Maricarmen ya no tiene casa, pero oye, qué bien nos quedó la pancarta.

Publicado: 28 septiembre, 2026 en actualité...
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Pues nada, ya está. Maricarmen ya ha sido expulsada de su casa —puede que de manera legal o no, el hecho es el mismo—, una persona se ha quedado sin techo y lo del derecho a una vivienda digna, pues eso… Una más para la colección del año, que tampoco hay que ponerse exquisitos: miles de dramas exactamente iguales dan para rellenar un álbum entero de cromos. Un horror desgarrador, una tragedia nacional, un fracaso absoluto como sociedad y todas esas palabras grandilocuentes que nos encanta soltar en redes para parecer muy humanos en plena temporada del amanecer de los bots.

Hemos visto las imágenes en HD, se nos ha encogido un poquito el corazón (lo justo para no perder el apetito) y hemos salido a la calle a hacer ruido. Hemos visto como algunos políticos han salido a manifestarse. Y con razón, oye, que el pancartazo siempre queda fotogénico para pedirnos el voto después.

Y ahora nos salta la actualidad con la acampada en la Puerta del Sol. Francamente, me da la impresión de que esto acabará como el 15M: mucha indignación concentrada, tiendas de campaña ocupando el centro y los titulares echando humo durante unos días. Pero… ¿ahora qué?

¿Nos volvemos a casa a cenar y a esperar al siguiente drama? Porque, perdona si te hago spoiler, pero habrá más Maricarmenes y más Javieres y más…. Así hasta que no le demos la vuelta a la tortilla, lo cual está dificilillo.

Porque vamos a ver, ¿de verdad hay alguien tan profundamente ingenuo como para creerse que van a expropiar viviendas como están cacareando ahora? Por favor. Ya verás tú qué risas cuando la medida estrella se quede en una bonita comisión de estudio para analizar el impacto del aire en la nada. Tienen más cara que espalda.

Tampoco van a mover un solo dedo si les dejamos el camino despejado. En cuanto el telediario pase página y abra mañana con la última chorrada distractora, a otra cosa mariposa. Por desgracia tenemos demasiados ejemplos de que la indignación pública caduca a las 24 horas si no hay cámaras delante para hacerse la foto.

Es ahora, precisamente ahora que las brasas están encendidas y que las tiendas están puestas en Sol, cuando hay que apretar los dientes y no soltar el hueso. No podemos parar. Porque si levantamos el pie del acelerador, si soltamos la mano aunque sea un milímetro, verás qué rápido vuelven nuestros queridísimos políticos a lo que de verdad dominan: acomodarse en sus sillones mullidos. Que la madera dura de los bancos de la calle da lumbago, y ellos están hechos de una pasta mucho más noble. Faltaría más.

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