Mientras aquí seguimos discutiendo sobre si el café de cápsula es reciclable o no, a Maricarmen la han puesto de patitas en la calle. Otra vez el mismo drama grabado en vertical con el móvil, los mismos empujones en el portal, los mismos sollozos de impotencia y el titular masticado de turno: «Un fondo buitre desahucia a una anciana».
Y claro, la indignación colectiva estalla en redes, nos echamos las manos a la cabeza y señalamos con el dedo al malvado capital internacional. Pero seamos honestos un segundo: ¿de verdad nos sorprende que un lobo coma carne?
Echarle la culpa de la crueldad social a un fondo buitre es como enfadarse con el granizo por romper el parabrisas. La naturaleza del lobo es morder, devorar y rentabilizar hasta el último hueso del cadáver. No tienen alma, no tienen empatía y jamás la van a tener; son tiburones financieros cuyo único lenguaje son los dígitos en una pantalla. El verdadero problema no es la fiera que ronda por el campo; el verdadero problema es el guardián al que le pagamos el sueldo para que cuide la puerta y prefiere dejársela abierta de par en par.
Maricarmen no es solo una víctima de la codicia financiera; es la víctima número N de un sistema profundamente podrido por la desidia y el cinismo político. Por aquí han pasado gobiernos de todos los colores, de todas las siglas, de corbata fina y de camisa remangada. Nos han vendido escudos sociales, leyes históricas y blindajes de titular, pero la realidad en la calle no cambia un milímetro: el fuerte ejecuta, el débil paga y la gente mayor se queda sin techo.
Resulta sencillamente inconcebible que en un país presuntamente «desarrollado», que se llena la boca hablando de progreso y bienestar europeo, asistamos impasibles a este tipo de salvajadas. Y más inconcebible es aún que la respuesta de quienes mandan sea un encogimiento de hombros, tres minutos de teatro en el telediario y la habitual sesión de reproches cruzados entre la oposición y el gobierno.
Ya está bien de trileros. Si el lobo entra en tu casa y se come tu cena, no vas a pedirle explicaciones al lobo; se las pides al que tenía la llave y miró para otro lado.
Igual va siendo hora de quitarnos las zapatillas, levantarnos del sofá y empezar a movernos de una vez por todas. Porque si la ciudadanía no exige responsabilidades a quien de verdad tiene la sartén por el mango, la lista de Maricarmenes seguirá aumentando mientras los de siempre se reparten los sillones.







