Llamadme sensiblón, momio o antiguo pero soy de esos. Estoy sentadito ahora mismo, a mis cosas, escuchando de
fondo el soniquete de los Niños de San Ildefonso. Esta cancioncita entrañable que aunque no se asocie jamás a volverme rico, es para mí el pistoletazo de salida a ese periodo del año en el que comeremos por encima de nuestras posibilidades hasta hincharnos como peces globos y compartiremos mesas interminables con gente a la que igual rehuimos el resto de año y todo eso. Ha llegado la Navidad y todo se justifica.
Para mi este es un tiempo especial más allá de religiones y convicciones varias. Dicen los historiadores que se
celebraba incluso antes de la llegada del cristianismo, la llamaban “Sol Invictus” (no se, yo no estaba, creedme). Estos días tienen un “nosequé” que los hacen mágicos, tanto como que hizo que los soldados que se estaban masacrando entre ellos saliesen de sus trincheras en la nochebuena de 1914, en plena I Guerra Mundial, a jugar al fútbol entre la nieve que este año aquí la veremos en foto, gentileza del cambio climático que está destrozando el planeta y que nuestros mandamases se toman a chufla. En vez de renos y nieve veremos palmeras y piña colada, en el Belén quedaría bien.
Al final aunque nos pongamos guasones con los tópicos de los cuñados, del apoteosis del colesterol y las comidas opíparas que
acaban en luchas familiares de esas de sacarse los ojos el caso es que al final, por algo será, volveremos el año que viene y si nos falta alguien nos pondremos muy nostálgicos. A mí me pasa, ya noto a faltar a demasiada gente a la que siempre dejaré un cubierto para ellos al lado de mi corazón, aunque fuese al primo gracioso que hubieses estrangulado con el cordón de los zapatos cuando quiso dárselas de listo y criticó, a traición con su sonrisa de hiena, el asado que lleva cocinando tu madre desde el día anterior, aprovechando el momento en el que la voluntariosa chef está sacando los polvorones. Aunque en mi caso tengo suerte, aprecio a los míos, son buena gente y nunca he intentado estrangular a nadie, de momento.
Este año también voy a ausentarme unos días de toda esta vorágine, incluso en época de pactos y en plena emoción post electoral, ya es mala sombra la de este hombre hacernos votar justo en estas fechas. Disculpadme, me voy con los míos a intentar recomponerme como jarrón chino y recuperar el tiempo perdido que no les he dedicado como se
merecen durante el año Soy afortunado, muchos miles de personas no podrán hacerlo, porque han tenido que huir a una Europa que los ignora. Voy a intentar recargar las pilas de recuerdos felices, de esos que hicieron volar a Peter Pan. De verdad deseo que vosotros tengáis ocasión de hacer lo mismo. Intentadlo, no se pierde nada, olvidad el año que dejamos atrás y todas las barrabasadas que os hayan podido hacer. Acercaros a los vuestros como si los acabaseis de conocer, dejad el Twitter, el Wassapp y este blog por unos días, seguro que redescubrireis de nuevo porqué apreciáis a esas personas,
sean familia o no. No olvides que la verdadera familia te la enseña tu corazón, no el DNI. Descubriréis que son interactivos más allá del “me gusta” sin mirar que compartís todo el santo año en Facebook, vereis que tenéis mucho que contaros. Igual os puede sorprender su conversación amena y divertida, en algunos casos, triste e inconexa en otros pero ¿qué más da? Son tu gente y lo que importa es reencontrase con los nuestros (nada que no arregle o empeore unas copas de cava). Olvidemos por unos días todos los espantos que nos agobian el resto del año. No dejemos que los apuros nos roben nuestra ilusión.
Os deseo, de todo corazón, que estos días encontréis “el momento” con los vuestros, ese instante que se transformará en el recuerdo entrañable que os reconfortará y acompañará para siempre a lo largo del año que vamos a estrenar y que tiene más valor que el gordo de la lotería que este año tampoco me va a tocar. Ya me tocó, de hecho me toca todas las semanas al ver que unos seguimos juntos, alguno nos deja buscando otros puertos donde atracar y otros se incorporan a esta familia que crece, es la vida. Es por eso por lo que os deseo de todo corazón unas entrañables fiestas en las que podáis encontrar la felicidad que os merecéis. Gracias por todo.
Con toda mi gratitud
Salva Colechà























el barbero de la esquina (más peligroso que


tomar viento y cada cual se apaña como puede. Las pandas de bárbaros, saqueadores y bandarras de todo tipo (puede que hasta tertulianos incluso) siembran el terror. La vida se vuelve cada vez más difícil. No sabes en que momento te va a caer un mamporrazo en lo alto de la cresta. En eso llega un señor con una cuadrilla de tipejos armados y te promete protección para ti y los tuyos, a cambio de “unas cositas de nada” aceptas
funciona bien, unos ultramarinos (de esos
esos de los que cuesta levantarse. Unos malnacidos que dicen venir en nombre de su dios nos han sacudido muy fuerte. Yo, que soy muy cabezota, ya sabeis que continuo sin creermelo. No hay dios que sea digno y pretenda repartir muerte y dolor. Más bien creo que estos igual obedecen a otra divinidad que no mentan tanto.
han conseguido su objetivo de atemorizarnos con una muestra de lo que hace huir a todas estas personas que
para comportarse como el mafioso o el señor feudal de antes, meternos en una guerra sin siquiera dejarnos gritar aquello de 
seguridad vale unos derechos que nos han costado siglos de sangre y sacrificio y que forman parte de nuestra definición como personas. Deberíamos tomar consciencia de que si aceptamos recortes graves, de forma transitoria, abrimos la puerta a que esta se transforme en años de opresión y poco a poco volvamos a algo parecido a la Edad Media en la que respirar ya era un privilegio. 





San Ildefonso 












