Mírales a los pies.

Publicado: 18 enero, 2022 en actualité...

Vengo de un mundo antiguo, de personas honestas en el que la palabra dada vale más que una letra de cambio avalada por un banco. De un mundo en el que las personas se levantan temprano, mucho antes de la salida del Sol y andan cada día a partirse el espinazo “birbant serreig” (arrancar malas hierbas del arroz) , llueva o nieve, haga frío o calor para arrancar a la tierra el sustento de sus familias con un producto que les cuesta la salud pero que nunca llega a conseguir el verdadero precio que merece el esfuerzo. Vengo de un mundo de personas embarcadas al amanecer, en el frío del mar muchas veces áspero y nada placentero. Ese frío húmedo que te cala las entrañas y que nadie que no lo haya vivido sabrá describir pero que se ha de pasar para poder sacar unas redes, unos “tresmalls” (tipo de red de pesca muy usada en Valencia) llenos con los que poder alimentar a la prole. Un mundo y unos tiempos de gente dura, sincera en el que el caballo o la mula eran un miembro más de la familia y su muerte era amargamente llorada porque podía suponer un invierno de miseria.

Llámame viejo, quizá lo sea de alma, pero haber vivido esto, haber escuchado tantas historias de mis mayores puede que me de una visión un poco especial del vodevil que están siguiendo nuestros políticos estos días con eso de salir corriendo al medio rural a hacerse una foto con alguna vaca como fotocall, con la excusa de los comentarios del Ministro de Consumo y aprovechando que se acercan las urnas en Castilla León. Por lo visto cualquier cosa es buena para montar el teatrillo y conseguir una imagen que venda porque no se trata nada más que de eso.

¿Sabes en que se puede distinguir a los que saben dónde se meten de los que simplemente se acercan para la foto? Decían los viejos que no, la diferencia no siempre está en las manos porque puede que alguien no haya trabajado la tierra pero sea labrador, porque conoce y sabe respetar el trabajo de sus antepasados, lo que le ha llevado a ser lo que es, raíces a las que no se renuncia. No, según me dijeron puede que la diferencia entre “uno de los nuestros” de un impostor esté en los pies. Nunca me ha fallado. Los que saben donde se meten cuando entran a un huerto no llevan zapatos caros de los de pisar moqueta, ¿verdad?. Los pies de una persona digna siempre han de saber acompañar por donde pisan. ¿Has visto alguna vez a un marinero con zapatos de charol?¿A un arrocero con mocasines?

Pues eso, párate a pensarlo, estos días han salido de sus mullidas moquetas y se han acercado en tromba a hacerse fotos con ovejas, ellos que no sabrán distinguir una churra de una merina. Se retratan con vacas sin que les importe si es una retinta o una morucha. Se las traemos al pairo, sólo vienen a por la foto, nos mienten, mírales a los pies.

“Un viaje de mil millas empieza con un primer paso” Lao Tse

Dicen que el año empieza de verdad esta semana, ahora que las luces se apagan, dejamos de oír el soniquete de los villancicos y en el súper han retirado los polvorones es cuando toca apechugar con los resultados de estos días en los que nos hemos deseado un buen año. Son los días en los que suena el teléfono y ya no se oye “Feliz año nuevo” sino el “¿para cuando?”. Toca ponerse en marcha otra vez, vuelve la rutina.

Han pasado los días de navidades y empiezo a guardar los adornos que han invadido estos días toda la casa. De hecho me pillas guardando en cajitas las bolas del árbol de plástico “made in China”. Intento hacerlo de forma ordenada porque quizás resuena en mi cabeza la voz de mi tía cuando te llamaba para enseñarte lo que guardaba en cada caja y decía “lo guardo así porque quién sabe si seré yo la que lo saque al año que viene”. Es inevitable, me invade la tristeza, la misma que en los días pasados en los que faltaba alguien para cenar (cuando se podía) y me salta a la mente el primer año en el que fui yo el que sacó las figuritas del Belén, hasta el angelito de la anunciación me pareció que estaba triste ese año. En fín, el tiempo no deja a nadie indemne, pasa y va dejando sus surcos que al fin y a la postre es lo que nos hace ser como somos. Con nuestras luces y nuestras sombras, humanos.

Empieza un año nuevo, ahora que la rutina ha desterrado a los Reyes Magos que todavía se otean en el horizonte. Nos toca arrancar un año más que, de momento, empieza un poco más sosegado. Si te paras a pensar, seguimos con el bicho pero por lo menos ya no mata tanto y además, recuerda que el año pasado por estas fechas nos visitaba la “amiga Filomena” y unos tipos vestidos de búfalo habían asaltado el Capitolio Algo es algo, ¿no?.

Empieza todo un año por delante y como en todo, nuestra actitud va a marcarlo todo. Podemos sentarnos a “verlas venir” y ya te digo yo que te quedarás sentadito porque nadie va a dar nada en un mundo desnortado en el que nos hemos olvidado de lo obvio y continuamos abrazando versiones interesadas de la vida en las que nos venden el miedo y el terror a todos los fantasmas que quieran hacernos ver. No vaya a ser que rompamos un guion en el que lo importante es que produzcamos, aunque sea negando los efectos de la pandemia e imposibilitando la «conciliación familiar» para que el rico cada vez lo sea más y el necesitado cada vez esté más desahuciado. Escondido bajo la alfombra de las estadísticas y sometido a los designios artificiales y “milagrosos” de I.P.C.

Pero puedes levantarte de la silla. Ya va siendo hora de darse cuenta que sólo nosotros podemos escribir nuestro destino, y enfrentarnos al año con ganas de hacer algo de lo que podamos sentirnos orgullosos, por pequeño que sea porque muchas cosas pequeñas pueden cambiar el mundo. Puedes hacerlo, te dirán que no. Igual como hicieron con quién intentó algo y lo logró. Puedes fracasar, es cierto, pero nada se consigue si no se intenta nada se gana si se sale derrotado de casa. Al final, como decía Lao Tse “Un viaje de mil millas empieza con un primer paso” ¿Vas a darlo este año?

Deseos de año nuevo

Publicado: 4 enero, 2022 en actualité...

   Todos los años por estas fechas nos llenamos de buenos propósitos. Son los días “MrWonderful”, los  de las agendas con mensajes maravillosos. Esos días de los buenos propósitos, esos de las buenas intenciones que justo esta semana empezarán a ser aplazadas. Que si da pereza empezar eso de una vida menos sedentaria;  que si  ya empezaré con el régimen después de Reyes… Vamos lo de siempre. Son los días en los que andamos confundidos y no sabemos si apuntar 2021 o 2022 (no te preocupes, nos pasa a todos). Son días en los que todavía andamos hinchados de insulina navideña. Nos hemos felicitado a distancia el año nuevo y seguro que te has dado cuenta de que no hay mucha gente que augure que la pandemia acabará. Creo que el  mecanismo adaptativo que nos ha llevado hacia donde estamos en la evolución está empezando a ponerse en marcha, a ratos pienso que nos vamos acostumbrando. Si, también a esto. Igual el lapsus en las campanadas de Ramón García y su regreso a 2020 no es más que una prueba de que nuestro cerebro intenta olvidar los malos ratos para seguir adelante, ¡yo que se!

Lo que sí que he notado es que parece que hayamos entendido el significado de un gesto que repetíamos mecánicamente. Parece que estas fiestas hayamos comprendido a qué nos referíamos cuando chocábamos nuestras copas y decíamos aquello de “salud” – aunque hagan “crock crock” en lugar de “chin-chin”- . Desde siempre hemos brindado y nos hemos deseado “salud” y puede que no calculásemos la magnitud del deseo. ¿Verdad que estas navidades eso tenía otro sentido?.  Deseo que mucha gente te haya mirado a los ojos -aunque sea a distancia- y te haya deseado eso, salud. Si es así, felicidades. Si no lo es quiero que sepas que, por lo menos puedes contar con mis buenos deseos sinceros para ti y los tuyos en este año que empieza, nuevecito, a estrenar.

Salió el Sol el día 1 y no pasó nada prodigioso. Salió por el Este, se puso por el Oeste y todo eso, sin que cambiasen demasiadas cosas. La bola de fuego continuó iluminando un mundo bocarriba en el que el ruido parece inundarlo todo y en el que vamos navegando como una cáscara de nuez en mitad de una tormenta alentada por agoreros que no hacen más que alimentar terrores bíblicos, que magnifican los hechos para hacer bueno aquello de que sólo venden las malas noticias o que confunden por el simple placer de  liar la madeja. Igual ha llegado el momento de atreverse a poner en la báscula los “pros y los contra” en todo esto que estamos viviendo.  Seamos prudentes pero no nos dejemos llevar por un pánico que nos ha vuelto vulnerables y manejables, presas del miedo. Te aseguro que si nuestros antepasados no hubiesen vencido el miedo seguiríamos viviendo en los árboles saltando de rama en rama.

Ojalá este año que empieza seamos capaz de descubrir el valor incalculable de la vida que, a pesar de todo, merece ser vivida plenamente. Sin caer en el monotema que no hace más que retroalimentar el pesimismo, nos vuelve grises y nos va sumiendo en un extraño sentimiento de vacío. Espero de verdad que seamos capaces de descubrir que hay algo más allá del maldito bicho, que hay vida más allá de las noticias desesperantes y que debemos dejar hacer a la ciencia confiando en ella, pero también debemos trabajar en nosotros mismos para que cuando llegue la solución no nos pille tan bajos de moral que no la veamos. Igual mi deseo sería que levantásemos esa cabeza antes de que sea tarde, tienes 365 días por delante para caminar y hacer realidad algo que sin duda mereces y que te deseo de todo corazón, que tus pies te lleven este año por el camino que conduce a ser quien realmente eres.

Mi más sincero abrazo, Feliz año nuevo.

Bueno, ya parece que hayamos pasado las navidades un año más. Ya ha pasado el primer MatchBall de los que nos amenazan con que van a subir los contagios a lo bestia. Ya veremos, la suerte esta echada. Algunos habrán montado una cena en casa, con los de siempre y otros habrán montado grandes fastos en venganza por el año pasado cuando se pusieron restricciones y los gobiernos no escurrieron tanto el bulto pensando que así la culpa de lo que ocurra será nuestra, por cerriles. No se yo como habrá salido el asunto aunque a juzgar por lo que se veía por las calles, pinta mal. De todas formas las estadísticas nos lo dirán dentro de unos días pero bueno “a lo hecho, pecho”.

De algo que no se yo si te habrás dado cuenta es que este año la gente repartía buenos deseos de otra manera. No se a tí pero a mí la mayoría de la gente me deseaba unas felices fiestas, muy pocos han seguido con aquello de “feliz año nuevo”. Igual será porque ya hasta nos da miedo pensar en la idea de un año más como este porque ya andamos tan justitos que me parece que aquello de las uvas en la Puerta del Sol, los besos, abrazos y todo eso de la canción de Mecano nos parece otra vida. O puede que de repente todo el mundo se haya vuelto pitagórico y crea a píes juntillas aquello de «no hay dos sin tres».

Me espanta pensar que el guionista del 2022 quiera superarse. Me acuerdo de la cara que se nos quedó a todos cuando intuimos que este año sería un remake del anterior o incluso lo superaba. Yo soy de natural tirando a cobardica y ya no se si me atrevo a pensar que será de nosotros si seguimos igual porque me parece que en esta sociedad que saldría «mejor» hacemos ya más agua que el Titanic. Así que imagina si subimos la apuesta con la venida de los marcianos o un meteorito XXL. Ya veremos porque ya todo es posible.

Este año también será de los que nos va a costar olvidar, el bicho (again), los problemas de siempre que parece que van a seguir siendo los de siempre, cada vez es más evidente que no podemos pasar por alto que todo esto nos está afectando mucho a la psique y hasta un volcán. ¿Qué más ya? Pues lo dicho. El meteorito, a veces creo que si llegase muchos saldríamos corriendo a saluadarlo. Aunque también es verdad que con todo lo que hemos pasado ya sólo nos queda un camino, la remontada. 2022 suena bien. Ya veremos, pero seré prudente y visto lo visto lo verdad es que no puedo más que desearte que el año que empieza no se porte demasiado mal con nosotros.

Navidad, un año más

Publicado: 21 diciembre, 2021 en actualité...

De verdad que pensaba que este año esto de las Navidades sería distinto. Bueno, mejor dicho, igual que siempre si es que nos acordamos de como era aquello de juntarnos con los nuestros, comer, reír, contarnos como nos ha ido desde que no nos veíamos sentir esos días de alegría en los que en algunos casos reuníamos fuerzas para reunirnos con gente que el resto del año nos puede dar grima, vamos, Navidad, con todos sus tópicos pero con todo el sabor de estos días irrepetibles en todo el año. Ya iba siendo hora, personalmente, me hace mucha falta pero no se, este año tampoco será. Esperemos que el próximo no sea ya demasiado tarde.

Nos habían vendido que este año sería ya más “normal”, que la cosa se reduciría a “fichar” con el Pasaporte Covid ese que, si te paras a pensar, no sirve para mucho más que para crear una falsa sensación de estar seguro en un sitio, pero ¿De verdad lo estás por el hecho de que los que te rodean hayan sido vacunados?. Pues nos lo hemos llegado a creer. Ahora nos ha llegado la Omicrom esa del infierno y lo ha truncado todo. Mejor dicho, ha llegado la Omicrom y nos ha puesto en nuestro lugar, insensatos, nos habíamos creído que todo había acabado. Habíamos sido víctimas, otra vez más, de una política que no entiende de ciencia pero se empeña en pontificar de lo que no sabe. Habíamos sido víctimas de nuestras ganas locas de volver a ser normales, si es que alguna vez lo fuimos. Ha llegado Navidad, otro año. Nos hemos pasado un año más inmersos en una pesadilla y al final estamos igual, los hospitales empiezan a resentirse, la pandemia crece y Europa empieza a apagar sus luces navideñas aunque aquí nuestro Gobierno continúa intentando vendernos la seguridad esa medio falsa que nos da la vacuna para decirnos que evitemos las aglomeraciones. Nos dicen que evitemos NOSOTROS las aglomeraciones cuando lo suyo sería que ELLOS evitasen que se formasen. Aunque, claro, eso quedaría feo para ellos, mejor que carguemos las culpas nosotros, como siempre, por descerebrados.

Pero a pesar de todo, este año sabemos que podemos celebrar la Navidad aunque vengan torcidas (ya tenemos experiencia), será un año más. Este año ya somos veteranos y sabemos que si queremos, la ilusión siempre resucita estos días de magia. Por favor, se prudente pero deja que el espíritu navideño lo inunde todo, venga no me seas Scrooge. En tu corazón es navidad, a pesar de todo.

Felices fiestas. Espero de todo corazón que este sea el último año de abrazos a distancia, recelosos. Aunque este año sabemos que abrazarse va más allá de lo físico, nuestras almas lo saben hacer. Así es que la mía por lo menos te desea, a ti y a los tuyos, unos días inolvidables en los que te llegue el regalo de la paz y la alegría, desconecta, se tú y deja por unos momentos tu armadura en la puerta para poder recibir un cálido abrazo de mí mismo, en la distancia de esos que duran más de 20 segundos, de los sinceros, sin “bicho”, de esos que de verdad te desean lo mejor.

El poder de una imagen

Publicado: 14 diciembre, 2021 en actualité...

Si una cosa es inapelable hoy en día es el poder de una imagen, creo que aquello de “una imagen vale más que mil palabras” es verdad. Ya puedes empeñarte en describir algo, si tienes la oportunidad de enseñarlo lo mejor que puedes hacer es coger de la mano a tu interlocutor y decirle “mira, es esto”. De ahí el espeto y el aprecio que les tengo a los que se juegan el cuello para enseñarnos esa foto, esa imagen que se quedará en nuestra retina y que hará que nos hagamos una idea de lo que ocurre, sin más. Es la épica de personajes como Ricardo Macián (felicidades por el Berlanga del otro día) y ese poder de hacer que traspasemos el celuloide, el superpoder de tomarnos de la mano, llevarnos a Afganisthan y decirnos “mira, es esto”. Los admiro.

Igual puede que sea porque me gustan las fotos por lo que siempre me ha encantado mirar el National Geographic y sus fotos a todo color. Aunque seguro que si te digo que me cites una foto de ellos rápidamente te saltará a la cabeza aquella de la “niña afgana” allá por 1985, aquella belleza, aquellos ojos que nos lo decían todo a través del papel… Y si estás un poco puesto me dirás que se llama Sharbat Gula y que era una refugiada que huía, mira por donde, de lo mismo de lo que huyen tantos miles hoy en día en el mismo lugar. Puede que ahí acabe todo, como lo era en mi caso y en la gran mayoría de nosotros. Vemos la foto, se nos queda en la retina y tendemos a pensar que la cosa se reduce a eso, a una imagen estática. Que todo queda congelado en ese momento y queda impertérrito, como esperando a que volvamos a mirarla otra vez, como si el tiempo se parase en ese instante. Queremos pensar eso porque admitir que cada uno siguió su camino y que no volverá llega a doler muy adentro.

Aunque a veces, solo unas pocas, los retratados vuelven a pasar ante nuestros ojos y nos hacen replantearnos muchas cosas como si de verdad hacemos algo para que este mundo se mueva o si resulta que los estáticos somos nosotros y no las fotos. Resulta que el otro día el gobierno Italiano anunciaba que había dado refugio a Sharbat Gula, la misma niña que salió en las fotos que dieron la vuelta al mundo. La misma que lleva toda la santa vida, más de 36 años, huyendo sin que nada para ella haya cambiado. Continúa perseguida por los mismos a pesar de que el escenario se haya movido. El mundo sigue igual, nada ha cambiado pero la vida ha llenado de arrugas y de experiencia a Sharbat. Deberíamos pensar sobre ello. Sobre la niña de la portada sí. Pero también sobre otras tantas fotos que vimos y que quedaron ahí, sin pensar que fue de ellos, de sus familias, de sus sueños, de la vida que pasa mientras nosotros nos quedamos mirando.

La gran renuncia

Publicado: 30 noviembre, 2021 en actualité...

Resulta que me encontré en el rellano a Eugenia, la vecina del segundo y ya sabes como son las cosas. Preguntas cualquier cosa, casi por compromiso, algo así como ¿Cómo estás? Y mira, ella que suele ser muy reservada tenía ganas de contarme que había dejado el trabajo, sin tener nada más a la vista, que había tomado la decisión después de pensárselo muchísimo y que lejos de sentirse mal, se sentía como si se hubiese quitado un saco de plomo de encima, se había liberado.

Me dejó un poco perplejo la verdad. Por una parte, uno no tiene el valor suficiente para tirarse al monte. Más que nada porque por aquí lo del empleo está justillo y porque tropezamos con lo de siempre, tenemos el feo hábito de comer y las facturas no se pagan solas pero; ¿Verdad que después del encierro, el teletrabajo, el miedo de la pandemia y todo lo que hemos vivido las cosas se ven distintas? Personalmente he de admitir a mí también me llegó un momento en el que algo hizo click en ese cabezón que tengo y empecé a replantearme ciertas cosas. Como Jacinto, transportista de los de toda la vida, que un día sentado ante un café en la barra levantó la cabeza y soltó, sin más, “¿Si cuando el mundo se acababa nuestro trabajo era tan “esencial” cómo es que ahora se nos ha olvidado totalmente y se nos trata tan mal?¿Cómo es que ahora que toca hacernos creer que las cosas van siendo “normales” estamos peor que antes?” Si alguna vez te has hecho estas preguntas y te has sentido estafado no creas que eres un bicho raro. Cada vez somos más los que nos sentimos así y pensamos que ya les vale, que eso de pagar por lo de la manzana de Adán y Eva (ya sabes, ganarás el pan con el sudor de tu frente y todo eso) debería haber prescrito ya y porque ya son demasiados los se dedican a la neoesclavitud, sin caretas ni disfraces y convencidos de su versión de ganar el pan con el sudor de SU frente (la nuestra).

Deberían darse cuenta de que la salud emocional de los empleados es importante. No somos lo mismo, cada vez más y más personas descubren que han salido tocadas de los días duros que hemos vivido. Nos alteramos sin motivo, no dormimos, nos sentimos tristes y desgraciados y el sentimiento de querer romper con todo es generalizado (¿Exagerado? En un país donde la principal causa de muerte juvenil es el suicidio no estamos como para ir jugando). El disgusto es tan generalizado que el otro día leí que en USA, sólo en el mes de septiembre, 4’4 millones de personas han dejado su trabajo voluntariamente. Un día, por la mañana sonó el despertador y le dieron un leñazo enorme “Boom” y nunca más volvió a sonar. Como Eugenia, decidieron romper con todo y buscar una nueva vida. Se llama “la gran renuncia” y no, no es una moda snob ni unas ganas desesperadas por no pegar un palo al agua. Es simplemente, la respuesta a un sistema que oprime sin parar, que exige cuando quiere pero no premia cuando debe. Un sistema que ha de cambiar, empezó en USA, pero ya se va viendo en Alemania y en otros países europeos.

No tardará a llegar aquí, donde los empreosaurios no sospechan que un empleado motivado rinde mucho más, donde la empatía con el subordinado suele tender a cero, donde lejos de poner un futbolín para que los empleados se relajen se sigue pensando en que la producción consiste en hacer “currar” horas y horas tomando a las personas como trastos de usar y tirar. Llegará, y cuando empiecen a ser miles los que envíen a tomar viento a sus jefes insensibles veremos como puede el sistema hacer frente a esto.

Meritocracia

Publicado: 23 noviembre, 2021 en actualité...

Hay que ver, últimamente cuando una palabra se pone de moda parece que hay que usarla para todo. Estos días no tengo yo claro si será cosa del algoritmo de Google que controla el mundo o si es casualidad pero le ha tocado el turno a “Meritocracia”, todos, absolutamente todos la sacan a cuento venga o no a colación, aunque nos intenten con ella vender una mentira como un piano de cola aunque intenten justificarse porque claro, en principio lo de hacer méritos para conseguir algo es lo que debiera ser pero, claro, ¿Quién pone el baremo de los méritos? ¿Llegamos todos a poder conseguirlos? Si quieres te cuento una historieta (prometo no ser muy plomo)

Verás, Hará unos cuarenta años había un jovenzuelo al que “le gustan mucho los libros”, decía don Javier, el maestro de la aldea donde vivía. Era una aldea pequeña y su familia estaba al cargo de un rebaño de cabras, del que vivían (más bien malvivian) pero bueno, se apañaban. Resulta que el mozo tenía que dedicarse al pluriempleo porque en su casa se había de partir uno el espinazo si se quería tener un plato caliente en la mesa. Se levantaba más temprano que el resto, repartía el pienso en los comederos y salía corriendo al colegio, llegaba agotado. Después, cuando ya tocaba acercarse al instituto de la ciudad las cosas empezaron a torcerse. No podía acudir a clase pero se las apañaban como podía. Hasta que un día su padre enfermó y se hizo cargo de las cabras, a duras penas se sacó el bachillerato.

Por aquella época creció otro zagal, de ciudad, en el barrio de Salamanca para más señas. Acudió a los dominicos donde no se sacaba ni gimnasia, pero bueno, dicen las malas lenguas que siempre aparecía su apellido compuesto para solucionarlo. Creció y no hacía más que salir de fiesta y al final, cuando las cosas cayeron por su propio peso, “le dieron” el mismo título de bachillerato que al de antes pero su papá lo puso de oficinista en la empresa que pertenecía a la familia desde su fundación. Ahora es subdirector.

Cuando oigo eso de la meritocracia es que me salta una sonrisa inevitable. Si, es genial eso de que si te esfuerzas, si consigues, llegas a ser algo en esta vida. Es maravilloso eso de que el mérito puede ser un ascensor en esta sociedad. Pero, ¿Te has parado a pensar que hay gente que coge ese ascensor en el tercer sótano y otros que se suben en el segundo piso? ¿Has pensado quiénes ponen el baremo? Me explico. Hay gente que no, que no tiene contactos por muchas vueltas que le des y otras que digamos no parten de la casilla de salida porque ya llevan unas cuantas leguas de ventaja. Dale las vueltas que quieras pero en esta sociedad, por mucho que se empeñen en disfrazarlo los señoritos, no es lo mismo el hijo de un jornalero que se gana la vida día a día que el hijo de un apellido de relumbrón, compuesto a ser posible. ¿Qué no es cierto? Pues no tienes más que ver como hoy en día, en pleno siglo XXI todavía se repiten los mismos apellidos en muchos campos que en el XX o si me apuras que en el XIX.

Me parece que cuando el otro día los señores del diccionario hablaban de meritocracia – con sus apellidos de hidalgo de rancio abolengo, pinta repipi y ese tono autoritario- lo hacían porque igual habían aprendido la palabra esa misma mañana. Aunque mejor pensado y conociendo el percal, seguro que lo que buscaban era que nos creyésemos eso de que se esfuerzan tantísimo para conseguir las cosas y así que pasemos por alto que como es su casta la que puso las reglas, tienen las llaves. Y ya sea dicho de paso, hacernos quedar a la plebe como unos maltrabaja. En su idea de la meritocracia les falta una pieza para que todo encaje y es que no añaden a esta ecuación el principio de equidad ese que decía que no se puede tratar igual a los diferentes (si, ya estamos con Aristóteles) ¿De verdad el mérito se puede medir en función de los resultados si en una carrera un caballo sale 200 metros delante del otro y además al segundo le van embarrando la pista?

En la mesa del fondo.

Publicado: 16 noviembre, 2021 en actualité...

Ayer me pasé media tarde charlando con Paco en la mesita aquella del fondo, ya sabes, la

esperan-lluvias-resto-dia_IECIMA20131101_0043_7

que tiene la lámpara fundida, aquella que nadie tiene en cuenta porque la música de fondo ni siquiera se oye. Es la mesa maldita, la que aunque el bar esté lleno siempre queda sola. Creo que es la mesa que define al que busca estar un rato “outside” al que se marcharía a un desierto, al que se quedaría mirando aquellos “nevados” de la televisión que no pilla señal o a un monasterio cartujo, yo que se. Quizá me define.
Hay veces en los que se te mete en la cabeza aquello de que formamos parte de un sistema que te va enredando y enredando hasta que cuando te das cuenta te ha dejado sin vida. Tu mismo perteneces a otros, dejas de vivir tu vida y tus sueños para pasar a formar parte de algo oscuro que empieza a comerte hasta que no queda nada. Seguro que todos nos hemos visto así alguna vez.
Puede que añore eso de buscar el fresco de las primeras nieves, la sombra que se apodera del sol y la música cuando llega el invierno. Puede que no haya buscado esa playa tranquila antes de que los turistas sin quererlo la profanen, en su justo derecho, durante el buen tiempo.
Quizá me haya cansado de remar lo que sería verdaderamente horrible porque en el

velas-1.jpg

momento en el que bajamos los brazos, en el momento en el que nos conformamos, justo en ese momento empezamos a morir no sin antes ser rapiñado y fagocitado por un mundo diseñado como un exprimidor que te sacará hasta la última gota de tu jugo justo antes de desecharte al cubo de la basura.
No sé, quiero pediros perdón, por venir ahora con monsergas y stripteases de almas tristes sentadas a la sombra de una mesa en el café pero, en esa mesa nos convencimos de que

IMG-20160824-WA0005

existe algo más importante que todo lo que nos está sucediendo, más importante que las promesas incumplidas del gobierno de turno, más que la pandemia esta que se resiste a marchar y eso eres tú. Piensa ahora que en todo este juego de luces y sombras chinescas sólo se es libre si obras en consecuencia, si jamás te dejas llevar por fakenews inventadas para enredarte. No recuerdo quién dijo que sólo se es libre cuando se apuesta por la verdad y que el peor esclavo es el que se cree libre. ¿Deberíamos preocuparnos por conseguir nuestra propia libertad?
Siempre nos quedará el café, ese amigo eterno que nos mantiene en un estado parecido a la vida.

Cosme

Publicado: 9 noviembre, 2021 en actualité...

Dicen que Cosme era un buen padre, se levantaba cada mañana para trabajar muy temprano, tanto que sólo podía dar un beso de despedida a sus hijos dormidos y dejar una nota a su mujer junto con el bocadillo que le dejaba encima de la mesa para que se lo llevase al trabajo, ella trabajaba a tiempo parcial, aunque en realidad hacía tantas o más horas que él. Cosme tenía un trabajo en el que no era feliz pero bueno, entre los dos pagaban las facturas, veían crecer a su familia y ayudaban un poco a sus padres que con la pensión no. En la fábrica era Cosme, el arreglatodo, el que siempre sonreía. Todo cambió cuando los nietos del dueño vendieron la planta a una multinacional que no tardó en dejar claro aquello de que los empleados estaban al mismo nivel que las máquinas que manejaban. Se las apañaron para extinguir los contratos de los que llevaban allí media vida y ofrecieron otros prorrogables cada trimestre y según la marcha, eso si, con mucho menos salario ¿Ilegal? Ya, pero es lo que hay, si quieres quejarte ya sabes “a los alemanes” (así acababan todas las discusiones, “quejas a los alemanes”, soltaba el encargado y se marchaba por donde había venido). La vida de Cosme fue cayendo en el infierno cotidiano, vio que ya jamás podría cumplir aquello de ir de vacaciones a Italia con las que soñaba desde niño, cada cual tiene el sueño que quiere. Vio como le rebajaba el sueldo mientras subía todo, que a duras penas pagaba los gastos de los críos y que sus padres se acabarían marchando a un asilo. Se hundió, perdió la sonrisa y las ganas de vivir, perdió el trabajo y a su familia. Dicen que está interno tratando una depresión que lo llevó a pensar que quizás la solución pasaba porque su viuda cobrase el seguro de vida. ¿Conoces a Cosme?


Seguro que habrá alguien que no se alegre de las últimas estadísticas de empleo y de que las cifras del paro continúen bajando, sobre todo los nietos del dueño de la fábrica. Vale que bajan de una manera un tanto sui generis pero bueno, algo es algo. Según las cifras oficiales, cada vez son menos los que pasan los meses sin ingresar nada en casa. Me alegro, de verdad porque si, conozco a Cosme y se que se pasa mal, rematadamente mal cuando se apaga la luz de la habitación, la prole tiene hambre, la nevera está vacía y a la cabeza le da por pensar demasiado.

Las cifras de parados bajan pero hay algo que no cuadra. Si cada vez más personas vuelven al tajo, ¿Cómo es que la cola del economato de Cáritas parece la de las taquillas de un concierto de una estrella del Rock? Si baja tanto el paro, ¿Cómo es que no vuelven las sonrisas a la calle? Algo nos estaremos perdiendo, ¿verdad? Igual va a ser que en las estadísticas no salen algunas cifras que son verdaderamente preocupantes, igual no nos lo enseñan todo. Resulta que igual no ha caído nadie en que por aquí eso de fichar cada mañana no te asegura absolutamente nada y ya empieza a perder la pátina de dignidad que llevaba emparejada. Me explico. Desde que el mundo es mundo trabajar significaba tener algún tipo de beneficio para poder ser más o menos autosuficiente, para sentirse autorrealizado, tener sueños e intentar conseguirlos o hasta para sentirse útil y no acabar siguiendo el camino de Cosme (cada vez más concurrido) en una sociedad en la que si no eres una reencarnación de Mr Wonderful y no eres «una persona de éxito» quedas apartado y ni siquiera te miran en Instagram.

No podemos alegrarnos cuando cada vez más gente anda como vacía, sin alma. Gente que trabaja de sol a sol sin poder ver a su familia porque los precios han subido un 5% mientras sus sueldos cada vez son más canijos. Gente que si intenta pagar el alquiler entonces no come, si opta por comer no puede pagarse ese máster que dicen le dará alguna oportunidad y así, perdonadme que sea cenizo, no se puede soñar en nada, no se puede aspirar a nada y llegamos a pensar que no nos diferenciamos tanto de los esclavos que viajaban en los barcos negreros de África a cualquier plantación de algodón suereña. Ellos también intentaban sobrevivir al nuevo día que se les plantaba delante cada mañana y poco más.

Lo que resulta increíble es que, visto este panorama, en un gobierno de izquierdas se saque de la chistera en un «dicho y hecho»un nuevo impuesto de Plusvaías mientras pasan los meses y nadie haga más que mover la paja de un lado a otro con lo de la «derogación sin derogar» de la legislación laboral esta que permite que vayamos encadenando contratos escritos en el aire, que nos condenan a la inestabilidad en un tiempo en el que pedir un préstamo requiere presentar hasta las escrituras del nicho del bisabuelo. Pero bueno, por aquí parece que los Cosmes no importan demasiado, tampoco a los grandes empresarios que no entienden más que del corto plazo, del pelotazo, de la ganancia rápida, sin pensar en que esos empleados que tienen si se ven mínimamente respetados van a trabajar más y mejor, lo que les reportará más beneficios, pero claro, en estos tiempos del usar y tirar es más eficiente recurrir a la explotación, supongo.