario, ya nos hubiesen hecho salir a la calle. Cosas como el que recorten el horario del “toque de queda” más allá de lo establecido en el Real Decreto, el que se administren las vacunas según le parezca a la comunidad autónoma en la que residas o el recibo de la luz que ha dejado, una vez más, sin electricidad a los más desfavorecidos en la Cañada Real y en otros sitios de los que seguro que no nos hemos enterado. Está visto que el frío de Filomena se ha sentido según en que barrios, como siempre.

Cada vez se nos presiona más y más, se nos asusta y se nos intenta culpabilizar de lo que sea, es como si 7b9af08ecae6abbd0fefbd32525e4644estuviesen abonando el sembrado del miedo porque saben que si tenemos miedo vamos a ser más dóciles, aceptaremos los recortes que sean. Es la historia de siempre, cambiaremos seguridad por derechos. Una fórmula más vieja que la tos pero que todavía funciona.

Te cuento esto porque Paco me decía el otro día, mientras agitaba la Visa, como un árbitro de fútbol “¿Ves? Con esto acaba la historia que empezó hace miles de años con la creación del dinero” Le pregunté por qué decía eso Visay me respondió, con una mirada entre solemne y apenada, que si no pagaba el café en efectivo todo el mundo sabría que le gusta tomar café en tal sitio. No le hice demasiado caso, pero cuando llegó el extracto de la tarjeta lo entendí. En esa lista  estaba todo lo que había hecho durante el mes, los sitios que frecuento, dónde suelo ir a la compra y hasta a qué hora. Me metió el miedo en el cuerpo y me acordé de Paco. ¿No estarán satanizando algo que llevamos haciendo desde que a los fenicios se les ocurrió lo de las monedas para tenernos un poco más controlados?

Párate a pensar, cuando pagas algo en calderilla ahí acaba la historia pero en caso contrario, para evitar el diferencias-entre-perfil-de-usuario-y-pagina-de-empresa-en-facebook-1348862980-1-150x150.jpegcontacto con el “cochino metal”, generarás una información valiosa para alguien y últimamente la información de lo que sea anda muy cotizada. ¿Exagerado? Pregunta a Facebook, Google o alguno de estos.

Seguramente después de un año de pandemia, una tormenta histórica y oír tanta película de ciencia-ficción me augurestoy volviendo un poco rarito (que podría ser) pero es que cada vez nos ponen más difícil creer en algo y eso de pensar que aprovechando las que estamos pasando a alguien se le haya ocurrido que jamás volvamos a ser lo que éramos puede que no sea tan descabellado. Yo, por si acaso, intentaré estar más atento al respecto.

Nieva corchopán

Publicado: 12 enero, 2021 en actualité...

Resulta que si acercas un mechero a una bola de nieve, compacta y redondita, se produce un fenómeno hasta curioso. Tan curioso que los terraplanistas, conspiranoicos nivel master y otras formas de vida alteradas toman como algo perverso. Los que no andamos muy puestos en los caprichos de la física pensaríamos que la nieve se derretirá y acabará formando un bonito charco en la alfombra. ¡Pues no! Aquí entra en juego una de esas cosas que tiene la ciencia cuando roza la

Sublimación

Mágia de Juan Tamariz y te deja boquiabierto. El agua sencillamente desaparece. ¿Brujería? No, de eso nada, el efecto se llama sublimación. Sucede cuando el agua pasa de cubito de hielo a estado gaseoso, sin pasar por el estado líquido. Eso se debe a que el calor del mechero está tan concentrado en un punto que resulta suficiente para evaporar el agua del punto donde incide. El agua se evapora y deja un rastro negro como de hollín como consecuencia de los resíduos que deja la combustión del gas del mechero (contaminación le llamamos habitualmente). Si rebuscamos un poco por la etimología todo

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queda más claro, la palabra “sublimación” proviene del latín sublimare que quiere decir “elevarse” o “remontarse hacia lo alto”. Pero claro, nos empeñamos en decir que eso no sirve para nada en el cole y después pasa lo que pasa, la sociedad entra en un proceso de descerebrización un tanto alarmante. Todos hemos visto un vídeo que va circulando por esos cibermundos en el que una señora intenta demostrarnos que lo de la borrasca Filomena no es más que una trampa y que llueve corchopán.

Parece increíble pero cada vez nos ocurren más estas cosas, creemos lo que queremos creer. Nos encargamos de montar toda un explicación paralela y la vendemos como la verdad absoluta haciendo bueno aquello de Groucho

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Marx cuando decía “ ¿A quién va a creer, a sus propios ojos o a mi?”. No nos fiamos de nadie ni de nada en una sociedad en la que nos todos los días confiamos en que el Taxista nos llevará donde le pedimos, de que el médico nos curará (o lo intentará) o de que el policía no nos atracará. En una sociedad que se construye sobre la confianza de unos en los otros esto de montar las verdades que cada cual quiera hacer ver basándose en la negación de lo obvio resulta peligroso. Empezamos viendo plástico en las nevadas, seguimos pregonando que la tierra es plana y acabamos asaltando el Capitolio. ¿Lo próximo? Igual nos da por salir a la calle a buscar y quemar brujas o hacer demasiado caso a alguno de los gurús que se visten de simpáticos y que pueden acabar haciendo un remake de los totalitarismos del S.XX. ¿Exagerado? Tu deja ir a los Trumps, Abascales, Bolsonaros, Obanes, Putins y toda la cohorte de ejemplares que andan sueltos y verás como también acaban sublimando todo lo que teníamos.

Vete tu a saber que será lo próximo, igual que esto nos lo mandan los extraterrestres para preparar la invasión. Sea lo que sea, tranquilizador eso no resulta. Y más todavía en plena temporada de pandemia en la que todo es

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“raro” y andamos todos desconcertados empezando un año en el que habíamos puesto muchas ilusiones pero que ya se me está haciendo largo con tanto pregón de las trompetas del Juicio Final. La tercera ola, la llegada de Filomena o el precio inalcanzable para demasiada gente al que se ha puesto la luz o hasta la NASA anunciando la llegada del enésimo meteorito destructor allá para el mes de Mayo (otra vez). A mí el año ya se me está haciendo largo.

Bueno, parece que ya hayamos pasado la frontera esa que nos habíamos fijado en el fin de año. Ahora tenemos todo un año por delante, nuevecito, a estrenar y eso siempre resulta alentador. Pero la verdad es que nos habíamos ilusionado tanto que ando un poco cabizbajo. Muchos esperábamos que nada más sonar la última campanada se vería un resplandor de esos cegadores, ya sabes, de los que dejan todo en blanco, seguido de su trueno ensordecedor. Después volvería todo a la normalidad anterior, cuando nada era normal pero era lo rutinario. Con las ganas me he quedado.

Pero nada, seguimos igual que antes, alterados y malcarados hasta el punto de que hasta si aparece Nacho Cano en la Puerta del Sol para recordarnos el clásico de todos los años es motivo suficiente como para tirarnos de los pelos los unos a los otros. No descansamos ni para celebrar que podemos “pegarle fuego” a un año que nos ha resultado difícil hasta decir basta. Continuamos sacándonos los ojos que si con banderitas, que si con dimes y diretes… Hemos sobrevivido al año del “no hagas, no toques…” y ni así hemos aprendido nada para conseguir evitar la ola del bicho versión navideña. Así no vamos a conseguir nada que no acabe con la extinción. Mal asunto.

Bueno, no es verdad eso de que no ha cambiado nada, ha cambiado todo y mucho. Desde el día uno nuestros billetes de Euro están caducados, convendría actualizarlos (idea para convocar un concurso de nuevos diseños). Desde el día uno los billetes son más mentira que nunca. Aparece una isla rara sobre España y frente a Francia. Una vez más la diplomacia Europea ha fracasado como un tigre mellado. Se nos ha ido Gran Bretaña y mucho me temo que este año vamos a ver esta misma obra de teatro alguna vez más ¿Quién será el próximo?

No debería sorprendernos porque parece que el sueño de la UE se ha transformado en una pesadilla. Andamos todos tocados de moral y claro, no ayuda nada eso ver como no se consiguen atajar verdaderas atrocidades como lo que supone ver que miles de personas hayan perdido su vida en el mar para llegar a un sitio donde no son tratados precisamente como seres humanos que buscan ayuda. Y menos reconforta todavía ver como los Derechos Humanos que dábamos por sentados empiezan a desdibujarse cada vez más como un castillo de arena azotado por las olas. Así acabamos el horripilante 2020 y así parece que siga este nuevo que estrenamos.

Me temo que este año tampoco será el que devuelva a esta vieja Europa las fuerzas para luchar por intentar encender la llama de nuevo, el virus lo ha inundado todo, nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestras almas.

No se si es que me he vuelto viejo de repente pero de verdad espero que este 2021 que nos llega lleno de esperanzas no nos defraude demasiado. Espero que no sea el que recordemos como en el que morimos en la orilla después de cruzar un mar embravecido a nado. Solo espero que acabe esta pesadilla, que volvamos a vernos, mirarnos a los ojos y recuperar los abrazos y los besos que nos han sido arrebatados. No se si será demasiado pedir pero eso es lo que me gustaría, poder dejar las barreras y el miedo en el pasado. Podernos ver en Viveros, El Retiro o donde quieras y reír. Abrazarnos mientras brindamos porque todo ha pasado y podernos volver a levantar de nuestras cenizas, como tantas veces hemos hecho y como sin duda volveremos a hacer todas las veces que sean necesarias y una más si hace falta.

Feliz año 2021.

“Annus horrípilis”

Publicado: 29 diciembre, 2020 en actualité...

Buff! Parece que va llegando ya el día 31 de diciembre. Acabará este annus horribilis,  y podremos gritar “Jumanji” para que acabe todo y volvamos a la casilla de salida. Porque oye, el añito ha sido de cuidado. Quién te hubiese dicho la que nos venía encima cuando comía las uvas con los amiguetes hace un año, ¿Verdad? Personalmente nunca había tenido tantas ganas de tirar el calendario a la basura o mejor todavía, botarle fuego porque seguro que a ti también te pasa eso de querer llegar al día 31 para quedarte con la satisfacción esa de ver el cartelito ese de “tarea completada” y sentarte en el sillón a descansar. Este año ha sido peor que los trabajos de Hércules. ¡Cielo santo que espantajo!  Nos va a resultar raro eso de nos quedemos en casa a ver las campanadas por la tele, con una Puerta del Sol vacía. Casi tan raro como lo que hemos vivido. Pero bueno, es lo que hay. Resignación, suerte de que podamos verlas por la tele, muchísimos no van a poder hacerlo. 

Empezamos el año con las risas de “mira que exagerados son estos chinos” aunque después cuando vimos al bicho salir por la puerta gayola y intuimos la que se nos venía encima se nos borró la sonrisa tonta de la cara y empezamos a lamentar eso de habérselo tomado a chufla. Siempre nos pasa igual, nos pillan a contramano en todo, en lo del virus, en los presupuestos, en eso de pensar que el pobre es el otro y no tú, en creer que los otros serán los necesitados y no tú… en dar por sentado que los reyes son magos, hasta que descubres que la magia la emplean en hacer desaparecer los erarios que ahora nos hacen tanta falta como un botijo fresquito en el desierto. En fin, lo de siempre.

Sólo espero que al final consigamos aprender algo ya que doy por perdido aquello de los tiempos de los aplausos y el “todo irá bien”, entonces pensábamos que la pandemia nos volvería más humanos y más solidarios. Empecé a ver tambalearse aquello cuando nos acusábamos a voz de grito desde los balcones y ahora lo veo al hacer patente que somos incapaces de hacer caso a las cuatro cosas que nos piden. Como decía Paco, “menos mal que es COViD en el SXXI, si fuese peste bonica en el SXV no quedaba ya ni el apuntador”. Seguramente tiene razón, nos habríamos azuzado las ratas los unos a los otros.  

Pero bueno, las cosas vienen como vienen y hay que aprender a jugar en todos los campos. Pensábamos que este año, por eso de ser cifra redonda, sería bonito con juegos Olímpicos y todo. Nos ha salido rana y nos ha tocado vivir algo para lo que no estábamos preparados, nosotros que nos veíamos inmersos para siempre en eso del “mr Wonderfulismo” y la Happycracia que nos obliga a ser felices (¿Dónde está escrito eso que no sea en algún libro de Jodorowsky o una libreta de “MrWonderful?). En nuestros planes no entraba una pandemia sería, “como Dios manda” y así nos ha lucido el pelo. Andamos desquiciados y dando palos de ciego. Vale, este año hemos perdido el norte pero al final algo bueno habrá habido. Hemos descubierto dos cosas, la humildad de saber que no somos dioses y que un bichejo del que no sabemos siquiera si está vivo nos puede destrozar,  y algo muy importante, que la ciencia, esa gran olvidada en la vida de lucecitas que nos gastábamos antes de febrero es la última esperanza a la que nos podemos aferrar. No nos ha defraudado. 

Empezaremos 2021 con la mirada ilusionada, puesta en un futuro sin bichejo y será posible porque unas personas de bata blanca, a los que antes no hacíamos caso, han conseguido una vacuna que parece efectiva. Pero no olvides que aunque tengamos un arma para la batalla, hasta el último tiro todo es guerra y no conviene confiarse o esto no va a acabar nunca. 

Soy optimista, se que si ahora que se puede poner contra las cuerdas a esta maldita pandemia somos capaces de aguantar unos meses cuidándonos un poco, podremos salir adelante… Hagámoslo, por los que nos han dejado, por los que han puesto su empeño y sus vidas en salvar un poco de nuestra salud y por nosotros mismos. El año acaba, pero solo en el calendario, la lucha sigue y no podremos celebrar nada mientras todavía quede virus en el mundo y con ello me refiero a que también debe llegar la ciencia a los pobres, a los que todavía no pueden llegar a sospechar que igual hay una luz al final del túnel. A los que han visto como los países ricos han arramblado con las vacunas pagándolas a precio de platino iridiado y les han olvidado una vez más. Cuando esto suceda celebraremos no un año nuevo sino una vida nueva. Entonces descorcharemos las mejores botellas y podremos gritar, abrazarnos, besarnos (falta nos hace) y desearnos una feliz existencia nueva.  

FELIZ anormal NAVIDAD

Publicado: 22 diciembre, 2020 en actualité...

Si después de todo lo que estamos viviendo todavía alguien cree que va a poder tener unas Navidades ” normales” la verdad es que igual debería acercarse a la consulta del psicólogo o del psiquiatra porque algo no funciona bien en su regadera. Más que nada porque supongo que ya andaremos un poco escarmentados. Este año nada ha sido normal, no ha habido Domingo de ramos, ni jueves santo, ni semana santa, ni fallas, ni cohetes, ni viajes en verano. Perece que nos hayan robado el año y no pasó nada…. entonces, si no hay Navidad, ¿Qué pasa? 

Este año hemos mal llevado eso de vivir sin abrazos, sin besos, sin las sonrisas que se ocultaron detrás de una mascarilla, sin comidas familiares y sin poder ver a nuestros mayores sin que exista un cristal de por medio. Nos ha dejado secuelas como surcos en la tierra seca, por supuesto, y más todavía si hemos tenido que decir adiós a un ser querido sin podernos despedir. Eso duele como una estaca en el corazón. Si, este año parece que no va a ser un año de navidades entrañables entonces, si no hay navidad ¿Qué pasa? 

Los críos, los que nos han alucinado por su capacidad de aguante y nos han enseñado que son los héroes de verdad y que se pueden adaptar a salto de mata a eso de quedarse sin cole, sin fiestas, sin apenas verano, han seguido adelante, entonces si nosotros nos quedamos este año sin cena de Navidad, sin esas comilonas de falsedad con los compañeros de trabajo a las que acudías si no podías evitarlo, sin borrachera fin de año ¿Qué pasa?  

Este año se ha llevado lo mejor de nosotros, se ha llevado amigos, familiares, recuerdos y la esperanza que teníamos al principio, cuando salíamos a aplaudir a las ocho,  en que saldríamos más fuertes, más humanos.  El huracán se lo ha llevado todo a cambio de casi nada porque está visto que  no escarmentamos, seguimos alimentando las necrológicas con conciertos, fiestas, comidas que no hacen más que transformarse en aumentos en los números de contagio. Seguimos pensando en eso de “salvar las navidades”, las de siempre, como siempre. Podemos salvarlas, sólo dime a cuantos de tus seres queridos estás dispuesto a sacrificar por una cena. ¿De verdad después de todo lo vivido este año horrible; ¿Nos vamos a preocupar por unos polvorones, o por las campanadas de fin de año? 

Pues mi respuesta es si. Supongo que después de todo lo vivido ya habremos aprendido a separar el grano de la paja y entender cual es la esencia de las cosas para quedarse con ella. A pesar de todo es el momento de celebrar las navidades, en casa, con los tuyos o incluso contigo mismo. Al fin y al cabo dicen que las primeras navidades debieron ser como esta, en casita (bueno, en el pesebre) con los familiares más allegados (mula y buey incluidos) Es el momento de recuperar el espíritu de la Navidad el de la verdadera Navidad, el que enterramos bajo los regalos, las comilonas o los excesos. El verdadero espíritu ha de resurgir ahora más fuerte que nunca, el espíritu de la esperanza. Navidad es eso, la esperanza de la salvación, el del final de los días oscuros y la llegada de la luz que poco a poco va venciendo a las tinieblas de la noche.  

Celebra eso, ten ilusión y esperanza o acabaremos sucumbiendo a “La Nada” de la Historia Interminable. Para eso no hay que salir de casa, piénsalo. . Celebrar que estamos vivos puede ser un homenaje para los que no van a poder hacerlo y puede darnos coraje para seguir en la lucha. Este año lo haremos con los que más quieres, con los que más conoces, con esas personas que has redescubierto estos meses duros de confinamiento, con los tuyos, con los que viven contigo Ya vendrán más navidades; y más fiestas y, más comidas familiares. Ya celebraremos todos juntos el final de esta pesadilla… Lo único importante ahora es que cuando llegue ese día estemos todos… Felices Navidades. 

El pazo

Publicado: 15 diciembre, 2020 en actualité...

“El pazo de Meirás contará la historia de los Franco y de Emilia Pardo Bazán” Carmen Calvo

 

Ochenta y dos años han pasado desde que llegaron los Franco con sus chancletas, escopetas y ganas de veraneo, de fotografías y de hacer los dientes largos a propios y extraños. A propios porque no se podía entender porque esos señores seguían allí después de muerto el dictador al que le habían donado la casa a base de “gentiles aportaciones a punta de pistola. Y a extraños porque no concebimos como   la que fue casa de Emilia Pardo Bazán, donde nació Sabela y correreaba Perucho y donde daba rienda suelta a un carácter que le llevó a enzarzarse en una pelea con Ravachol, el loro del farmacéutico, seguía en manos de una familia que llegó con las manos manchadas de sangre, amenaza y dolor, con el estigma de una guerra civil y una dictadura.

El pazo que construyó doña Emilia no era de los Franco, al igual que el país no lo fue del Caudillo, aunque se comportase como si lo fuese. En el segundo caso sirvió el inexorable paso del tiempo para revertir la situación, en el primero una interminable batalla judicial para desalojar a los que se aferraban a la nostalgia. El pazo ahora es de todos, sus torres, sus jardines han pasado a ser de Estado. Pero no lo perdamos de vista no nos vaya a pasar como a los animales de “Rebelión en la granja” que vieron como la casa del granjero acabó ocupada por Napoleón y los suyos, quienes se comportaban como el mismísimo granjero. Reivindico mi derecho a pasearme con mi uniforme de turista (camiseta estampada incluida)  por sus habitaciones, por ese baño tan Kisch… . Andar con los ojos abiertos como platos imaginando a la Condesa de Pardo-Bazán escribiendo en cualquier rincón a Don Benito Pérez  Galdós unas cartas que ya quisiera tener en sus zarpas cualquier programa del corazón. O componiendo obras irrepetibles como “Los pazos de Ulloa”   y ¿Por qué no? A Doña Carmen Polo paseando en batamanta.

Deberíamos conseguir que sea público, no vaya a caer alguien en la tentación de apropiárselo. ¿Exagerado? Pues no se yo que decirte en un país en el que parece que las cosas se peguen en las manos como con superglue y más después de ver como el líder de la oposición olvida hasta el artículo 14 de la Constitución (ya sabes, aquello de que “Todos los españoles serán iguales ante la Ley y bla. Bla, bla…”) , al igualito que en el libro de Orwell,  para intentar justificar que un monarca emérito  que ha olvidado que su institución se sostiene por el ejemplo y una dosis de “misterio” a partes iguales se haya dedicado a esquivar sus obligaciones fiscales regalando tarjetitas a sus allegados (por supuesto que a los Reyes no…acabáramos!). Todo para sonsacar unos cuartos como si tuviera que hacer malabarismos para alimentar a la proloe. Dinero que vendría de perlas visto como las estamos pasando. Y encima lo hace tan mal que le pillan hasta el punto de que el fisco no se acaba de creer la historia, igual piensan que  pueden cerrarnos la boca con una cifra que nos suena a miseria, al chocolate de Ravachol, el loro de don Perfecto. Seguramente siguen sin enterarse que en pleno S.XXI lo único que puede mantener una monarquía es una extraña mezcla de ejemplaridad y misterio en sus dosis exactas.