Los humanos siempre hemos tendido a manifestar cierto temor o el rechazo al que es “diferente”, parece que necesitemos marcarlo, diferenciarlo y hacemos todo un grotesco e inhumano circo al estilo del Hombre
Elefante y aquello de «La parada de los monstruos». Nos asusta convivir con personas o situaciones que se escapan a la “normalidad” que nosotros mismos hemos establecido. Sabes muy bien de que hablo, todavía hoy en día existen en nuestras sociedades “civilizadas” demasiados casos de discriminación a personas por el simple hecho de no cumplir con el estereotipo establecido: homosexualidad, enfermedades poco frecuentes, etnia, aspecto o vete tú a saber, cualquier cosa parece que nos sirva para montarnos un “apartheid” a medida. Si a este asunto le unes el hecho de estar inmerso en una sociedad un tanto inmovilista (no tan distinta a la nuestra, no vayamos a creer) en la que la hechicería, la magia negra y la superstición todavía son habituales la desgracia está servida.
Los albinos son personas que padecen una deficiencia congénita que se caracteriza por la ausencia de pigmentación, esto origina al que la padece enormes problemas cutáneos. Si en Europa las dificultades para los albinos son serias, no podemos ni imaginar lo que puede suponer en África donde las personas de raza negra sin pigmentación (para entendernos, unos “negros muy blancos”) son vistos como unos seres extraños en su propia tierra a pesar de que, según los expertos, debido a la endogamia existen cuatro veces más casos de albinismo que en Europa. Esa deficiencia hace que la piel no tenga protección contra la radiación solar, algo que en los países desarrollados se puede más o menos, mitigar con el uso de cremas pero que en otros es un verdadero problema a pesar de que se hayan intentado cremas solares específicas.
Nacer “hijo de la luna” en África es una de las peores lacras con la que se puede venir al mundo. Además de los consabidos problemas médicos que llevan a la casi seguridad de
desarrollar un cáncer de piel a lo largo de los 30 años de esperanza de vida de que disponen. Los albinos han de hacer frente a una grave amenaza que los hace objeto de una pesadilla que parece recortada de tiempos ancestrales. Se les persigue por culpa de creencias y supersticiones que en muchos casos les llevan a una muerte cruel y sin sentido, como si todavía estuviésemos en la Edad Media. Son atacados porque se les cree malditos (algo así como los lobishomes gallegos ) pero también porque se cree, para su desgracia, que son amuletos andantes para atraer la suerte (exactamente igual que una “pata de conejo” en algunas partes de España pero mucho más sádico). Esto es tan grave que lleva al punto de que en pueden llegar a ser asesinados y descuartizados (así, a lo vándalo). Son víctimas de masacres porque un brazo puede valer 1000 euros y un cuerpo entero de un albino 60.000. Teniendo en cuenta esto podemos imaginar la caza que están sufriendo hoy en día, en pleno SXXI, tan solo porque su color de piel no es “acorde”.
En Europa no hubiésemos ni sospechado que todavía hoy en día se cometían este tipo de atrocidades porque, por lo visto, estas personas no merecen ni un recorte escondido en
cualquier periódico (incluso en papel). Si hemos podido llegar a saber de esto es gracias a documentales que hielan la sangre en pleno mes de agosto y que nos descubren una realidad tan cruda que no podemos llegar a creer. Pero sobre todo si sabemos algo es gracias a la labor de la primera parlamentaria albina en Tanzania, Al-Shaymaa Kwegyir, que está intentando que se conozca la barbaridad que padecen y consiguió que las autoridades de Tanzania (que es donde más casos conocidos existen) promulgasen en 2009 una ley en la que se se prohibía acudir a curanderos para buscar sanación. Pero esto en una sociedad en la que la hechicería está tan arraigada resulta insuficiente si previamente no se consigue, por parte de la comunidad internacional, un cambio de conciencia social, una evolución en unas comunidades ancladas en el pasado.
Una crema protectora para albinos ‘made in Tanzania’
La historia de la Honorable Al Shaymaa J. Kwegyir
Challenging Africa’s albino stereotypes
Los blancos negros – Documental de RT sobre albinos en África








algo, porque igual no sabe que muchos viven instalados al borde del pánico. El primero es el miedo a lo desconocido, que es el susto inevitable a aquello de “a ver que me encuentro”. El que se genera cuando, por ejemplo, cuando vas a cruzar una puerta en una más de esas miles de entrevistas de trabajo que padecen las personas normales esas que han de aguantar carros y carretas para que alguien le diga, con esa sonrisa sádica que usted conoce, “es que no eres lo que estamos buscando” y así hasta la próxima mientras el tiempo pasa, el paro se acaba y cada vez andamos más desanimados con esa sensación falsa de “no valgo” que al final te hace aceptar un trabajo en los trirremes de Caesar Augusto porque hay que alimentarse a uno mismo y a la prole en la que cada vez hay más gente, hijos, hermanos, suegras…. Ese miedo usted no lo conoce, para usted el miedo a lo desconocido seguramente se limitará al cosquilleo ese que se siente al ir a tirarse por una montaña rusa en un parque de atracciones. Bueno, ese sustito también me vale, a algunos hasta nos gusta.
para el porrazo. Usted Sr. Trump, con su oportunismo y sus maneras al más puro estilo
a la gente lo que quiere oír, lo que sus más bajos instintos quieren escuchar porque, como en Europa, están quemados por no llegar ni a pagar las facturas. Usted sabe manejar esa frustración y la utiliza en beneficio propio proponiendo como si fuese una novedad el retorno a la política de lo básico. El brillo de sus ojos le delata, Sr. Trump.
cuando poco a poco vi como, valiendose de que el Partido Republicano está hecho unos zorros, se deshacía de sus contrincantes uno a uno, con unas formas agresivas, zafias y en las que valía todo. Fui dándome cuenta que estamos ante un gran peligro público, más que nada por las consecuencias que puede traernos el “desatar la bestia” que una sociedad al límite como la nuestra tiene dentro. De eso, Sr Trump, en el SXX ya hemos tenido demasiados y dolorosos ejemplos, no los reeditemos.

y nos internaríamos en un monasterio de esos de
narices y se encerraban a pan y agua en una habitación tapiada para el resto de sus días y así purgar sus pecados (un día podíamos hablar de ellos, daría para un post muy interesante). Una decisión un tanto drástica pero bueno, eran aclamadas por sus vecinos, consideradas poco más que “santos en vida” y se recurria a ellas para pedirles milagros o consejos a través de la ventanita por la que se les pasaba el pan y el agua. El caso es que simulaban su propio sepelio, se encerraban y “aquí paz y después gloria”. Pues bueno, parece que la moda esté volviendo (ya decía mi abuela que no tirase los pantalones acampanados, que los guardase porque volverían a ser de lo más “cool”). Los primeros casos de esta enfermedad se dieron en Japón, pero parece que ya empiezan a haber casos por aquí. Son los ‘hikikomori’ (en japonés, “recluido”).
que esto se queda allí porque los japoneses “llevan un estilo de vida muy peculiar” y tienden a ignorar los problemas familiares. En España ya hay decenas de casos. En algunas ocasiones los ‘hikikomoris’ europeos pasan hasta 30 años encerrados en sus casas sin que nadie se de cuenta. Necesitan que la sociedad que los ignora, por el rechazo y la falta de interés, les tienda la mano y les ayude a reincorporarse o su vida se va encerrando más y más en sí misma hasta el punto de volverse irrecuperables.
excepto algún que otro en las redes sociales, se encuentran sumidos en un estado de tristeza permanente, duermen durante el día, descuidan su higiene (como el que levanta el brazo para agarrarse a la barra del metro justo a tu lado) y se suelen quedar viendo la tele o jugando a videojuegos aunque ni siquiera parecen enfermos encerrados únicamente en un mundo de videojuegos como los antiguos “Utakos”, que ahora andan y corren por la calle como Forrest Gump en busca de Pokemon. Mira. algo bueno tendrá el fenómeno, hace que salgamos a la calle y nos “de el aire un rato”. Puede que la solución para los Hikikomoris sea esa justamente, la de conseguir que poco a poco salgan a la calle, hagan actividades y así se vayan reinsertando. En japón ya se han creado centros en los que voluntarios y especialistas intentan devolverlos a la vida social.
alistas japoneses nos dicen que gran parte de los enfermos son personas tímidas que han sufrido el
cerebro parece que nos duelan más los cercanos, como si los otros fuesen “menos muertos” o importasen menos. Ya poco sorprende el fallido golpe de estado en un país que nos sirve como tapón de pago para tapar nuestras vergüenzas y comprar nuestra conciencia y que al final va a resultar tan democrático como cualquier otro. Erdogan se vale de lo acontecido para afianzar la represión igual que Hollande de la alarma social para prorrogar el “Estado de Excepción” y el recorte de derechos civiles. Al final Churchill tenía razón “La democracia es el menos malo de los gobiernos posibles” porque a estas alturas la democracia se ha transformado en un juego de poderes en el que todo tiene un precio. ¿Que queréis que os diga? Hoy me encuentro solo ante la pantalla en blanco con el alma tocada por un extraño frío espectral a pesar de que fuera sea verano y haga calor.
beneficio de nuestra desgracia y nos enfrentan los unos a los otros para arrancarnos lo poco que nos queda valiéndose de las mismas artimañas ancestrales de siempre, la religión y las ideologías trasnochadas. Sorprende ver como cada vez más gente “normal” abraza a personajes que hace unos meses tomábamos como unos descerebrados que nos hacen caer en los engaños más peligrosos de la historia, la religión y la xenofobia. Parece que seamos tontos pero es que es más cómodo creer en quien nos ofrece falsas soluciones que aceptar que el mundo se desmorona ante nuestros ojos sin que hagamos nada.
nuestro sistema está derrotado y que ha llegado la hora cambiar la concepción de las cosas. Deberíamos admitir que este sistema económico y social ha estado alimentando la desigualdad hasta el punto de que la desesperación extrema (el sentimiento más peligroso que pueda sentir un humano) acampa entre nosotros. Ha llegado el momento de comprender que la NADA de «La Historia Interminable» puede inundar el corazón de quienes de repente ven como lo han perdido todo. Estas personas, presas de la impotencia, son capaces de cualquier cosa sin que en ello tenga nada que ver ningún dios (que de existir, debería sentir vergüenza por repartir tanto dolor). Si nos paramos a pensar, puede que poco tenga que ver el Islam con los que sacan algún provecho del que no encuentra salida en una sociedad degenerada que ni puede, ni quiere solucionar un problema del que es parte. Más bien el origen del problema puede estar en la marginalidad y la exclusión social que, promovida por gobernantes indolentes, nos está llevando poco a poco al límite de la locura. Pero bueno, puede que mi alma hoy esté derrotada y no vea la luz.
Dice que han pasado muchos años y no recuerda aquellos días en los que el ínclito José María Aznar (
informe, parece que no se lo ha leído y a juzgar por la parsimonia con que se toma las cosas y
para que le haga un resumen estilo “El rincón del vago”. Aunque bien pensado, puede que no lo necesite porque, casualidades de la vida,
Mataron a un dictador atroz pero olvidan que también
tranquilamente cuando, de repente BOOM!! Se les cayó un pedrolo encima y acabó con todo. Dicen que el Meteorito cayó en
noche al ver como no sólo ganaban los mismos sino que a pesar de los escándalos y del crimen de la musiquita a ritmo de bachata, crecían en número de votos y en escaños. Ya no se que más deben hacer para conseguir perder unas elecciones, ya ni se me ocurre. O mejor, prefiero ni pensarlo porque después de oír que aquél comentario de “les hemos destrozado la sanidad” (a los catalanes) les puede haber dado más votos
se han limitado a continuar sacándose los ojos los unos a los otros en un asco de campaña sin darse cuenta que reforzaban al adversario. Puede que gran parte de la culpa la tengan los señores de las encuestas que deberían
les pagan sin importarles mentir como bellacos. El caso es que nos habían cantado tanto cosas como el desastre del PP o el hipotético “sorpasso” que en el mejor de los casos ha habido escaqueo a la playa por aquello de “el pescado está vendido” y ahora al ver que estamos casi en el mismo punto que en diciembre pero con un PP mucho más envalentonado no se oyen más que lamentos por todas las esquinas del Twitter.
duro asomarse a la ventana y ver hasta cuatro columnas de humo devastadoras como cuatro ejércitos crueles dispuestos a acabar con todo. He tenido que hacerme a la idea de que los escenarios en los que he paseado, rodado en bici y me han visto crecer no son ahora más que cenizas grises. Grises como queda el alma de aquél que vé como parte de lo que preciaba no es ahora más que un enorme cenicero. Puedo imaginar además como se le puede quedar el cuerpo de aquél que además ha visto como ardían sus recuerdos o al que ha visto desaparecer todo por lo que se sacrificó.
transformar en gratitud sincera hacia todas esas personas que aparecieron de la nada para intentar salvar lo nuestro. No les conocemos, de ellos sólo sabemos que se llaman UME, Bombers, Brigadas venidas de todas partes y tantos voluntarios.. No los conocemos pero han estado luchando a brazo partido para salvar lo que nos pertenecía a todos. No vamos a ser capaces de pagar lo que han hecho por nosotros pero un abrazo y un gracias sincero puede abrir el camino.
Tiene razón, de fuegos y renacimientos por aquí sabemos un rato, somos los que todos los meses de marzo queman el trabajo de un año para volver a empezar de nuevo. Es hora de dejar de lamentarnos, ponernos en marcha, recuperarnos del golpe y ser capaces de evitar volver a perderlo pero sin olvidar a los héroes llenos de hollín que han impedido una catástrofe mayor, mirarlos con respeto y gratitud y repetirles… Gracias.
coherente, la mente está más en un polo de limón que en intentar convencer a alguien de cualquier cosa y más aún de que se definan. Fijo que nuestros flamantes candidatos han pensado, en algún momento, en una jarra fresquita en un chiringuito playero los unos y otros en una Caipirinha en cualquier playa del Caribe, que para eso también hay clases. Lo entiendo, pero ellos se lo han buscado por no hacer nada el 20D, yo aspiro a una cervecita fresquita en pantalón corto en la plaza, no me llega para el Caribe (resignación).
ya veremos como hacemos eso de salir de la playa para ir a votar y volver. Igual tendremos que colocar a la entrada del colegio electoral un cartelito de esos de prohibir entrar sin camiseta o con los piés mojados, como en los chiringuitos aunque una opción es llevar las urnas a las playas y piscinas. También decíamos que el comportamiento de los candidatos se resentiría por eso de que el calor altera las neuronas y veríamos un debate del mismo nivel que Bob Esponja así es que no podíamos esperar nada edificante y más después de los lamentos de Rivera porque Évole le había apagado el Aire Acondicionado (convendría recordar al señor Rivera que en el mes de agosto, en los andamios, tampoco funciona el
aire y no se queja nadie). No nos equivocábamos, el debate se limitó a contarnos lo que ya sabíamos. Que a pesar de que las cuentas siguen sin salir, pactar habrá que pactar vete a saber como y que nuestras opciones políticas no se han movido demasiado. Podrían disfrazarlo moviendo los brazos o con cucos cartelitos en carton pluma pero el lunes por la noche vivimos un Dejà Vu con una sola diferencia, estaba (en apareciencia, porque no descarto que enviasen un clon) el presidente en funciones que al final de la corrida consiguió, milagrosamente, escapar vivo del linchamiento sin hacer nada que no fuese leer las cositas que le habían escrito con ayuda de su cara dur
a como un frontón de pilotaris de Guernica. Todo porque Sánchez se obsesionó con Iglesias hasta límites paranoicos mientras los otros dos se ocupaban en meterse los dedos en los ojos mutuamente, sin que ninguno esclareciese nada más allá de lo dicho y sin hacer nada para que a los indecisos les diesen unas ganas locas de salir a votar con la papeleta en la boca. Más bién al contrario, se me cayeron los palos del sombrajo al ver como los candidatos escurrian el bulto al ser preguntados por una de las mayores tragedias que vivimos en este país, la violencia de género.