Archivos para septiembre, 2026

Pues nada, ya está. Maricarmen ya ha sido expulsada de su casa —puede que de manera legal o no, el hecho es el mismo—, una persona se ha quedado sin techo y lo del derecho a una vivienda digna, pues eso… Una más para la colección del año, que tampoco hay que ponerse exquisitos: miles de dramas exactamente iguales dan para rellenar un álbum entero de cromos. Un horror desgarrador, una tragedia nacional, un fracaso absoluto como sociedad y todas esas palabras grandilocuentes que nos encanta soltar en redes para parecer muy humanos en plena temporada del amanecer de los bots.

Hemos visto las imágenes en HD, se nos ha encogido un poquito el corazón (lo justo para no perder el apetito) y hemos salido a la calle a hacer ruido. Hemos visto como algunos políticos han salido a manifestarse. Y con razón, oye, que el pancartazo siempre queda fotogénico para pedirnos el voto después.

Y ahora nos salta la actualidad con la acampada en la Puerta del Sol. Francamente, me da la impresión de que esto acabará como el 15M: mucha indignación concentrada, tiendas de campaña ocupando el centro y los titulares echando humo durante unos días. Pero… ¿ahora qué?

¿Nos volvemos a casa a cenar y a esperar al siguiente drama? Porque, perdona si te hago spoiler, pero habrá más Maricarmenes y más Javieres y más…. Así hasta que no le demos la vuelta a la tortilla, lo cual está dificilillo.

Porque vamos a ver, ¿de verdad hay alguien tan profundamente ingenuo como para creerse que van a expropiar viviendas como están cacareando ahora? Por favor. Ya verás tú qué risas cuando la medida estrella se quede en una bonita comisión de estudio para analizar el impacto del aire en la nada. Tienen más cara que espalda.

Tampoco van a mover un solo dedo si les dejamos el camino despejado. En cuanto el telediario pase página y abra mañana con la última chorrada distractora, a otra cosa mariposa. Por desgracia tenemos demasiados ejemplos de que la indignación pública caduca a las 24 horas si no hay cámaras delante para hacerse la foto.

Es ahora, precisamente ahora que las brasas están encendidas y que las tiendas están puestas en Sol, cuando hay que apretar los dientes y no soltar el hueso. No podemos parar. Porque si levantamos el pie del acelerador, si soltamos la mano aunque sea un milímetro, verás qué rápido vuelven nuestros queridísimos políticos a lo que de verdad dominan: acomodarse en sus sillones mullidos. Que la madera dura de los bancos de la calle da lumbago, y ellos están hechos de una pasta mucho más noble. Faltaría más.

Mientras aquí seguimos discutiendo  sobre si el café de cápsula es reciclable o no, a Maricarmen la han puesto de patitas en la calle. Otra vez el mismo drama grabado en vertical con el móvil, los mismos empujones en el portal, los mismos sollozos de impotencia y el titular masticado de turno: «Un fondo buitre desahucia a una anciana».

Y claro, la indignación colectiva estalla en redes, nos echamos las manos a la cabeza y señalamos con el dedo al malvado capital internacional. Pero seamos honestos un segundo: ¿de verdad nos sorprende que un lobo coma carne?

Echarle la culpa de la crueldad social a un fondo buitre es como enfadarse con el granizo por romper el parabrisas. La naturaleza del lobo es morder, devorar y rentabilizar hasta el último hueso del cadáver. No tienen alma, no tienen empatía y jamás la van a tener; son tiburones financieros cuyo único lenguaje son los dígitos en una pantalla. El verdadero problema no es la fiera que ronda por el campo; el verdadero problema es el guardián al que le pagamos el sueldo para que cuide la puerta y prefiere dejársela abierta de par en par.

Maricarmen no es solo una víctima de la codicia financiera; es la víctima número N de un sistema profundamente podrido por la desidia y el cinismo político. Por aquí han pasado gobiernos de todos los colores, de todas las siglas, de corbata fina y de camisa remangada. Nos han vendido escudos sociales, leyes históricas y blindajes de titular, pero la realidad en la calle no cambia un milímetro: el fuerte ejecuta, el débil paga y la gente mayor se queda sin techo.

Resulta sencillamente inconcebible que en un país presuntamente «desarrollado», que se llena la boca hablando de progreso y bienestar europeo, asistamos impasibles a este tipo de salvajadas. Y más inconcebible es aún que la respuesta de quienes mandan sea un encogimiento de hombros, tres minutos de teatro en el telediario y la habitual sesión de reproches cruzados entre la oposición y el gobierno.

Ya está bien de trileros. Si el lobo entra en tu casa y se come tu cena, no vas a pedirle explicaciones al lobo; se las pides al que tenía la llave y miró para otro lado.

Igual va siendo hora de quitarnos las zapatillas, levantarnos del sofá y empezar a movernos de una vez por todas. Porque si la ciudadanía no exige responsabilidades a quien de verdad tiene la sartén por el mango, la lista de Maricarmenes seguirá aumentando mientras los de siempre se reparten los sillones.

La lista de Marlaska

Publicado: 10 septiembre, 2026 en actualité...

Te sirves una taza de café recién hecho para intentar arrancar el día aparentando cierta dignidad y te dispones a empezar el día pensando que la mayor amenaza a tu libertad va a ser el algoritmo de Netflix. Y entonces abres las noticias y descubres la filtración de las listas de periodistas del Ministerio del Interior. Te da por mirar de reojo al router por si acaso.

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Imaginar la escena tiene su punto berlanguiano: un despacho oficial con luz fluorescente y alguien entretenido en clasificar informadores como si fueran cromos de la Liga. «Este es peleón», «este nos tiene mania», «este escribe raro». Sería para partirse de risa si no fuera porque, en el fondo, es un bofetón con la mano abierta a nuestra sensación de democracia. De repente te das cuenta de que el Estado, ese que se supone que vela por tus derechos, estaba en el pasillo haciendo listas de quién es «bueno» y quién es «malo» para la causa y eso, llamame ratito, no parece muy tranquilizador.

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No he podido evitar acordarme de los primeros años noventa, justo cuando cayó el Bloque del Este y se abrieron los archivos de la Stasi. Esas imágenes de los ciudadanos de Berlín Este haciendo cola en la puerta de los antiguos ministerios, acercándose a las carpetas con una mezcla insuperable de curiosidad cotilla y puro espanto. Acudían temblando por descubrir si el informe oficial sobre su vida lo había firmado su vecino del quinto o su propio primo, y qué puñetas habían dejado anotado sobre ellos en una máquina de escribir con cinta desgastada.

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Hoy las carpetas de cartón con gomas elásticas se han cambiado por archivos de Excel y bases de datos, pero la pulsión de «fichar al personal» sigue intacta. Que desde las cloacas (o las plantas nobles) del poder se dediquen a catalogar a la gente que tiene la puñetera obligación de fiscalizarlos roza lo estrambótico, pero sobre todo es peligrosísimo.

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En fin, apuro el café y espero que, si en algún despacho oficial hay un informe sobre este blog, al menos hayan anotado que el autor es un «Friki»  que escribe con un café excelente y un par de pantuflas bien cómodas. Porque como nos quiten la retranca, ya solo nos queda echarnos a llorar y exiliarnos a Pernambuco.

Hoy, nada más  encender la radio me encuentro con  la última del Supremo. ¿No te has enterado? Pues prepárate un café o algo bastante más fuerte, porque hoy el Tribunal Supremo se ha levantado con ganas de darnos una lección magistral de lo que viene siendo la «eficiencia burocrática»… o el delirio institucional, según se mire.

Escuchaba hace un rato la reflexión de Aimar Bretos a cuenta de la última jugada del Alto Tribunal con la famosa «ley de nietos», y de verdad que es para ponerse a aplaudir de pie. O para llorar en el sofá, lo que te pida el cuerpo.
A ver si me he enterado bien, que uno es de pueblo y estas sutilezas del Derecho a veces se me escapan: resulta que una ley te reconoce la nacionalidad, te entregan tu flamante pasaporte español con su escudo dorado, te dicen «¡enhorabuena, ya eres español!»… pero el Supremo decide que, en lo de votar, mejor vamos a echar el freno de mano. Que para qué precipitarnos con minucias como la democracia.
Así que han mandado a los consulados a revisar la lista del censo uno por uno, con lupa, paciencia infinita y el ritmo trepidante que tanto caracteriza a nuestra administración.

El resultado es sencillamente brillante: miles de personas que ya son legalmente españolas se han quedado congeladas en un precioso limbo. Tienen deberes, tienen pasaporte, pero ¡ojo!, el derecho a voto se lo guardan en un cajón mientras comprueban si de verdad se lo merecen. Es como contratar la versión Premium de la ciudadanía española, pero descubriendo que el paquete básico de derechos venía en la letra pequeña. Españoles en versión demo. Españoles con asterisco.
¿Que el derecho al voto es el pilar fundamental de un Estado democrático? ¡Por favor, qué exageración! Dónde va a parar la emoción de no saber si hoy eres un ciudadano de pleno derecho o si tu capacidad política depende del auto judicial de un señor con toga que ha decidido ponerse estupendo a última hora.

Es maravilloso ver cómo se nos llena la boca hablando de seguridad jurídica e instituciones ejemplares mientras creamos, de un plumazo y con modales impecables, españoles de primera, de segunda y españoles «en sala de espera hasta nuevo aviso».
En fin, así estamos: disfrutando de una democracia de edición limitada.

Con el café caliente entre las manos y la pantalla aún devolviéndome las imágenes de ayer, resulta difícil no quedarse con una sensación de opresión en el pecho. Resulta dificil   buscar un punto de sensatez en medio de tanto ruido. Y lo de ayer me ha dejado dando vueltas a la cabeza durante toda la mañana.

Por un lado, entiendo perfectamente la necesidad de manifestarse en favor de Ceuta. Faltaría más. Apoyar a una parte tan querida y fundamental de nuestro mapa, alzar la voz por la estabilidad, la seguridad y la dignidad de nuestros vecinos ceutíes, es un gesto de empatía ciudadana que jamás voy a cuestionar. Manifestarse por una causa legítima forma parte de lo mejor de nuestra convivencia.

Pero lo que vi colarse en esas marchas me dio un miedo atroz. Ver a grupos de la extrema derecha zarandeando a periodistas, acosando a profesionales de la comunicación que simplemente estaban haciendo su trabajo, me revolvió el estómago. No hay nada más sintomático ni más peligroso que intentar amedrentar al que sostiene el micrófono o la cámara. Quien ataca a la prensa no busca defender a España; busca impedir que se conozca la verdad e imponer el miedo sobre la libertad de información. Eso no es patriotismo, es matonismo puro y duro. La verdad, lo peor de todo es que estamos repitiendo los patrones del pasado con una alegría y una irresponsabilidad pasmosa. Acabaremos arripintiendonos.

Y mientras la calle se calienta con estas derivas extremistas, la mirada hacia el poder tampoco ofrece mucho consuelo. La sensación generalizada es la de un Ejecutivo completamente quemado y arrasado por las circunstancias, devorado por la acumulación de crisis y un goteo constante de escándalos que han terminado por erosionar su credibilidad. Ya sólo faltaba el informe de la policía y Marlaska! Paco me decía ayer en el café que resulta inevitable pensar en algo oscuro y si ya te salta a la cabeza el escándalo de los teléfonos y Pegasus..  No se, quiero pensar que no, no soy tan conspiranoico pero es verdad quizá haya llegado ese punto de desgaste irreversible donde lo más sensato, limpio y democrático sea devolverle la voz a la ciudadanía y convocar elecciones para despresurizar el ambiente. Aunque por otra parte también es verdad que igual lo que entra es peor, pero, hijo, «la aventura es la aventura» .

Nos estamos encontrando atrapados entre la violencia radical de quienes quieren callar a los medios y el agotamiento de un proyecto político desgastado. Hoy más que nunca toca pedir sosiego, defender el periodismo libre y recordar que la democracia se cuida desde la razón, no desde los empujones.

SOBRE PEGASUS..
https://enzapatillasdeandarporcasa.com/2022/05/10/pegaso/