Olor a otoño.

Publicado: 1 septiembre, 2020 en actualité...

Y en esto que acaba Agosto y con él el verano que no fue, como tantas cosas en este año terrible. Viene Septiembre, los días se acortarán, poco a poco irá cambiando la luz que borrará los pocos momentos de tranquilidad, sosiego y

pexels-photo-1545345.jpeg

Photo by David Bartus

alegría que recordaremos en estas jornadas de estío que van quedando atrás, en silencio, como abandonando sigilosamente la escena haciendo un mutis por el foro. Caerán las hojas y con ellas el ánimo de todos los que  hicimos lo que nos pidieron por doloroso que nos resultase, todo por una esperanza que no parece cuajar. Todo parece envolverse en el espeso manto de desánimo que nos dibuja Camús en La Peste. Sin que nada parezca capaz de inyectarnos la esperanza que necesitamos, sin que aquellos en que confiamos sean capaces de acertar con algo que nos permita recuperar un reflejo de lo que fueron nuestras vidas que ahora añoramos a pesar de que antes nos llegaron a parecer tediosas.


Ahora estoy, como muchos, sentado en un banco del parque sumido en el tenso silencio que dejan los críos cuando ya se preparan para una vuelta al cole rara, muy rara sobre la que planea la sombra del desastre, unos dirán que por mala Paisajes lluvia 30planificación, otros que es  inevitable. Se ha levantado el viento, hoy sopla de levante, lloverá pronto. Llega ya lejano el olor al mar que se ha alejado demasiado pronto este año avisando que como decía Sábato en “El Túnel”, vivir consiste en construir futuros recuerdos y eso este año no lo hemos hecho, creo que lo vamos a pagar caro. Me recuerda que el Invierno se acerca con sus días cortos y grises, con sus noches oscuras y frías y con ellos el golpe en los ánimos de los que llevamos ya demasiados meses sin poder vivir nuestras vidas y dando gracias, en mitad del miedo que se nos ha metido en el alma, por poder por lo menos tener una vida. Demasiados no lo podrán decir. 


Nos siguen hablando de números, de economía, de cifras del paro, de desastre social. No se si alguien se les ha ocurrido pensar que todavía no nos han lluviaenventanatransformado en robots y entendemos que la vida no se reduce a números. Igual nadie ha caído en un detalle, en todo este engranaje infernal en el que se ha transformado esta sociedad putrefacta hay una pieza clave que siempre queda olvidada a pesar de ser una de las más débil, Nosotros. Parece que nadie haya caído en que si no nos quedan ánimos ni fuerzas para levantarnos por la mañana no hay economía que valga. 

 

Los invitados.

Publicado: 31 agosto, 2020 en actualité...

Hay cosas que se quedan en un rinconcito del corazón, escondiditos, esperando el momento propicio para saltar y decirte “¿Te pexels-photo-1154510.jpegacuerdas?”. Todos tenemos alguna o algunas. En mi caso puede que tres o cuatro. Se comportan como interruptores que tienen el poder de cambiar el estado de ánimos por completo, y si ya andamos algo tocados por lo de la pandemia y la vida que se empeña en ponerlo difícil, pues bueno, la tormenta está servida.

Hace un porrón de años la celebración del día del cumpleaños era una especie de fiesta mayor, cucañas, bikinis de nocilla, bocadillos… No éramos de posibles, nunca lo fuimos, pero siempre la cupcakeimaginación suplió el gasto y entonces las cosas no eran como ahora. La celebración solía durar todo un largo día de verano. Empezaba con la llegada de los primos al Mareny en autobús. Eso daba inicio al día que llevaba esperando desde hacía meses, era el cumpleaños y hoy podía olvidar el sabor agridulce del verano que se acaba y toca volver al cole. Porque en esta vida todo tiene un final, también aquellos veranos eternos en la que jugaba todo el día y la única preocupación era que la próxima ola no alcanzase el castillo de arena que construimos. Ahora que ya tengo canas se que lo alcanza, siempre lo alcanza, es inevitable.

Un año, tendría yo unos 8 o 9 años amaneció tormentoso. Una tormenta de esas que avanzaban el final del verano cuando el tiempo pexels-photo-110874.jpegera bastante más ordenadito y se encargaba de recordarte que el verano se acaba y va siendo hora de volver a la rutina gris de la ciudad. Pero lo de ese día fue una tormenta más fuerte de lo habitual, llovió, tronó y granizó durante todo el día y claro, no vino nadie. Ese día me quedé sin cumpleaños y con una tristeza inmensa al saber que no vendrían los niños, al ver que la tarta no sería lo mismo. Sentí por primera vez el extraño vacío de la decepción cuando ví que ese año no habría piñatas, ni juegos ni risas, sólo truenos y granizo.

Han pasado los años (demasiados, te aseguro que el contador de años también puede marcar “demasiados” aunque el DNI pueda decir lo contrario). Este año llegó la tormenta, lleva aquí desde el mes de pexels-photo-1427764.jpegMarzo y esta vez tampoco vendrán los invitados, tampoco habrán juegos y risas y también me sentiré solo. Esta vez soy consciente de que algunos de los invitados no van a venir más y el vacío que me han dejado es inmenso e irremplazable ya nada podrá ser igual. Lo se, es por ello por lo que decido acabar la fiesta, apagar las luces y marcharme a casa, si es que puedo encontrar algo parecido a ello. A recoger los pedacitos, pegarlos con Superglue e intentar seguir adelante.

Hoy es imposible llenar el vacío insondable que queda en ese rinconcito de alma. Es el vacío de tantos cumpleaños perdidos que ya no van a volver este año en cada rincón de este mundo, en cada pexels-photo-291528.jpegfamilia. Son tantos los invitados que no vendrán a probar un trocito de la tarta que hacía la abuela, son tantas las llamadas telefónicas que no se recibirán y las voces que no escucharé… Esta vez me quedaré aquí sentado, viendo como las lágrimas de añoranza acaban con los restos del castillo de arena que construí demasiado cerca del mar. Con la vaga esperanza de que suene el timbre y llegue alguno de ellos dispuesto a probar ese pedacito de tarta que cocinó ayer la abuela con todo su cariño. No se cuando voy a poder rearmarlo. Nos veremos entonces, si quieres esperarme.

Tensando la cuerda

Publicado: 18 agosto, 2020 en actualité...
Etiquetas:, , , ,

Corría el año 1789, en Francia, cuando una turba de gente desarrapada salía a la calle con los ojos inyectados en sangre hacia la Bastilla, estaban hasta las narices de los reyes y su vida de lujos cuando ellos no tenían ni Libertadpara vestirse. Un poco antes, allá por 1773, en las colonias británicas se hartaron de que en Gran Bretaña no hicieran más que pedirles cosas hasta que en Boston les dio por descargar el té al revés, por la parte del agua en lugar de en “el seco”. Más o menos lo mismito que en 1917 les ocurrió a los Zares cuando Lenin y compañía se acercaron para explicarles que no se podía vivir apretando y apretando a sus súbditos. 

Todo esto (ya se que no lo he contado con ningún tipo de rigor histórico, mis disculpas) tiene algo en común, cuando un poder se dedica a apretar por el gusto de apretar a la masa, sin explicarse ni dar nada a cambio, esta acaba alterándose y 5ed4772159bf5b68625bf0acla cosa acaba mal. A los subordinados se les hinchan las narices, se dan cuenta de que  tienen mucho que perder y al final la cabeza del poderoso acaba en una estaca. ¿Verdad?.  Todo se reduce a un equilibrio entre exigencias y recompensas. Me explico, aquí nadie tenemos la obligación de sacrificarnos más de lo estrictamente necesario. Hay cosas que resultan obvias como que  GY28P20F1_205627.jpgmi sincerebrismo no debe causar perjuicio a los demás. Son cosas como ponerse la mascarilla, lavarse las manos y no andar estornudando a diestro y siniestro. Hasta ahí vale porque es fácil de entender que si no seguimos esas normas básicas no vamos a salir nunca de esta. Pero ¿hasta qué punto se puede ir apretando las tuercas imponiendo normas sin explicar la razón y sin que al final salte el muelle y acabe todo como el Rosario de la Aurora?

Igual es que a los gobernantes les está ocurriendo como a Maria Antonieta ya sabes, la de los pasteles (aunque la pobre, al parecer, nunca dijo algo parecido). Han desconectado tanto de la realidad que les rodea que hasta han olvidado que nuestra especie siempre se ha caracterizado pfeb85ec9-0161-4979-a2f8-962e52842853.jpegor no ser un ejemplo de santidad y altruismo. Siempre que hacemos alguna cosa esperamos una recompensa (aunque la mayoría nos contentamos con una sonrisa y un gracias más o menos sincero) y si no recibimos nada llega un momento en la que nos pasa como a los burros y la zanahoria. Si, ellos también se cansan de perseguir la zanahoria. Por eso, de vez en cuando, se les deja alcanzarla.
En esto de la pandemia empiezo a notar cierto tufillo de estar hasta las narices de que cada vez aparezcan más normas a seguir que no siempre se explican claramente,  lo que no hace más que alimentar a iluminados como Bosé con sus ideas rarunas y a los interesados en sembrar el miedo y la desinformación. Todo ello. Sin que veamos ningún tipo de avance ni beneficio hacia los que nos esforzamos por cumplir a rajatabla con lo que se nos dice. Más bien lo contrario.

Viendo como está el panorama en el que suben las cifras, la gente cada vez anda más susceptible y el inicio del cole a la vuelta de la esquina no se lo que puede ocurrir con las nuevas imposiciones que nos han llegado “para parar la pandemia”.  El otro día sin ir más lejos nos sorprendieron con el cierre de los locales a partir de una hora determinada, como si el bicho sólo se propagase a partir IMG-20200814-WA0007.jpgde una hora determinada. O la prohibición de fumar cuando no se pueda respetar la distancia mínima de dos metros. Vaya por delante de que jamás he fumado y a estas horas de la historia dudo muchísimo de que me enganche a ello porque de verdad que no soporto el olor a tabaco, lo siento. Pero así, sin Ley específica ni nada, sin que nadie se preocupe en hacernos entender los efectos beneficiosos de los nuevos sacrificios para parar al bicho puede que no se consiga más que hacer que los fumadores se sumen a la panda de los “bebedores de lejía” y así con todo porque no hay nada que haga crecer más el miedo y la superstición que lo que no se entiende. Vale, tampoco negaré que con estas medidas mejorará la salud de todos a medio plazo porque fumar es malo. Pero igual, por la misma lógica a la próxima se nos puede acabar lo de hablar a grito pelado, discutir o cantar en la ducha, porque al vociferar se expulsa más saliva y podría expandir más el virus. Veremos lo que tardamos en salir corriendo a la calle con antorchas y palos.

El Viaje

Publicado: 11 agosto, 2020 en actualité...

La última sacudida le despertó del sueño profundo en el que había caído después de que la señora esa, regordeta, con cara de estrella de cine entrada en años y que le acompañaba en el compartimento del vagón durante todo el viaje hubiese bajado en la última estación. Por fin había dejado de escuchar la cháchara vacía con la que le martilleaba el cerebro desde que salieron de la insulsa ciudad a la que habían ido a parar sus huesos durante los últimos años después de aceptar aquél trabajo, había sido un error pero, claro, eso se sabe con el tiempo. Ya habían sido tantos destinos que su espíritu errante y aventurero al principio, cansado y desencantado últimamente no conseguía recordarlos todos.
La señora se había empeñado en tomarle como algún tipo de espíritu confesor al que poder contarle sus sinsabores, seguramente porque la pobre no era más que una víctima más de esta sociedad contradictoria. Ya sabes, más conectados que nunca pero también seguramente solos y vacíos como jamás en la historia lo estuvo esta especie. Lo sabía, también había sentido la soledad acompañada durante los meses en los que no le dejaron salir de casa. Puede que fuese por ello o quizá se debiese a algún tipo de altruismo que salía de un corazón que creía de piedra, pero el caso es que sentía cierta ternura y compasión hacia esa señora. Le recordaba a la abuela que jamás conoció.
No podía sacarse de la cabeza la imagen de la anciana del vagón, muy moderna y pizpireta ella. Foto sonriente para Instagram, comentario risueño en WhatsApp pero al guardar el móvil en un colorido bolso, fue como si los suyos fuesen los únicos problemas que devastaban al mundo. Aquella adorable señora sentía una urgente necesidad de compartirlos, de vaciar la bolsa de los dolores que todos arrastramos en el transcurrir de nuestras vidas. Todo ello sin que le importase lo más mínimo el hecho de que quien le escuchaba puede que también huyese de un día a día arrasador que le había dejado en ruinas. Por fin había cesado la letanía y claro, había aprovechado para dar una cabezadita.
El día había sido agotador desde que recibió la llamada telefónica. Ya no sabía si el desayuno del hotel pertenecía a esa jornada o a la anterior. El cansancio era tal que no conseguía encontrar el resorte ese que le permitiera olvidar por un momento lo que quedaba atrás. Imposible encontrar la paz perseguida, demasiados muertos en el armario. Pero bueno, de todas formas, tampoco debería faltar demasiado para que el revisor ese tan amable pasase a avisar que su parada era la próxima, mejor empezar a recoger todos los bártulos que se encontraban esparcidos por todo el compartimento.
Apartó la cortinilla y vio pasar los últimos árboles del bosque que quedaba atrás, el tren corría rápidamente entre las viñas que ya mostraban sus racimos listos para ser vendimiados. Con un poco de suerte muchas familias esta temporada podrán esquivar la rudeza del invierno. Del paisaje parecía sentir el característico olor de las parras listas para ser recolectadas, un olor que le recordaba los tiempos felices en los que corría entre las mieses, riendo y jugando. El recuerdo de los veranos felices en los que los días pasaban lentos, plácidos y el verano no parecía acabar a pesar de que los dias acortaban y las primeras tormentas hacían presagiar que septiembre estaba cerca y todo volvería a la rutina gris de la ciudad.
El traqueteo del tren le devolvió a la realidad, nadie quedaba de entonces, los buenos tiempos parecían tan inalcanzables en algún rincón perdido en un cerebro demasiado acostumbrado a podar los sentimientos.

Al final, en el horizonte, empezaban a vislumbrarse las torres de la catedral. Estaban aproximándose, un viejo sueño se cumpliría pronto. El viaje llegaba a su destino y podría pasar la tarde ante lo que el tiempo pudiese haber respetado de aquella vieja sonrisa que recordaba con nostalgia.

Una mañana en la playa

Publicado: 4 agosto, 2020 en actualité...

El otro día bajé a la playa, llevaba mascarilla, gel de ese pringoso y todos los cachibaches propios de bajar un rato a la playa. Ya sabes, sobrilla, toalla, sillitas… vamos, “lo normal”. Como si nos fuésemos de expedición a recorrer 58.jpgselvas buscando a Livingstone. Bueno, el caso es que cuando conseguimos un sitio a unos cuatro metros de las sombrillas vecinas empecé a montar el campamento para descubrir que cuando estaba abriendo la última silla ya tenía detrás, pegado al cogote una familia entera de esas de radiocassette y señora pringando vástagos con crema solar como quien unta nocilla en el bocadillo de los críos. Cuarenta grados a la sombra, arena, sol abrasador… más que la playa aquello parecía alguna escena de aquellas de Lawrence de Arabia pero concurrida, muy concurrida. Como todos los años, igualito. Supongo que las quejas por lo del turismo será en playas más glamourosas porque en las normalitas, de andar por casa, como esta no es que se note demasiado esto de la nueva normalidad para mayor espanto de nosotros, los aborígenes.


Noté que mi vecino me miraba raro, como si un marciano hubiese aterrizado a su lado. Al final, después de que se diese cuenta de que me había dado cuenta (más que nada porque no le había quitado el ruidito que hace el móvil al hacer una foto). Me gritó algo sobre que no me había quitado la mascarilla. Por lo visto Tablero_parchispara ese señor aquello era intolerable el hecho de que ya apenas si noto que la llevo o no. Supongo que se habrá dado cuenta de que en la playa el “bicho” prefiere estar tostándose al sol en lugar de ir infectando. O puede que ocurra como cuando éramos criejos, jugábamos al “pilla-pilla”, nos subíamos a una silla gritando “CASAAAA” y no nos podían pillar. Así en todo, que si en la playa, que si en las terrazas, que si con los amiguetes… Demasiadas casillas-seguro se ven en este tablero de parchís, así nos van los números. Verás tu que risa cuando acabe el decorado de la campaña de verano.
Debe haber mucha gente como mi vecino de sombrilla porque a estas horas de la pandemia todavía está Eugenio, el policía del barrio, intentando meter en la cabeza a la gente que no se puede ir con la mascarilla de babero. Él es así, no le gusta demasiado multar porque dice que multas las justas, que no es cuestión de ir sembrando la fama de verdugo por el barrio porque después todo son quejas al ayuntamiento. A pesar de eso dice que a más de cuatro si les ha rellenado “la receta”, por descerebrados.


Aunque bien pensado igual lo verdaderamente descerebrado fue lo de apostarlo todo a la carta del turismo, nos ha salido rana. Pero es porque somos unos juergatiquismiquis. ¿Qué podía salir mal en eso de atraer al gentío, acumularlo en escasos kilómetros cuadrados, ponerles música hasta que se descoyunten el esqueleto de tanto danzar y regarlo todo con sangría? Nada, ¿verdad?. Puede que alguna vez aprendan algo de Jacinto, el calafate, que un día nos sorprendió al contarnos que para arreglar una barca primero deberíamos taponar las vías de agua para que no se vaya a pique y después si eso ya pintamos de colores vivos para que quede bonita. Esto puede que sea igual. Primero intentemos que el bicho no nos cause más bajas y después ya salvaremos, si podemos, la economía. Porque algo es evidente. Si te paras a pensar, en los muertos no hay economía que valga.

 

El verano de la mala uva.

Publicado: 28 julio, 2020 en actualité...

Si te digo a estas alturas que este verano está resultando un poco raro seguramente dirás “Mira, el palurdo este acaba de descubrir América” así que mejor me ahorro el comentario. Pero en realidad es que no estamos en verano sino en una fase más en todo este thriller sanitario-emocional en el que vivimos. Primero fuimos incrédulos, después aplaudimos llenos de fe y esperanza en

villano

nuestros sanitarios, empezamos a ver como algunos se erigían en justicieros de balcón y ahora, poco a poco, vamos entrando en una nueva fase, bastante peligrosa si nos dejamos ir. La fase del cabreo colectivo en la que todo el mundo empieza a sentir una mala uva generalizada ante todo y ante todos los que se empeñan en amargarnos los existencia (el resto de la humanidad). Lo que parece claro es que este verano será recordado durante muchos años y nuestros biznietos, cuando lo estudien en clase lo verán en el temario como “El verano de la mala uva”, a todo color, con letras en negrita.
Cuando empezamos así se suelen cometer tonterías propias de incluirse en el Guinness de los récords. Como lo del otro día, empezar a organizarse para burlar las mascarillas y acabar pidiendo el “Habeas corpus” (como quien decía “alohomora” para abrir la puerta) al guardia, armado

justificante

con la paciencia que heredó del santo Job, que procedía a extender la correspondiente “receta” a la interfecta. Deberíamos tomárnoslo en seria, más ahora que estamos viendo como no es que lo vayamos a tirar por la borda sino que ya hasta parece que hayamos hundido el barco. No se que haremos si nos vuelve a caer confinamiento pero no es que la economía no lo aguantaría (obvio) sino algo peor, la estabilidad emocional saltaría por la borda. Piénsalo, vivir en un país de pobres ya lo hacemos de hace mucho pero vivir en un país de locos… (bueno, eso también).
¿Qué cómo te salgo yo hablando de mala uva en plena canícula de julio? No se si te habrás dado cuenta de que estos día no hacemos más que ver quejas y TLUICOUPIZEZ7DBADLQL7HJAFEdemandas. Que si demandas de los empresarios del “ocio nocturno”, que si la iglesia denuncia que se quedan sin fondos, que si queremos fiestas, que si nos arruinamos si nos cierran las fronteras y no vienen los turistas, que si la juventud está cerril, que si a ese le han hecho una PCR y a mí no, que si… (pon lo que quieras o no acabaremos jamás el post).
Al final todo se reduce a lo siempre, nadie está conforme con nada que le afecte demasiado tiempo a la cartera o a las costumbres y clamamos contra las decisiones de la autoridad que están hechas a mala leche y para amargarnos la turbaexistencia a cada uno de nosotros, en singular, personificadas hasta el máximo nivel. ¿Qué profesionalidad a la hora de tocar las narices, verdad? Igual es que estamos hasta el gorro y no somos capaces de ver la realidad. Llevamos mal la epidemia y hemos vuelto a unos niveles de contagio de Marzo-Abril, algo habrá que hacer ¿no?. Piensa que la última vez nos encerraron ¿Y ahora porqué no? Por dos razones, fiamos nuestra economía al poco turismo que queda y porque si nos encerrasen ahora saldríamos con palos y antorchas camino de La Moncloa.
En el fondo queremos que vuelva la rutina, como sea, porque es lo que conocemos y somos animales de costumbres. Supongo que será eso, porque 153511.jpg-c_215_290_x-f_jpg-q_x-xxyxxmejor ni pensamos en tomarse esto como una palanca para reinventar el esquema y entender que tampoco es normal pasarse el año malmetiendo contra los “guiris” para después llorar porque este año no vendrán. Tenemos la oportunidad de relanzar el tejido industrial que ha sido maltratado durante tantos años y volver a arrancar de otra forma. Pero claro, parece más cómodo quemar, una vez más, en la plaza mayor a Simón (que paciencia tiene este hombre) que entender lo que nos dijo el otro día cuando soltó que “si no quieren venir los belgas, un problema que nos ahorramos”.
Si no somos capaces de asimilar que a estas horas ya no podemos aguantar el país a base de vender cartones de sangría y garrafas de “agua de valencia” igual es que algo no daliestá bien construido. Y eso no tiene nada que ver con la pandemia esta que parece habernos hecho olvidar que antes del coronavirus también teníamos problemas como para parar un tren. Igual ya ni recuerdas que los maltratadores siguen asesinando a nuestras compañeras, que existen más enfermedades además de esta, que la corruptela campa por sus anchas o que llegar a final de mes con la prole continúa siendo un remake de “Misión imposible”… Pero no me hagas caso que este cerebro mío no funciona con temperaturas elevadas y ahora debe hacer como 80 grados en esta choza.

Mascarillas en el malecón.

Publicado: 21 julio, 2020 en actualité...

Dicen que es una suerte eso de vivir cerca de la playa. Te confieso que a veces sí y a veces no, este año por ejemplo sin ir más lejos. Siempre ha resultado un tanto atractivo ver como los turistas aparecían marcando el buen tiempo, como las golondrinas. Era esperar a que los días se fuesen haciendo más y más largos IMG_20200720_183433.jpgpara que empezasen a aparecer caras que puede recordase vagamente de otros veranos. Empezaban a llegar en semana santa, tímidos, “a pasar el día”, comían y se marchaban para casa, eran la avanzadilla. Poco a poco, allá por San Juan empezábamos a ver como eso de aparcar se ponía un tanto más dificilillo y el paseo marítimo se llenaba de vida, esa vida que permanecía oculta dentro de los bares con terraza en forma de mesas y sillas amontonadas esperando los días de sol. Todo seguía su curso, en cuestión de días se llenaría todo hasta los topes, el bullicio sería inevitable pero también que la invasión es transitoria. Llegarán las lluvias de septiembre y con ellas volverán a sus casas las hordas invasoras y hasta el año próximo. Así año tras año, lustro tras lustro desde que a alguien se le ocurrió eso del turismo y el veraneo.

Este año te confieso que confiaba en que sería distinto, tenía que serlo visto el escenario que tenemos liado, pensaba que nos quedaríamos solos y que no IMG_20200720_192531.jpgveríamos llegar las bandadas de gentes de la ciudad, sombrilla y neverita en mano dispuestos a tomar posesión de un pedacito de la escasa playa que nos quedó después de la última DANA. Pensaba que el paseo marítimo quedaría medio desierto porque claro, los pocos que llegasen a comer pipas en el malecón verían que no se puede porque las obras de reconstrucción todavía están muy atrasadas y pasear el garbo por allí resulta imposible a no ser que te apetezca participar en una gymkana sorteando excavadoras y zanjas. Ya me decía mi amigo que me quedaría con las ganas, que esta especie no escarmienta y que viviríamos un veranito terrorífico. Tenía razón, como siempre.

A estas horas el bullicio se ha apoderado de las calles tranquilas como por arte de magia. Ya sabes, como si hubiese pasado el príncipe, le hubiese dado un beso 58.jpga la durmiente de turno y todo hubiera vuelto a la vida. De hecho me tienes escribiendo esto con los ojos hinchados oyendo una musiquilla de esas que vienen del chiringuito, como todos los años. Pero esta vez la vida era distinta, me di cuenta de que sólo los aborígenes llevamos mascarillas. “Estos traen al bicho” fue la única palabra que salió de la boca de la panadera cuando pasé a recoger la barra habitual que me tiene guardada en una bolsita de esas de tela que ya era de mi abuela.

Nosotros, los que hemos sobrevivido a los tiempos duros de hace unos meses, los que vimos a la ambulancia llegar en silencio y llevarse a alguien que IMG_20200720_190243.jpgconocíamos para no volverlo a ver parece que seamos los únicos que entendemos que aunque todo se vista de verano y de color la amenaza continua. Igual somos unos neuróticos, el invierno nos ha vuelto así pero por lo visto los turistas son inmunes a ella. Deben serlo visto como se hacinan en la playa, debajo de las sombrillas. Deben sentirse a salvo al ver como toman tapas, como mueven el esqueleto en la discoteca local…

Creerán que nada va con ellos cuando estos días estamos viviendo rebrotes, vamos perdiendo lo poco que conseguimos con tantos días de encierro, con quienes-son-los-supercontagiadores-del-coronavirus-chino-655x368.jpgtantos llantos silenciados y con tanto esfuerzo en los hospitales. Parece que no va con ellos cuando les dicen que nada ha acabado, que sólo pedimos prudencia. Parece que no entiendan que muchos han llegado a pensar que, quizá, fuese mejor que se quedasen este año en sus ciudades hasta que hubiese pasado todo de verdad, no cuando han decidido que saliésemos porque “había que reflotar la economía”. Quizá se equivocaron, puede, pero no olvides que la prudencia la has de poner tú, es cosa tuya y de nadie más. Piensa que, vale, estás de vacaciones pero este año las vacaciones no son lo mismo nada lo ha sido. Si fuiste prudente estos meses no lo vayas a desperdiciar ahora que empezábamos a ver la luz. Si quieres ven, la playa también es tuya, pero respétate y respétanos a todos, por favor, se prudente. Paremos la recaída.

The Recessionals

Publicado: 14 julio, 2020 en actualité...

Parece ser que nuestro gobierno ha decidido extender las ayudas a los más golpeados por este desastre unos meses más, la verdad, está muy bien pero ¿Y después? ¿De verdad pensamos que esto va a acabar en unos meses y pasaremos Una_nit_a_l'òpera_-_intertitle.jpga vivir en la tierra de Jauja? Será que no se han dado cuenta de la magnitud del desastre que ha caído como un obús a los que ya andaban justillos (todos nosotros, no vayamos a pensar). Aunque bien pensado, sobre el papel y haciendo circular a la tan sufrida estadística puede que nos pase como a Groucho Marx y hacemos caso a nuestros ojos y no a lo que nos dicen porque el caso es que el número de ricos subió mucho en España en 2019, antes de que algunos se lo gastasen todo en papel higiénico y levadura para hacer panes.


Resulta que en este terruño azotado por los calores de este NO verano tenemos un 5% (lo que viene a ser unos 11.000) de nuevos millonarios que han subido la cifra hasta los 235000 personajes que tienen un millón de euros, sin contar su 2015090618432273431.jpgcasa. Estamos nada más y nada menos que en un nada desdeñable número 14 del ranking mundial, tenemos más millonarios que Rusia y en cambio los pobres son más pobres y las colas a pleno sol en los economatos no acaban nunca, algo no funciona. Los nuevos potentados no han salido del Euromillones, son personas que no fueron afectadas por la crisis de antes y que han podido aumentar su fortuna hasta niveles que el resto de los mortales ni soñamos. Lo han conseguido a pesar de que algunos de los que ya rsz_gollum-smeagol-singing.jpgestaban en el club se hayan empeñado en quedárselo todo. Por lo visto eso de tener dinero viene a ser algo así como lo de Gollum con el Anillo. Pues que bien, ¿no? En teoría vivimos en un país opulento donde estamos a punto de empedrar las calles con oro puro y en cambio cada vez existe más y más gente que no puede sacar adelante su propia vida, bueno, me dirás qué es lo de siempre y que ocurre desde que el mundo es mundo, pero viendo las circunstancias en las que estamos y a donde nos llevan, deberíamos tomarnos en serio lo de una sociedad solidaria.


Algo estarà ocurriendo en toda esta historia porque a pesar de tener un gobierno al que se le hincha la boca diciendo que es el más social de todos resulta que el aumento de millonarios coincide con el aumento de la pobreza, sobre todo trabajadorespobres.jpgdespués de todo este maremágnum del COVID. Pero parece ser que ha surgido una nueva especie en esto de la supervivencia. En mitad la tragedia nos encontramos a gente joven que con pocos años que ya empiezan a tirar la toalla y renuncian hasta a un proyecto de futuro. Son los que el Finantial Times, bautiza como The Recessionals. Son vidas truncadas que empezaron mal, les llamábamos milenials, eran aquellos que se quedaron fuera, esperando una m18349_crop169014_1024x576_proportional_151086850361AA.pngoportunidad que nunca llegó cuando a la crisis del 2008. Los mismos que ahora que empezaban a recomponerse y se han dado de cabeza con la pandemia y el desastre que los ha dejado de nuevo en la calle. Son una generación de supervivientes que han vivido dos recesiones históricas y que van a tener que pagar dos facturas para seguir adelante con un mercado laboral destrozado del que poco se puede sacar y una perspectiva de futuro que les borra toda idea de jubilación.


Imagina si lo ven crudo que hasta los organismos internacionales están diciendo desde el Olimpo ese en el que viven que necesitamos extender las redes de ayuda social para intentar abrir un futuro a los más vulnerables, los de siempre, las 8m-2020-manifestaciones-murcia.jpgmujeres que siguen pagando con menos salario y más violencia por el hecho de serlo. Los pobres que se han vuelto invisibles en esta sociedad que no ha aprendido nada. Los mayores que han visto como el sistema gestionado por sus propios nietos les daba la espalda y los condenaba a muerte y los jóvenes, esos que no van a ver arruinada su vida porque, simplemente, se les han arrebatado sus sueños antes incluso de que empezaran a construirlos. Vamos a tenerlo difícil porque si te paras a pensar, nuestro gobierno (ya sabes, ese que se autodeclara el más social de todos los habidos) no acaba de hacer arrancar las ayudas a los más necesitados, las demora con plazos y condiciones -como si no hiciese falta comer todos los días- y no consigue dar abasto con tantos frentes abiertos y tan poca ayuda de la oposición destructiva esta que padecemos que no es capaz de ofrecer ni una sola iniciativa positiva en todo este galimatías. Si algo sacaremos de todo esto es que nuestra clase política debiera exiliarse a una isla desierta.

Pero peor todavía se nos pone si tenemos en cuenta que vivimos en un mundo globalizado, supranacional que se ha convertido en una jungla en la que hasta la todopoderosa Merkel duda de que la UE se ponga de acuerdo para articular un EEUU_502460212_155003640_1024x576.jpgprograma de ayudas que no sea una nueva trampa para arruinarnos más todavía a base de contraprestaciones y recortes. ¿Qué porqué digo esto? Me explico; Estados unidos ha comprado toda la producción de los próximos tres meses de Rendesivir demostrando que aquello del América First incluía un “me importa un bledo el resto del mundo” dejando muy claro hacia donde vamos y que si no se pone remedio con más control Internacional, cuando hablemos de vacunas y tratamientos del COVID aquello que vivimos al principio de la pandemia, cuando arrasábamos el Súper, va a quedarse en un juego de niños.

¿Olvidar lo vivido?

Publicado: 7 julio, 2020 en actualité...

La verdad es que no soy demasiado de ver la tele, igual porque mi subconsciente intenta evitar que lo atormenten a base de espantos o puede que porque en mi casa todavía está totalmente colonizada por los canales de dibujos animados (que oye, muchas veces son los más recomendable) y más ahora que, como ya es todo normal, nos ha vuelto el futbol hasta en la sopa (lo siento, uno no es muy futbolero, ya lo sabes). Pero no creas que estoy tumblr_n70v1gIxaj1s9y3qio1_r1_1280libre de la prensa hidráulica de esa que te incrusta las ideas del grupo mediático de turno hasta que llegas a creer que son las tuyas propias, mi radio hecha humo todo el día y eso es peligroso en estas fechas porque si aparece “la canción del verano” la hecatombe neuronal está servida, menos mal que gracias a este verano peculiar parece que saldremos indemnes de ello. Pero a pesar de no ver demasiado la tele he caído en la cuenta de algo un tanto extraño, seguro que tú también te has percatado de que los anuncios de un tiempo a esta parte están Extrañas-y-poco-conocidas-historias-sobre-logos-que-hoy-son-famosos-7.jpgvolviendo a ser lo que eran, ya sabes, coches, compra esto compra aquello y entre una cosa y otra, unos señores que venden alarmas empeñados en volverte esquizofrénico paranoide perdido. Parece que todo vuelva a ser lo que era y teniendo en cuenta que los publicistas son personas muy inteligentes que nunca hacen las cosas porque si, algo está pasando cuando vuelven a vendernos eso de la libertad, los espacios abiertos, el comprar y comprar en esta sociedad en la que todo es objeto de trapicheo, en la que dicen que compres aquello porque te hará más feliz, lo de siempre, como si nada hubiese pasado ya.

Si te has dado cuenta, los anuncios siempre van un paso por delante. Son capaces de vendernos algo que como decía Jobs “todavía no sabemos que Frases-de-Steve-Jobs-1.jpgnecesitamos”. Bueno, lo dicho, ahora nos ofrecen envuelto en papel de celofán y con un lacito un producto nuevo, la normalidad. Lo hacen porque saben que somos animales de costumbres y necesitamos creer en que volverá aquello que conocemos, aunque en el fondo sepamos que nada será igual. Pero nuestra cordura anda ansiosa por creer en ello, de eso se valdrán los señores del anuncio. Están para ello, para vender y ahora que andamos en horas bajas y somos un poquitín más débiles se lanzarán como buitres a por nosotros, a llevarse los restos del naufragio.

 

Estos meses hemos vivido situaciones muy difíciles y traumáticas en las que han temblado los robustos cimientos de esta sociedad tal y como la conocemos. Nuestro castillo de arena se ha desmoronado dejándonos  las pexels-photo-89095.jpegruinas mientras continuamos recibiendo como respuestas a nuestras necesidades mentiras y promesas vacías una vez más.  Nos hemos llevado el tortazo del siglo al descubrir que todo aquello en lo que creemos puede caer en cualquier momento. Nos hemos quedado llenos de cicatrices tan profundas como grietas de glaciar y con una mascarilla que nos acompaña a todas partes para recordarnos que esto no fue una pesadilla, que un virus nos separó de todos, en algunos casos para siempre. Pero no temas. No dudes que entre la publicidad y los mensajes institucionales que recibiremos van 11.jpga intentar que todo vuelva a la normalidad, a la de antes, al gasto y todo eso. Pero no podemos permitirnos el lujo de olvidar las vidas que se han destruido y el desastre que nos ha quedado por culpa del fracaso de un sistema que ha dejado de lado a los más vulnerables y sobre todo a nuestros mayores. Por tanto más vale no olvidar que ocurrió estos meses pasados, no vayamos a acabar en el mismo punto de partida. Aunque nos vengan con el aparato de limpiar recuerdos de los Men in Black.

 

Ahora nos hablan de nueva normalidad cuando esto no es normal, no puede serlo. No podemos aceptar como normal eso de que un virus nos haya puesto una linda mascarilla, haya recortado nuestros derechos más básicos y hasta nos haga house-of-cards-763246_960_720.jpgsentir miedo al cruzarnos con alguien por la calle. Pero es que lo anterior tampoco lo era visto como ha acabado con la llegada del bichito de marras que ha hecho caer como un castillo de naipes, en sólo unos meses todo un sistema social creado a través de los siglos. Una vez más intentarán borrarnos los recuerdos para que todo siga igual, para que volvamos a las andadas. Si lo consiguen habrán ganado, no tendremos nada a lo que agarrarnos si alguna vez volvemos a pasar por algo parecido. Puede que no sea ahora, puede que no te afecte. Pero igual es dentro de unos años y entonces seas uno de los ancianos que acaban abandonados a su suerte. ¿De verdad podemos permitirnos el lujo de olvidar?

Kintsugi

Publicado: 30 junio, 2020 en actualité...

Hoy en día nos hemos acostumbrado a que todo sea de plástico, de usar y tirar, rápido, impersonal, puros trastos sin alma que usaremos una vez y si te visto no me acuerdo a pesar de que nos digan que nos estamos cargando el planeta. Si se te cae un plato al suelo y se le kintsugigrigia1hace un desconchado lo tiras a la basura y ya está, te acercas al bazar de cabecera y apañado. Todos lo hacemos. Nos resignamos a comprar otro objeto nuevo, sin alma.. y todo eso, ya sabes, un trasto. Es nuestro ADN occidental consumista, nada que ver con Japón donde ya llevan siglos practicando el kintsugi. ¿Qué que narices es eso? Pues resulta que es toda una filosofía de vida de la que se puede aprender muchísimo. Y ya te digo que estos días, por circunstancias que no vienen al caso me ha venido al pelo si es que, por la cuenta que me trae, quiero sacar alguna enseñanza. 

Se trata de darle la vuelta a nuestro consumismo como a un calcetín. Cambiar el chip y pensar que  si se ha roto, ¡se repara!. Verás que las marcas y cicatrices que van a quedar en ese plato de la abuela que se partió por la mitad kintsugi2.jpgle darán valor. Un valor añadido que recuerda el desgaste que provoca el tiempo, el tiempo pasado y el cambio que la cotidianidad va dejando en las cosas y en las personas. Todo cambia, todo es mutable, ¿porqué no reconocerlo? El tiempo actúa sobre todo, deja sus marcas, también en los seres humanos, esos a los que a pesar de lo que estamos viviendo seguimos tratando como trastos. Piensa en las huellas que quedan en nuestra alma por las vivencias transcurridas. Al igual que ese plato que se rompió y fue reparado, los surcos nos vuelven únicos y nos hacen ganar en belleza.

Piensa en todo lo que has dejado atrás, ahora es buena época para ello. Piensa en lo bueno y en lo malo, en lo que te ha corazón kinsugihecho feliz y en lo que te ha hecho pupa. ¿No crees que nada debe ser sustituido? Todas y cada una de esas cosas ha dejado su huella pero también te ha llevado a ser quien eres. Quítate la máscara de Supermán, piensa que aunque ocultemos nuestros defectos, somos humanos con nuestras maravillas e imperfecciones, con nuestras fortalezas y fragilidades.

El tiempo nos marca a cada uno con los recuerdos, con las cicatrices que nos deja la vida, las buenas y sobre todo las malas, las de esos momentos en los que caímos al hoyo y fuimos capaces de sobreponernos, de poner pegamento en nuestros trozos recogidos en una bolsa, esperar a que se peguen y seguir adelante, es la magia que nos ha llevado a vivir millones de años como especie, somos capaces de crear una solución, de levantarnos ante las adversidades y seguir adelante, también ahora que parecemos acogotados por la incertidumbre lo haremos, no lo dudes.

Somos únicos, no renuncies a ello, practica el kintsugi sobre ti mismo y sigue adelante con orgullo. Apreciémonos como somos, rotos y nuevos, únicos, irreemplazables, en permanente cambio.