Hay personas que caen de pie, otras que caen de boca y luego está Pedro Sánchez, que cae siempre sobre una cama elástica con propulsores incorporados.
Noticia fresca para la parroquia: el hombre ha vuelto a sacar la calculadora, ha olido el viento y ha convocado elecciones para el 29 de noviembre. Mientras en las sedes de la oposición andan todavía buscando la tila y encendiendo velas a la Providencia. Todavía no saben que ha ocurrido, solo pueden soltar sus cosas sobre adulteración del voto y tal y cual y otras ayusadas varias. Uno no puede más que aplaudir como las focas con una pelota. Porque lo de este señor ya no es estrategia parlamentaria; es funambulismo de altísimo nivel, un espectáculo sin red donde el tipo se marca un triple mortal hacia atrás y aterriza en el suelo sirviéndose un café.
La jugada, reconozcámoslo con esa pizca de mala leche que nos caracteriza, es de una solidez diabólica.
Disuelves las Cortes y, ¡tachán!, entra en funcionamiento la Diputación Permanente. Ese órgano de guardia donde el Gobierno conserva la mayoría suficiente para ir despachando reales decretos a discreción. Los «decretos Maricarmen», los llamo yo: caramelos sociales, medidas efectistas y regalitos de última hora para el respetable porque sólo ha tenido 8 años para hacerlo… ¿Que los va a aprobar? Vamos, no lo dudéis ni un segundo. Lo hará a tambor batiente. Y mientras el BOE echa humo repartiendo albricias, deja a la derecha atrapada en la casilla de salida, obligada a protestar por la forma o a votar en contra de la golosina.
Ahí reside la trampa perfecta: los retrata instantáneamente como los malos malísimos de la película, los aguafiestas del bienestar, los enemigos del progreso. Con ese marco conceptual tan bien cocinado, a ver quién es el guapo que se acerca a la urna sonriente a votar a la oposición. Hacerlo requerirá una vocación de víctima verdaderamente excelsa: será exactamente igual que ser árbol y votar con entusiasmo por el hacha.
Con este movimiento en el tablero, desarma a la derecha, la desactiva por asfixia narrativa y la deja mirando al tendido sin saber por dónde le ha venido el golpe. Una vez más se demuestra la gran ley física de la política española reciente: Sánchez no está hecho de carne ni de hueso, está hecho de corcho puro. Pueden sumergirlo a cien metros bajo el agua, ponerle un bloque de hormigón en los pies o darlo por ahogado en todos los telediarios; al final, el corcho siempre encuentra la rendija y vuelve a flotar plácidamente en la superficie.
Nosotros, mientras tanto, seguiremos aquí en el sofá, con las zapatillas puestas, observando cómo el equilibrista cruza de nuevo el alambre sin despeinarse un solo tupé. Preparen las palomitas, que la función de noviembre promete






