Posts etiquetados ‘inocentes’

Parece que hace milenios y sólo puede que hayan pasado un par de lustros. El caso es que nadie recuerda ya los tiempos en los que se hacían cosas, aquellos maravillosos años en los que eramos ilusos o unos pardillos, según se mire. Nos alegrábamos por las cosas nuevas que íbamos construyendo entre todos, por los logros conseguidos más con el corazón que con la cartera. Eran tiempos que no sabemos muy bien a santo de qué degeneraron en esta especie de reino de Hades que sería la envidia de Dante. Nos engañaron como a chinos (tópico fuera de lugar, a Gao Pin me remito), nos vendieron la moto, un burro cojo y tuerto pintado con betún que nosotros compramos con avidez, en forma de malas chozas vestidas de palacete, en forma de way of life a tutiplén. Esos mismos que ahora nos sacuden más que a una alfombra desde las noticias cada día con infames declaraciones. Jugaron con nuestra avaricia y ganaron por K.O. Técnico en el primer Round.

Ahora, desde la gélida trinchera, con el alma a cachitos y la cuenta on the rocks, tiempos de tinieblas en los que empezamos a tener que luchar a cara de perro por nuestros derechos más básicos, en los que ya es un reto poder comer productos de marca blanca sin fenecer en el intento y la economía familiar es ya cosa propia de Houdini. Ahora recuerdo cuando eramos inocentes y no habíamos entregado nuestras almas a los cantos de las sirenas financieras ¡que encima desafinan! y que nos prometían el oro y el moro, pero nos han metido en la miseria inhumana y cruel en la que estamos inmersos, desnudos en mitad de la tormenta y a punto de despeñados desde una roca Tarpeya de una altura que ríete tú de Baumgartner. Son tiempos de modernos caballos del apocalipsis, expertos en la apropiación de lo ajeno, que entraron de puntillas cuando dormíamos un sueño inducido en el que creímos que habíamos alcanzado la felicidad por la que nos habíamos partido el espinazo trabajado. Y mientras estábamos en manos de Morfeo, sobados del todo, ellos se entregaban al saqueo, sigilosos primero y después en camiones trailer con remolque, ya sin disimulo y recurriendo a todos los ardides que les otorga su condición mafiosa, chantaje y extorsión incluida, si se tercia. Hemos sido sometidos al saco y encima el Sr Montoro con su cohorte sigue apretándonos como polos Flash de fresa, hemos vendido en rebajas nuestra vida, a precio de saldo, por un sueño que no es más que una pesadilla perpetua gracias a las ofrendas a banqueros manirrotos y ahora, intentan acabar con el poco jugo que nos queda privatizando todo lo que se mueva para mayor gloria de amigotes varios, mientras nos prometen LA SOLUCIÓN, así con mayúsculas. La solución al problema que ellos han creado con sus manitas y del que forman parte, la hipócrita solución que favorezca la vuelta al capítulo anterior, a la situación de espejismo en la que salen beneficiados, porque recordemos que en este grotesco casino la banca siempre gana.

Hoy el Zapatillas quiere ser un aullido en mitad de una ciénaga como la de Shrek pero en chungo, una propuesta a la búsqueda de la ilusión de las cosas sencillas, prácticas y claras. Como utopía no está mal, ¿eh?. Pero aunque no lo creamos tenemos intacto nuestro derecho a soñar, somos humanos, por tanto imperfectos pero con posibilidad de rectificar ya que dicen que es de sabios y si de verdad lo somos la posibilidad de rectificar estará en las urnas. Recordemos que esta panda está ahí porque la hemos puesto nosotros. Pero para corregir hemos de aprender de nuestros errores, asumirlos y estar dispuestos a proteger aquello que salvemos del naufragio ya que como sigamos repitiendo nuestros fallos, nos volverán a levantar la merienda fijo. Si no nos movilizamos juntos ya en busca de una solución propia y seguimos cumpliendo sus planes, maquiavélicos y traicioneros nos vamos irremisiblemente a tomar Fanta ad aeternam.

Nuestros valores no pueden ser los suyos, para nosotros las personas han de ser más importantes que las cifras. Deberíamos ser capaces de sentir que la vida es más que una cuenta bancaria o un trabajo semiesclavo, es posible, aunque nos parezca cosa de Lennon y su Imagine pero de cosas más raras se han dicho y la felicidad es algo apetecible.

Dentro de dos minutos cantará el gallo, seguiremos en la brecha un día más. Es la vida del que no sabe si este amanecer será el último pero que mantiene intacta la ilusión. Es la fuerza que nos queda, la que te da la sangre nueva llegada a la vida, por la que estás dispuesto a levantarte una vez y otra más y a gritar bien fuerte que los sueños pueden ser realidad y poco tenemos que perder… ¿quién se apunta?

Anuncios