Definitivamente lo que está ocurriendo hoy en día con nosotros supongo que no había pasado nunca. Seguro que en la historia de la humanidad jamás se había visto a tanta gente obsesionada y mirando hacia un mismo lugar. Al final se nos va a caer el mundo a trocitos y no nos vamos a enterar, sólo tenemos ojos para lo mismo, el bicho y el vodevil de las vacunas Guadiana que aparecen y desaparecen según sople el viento y la histeria.

Me di cuenta ayer al acercarme al bar a por un café (modalidad para llevar, que uno intenta rascar segundos para acabar en el trabajo cuanto antes mejor, llegar a casa y hacer como cuando jugábamos a pillar y gritábamos ¡Casa! Para que no nos atrapasen). Me encontré con Paco que me dijo que estaba esperando a que la UEFA repartirse sanciones a su Real Madrid por el invento de la Superliga. Por supuesto que no tenía ni idea de que era ese nuevo invento para rascar unos milloncejos de euros por parte de los clubs ya megamillonarios. Admito que nada sorprendente en un espécimen raro como yo para el que el fútbol viene a ser algo así como la física termonuclear aplicada pero inaudito en gente como Paco que se sabe las alineaciones de todos los equipos desde los años 60 hasta hoy. Me dejó preocupado parece que falte poco para que venga Bruce Willis a salvarnos del Armageddon porque hasta el dios Futbol ha pasado ya a un segundo plano. El bicho y todos sus anejos nos tienen sorbidos el poco seso que nos quedaba, o si no que se lo pregunten a Bosé. Resulta inquietante.

Andamos tan afectados buscando el más mínimo rayo de esperanza en mitad de toda la sobreinformación pesimista que nos invade. Estamos tan Dañados por tanta muerte, tanto dolor , tantos abrazos perdidos o tantos besos que no serán que ni siquiera hemos sido capaces de darnos cuenta de que la semana pasada, en el Congreso salió adelante una ilusionante ley pionera para proteger a aquellos a los que decimos querer más que nada en este mundo, a nuestros hijos. Una ley centrada en proteger a la infancia de toda esta inmundicia que les acecha. Pero claro, en ella no sale el bicho. También nos ha pasado por alto los seis muchimillonarios proyectos propuestos por el Gobierno para intentar salir de esta. No entro en si me parecen realistas o no, sólo te digo que ni nos hemos enterado igual como también nos hemos quedado “in albis” al respecto de las comparecencias de los artistas de la serie Gürtel, que antes estaba tan de moda o incluso igual tampoco sabes que han imputado a los presidentes de La Caixa y Repsol por contratar a ese superagente secreto cañí llamado Villarejo. Seguro que hasta en Cataluña ni se han enterado de las últimas novedades de la policía patriótica. Todo pasa desapercibido.

¿Se te ha ocurrido pensar que si hasta somos incapaces de ver pasar elefantes delante de nuestras narices porque estamos distraídos mirando hacia donde nos señalan igual pasan otras cosas que ni sospechamos? Resulta que esto también pasará, esperemos que más pronto que tarde, si hacemos caso a los científicos y no nos dedicamos a hacer el cernícalo. Esto pasará y la vida seguirá adelante con lo que haya quedado en pie después de todo lo que haya sucedido sin enterarnos por estar distraídos mirando hacia otra parte. Entonces igual nos demos cuenta de que no debimos quedarnos embobados.

Le puedes ayudar?

Publicado: 13 abril, 2021 en actualité...

A veces la realidad se empeña en sacarnos del ostracismo este en el que estamos inmersos. Andamos todos tan cómodamente agobiados con nuestras pandemias y nuestras vacunas, metidos veinticuatro horas al día pensando en como regodearnos en nuestra mala suerte y descansando si eso un ratito para ver cómo la justicia aparta a Toni Cantó de la lista de las elecciones esas que parece que vayan a curarnos a todos. Ya ves tú, una persona tan comedida, inamovible en sus convicciones y dispuesta a hundirse con sus siglas… total por un asuntillo de empadronamiento en una comunidad… total por abandonar otra en la que era parlamentario…  que cosas veremos, fíjate. Bueno, como decía, hay veces en las que la realidad se empeña en golpearnos con tal fuerza que nos hace caer de nuestro cómodo sofá pandémico y nos incrusta una imagen imposible de olvidar y si el golpe te lo proporciona la foto de un niño, todavía más. No han sido más que unos cuantos segundos pero suficientes para espabilar y ver que, a pesar de todo seguimos en la parte privilegiada del barrio. El mundo sigue igual y hay gente a la que las catástrofes inenarrables nuestras de este año no le resulta tan importante.

Andaba yo trajinando por la cocina en la que el año pasado perpetraba pasteles y panes con harina de contrabando cuando se metió, entre vacuna y vacuna, un crío nicaragüense de unos 10 años, llorando a moco tendido en por el desierto de Texas, mientras pedía ayuda a un policía de fronteras. Subí el volumen de la tele y lo que contaban que había andado durante horas por el desierto del Far West aquel de John Ford y John Wayne. Estaba solo, abandonado por el grupo con el que pasó, de estranjis la frontera con  Estados Unidos buscando una oportunidad con la que intentar salir adelante dejando atrás algo que ni siquiera podríamos calificar de vida a pesar de que se nos llene la boca pregonando nosequé de los Derechos del Niño.

Llámame sentimentaloide pero aquél vídeo me tocó la fibra esa que ya creía muerta y enterrada hacía siglos. Me saltó a la cabeza la imagen de mis hijos andando por ese desierto intentando sobrevivir y se me despertó el corazón ese que llevamos adormecido durante un año ya. Volví a poder ver un poco más allá de nuestra propia hipocresía egocéntrica en la que andamos inmersos, en la que nuestro problema con AstraZeneca es lo único que nos importa y nos impide levantar la vista y ver como los problemas siguen, el mundo gira y olvidamos cosas tan importantes como los miles de niños que suplican ayuda en cualquier carretera o los que malviven en campos de refugiados sin ninguna oportunidad.

Las seis en un pueblo con mar

Publicado: 6 abril, 2021 en actualité...

Soy de cerca de la playa. Algo así como la camarera de Sabina en “un pueblo con mar”, aunque olvidémonos de aquello de “Y nos dieron las diez y las once” porque incumples el toque de queda y te caen encima los municipales libreta en mano. Antes del bicho, cuando llegaba Semana Santa y Pascua se llenaba todo de gente venida de cualquier parte buscando los primeros rayos de Sol y esa foto para instagram con la que hacer los dientes largos a los que se quedaron en la ciudad. Como siempre.
Si, como siempre, porque este año ha sido igual. Los controles de las carreteras de acceso a la playa en los que pusimos la esperanza de que sirviesen para algo más que para crear atascos a la ida y a la vuelta del trabajo no han servido de demasiado. El paseo estaba lleno hasta los topes, jubilados con sus nietos, parejitas furtivas, matrimonios con niños, solterones animosos o cuadrillas. Todo mientras la playa permanece desde la salida del Sol llena de sombrillas de todas las partes del universo mundo, habitadas por “comedores de pipas” y “oidores” de reggaeton, como todos los años.
Lo único que no ha sido igual es que el del hotel de toda la vida ha tenido que cerrar, en el edificio luce un cartel de Se Vende y se cuenta que los empleados han formado una “colla” para intentar ganarse la vida recolectando las cada vez mas malpagadas naranjas. Otra cosa que también ha cambiado es que el personal de los bares del paseo ha borrado las sonrisas, hay otras caras. Un reloj marca el tiempo desde el momento en el que te sientas, hay que hacer el mayor número de servicios posibles antes de que den las seis y tengan que recoger todo el tinglado a velocidades de manteros vendedores de DVD piratas. Me cuentan que lo cumplen a rajatabla, que el otro día desalojaron alguien que estaba acabando un café del tiempo con barquillo o un “Nacional” tocado de “Tiamaria”, no recuerdo si era así o al revés. El caso es cuando suena la hora se vacían las mesas y se llena la barandilla del paseo marítimo de gente consumiendo lo mismo que en la terraza pero sin ningún tipo de control de distancias. Y así en todo, inexplicable.
“No sé, no entiendo” es lo que nos pasa por la cabeza a demasiada gente, parece que algo no está funcionando y puede que sea la comunicación entre los que ponen las normas y los que debemos cumplirlas. A nadie se le ha ocurrido pensar que cuando se exhorta a hacer algo se ha de explicar claramente, con eso del “ordeno y mando” de primero de dictadura no sirve porque pueden ocurrir dos cosas; que la gente la acate sin pensar (raroooo) y aquello acabe convirtiéndose en una especie de dogma de fe y aparezcan como champiñones verdaderos hooligans, como aquel Jedi de los policías de balcón cuya vida tan exitante lo llevó a denunciar desde Alicante a otro que circulaba sin mascarilla por Lugo porque lo había visto por internet. O en caso contrario (más probable), que como nos dicen que debemos cumplir algo no podemos entender, lo cuestionamos y lo incumplimos pensando que somos más astutos que una regla puesta “sólo para amar la existencia”.
Igual a nadie por los ministerios se le ha ocurrido que, quizás, deberían dedicarse a poner un poco de coherencia a todo este coctel de normas que debemos cumplir. Ha llegado el buen tiempo y todavía no tenemos claro si llevaremos mascarillas o no en la playa. El ministerio dice una cosa, la Conselleria otra y todavía esperamos a alguien que salga y nos diga claramente porqué una cosa o la otra. Muy normal no parece, ¿verdad? Y así con todo.
Igual una solución sería sugerir a las autoridades que se leyesen 1984, de Orwell y si quieren que nadie se atreva siquiera a salir a la calle nos pongan a todos a mirar webcams, la represión sería terrible. ¿Te acuerdas de aquello que decíamos hará un año “saldremos mejores”? A mí me dan ganas de pintar una camiseta con Hobbes gritando aquello de “El hombre es un lobo para el hombre”. Oye, más acertado. ¿A que sí?.

¿A quién le importa?

Publicado: 30 marzo, 2021 en actualité...

No, no te voy a salir ahora cantando como Alaska y Dinarama. Por una parte porque canto fatal y no quiero que me tiréis las culpas si llueve en esta Semana Santa, en la que nos quedaremos un año más en casita. Y por otra porque tampoco es que venga al caso en estos momentos, no estamos para festivales. Me refería a esto de que los árboles no nos dejan ver el bosque y que una vez más, nos están tomando el pelo. Pase que salgan en Telecinco contándome la vida de cualquier famosete, aunque me importe tanto como los ritos de apareamiento del cernícalo macho (perdónenme los zoólogos y los cernícalos) pero a lo que me refiero es que ya llegan a jugar al despiste hasta en cosas como las listas de las elecciones.

A ver, seriamente, ¿A quién le importa saber si Toni Cantó se presenta en la lista de Ayuso? -O visto como se las gasta el camaleón en cuestión, en cualquier lista de cualquier partido- Lo que no entiendo es cómo alguien puede imaginar que las masas votarán a una persona experta en abandonos al electorado. Esta misma teoría la podemos aplicar a casi todas las listas de todos los partidos. ¿Te quita el sueño que en la lista del PSOE salga Irene Lozano o que Pablo Iglesias vaya a intentar el asalto a la comunidad de Madrid?  De verdad, ¿Te importa mucho el nombre del que salga en la lista?

No se, llámame raro pero  me parece que los partidos, todos ellos, se centran en que nos quedemos mirando la forma, no el contenido. Quieren que nos fijemos en las caras de las listas y que no se nos ocurra mirar un poco más allá.  Igual interesaría muchísimo más saber que harán con los votos. Si  Díaz Ayuso va a continuar apuñalando todo lo que huela a públic, conocer el abyecto plan de turno que puedan tener los de VOX o que haría Iglesias con la política social de la Comunidad de Madrid. Tampoco estaría de más que  Gabilondo nos contase sus ideas sobre ayudar a los desfavorecidos o cómo reconducirían los de Errejón el esperpento madrileño. Esto por citar algunas nimiedades.

Pero esto no es sólo para Madrid. Ya llevamos demasiado tiempo viendo como la política en este país se ha vaciado, se ha transformado en una mera fachada para el graderío, como en “Bienvenido Mister Marshal” cuando el gran Pepe Isbert hace construir edificios de cartón piedra, meras fachadas, para aparentar y que no se vea que detrás no hay nada. Visto como hemos llegado a este punto, después de un año de pandemia a base de palos de ciego e inventos varios que no es que  hayan funcionado muy bien precisamente. La verdad es que igual nos debiera importar ya muy poco el nombre del que esté en la lista, como si presentan al mismísimo Groucho Marx (muchísimo más solvente que la mayoría de lo que soportamos). Lo que sería genial es que  nos expliquen cuales son las intenciones de cada uno, qué harán con nuestro dinero y qué van a hacer para ayudar a los que nos vamos quedando detrás en mitad de este desastre.

¡Vete al médico!

Publicado: 22 marzo, 2021 en actualité...

El pasado día 17 ocurrió en el Congreso uno de esos lamentables espectáculos al que nos tienen costumbrados sus señorías. No se si te habrás enterado porque con eso de que andamos distraídos en otras cosas  no llegamos a sospechar que tenemos otros problemas serios. Resulta que en nuestro país es ya el cuarto de Europa con más casos de depresión . Según el CIS  6 de cada 10 españoles tienen síntomas de depresión y ansiedad, y  hasta 10 personas se suicidan al día en España. Datos que van en aumento porque esto del estrés pandémico, la incertidumbre y las noticias horribles van calando más y más en una sociedad sin valores en la que la soledad, el abandono y la apatía han acampado entre nosotros.

“Vete al médico”. Le gritaron nada más acabar de hablar desde la bancada del PP (después, al ver la que se había liado el diputado en cuestión se disculpó en voz baja, como cuando tu madre te obligaba a disculparte con el niño al que le habías atizado con la regla). Errejón no había hecho más que hablar de la urgencia de afrontar de verdad una estrategia de salud mental y hacer ver que nos hace falta doblar el número de psicólogos en la sanidad pública para que acudir a un profesional y salir adelante no sea cosa de ricos y famosetes que pueden pagárselo. Además de derribar, de una vez por todas el halo de estigma extraño que rodea a las enfermedades mentales y que hace que todos seamos capaces de decir que hemos ido al cardiólogo, al urólogo o al ginecólogo pero ocultemos que hemos visitado a un psicólogo o a un psiquiatra, como si no quisiésemos reconocer que muchas veces necesitamos a alguien que nos acompañe para poder seguir el ritmo frenético al que nos hacen creer que vivimos.

El grito del diputado del PP no es lo significativo (qué más hubiese querido él). No hace más evidenciar un hecho demasiado cotidiano, una postura generalizada ante la enfermedad mental que nos hace sentir miedo a ser estigmatizados en esta sociedad en la que estamos obligados a sonreír y no capaz de entender que la enfermedad mental es una más de las que pueden atacarnos a lo largo de nuestra vida y que además afecta a muchísima gente de la que está a nuestro alrededor quienes no solo la sufren sino que sienten miedo a reconocerlo. Vivimos en una sociedad en la que como señalaba Errejón todos conocemos y hablamos como si nada del Diazepan, Valium o el Tranquimazin pero negamos que los hemos necesitado alguna vez y además nos atrevemos a hacer chistes sobre ellos. Parece que necesitamos hacerlos y eso puede que siga el mismo camino que cuando hacemos chistes sobre la muerte. La tememos y necesitamos “quitarles hierro”. Entonces, si tememos a las enfermedades mentales, ¿no va siendo hora de normalizarlas e intentar hacerles frente? Escondiendo el problema no conseguiremos más que aumentar el sufrimiento de quién las padece y no puedes asegurar que no vayas a ser tu el que caiga sumido en una depresión víctima de todo lo que estamos viviendo. ¿Esperarás a que eso ocurra para darte cuenta de que necesitamos ser escuchados?

Una mariposa murciana.

Publicado: 16 marzo, 2021 en actualité...

Seguro que alguna vez has escuchado aquello de que el aleteo de una mariposa puede provocar un huracán en la otra parte del mundo. La frase (la idea más bien) es de un meteorólogo, Edward Norton Lorenz, que allá  por 1973 dividió el mundo en dos partes, en una la mariposa batía sus alas a gran velocidad y en la segunda se estaba quietecita.  Es el llamado “Efecto mariposa” que, en realidad forma parte de la “teoría del caos” – si, aquello a lo que no hacía más que referirse Ian Malcom para dárselas de pisto en Parque Jurásico-. Según esto unas pequeñas variaciones en el inicio de un proceso pueden provocar unas diferencias abismales en el resultado final, tan grandes como que no podremos adivinar como va a acabar el asunto porque se multiplica más y más cada vez y así hasta el infinito. 

La verdad es que nunca había pensado que eso fuese en serio porque, claro, aquí uno es un poco como Santo Tomás y hasta que no mete el dedo en la herida como que no acaba de convencerse del todo. Pero ¿sabes una cosa? Con la que llevamos liada desde este fin de semana ya lo veo claro. Es verdad, por aquí una mariposa ha empezado a mover sus alas en Murcia haciendo tambalear el gobierno regional  y empezando un efecto dominó un tanto extraño, Ciudadanos desmembrado, Cantó abandonando el barco (otra vez)  mientras  Diaz- Ayuso pseudodimite y finiquita el “engendro” que rige Madrid. Y por si eso fuese poco, el vendaval continúa, Pablo Iglesias nos sorprende abandonando -gracias a los poderes mágicos de la presidenta madrileña (Diaz Ayuso dixit)- el gobierno al que tanto le costó llegar para embarcarse en una difícil aventurilla con un final un tanto incierto, perturbando la paz del imperturbable Gabilondo al que le habrá dado un síncope y dejando a Sánchez campar a sus anchas por Moncloa si sale ileso de una segunda crisis de ejecutivo venida, otra vez, por unas elecciones. A este paso igual hasta suceden cosas en Zarzuela.

A este paso no tengo muy claro como va a continuar esto del aleteo de la mariposa murciana pero igual el vendaval le llega hasta a Biden. ¿Exagerado? Yo que sé, yo ya no puedo asegurar nada visto como se las gasta el guionista de este año que se empeña en superar al del 2020. Igual el affaire de Murcia va a acabar con la estabilidad política mundial, atraer la llegada del meteorito y desembocar en el apocalipsis y todo por una mariposa murciana. 

Por ellas, siempre.

Publicado: 8 marzo, 2021 en actualité...
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Son cosas del calendario pero ha llegado el 8 de Marzo y todavía estamos de pandemia. Es un contratiempo porque nos va a impedir salir a la calle, un año más, a gritar bien fuerte que todavía queda muchísimo camino por recorrer hasta que se haga justicia y  esa persona que trabaja a tu lado todos los santos días, se sienta en una silla igualita que la tuya, en una mesa como la tuya y que en el trabajo sufre seguramente más presión del jefe ese desalmado, el señoro , el macho alfa de la “ofi” pueda conseguir los mismos derechos que tú que naciste varón. Piénsalo un momento, naciste chico y por eso, en ocasiones, tienes alguna zarza menos en el camino. No es justo, ¿verdad?

Hoy es el día de la mujer trabajadora y si quieres que te diga la verdad creo que la coletilla de “trabajadora” podría ser suprimida porque no conozco mujer que no lo sea porque además de las jornadas laborales infernales les toca ser enfermeras, madres, abuelas, economistas y todo lo que se tercie porque no cambiamos, pasan los siglos y todavía existen los australopitecos que no entienden que eso de la “faena de casa” NO  es cosa de mujeres. Es uno de los micromachismos que permanecen agazapados detrás de las puertas, todavía hoy en día (y no exagero) se “pasa por alto” enseñar el manejo de la escoba a nuestros hijos. Así no avanzamos, la igualdad se enseña desde casa, con el ejemplo.

Pero hoy no es día de felicitaciones sino de lucha por seguir el camino de aquellas 146 mujeres que en 1908 perdieron la vida en la fábrica de camisas Textil Cotton de Nueva York  que se dejaron la vida en intentar conseguir mejorar nuestras vidas, de las que lucharon por el sufragio y el rojo de la sangre de todas nuestras compañeras asesinadas a manos de verdaderos animales que alguna vez les dijeron que las amaban. Es un día de recuerdos tan dolorosos que  me hacen sentir dolor y verdadera vergüenza de género. Hoy es un buen día para darse cuenta de que tenemos un grave problema. En tiempos difíciles como estos lo primero que salta por el aire son los derechos de los más vulnerables, ellas lo son tanto como que están siendo hasta asesinandas como en tiempos de las cavernas no podemos mirar hacia otro lado.

Piensa qué puedes hacer al respecto, no te quedes mirando en una posición que te hace cómplice. Si todos nos concienciamos e intentamos poner nuestro granito de arena llamando al 016 o entrando en este enlace, no callando, visibilizando el problema de nuestra compañera y ofreciendo nuestra ayuda. Seguro que muchas muertes pueden evitarse y entonces, sólo entonces podremos mirar a la cara a nuestras compañeras y felicitar a esa supermujer que tienes al lado con una sonrisa de oreja a oreja; “Feliz día de la mujer”. Lo merecen

La salud mental, la cuarta ola

Publicado: 2 marzo, 2021 en actualité...

“El cerebro humano no está diseñado para hacernos felices, sino para sobrevivir. La felicidad es nuestro trabajo.”

-Antony Robbins

Dicen que tenemos una cierta querencia por las malas noticias, es por una función oculta de esas del “cerebro primitivo” que se las apañó allá cuando a las cavernas para evolucionar en los terrenos más hostiles imaginables. Ya sabes, o te espabilas o se te zampa un tigre. Son cosas de la Amigdala que está diseñada para los-miedos-4-638supervisar la información que llega al cerebro para hacer saltar las alarmas ante cualquier cosa que pueda afectar a nuestra supervivencia. El problema es que nuestro cerebro no tiene sentido del humor, no distingue lo que es verdad y lo que es mentira o lo que es realidad o fantasía. ¿Qué más le da? La idea es salvar el pellejo y a la mínima hace saltar las alarmas, libera cortisol y nos pone tensos como cuerda de funambulista. Los medios lo saben, saben que las noticias malas nos atraen más que las buenas porque necesitamos los inputs para conocer nuevos peligros “por si acaso”. Y es por eso que lo normal es que nos inunden a base de titulares horripilantes, necesitan audiencia y muchos “clicks”. Tanto abusan de ello que llegamos a pensar que no pasa nada bueno en el mundo y es más bien al contrario, lo que ocurre es que las buenas noticias no venden.

Estamos tan saturados de espantos que ya andamos muy tocados de moral porque no se si te has dado cuenta que tanto cortisol acaba por pasarnos factura en la salud. Andamos todos alterados después de un año de la 0877cfd6aececf3a7a04299a7d95a401llegada del “enemigo público número uno”, el que provoca todos los males y el malo entre los malos. Tan tocados andamos que   ya se dice que la cuarta ola de esta pandemia va a ser la de la salud mental y para eso, mira por donde que tampoco estamos preparados. La falta de recursos y el aumento de la demanda urgente de tratamientos psicológicos ante la  avalancha de los que no andamos precisamente sobre una nube después de tanto confinamiento, incertidumbre y encierro no ha hecho otra cosa que sacar a la luz el hecho de que como se han empeñado en hacernos creer que vivimos en una “happycracia” de Instagram nadie se ha preocupado por algo muy importante como puede ser la salud mental.

Nos han dicho que nuestro estado natural es el de la felicidad y nos lo hemos creído eso hace que no queramos admitir que podemos tener problemas psicológicos serios y no pensemos en que, quizás debiéramos preguntar a Divan Rococóun psicólogo o un psiquiatra antes de que sea muy tarde o que, por lo menos debieras aprender a desconectar un rato de tanta mala uva, relajarte, cambiar la perspectiva, hacer yoga, meditación, salir a correr. Lo que sea para romper la espiral en la que andamos metidos y te haga recuperar un poco de aire. Si te sientes mal puede ser normal, no somos diferentes del resto de animales y nuestro primer objetivo es la supervivencia y el rosario de noticias contradictorias en las que un día se puede hacer algo, el día después no y que todos los santos días estén diciéndote que vamos a palmar todos en la próxima ola no han hecho otra cosa que ir destrozando poco a poco todos nuestros esquemas y nos sintamos hechos un guiñapo.

El resultado es que tan grave que hasta la OMS ha reconocido un nuevo síndrome, la fatiga pandémica que puede incluir ese no poder asimilar los cambios, la manía rara esa nueva que tienes por lavarte las manos tropocientas veces por minuto, el mazazo que supuso el fallecimiento del vecino del tercero B, la ansiedad, el no wp-1609232866353.jpgdormir… y tantas otras cosas que están afectando cada vez más y más a la mayoría de los humanos que nos ha tocado lidiar con “el bicho”. No creas que eres débil. Aunque en las redes sociales sigan apareciendo personajillos sonrientes, este virus nos ha afectado a todos. Nos ha dado la vuelta a nuestra vida como a un calcetín y nos ha hecho más vulnerables, más necesitados de ayuda. Justo ahora que dicen que no podemos tocarnos es cuando descubrimos el valor de un cálido abrazo para mantenernos en pie ¿Qué le hemos de hacer? Somos así, solo apreciamos lo que perdemos.

Comprendiendo miedos y tensiones (1968) Título original: Understanding Stresses and Strains. 1968 Walt Disney Productions

El nombre de las cosas

Publicado: 23 febrero, 2021 en actualité...

Desde que el mundo es mundo siempre el ser humano ha tenido la necesidad de ponerle nombre a las cosas con las que se va encontrando por ahí. Generalmente se trata de una etiqueta para aclararse un poco porque imagina intentar hacer ver al resto de la tribu que viene un Dientes de Sable con más hambre que un ratón de herrería. Sería como jugar al Gestos o al Pictionary mientras lo describes y el resto lo adivina, el bicho ha llegado y se ha zampado a cinco o seis. ¿Verdad?.

Lo de ponerle un nombre a algo casi nunca es inocente porque ya que nos ponemos a etiquetar algo lo hacemos como nos interesa, intentando provocar en el que lo oye una emoción que nos sea útil. Si llamamos a alguien Pedrito seguro que no nos imaginamos a un buen mozo de dos metros de alto y los brazos de un escolari, lo imaginamos como alguien pequeñito y tierno. Pero la cosa cambia si es Don Pedro, así, más grande y solemne. ¿Qué le vamos a hacer? Nuestro cerebro está acostumbrado a jugar a las imágenes, es inevitable, seguro que te impone más oir a Iván “El terrible” que a José I Bonaparte, alias “Pepe Botella”, en el primer caso dan ganas de correr a “postrarse en dos” y en el segundo, de levantase contra el francés, cosas que pasan. Esa manía de nuestro cerebro puede resultar muy útil según para qué. Depende de como le llamemos a las cosas se crea un ambientillo u otro en el que lo oye y eso puede que esté afectándonos un poquitín en estos días tan rarejos que vivimos.

Me explico. Seguro que sabes que soy de Valencia. Pues bueno, aquí desde siempre, de vez en cuando nos llueve polvo sahariano mezclado con agua – en mi caso justo después de lavar el coche, es un axioma irrefutable- Cuando eso ocurre siempre se repite la misma historia, unas maldiciones y una sesión de escoba y fregona y hasta la próxima. Nunca ha ocurrido nada más, no nos ha importado demasiado. Pero últimamente la cosa cambia. Por la tele se pasan un par de días antes avisándote que nos va a caer una “lluvia de sangre” pues, oye, como es normal eso te pone las orejas de punta, no es lo mismo, ni duermes pensando en la que nos va a caer. Y así últimamente con todo, a las olas de frío de estos meses antes les llamábamos invierno y nos quedábamos tan panchos, a los prevaricadores, sinvergüenzas … Era todo más fácil que ahora que nunca llamamos a las cosas por su nombre sino más bien por otro que cree un mayor desasosiego, es como si nos quisiesen tener distraídos, asustados pensando en si vendrá otra vez Filomena o si Gloria volverá a llevarse el paseo marítimo. Por lo que sea han conseguido que todo lo que ocurre a nuestro alrededor acabe teñido con halo de apocalipsis irrepetible, todo es específico individualizado, irrepetible. Todo está sumergido en ese ambiente de desastre de las películas de catástrofes de serie B del domingo por la tarde. Igual es que al que pone el nombre a las cosas se le ha ocurrido mantenernos en un estado en el que todos nos sentimos desamparados como el náufrago que ha sobrevivido al hundimiento o como el que ha sobrevivido al holocausto nuclear.

¿Qué pretenderán con ello? Igual que no miremos más allá de la próxima nevada y no veamos que están ocurriendo muchas cosas a nuestro alrededor además de la pandemia que todo lo invade.

Supongo que tu también presentías eso de que por aquí, en el fondo, somos muy nuestros y esto de las elecciones catalanas acabaría más o menos como empezó. Al final eso de intentar marear la perdiz o intentar modelar las ideas de cada uno, por suerte, no funciona. A veces para bien y a veces para mal, cada uno tiene su realidad que defender que para eso estamos en la tierra de Buñuel o Dalí. Un lugar tan surrealista que afirma que todos los ciudadanos son iguales ante la ley pero existen unos que son mas iguales que otros. Nada, tonterías mías.

Empezamos la semana con algunos intentando hacernos comulgar con ruedas de molino y hacernos tragar aquello de que “la niña se nos hace mayor” y “La niña se nos va al cole al extranjero”. Puede que hayan conseguido revolver el gallinero pero al final me parece que muchos hemos acabando pensando que ¿Dónde está la noticia? Esta gente hace lo que le da la gana y seguirá haciéndolo mientras no nos sentemos a hablar sobre lo que se puede y no se puede hacer en esta pseudodemocracia en la que de fulmina al que se pasa de la raya con la tituladora de la tele o se encierra al que canta según que cosas. Te diré que no me han gustado nunca las canciones de Hasél pero oye, con cambiar el dial de la radio ya basta, cada cual es muy libre de cantar lo que quiera. Los tiempos del medievo y las tijeras de la censura deberían haber acabado ya. Pero bueno, está visto que no, aquí continuamos obligados a aplaudir con las orejas el que la niña se marche a Howards al cole y a callar según que cosas. Ya se lo decía mi abuelo a mi padre “no te signifiques o acabarás mal”. Nada nuevo bajo el sol.

Igual nos hace falta tatuarnos en la cara aquella frase que dicen era de Voltaire «No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero defenderé hasta la muerte su derecho a decirlo».  Si me guardas el secreto te diré que, al parecer fue Evelyn Beatrice Hall, seguro que si no hubiese sido mujer no se la habría silenciado tanto.

Y en esto que andábamos enfrascados hasta que llegó el domingo y nos dimos de bruces con la realidad – No, señores de la porra, las ideas de las masas no se modifican con el palo y la amenaza-. Votaron en Cataluña y a pesar de los pesares sólo podemos sacar unas pocas conclusiones. Si el PSC siguiese el mismo camino que Cs en las últimas elecciones con eso de no querer presentarse a la investidura (donde previsiblemente el show del día va a ser el emplumamiento del Sr Illa)  sería el siguiente en acabar en el pudridero porque, a pesar de todos, la mayoría independentista sigue viva, muy viva y seguirá así mientras no se intente el diálogo asumiendo la realidad desde todas las partes. Esa es una conclusión, la otra, mucho más peligrosa. Recuerdo cuando en los tiempos del pleistoceno algunos me decían, riéndose, que el desastre de la izquierda era la fragmentación y yo les respondía que ojalá no les pasase a ellos lo mismo porque si eso ocurría podíamos pasarlo todos muy mal. Ayer me llamó por teléfono un buen amigo, derechón hasta la médula (siempre intenté no mezclar ideologías con amistades -ya conocéis a Paco-). Me fijo que  había entendido lo que siempre decíamos sobre la atomización y hasta me pidió disculpas por las burlas de años (no las merecen, siempre han sido respetuosas).  La izquierda siempre se ha ensarzado en luchas internas pero ahora que son ellos los que se están robando la merienda los unos a los otros han descubierto que con todo esto han despertado a la bestia del fascismo. Vox, cuarta fuerza más votada en Cataluña. ¿Podrán dormir tranquilos?.