Archivos para agosto, 2026

Se me ha vuelto a enfriar el café de la mañana, y no precisamente por despiste. Estaba mirando la pantalla con la misma cara de perplejidad de siempre mientras leía los detalles del asalto y la presión en Ceuta de este pasado fin de julio. Ver las imágenes de cientos de chavales jugándose el pellejo en el agua te encoge el cuerpo, pero lo que te indigna de verdad —si nos quitamos la venda de la corrección política un segundo— es la sensación de estar presenciando una función de teatro perversa donde las marionetas ponen la piel y los titiriteros mueven los hilos desde el palco. Vamos a ser claros. Que un flujo masivo de esa magnitud coincida en el calendario con la celebración del Día del Trono y con el propio rey Mohamed VI paseando plácidamente a tiro de piedra de la frontera, entre Tetuán y Castillejos, no es casualidad. En la alta diplomacia las casualidades no existen. Quien crea que esto es solo un fenómeno espontáneo alimentado por cuatro canales de Telegram ignora cómo funciona el grifo de la frontera marroquí: cuando interesa presionar a Madrid o apretar las tuercas a Bruselas para arañar concesiones, la vigilancia se relaja y se deja hacer. Lo perverso del asunto es la frialdad con la que se utiliza la vulnerabilidad de miles de jóvenes como moneda de cambio geopolítica. Rabat mide los tiempos y abre la mano mientras nosotros, desde la comodidad del sofá, nos enzarzamos en debates estériles entre el buenismo ingenuo de salón y el discurso del odio. La realidad a ras de suelo es durísima: los servicios de acogida desbordados, las fuerzas de seguridad al límite, la población de Ceuta viviendo en un sinvivir y la dignidad humana pisoteada en la orilla. No es cinismo, es realismo básico: se debe exigir una política migratoria y humanitaria intachable, pero sin pecar de pardillos ante el chantaje de palacio. Desde estas zapatillas con las que piso el suelo de mi casa, lo tengo cada vez más claro: la empatía nunca debería volvernos ciegos frente a la geopolítica de trinchera. ¿ Verdad que también piensas que desde España y Europa seguimos pecando de demasiada ingenuidad cuando nos miden el pulso desde el otro lado del estrecho?