Contar hasta 10

Publicado: 1 febrero, 2022 en actualité...

Antes, cuando el mundo tenía un ritmo más sosegado, cuando todavía tenía algún sentido aquello de “Cuenta hasta 10 antes de hacer algo de lo que después puedas arrepentirte” eso de reaccionar a lo bestia en las redes, como un hooligan cualquiera, estaba mal visto. Más que nada porque si después tenías que envainártela sentías cierto bochorno. ¿Sorprendente, verdad?

Era un tiempo en el que se consideraba de buena educación eso de ser reflexivo, tomarse un tiempo y sopesar las cosas en su justa medida – no, no sucedía casi nunca pero estaba bien visto intentarlo- Ahora parece que estemos en el extremo contrario. Nos hemos instalado en el “Fast Food”, todo es para ya, sin pensar. Todos sabemos tanto de todo que no podemos tardar ni dos decimas en opinar de algo, como si se nos pasase el turno. Y así nos luce el pelo. Desde el vendedor que quiere que tomemos una decisión que nos mantendrá enredados durante años en segundos hasta los programas de la tele en el que se opina de todo sin contrastar, sin saber siquiera si es verdad o se parece lo que cuentan. Entre todos nos han metido el estilo “Sálvame” como el esquema a seguir en todo. Se han cargado el rigor, no les importa, saben que sólo nos quedaremos con el titular porque no nos da la vida para procesar tanta información, entenderla y si se tercia, comentarla. Nos han convertido en devoradores de información sesgada que después repetiremos de la manera más salvaje posible amparados en el anonimato que creemos que nos dan las redes. Somos como haters profesionales al servicio de terceros, pero sin sueldo.

¿Qué porqué te cuento ahora este rollo? Te parecerá una frivolidad pero resulta que el sábado me plante cara la tele para ver el BenidormFest y me quedé sorprendido por el triunfo de Chanel (Confieso que uno tenía predilección por Tanxuguerias) pero de ahí a tomárselo como una afrenta gravísima o como una cuestión de Estado en la que intervienen hasta los sindicatos que se quedan sentaditos en otros asuntos, va un mundo.

Los haters se pusieron manos a la obra desde el minuto 0 con una campaña de acoso y derribo desproporcionada que no se había visto desde tiempos de Maria Antonieta. Parece que de repente nos vaya la vida en un festival de canciones. Puede que otros trabajos fuesen más reivindicativos, con más fondo, o que simplemente te gustase más pero parece que nadie haya parado a pensar en el trabajo ingente que supone presentar una canción al festival sea o no la ganadora y que el esfuerzo debe ser reconocido. Pero eso ahora ya no se lleva, nos quedamos en lo superficial que permite a demasiados salir a las redes a zurrar a Chanel como a una piñata.

Lo peor es que esto no es más que un reflejo de la sociedad visceral e irreflexiva en la que hemos acabado en manos de vete a saber quienes. Pero lo que parece claro es que si esto ocurrió en un festival, no se que podría pasarnos en algo más serio pero seguro que nada bueno, por lo pronto no ha faltado demasiado para que se viese algún tío vestido de búfalo en el ayuntamiento de Lorca. Igual deberíamos tirar el freno y volver a aquello de contar hasta 10 antes de abrir fuego.

Otra vez tambores de guerra

Publicado: 25 enero, 2022 en actualité...

Parece mentira que en los centenares de miles de años que vamos trajinando sobre la tierra no hayamos escarmentado nada y continuemos con esa extraña querencia que tenemos a darnos los unos a los otros como a una estera. Cambian las armas, desde un palo a un dron pero en esencia siempre estamos igual, cada tres por cuatro a alguien se le va la pinza, amenaza al vecino y se arma la gorda. El caso es que cuando a algún poderoso se le salta el resorte empezamos otro intento de autoexterminio de la especie que fracasará porque, en el fondo, a nadie le hace ninguna gracia que lo borren de la faz de la tierra, como si lo frotasen con una goma de Milan, a lo bestia.

Lo que no negaré es que lo de estos días resulta preocupante y más cuando sacan a pasear el reloj del fin del mundo que ya está acercándose a la media noche. ¿No sabes que és? Si quieres pincha aquí o si no te diré que es una especie de cuenta atrás que fija las 12 de la medianoche como el momento en el que empezará una guerra termonuclear que lo dejará todo hecho unos zorros, muy al estilo Madmax. Pues bueno, lo dicho, el otro día estaba a sólo 100 segundos de que esto ocurriese y mientras tanto Putin envalentonado como gallo de corral, Biden azuzando el ambiente y la UE amenazando con tomar medidas. Y si todo esto lo regamos con unos medios de comunicación que nos enseñan imágenes, sin contrastar y sin ubicar, de tropas que se amontonan, gente con cara de enfado y barcos que salen de España sin que nos digan que igual estaba previsto de antes (Resulta irónico. Si a alguien por el Ministerio le importase algo la historia no enviaría un barco llamado Blas de Lezo a unas maniobras con barcos británicos, más que nada porque el espíritu de “mediohombre” podía aparecerse y hundirlos a todos, pero eso es otra historia).

El caldo de cultivo pre-bélico está servido una vez más. Las barras de los bares tuiteros ya sacan humo con comentarios envalentonados por parte de gente que parece poseída por Millán Astray, pero que si oyese un tiro saldría por patas (yo seguramente lo haría). Nos harán creer que la guerra es inevitable para vendernos otro desastre en el que por supuesto no seremos nosotros los que ganemos algo. Siempre picamos a pesar de que sepamos que en una guerra el primer muerto siempre es la verdad y aunque llenemos la calle con pancartas de NO a la guerra, siempre nos acaban vendiendo la moto.

Pero lo que está claro es que una vez más no serán los que pregonan los porrazos los que vayan a matarse en cualquier esquina, para beneficio y gloria de otros, como siempre. Los que se hinchan los carrillos llamando a la guerra no serán los que tengan que enterrar a sus hijos. Nunca lo hacen. Nos envían a nosotros y a nuestros hijos a matarse por alguna causa que nos han hecho creer y que casi siempre es la misma envuelta en celofán, el beneficio del que te pondrá una bandera y una medallita en el féretro por haberte dejado la vida, convencido de su propaganda y su desinformación. ¿Tú crees de verdad que puede beneficiarnos en algo el hecho de que USA y Rusia se pudiesen pegar en Europa? Bueno, igual si eres chino puedes pensar que lo que quede en pie en el solar que resultaría de todo esto te comprará en Aliexpress. No caigamos una vez más en su trampa. Puede que la clave esté en Mafalda, “Si los cobardes que deciden las guerras tuvieran que ir a pelearlas, viviríamos todos en paz”

Mírales a los pies.

Publicado: 18 enero, 2022 en actualité...

Vengo de un mundo antiguo, de personas honestas en el que la palabra dada vale más que una letra de cambio avalada por un banco. De un mundo en el que las personas se levantan temprano, mucho antes de la salida del Sol y andan cada día a partirse el espinazo “birbant serreig” (arrancar malas hierbas del arroz) , llueva o nieve, haga frío o calor para arrancar a la tierra el sustento de sus familias con un producto que les cuesta la salud pero que nunca llega a conseguir el verdadero precio que merece el esfuerzo. Vengo de un mundo de personas embarcadas al amanecer, en el frío del mar muchas veces áspero y nada placentero. Ese frío húmedo que te cala las entrañas y que nadie que no lo haya vivido sabrá describir pero que se ha de pasar para poder sacar unas redes, unos “tresmalls” (tipo de red de pesca muy usada en Valencia) llenos con los que poder alimentar a la prole. Un mundo y unos tiempos de gente dura, sincera en el que el caballo o la mula eran un miembro más de la familia y su muerte era amargamente llorada porque podía suponer un invierno de miseria.

Llámame viejo, quizá lo sea de alma, pero haber vivido esto, haber escuchado tantas historias de mis mayores puede que me de una visión un poco especial del vodevil que están siguiendo nuestros políticos estos días con eso de salir corriendo al medio rural a hacerse una foto con alguna vaca como fotocall, con la excusa de los comentarios del Ministro de Consumo y aprovechando que se acercan las urnas en Castilla León. Por lo visto cualquier cosa es buena para montar el teatrillo y conseguir una imagen que venda porque no se trata nada más que de eso.

¿Sabes en que se puede distinguir a los que saben dónde se meten de los que simplemente se acercan para la foto? Decían los viejos que no, la diferencia no siempre está en las manos porque puede que alguien no haya trabajado la tierra pero sea labrador, porque conoce y sabe respetar el trabajo de sus antepasados, lo que le ha llevado a ser lo que es, raíces a las que no se renuncia. No, según me dijeron puede que la diferencia entre “uno de los nuestros” de un impostor esté en los pies. Nunca me ha fallado. Los que saben donde se meten cuando entran a un huerto no llevan zapatos caros de los de pisar moqueta, ¿verdad?. Los pies de una persona digna siempre han de saber acompañar por donde pisan. ¿Has visto alguna vez a un marinero con zapatos de charol?¿A un arrocero con mocasines?

Pues eso, párate a pensarlo, estos días han salido de sus mullidas moquetas y se han acercado en tromba a hacerse fotos con ovejas, ellos que no sabrán distinguir una churra de una merina. Se retratan con vacas sin que les importe si es una retinta o una morucha. Se las traemos al pairo, sólo vienen a por la foto, nos mienten, mírales a los pies.

“Un viaje de mil millas empieza con un primer paso” Lao Tse

Dicen que el año empieza de verdad esta semana, ahora que las luces se apagan, dejamos de oír el soniquete de los villancicos y en el súper han retirado los polvorones es cuando toca apechugar con los resultados de estos días en los que nos hemos deseado un buen año. Son los días en los que suena el teléfono y ya no se oye “Feliz año nuevo” sino el “¿para cuando?”. Toca ponerse en marcha otra vez, vuelve la rutina.

Han pasado los días de navidades y empiezo a guardar los adornos que han invadido estos días toda la casa. De hecho me pillas guardando en cajitas las bolas del árbol de plástico “made in China”. Intento hacerlo de forma ordenada porque quizás resuena en mi cabeza la voz de mi tía cuando te llamaba para enseñarte lo que guardaba en cada caja y decía “lo guardo así porque quién sabe si seré yo la que lo saque al año que viene”. Es inevitable, me invade la tristeza, la misma que en los días pasados en los que faltaba alguien para cenar (cuando se podía) y me salta a la mente el primer año en el que fui yo el que sacó las figuritas del Belén, hasta el angelito de la anunciación me pareció que estaba triste ese año. En fín, el tiempo no deja a nadie indemne, pasa y va dejando sus surcos que al fin y a la postre es lo que nos hace ser como somos. Con nuestras luces y nuestras sombras, humanos.

Empieza un año nuevo, ahora que la rutina ha desterrado a los Reyes Magos que todavía se otean en el horizonte. Nos toca arrancar un año más que, de momento, empieza un poco más sosegado. Si te paras a pensar, seguimos con el bicho pero por lo menos ya no mata tanto y además, recuerda que el año pasado por estas fechas nos visitaba la “amiga Filomena” y unos tipos vestidos de búfalo habían asaltado el Capitolio Algo es algo, ¿no?.

Empieza todo un año por delante y como en todo, nuestra actitud va a marcarlo todo. Podemos sentarnos a “verlas venir” y ya te digo yo que te quedarás sentadito porque nadie va a dar nada en un mundo desnortado en el que nos hemos olvidado de lo obvio y continuamos abrazando versiones interesadas de la vida en las que nos venden el miedo y el terror a todos los fantasmas que quieran hacernos ver. No vaya a ser que rompamos un guion en el que lo importante es que produzcamos, aunque sea negando los efectos de la pandemia e imposibilitando la «conciliación familiar» para que el rico cada vez lo sea más y el necesitado cada vez esté más desahuciado. Escondido bajo la alfombra de las estadísticas y sometido a los designios artificiales y “milagrosos” de I.P.C.

Pero puedes levantarte de la silla. Ya va siendo hora de darse cuenta que sólo nosotros podemos escribir nuestro destino, y enfrentarnos al año con ganas de hacer algo de lo que podamos sentirnos orgullosos, por pequeño que sea porque muchas cosas pequeñas pueden cambiar el mundo. Puedes hacerlo, te dirán que no. Igual como hicieron con quién intentó algo y lo logró. Puedes fracasar, es cierto, pero nada se consigue si no se intenta nada se gana si se sale derrotado de casa. Al final, como decía Lao Tse “Un viaje de mil millas empieza con un primer paso” ¿Vas a darlo este año?

Deseos de año nuevo

Publicado: 4 enero, 2022 en actualité...

   Todos los años por estas fechas nos llenamos de buenos propósitos. Son los días “MrWonderful”, los  de las agendas con mensajes maravillosos. Esos días de los buenos propósitos, esos de las buenas intenciones que justo esta semana empezarán a ser aplazadas. Que si da pereza empezar eso de una vida menos sedentaria;  que si  ya empezaré con el régimen después de Reyes… Vamos lo de siempre. Son los días en los que andamos confundidos y no sabemos si apuntar 2021 o 2022 (no te preocupes, nos pasa a todos). Son días en los que todavía andamos hinchados de insulina navideña. Nos hemos felicitado a distancia el año nuevo y seguro que te has dado cuenta de que no hay mucha gente que augure que la pandemia acabará. Creo que el  mecanismo adaptativo que nos ha llevado hacia donde estamos en la evolución está empezando a ponerse en marcha, a ratos pienso que nos vamos acostumbrando. Si, también a esto. Igual el lapsus en las campanadas de Ramón García y su regreso a 2020 no es más que una prueba de que nuestro cerebro intenta olvidar los malos ratos para seguir adelante, ¡yo que se!

Lo que sí que he notado es que parece que hayamos entendido el significado de un gesto que repetíamos mecánicamente. Parece que estas fiestas hayamos comprendido a qué nos referíamos cuando chocábamos nuestras copas y decíamos aquello de “salud” – aunque hagan “crock crock” en lugar de “chin-chin”- . Desde siempre hemos brindado y nos hemos deseado “salud” y puede que no calculásemos la magnitud del deseo. ¿Verdad que estas navidades eso tenía otro sentido?.  Deseo que mucha gente te haya mirado a los ojos -aunque sea a distancia- y te haya deseado eso, salud. Si es así, felicidades. Si no lo es quiero que sepas que, por lo menos puedes contar con mis buenos deseos sinceros para ti y los tuyos en este año que empieza, nuevecito, a estrenar.

Salió el Sol el día 1 y no pasó nada prodigioso. Salió por el Este, se puso por el Oeste y todo eso, sin que cambiasen demasiadas cosas. La bola de fuego continuó iluminando un mundo bocarriba en el que el ruido parece inundarlo todo y en el que vamos navegando como una cáscara de nuez en mitad de una tormenta alentada por agoreros que no hacen más que alimentar terrores bíblicos, que magnifican los hechos para hacer bueno aquello de que sólo venden las malas noticias o que confunden por el simple placer de  liar la madeja. Igual ha llegado el momento de atreverse a poner en la báscula los “pros y los contra” en todo esto que estamos viviendo.  Seamos prudentes pero no nos dejemos llevar por un pánico que nos ha vuelto vulnerables y manejables, presas del miedo. Te aseguro que si nuestros antepasados no hubiesen vencido el miedo seguiríamos viviendo en los árboles saltando de rama en rama.

Ojalá este año que empieza seamos capaz de descubrir el valor incalculable de la vida que, a pesar de todo, merece ser vivida plenamente. Sin caer en el monotema que no hace más que retroalimentar el pesimismo, nos vuelve grises y nos va sumiendo en un extraño sentimiento de vacío. Espero de verdad que seamos capaces de descubrir que hay algo más allá del maldito bicho, que hay vida más allá de las noticias desesperantes y que debemos dejar hacer a la ciencia confiando en ella, pero también debemos trabajar en nosotros mismos para que cuando llegue la solución no nos pille tan bajos de moral que no la veamos. Igual mi deseo sería que levantásemos esa cabeza antes de que sea tarde, tienes 365 días por delante para caminar y hacer realidad algo que sin duda mereces y que te deseo de todo corazón, que tus pies te lleven este año por el camino que conduce a ser quien realmente eres.

Mi más sincero abrazo, Feliz año nuevo.

Bueno, ya parece que hayamos pasado las navidades un año más. Ya ha pasado el primer MatchBall de los que nos amenazan con que van a subir los contagios a lo bestia. Ya veremos, la suerte esta echada. Algunos habrán montado una cena en casa, con los de siempre y otros habrán montado grandes fastos en venganza por el año pasado cuando se pusieron restricciones y los gobiernos no escurrieron tanto el bulto pensando que así la culpa de lo que ocurra será nuestra, por cerriles. No se yo como habrá salido el asunto aunque a juzgar por lo que se veía por las calles, pinta mal. De todas formas las estadísticas nos lo dirán dentro de unos días pero bueno “a lo hecho, pecho”.

De algo que no se yo si te habrás dado cuenta es que este año la gente repartía buenos deseos de otra manera. No se a tí pero a mí la mayoría de la gente me deseaba unas felices fiestas, muy pocos han seguido con aquello de “feliz año nuevo”. Igual será porque ya hasta nos da miedo pensar en la idea de un año más como este porque ya andamos tan justitos que me parece que aquello de las uvas en la Puerta del Sol, los besos, abrazos y todo eso de la canción de Mecano nos parece otra vida. O puede que de repente todo el mundo se haya vuelto pitagórico y crea a píes juntillas aquello de «no hay dos sin tres».

Me espanta pensar que el guionista del 2022 quiera superarse. Me acuerdo de la cara que se nos quedó a todos cuando intuimos que este año sería un remake del anterior o incluso lo superaba. Yo soy de natural tirando a cobardica y ya no se si me atrevo a pensar que será de nosotros si seguimos igual porque me parece que en esta sociedad que saldría «mejor» hacemos ya más agua que el Titanic. Así que imagina si subimos la apuesta con la venida de los marcianos o un meteorito XXL. Ya veremos porque ya todo es posible.

Este año también será de los que nos va a costar olvidar, el bicho (again), los problemas de siempre que parece que van a seguir siendo los de siempre, cada vez es más evidente que no podemos pasar por alto que todo esto nos está afectando mucho a la psique y hasta un volcán. ¿Qué más ya? Pues lo dicho. El meteorito, a veces creo que si llegase muchos saldríamos corriendo a saluadarlo. Aunque también es verdad que con todo lo que hemos pasado ya sólo nos queda un camino, la remontada. 2022 suena bien. Ya veremos, pero seré prudente y visto lo visto lo verdad es que no puedo más que desearte que el año que empieza no se porte demasiado mal con nosotros.

Navidad, un año más

Publicado: 21 diciembre, 2021 en actualité...

De verdad que pensaba que este año esto de las Navidades sería distinto. Bueno, mejor dicho, igual que siempre si es que nos acordamos de como era aquello de juntarnos con los nuestros, comer, reír, contarnos como nos ha ido desde que no nos veíamos sentir esos días de alegría en los que en algunos casos reuníamos fuerzas para reunirnos con gente que el resto del año nos puede dar grima, vamos, Navidad, con todos sus tópicos pero con todo el sabor de estos días irrepetibles en todo el año. Ya iba siendo hora, personalmente, me hace mucha falta pero no se, este año tampoco será. Esperemos que el próximo no sea ya demasiado tarde.

Nos habían vendido que este año sería ya más “normal”, que la cosa se reduciría a “fichar” con el Pasaporte Covid ese que, si te paras a pensar, no sirve para mucho más que para crear una falsa sensación de estar seguro en un sitio, pero ¿De verdad lo estás por el hecho de que los que te rodean hayan sido vacunados?. Pues nos lo hemos llegado a creer. Ahora nos ha llegado la Omicrom esa del infierno y lo ha truncado todo. Mejor dicho, ha llegado la Omicrom y nos ha puesto en nuestro lugar, insensatos, nos habíamos creído que todo había acabado. Habíamos sido víctimas, otra vez más, de una política que no entiende de ciencia pero se empeña en pontificar de lo que no sabe. Habíamos sido víctimas de nuestras ganas locas de volver a ser normales, si es que alguna vez lo fuimos. Ha llegado Navidad, otro año. Nos hemos pasado un año más inmersos en una pesadilla y al final estamos igual, los hospitales empiezan a resentirse, la pandemia crece y Europa empieza a apagar sus luces navideñas aunque aquí nuestro Gobierno continúa intentando vendernos la seguridad esa medio falsa que nos da la vacuna para decirnos que evitemos las aglomeraciones. Nos dicen que evitemos NOSOTROS las aglomeraciones cuando lo suyo sería que ELLOS evitasen que se formasen. Aunque, claro, eso quedaría feo para ellos, mejor que carguemos las culpas nosotros, como siempre, por descerebrados.

Pero a pesar de todo, este año sabemos que podemos celebrar la Navidad aunque vengan torcidas (ya tenemos experiencia), será un año más. Este año ya somos veteranos y sabemos que si queremos, la ilusión siempre resucita estos días de magia. Por favor, se prudente pero deja que el espíritu navideño lo inunde todo, venga no me seas Scrooge. En tu corazón es navidad, a pesar de todo.

Felices fiestas. Espero de todo corazón que este sea el último año de abrazos a distancia, recelosos. Aunque este año sabemos que abrazarse va más allá de lo físico, nuestras almas lo saben hacer. Así es que la mía por lo menos te desea, a ti y a los tuyos, unos días inolvidables en los que te llegue el regalo de la paz y la alegría, desconecta, se tú y deja por unos momentos tu armadura en la puerta para poder recibir un cálido abrazo de mí mismo, en la distancia de esos que duran más de 20 segundos, de los sinceros, sin “bicho”, de esos que de verdad te desean lo mejor.

El poder de una imagen

Publicado: 14 diciembre, 2021 en actualité...

Si una cosa es inapelable hoy en día es el poder de una imagen, creo que aquello de “una imagen vale más que mil palabras” es verdad. Ya puedes empeñarte en describir algo, si tienes la oportunidad de enseñarlo lo mejor que puedes hacer es coger de la mano a tu interlocutor y decirle “mira, es esto”. De ahí el espeto y el aprecio que les tengo a los que se juegan el cuello para enseñarnos esa foto, esa imagen que se quedará en nuestra retina y que hará que nos hagamos una idea de lo que ocurre, sin más. Es la épica de personajes como Ricardo Macián (felicidades por el Berlanga del otro día) y ese poder de hacer que traspasemos el celuloide, el superpoder de tomarnos de la mano, llevarnos a Afganisthan y decirnos “mira, es esto”. Los admiro.

Igual puede que sea porque me gustan las fotos por lo que siempre me ha encantado mirar el National Geographic y sus fotos a todo color. Aunque seguro que si te digo que me cites una foto de ellos rápidamente te saltará a la cabeza aquella de la “niña afgana” allá por 1985, aquella belleza, aquellos ojos que nos lo decían todo a través del papel… Y si estás un poco puesto me dirás que se llama Sharbat Gula y que era una refugiada que huía, mira por donde, de lo mismo de lo que huyen tantos miles hoy en día en el mismo lugar. Puede que ahí acabe todo, como lo era en mi caso y en la gran mayoría de nosotros. Vemos la foto, se nos queda en la retina y tendemos a pensar que la cosa se reduce a eso, a una imagen estática. Que todo queda congelado en ese momento y queda impertérrito, como esperando a que volvamos a mirarla otra vez, como si el tiempo se parase en ese instante. Queremos pensar eso porque admitir que cada uno siguió su camino y que no volverá llega a doler muy adentro.

Aunque a veces, solo unas pocas, los retratados vuelven a pasar ante nuestros ojos y nos hacen replantearnos muchas cosas como si de verdad hacemos algo para que este mundo se mueva o si resulta que los estáticos somos nosotros y no las fotos. Resulta que el otro día el gobierno Italiano anunciaba que había dado refugio a Sharbat Gula, la misma niña que salió en las fotos que dieron la vuelta al mundo. La misma que lleva toda la santa vida, más de 36 años, huyendo sin que nada para ella haya cambiado. Continúa perseguida por los mismos a pesar de que el escenario se haya movido. El mundo sigue igual, nada ha cambiado pero la vida ha llenado de arrugas y de experiencia a Sharbat. Deberíamos pensar sobre ello. Sobre la niña de la portada sí. Pero también sobre otras tantas fotos que vimos y que quedaron ahí, sin pensar que fue de ellos, de sus familias, de sus sueños, de la vida que pasa mientras nosotros nos quedamos mirando.

La gran renuncia

Publicado: 30 noviembre, 2021 en actualité...

Resulta que me encontré en el rellano a Eugenia, la vecina del segundo y ya sabes como son las cosas. Preguntas cualquier cosa, casi por compromiso, algo así como ¿Cómo estás? Y mira, ella que suele ser muy reservada tenía ganas de contarme que había dejado el trabajo, sin tener nada más a la vista, que había tomado la decisión después de pensárselo muchísimo y que lejos de sentirse mal, se sentía como si se hubiese quitado un saco de plomo de encima, se había liberado.

Me dejó un poco perplejo la verdad. Por una parte, uno no tiene el valor suficiente para tirarse al monte. Más que nada porque por aquí lo del empleo está justillo y porque tropezamos con lo de siempre, tenemos el feo hábito de comer y las facturas no se pagan solas pero; ¿Verdad que después del encierro, el teletrabajo, el miedo de la pandemia y todo lo que hemos vivido las cosas se ven distintas? Personalmente he de admitir a mí también me llegó un momento en el que algo hizo click en ese cabezón que tengo y empecé a replantearme ciertas cosas. Como Jacinto, transportista de los de toda la vida, que un día sentado ante un café en la barra levantó la cabeza y soltó, sin más, “¿Si cuando el mundo se acababa nuestro trabajo era tan “esencial” cómo es que ahora se nos ha olvidado totalmente y se nos trata tan mal?¿Cómo es que ahora que toca hacernos creer que las cosas van siendo “normales” estamos peor que antes?” Si alguna vez te has hecho estas preguntas y te has sentido estafado no creas que eres un bicho raro. Cada vez somos más los que nos sentimos así y pensamos que ya les vale, que eso de pagar por lo de la manzana de Adán y Eva (ya sabes, ganarás el pan con el sudor de tu frente y todo eso) debería haber prescrito ya y porque ya son demasiados los se dedican a la neoesclavitud, sin caretas ni disfraces y convencidos de su versión de ganar el pan con el sudor de SU frente (la nuestra).

Deberían darse cuenta de que la salud emocional de los empleados es importante. No somos lo mismo, cada vez más y más personas descubren que han salido tocadas de los días duros que hemos vivido. Nos alteramos sin motivo, no dormimos, nos sentimos tristes y desgraciados y el sentimiento de querer romper con todo es generalizado (¿Exagerado? En un país donde la principal causa de muerte juvenil es el suicidio no estamos como para ir jugando). El disgusto es tan generalizado que el otro día leí que en USA, sólo en el mes de septiembre, 4’4 millones de personas han dejado su trabajo voluntariamente. Un día, por la mañana sonó el despertador y le dieron un leñazo enorme “Boom” y nunca más volvió a sonar. Como Eugenia, decidieron romper con todo y buscar una nueva vida. Se llama “la gran renuncia” y no, no es una moda snob ni unas ganas desesperadas por no pegar un palo al agua. Es simplemente, la respuesta a un sistema que oprime sin parar, que exige cuando quiere pero no premia cuando debe. Un sistema que ha de cambiar, empezó en USA, pero ya se va viendo en Alemania y en otros países europeos.

No tardará a llegar aquí, donde los empreosaurios no sospechan que un empleado motivado rinde mucho más, donde la empatía con el subordinado suele tender a cero, donde lejos de poner un futbolín para que los empleados se relajen se sigue pensando en que la producción consiste en hacer “currar” horas y horas tomando a las personas como trastos de usar y tirar. Llegará, y cuando empiecen a ser miles los que envíen a tomar viento a sus jefes insensibles veremos como puede el sistema hacer frente a esto.

Meritocracia

Publicado: 23 noviembre, 2021 en actualité...

Hay que ver, últimamente cuando una palabra se pone de moda parece que hay que usarla para todo. Estos días no tengo yo claro si será cosa del algoritmo de Google que controla el mundo o si es casualidad pero le ha tocado el turno a “Meritocracia”, todos, absolutamente todos la sacan a cuento venga o no a colación, aunque nos intenten con ella vender una mentira como un piano de cola aunque intenten justificarse porque claro, en principio lo de hacer méritos para conseguir algo es lo que debiera ser pero, claro, ¿Quién pone el baremo de los méritos? ¿Llegamos todos a poder conseguirlos? Si quieres te cuento una historieta (prometo no ser muy plomo)

Verás, Hará unos cuarenta años había un jovenzuelo al que “le gustan mucho los libros”, decía don Javier, el maestro de la aldea donde vivía. Era una aldea pequeña y su familia estaba al cargo de un rebaño de cabras, del que vivían (más bien malvivian) pero bueno, se apañaban. Resulta que el mozo tenía que dedicarse al pluriempleo porque en su casa se había de partir uno el espinazo si se quería tener un plato caliente en la mesa. Se levantaba más temprano que el resto, repartía el pienso en los comederos y salía corriendo al colegio, llegaba agotado. Después, cuando ya tocaba acercarse al instituto de la ciudad las cosas empezaron a torcerse. No podía acudir a clase pero se las apañaban como podía. Hasta que un día su padre enfermó y se hizo cargo de las cabras, a duras penas se sacó el bachillerato.

Por aquella época creció otro zagal, de ciudad, en el barrio de Salamanca para más señas. Acudió a los dominicos donde no se sacaba ni gimnasia, pero bueno, dicen las malas lenguas que siempre aparecía su apellido compuesto para solucionarlo. Creció y no hacía más que salir de fiesta y al final, cuando las cosas cayeron por su propio peso, “le dieron” el mismo título de bachillerato que al de antes pero su papá lo puso de oficinista en la empresa que pertenecía a la familia desde su fundación. Ahora es subdirector.

Cuando oigo eso de la meritocracia es que me salta una sonrisa inevitable. Si, es genial eso de que si te esfuerzas, si consigues, llegas a ser algo en esta vida. Es maravilloso eso de que el mérito puede ser un ascensor en esta sociedad. Pero, ¿Te has parado a pensar que hay gente que coge ese ascensor en el tercer sótano y otros que se suben en el segundo piso? ¿Has pensado quiénes ponen el baremo? Me explico. Hay gente que no, que no tiene contactos por muchas vueltas que le des y otras que digamos no parten de la casilla de salida porque ya llevan unas cuantas leguas de ventaja. Dale las vueltas que quieras pero en esta sociedad, por mucho que se empeñen en disfrazarlo los señoritos, no es lo mismo el hijo de un jornalero que se gana la vida día a día que el hijo de un apellido de relumbrón, compuesto a ser posible. ¿Qué no es cierto? Pues no tienes más que ver como hoy en día, en pleno siglo XXI todavía se repiten los mismos apellidos en muchos campos que en el XX o si me apuras que en el XIX.

Me parece que cuando el otro día los señores del diccionario hablaban de meritocracia – con sus apellidos de hidalgo de rancio abolengo, pinta repipi y ese tono autoritario- lo hacían porque igual habían aprendido la palabra esa misma mañana. Aunque mejor pensado y conociendo el percal, seguro que lo que buscaban era que nos creyésemos eso de que se esfuerzan tantísimo para conseguir las cosas y así que pasemos por alto que como es su casta la que puso las reglas, tienen las llaves. Y ya sea dicho de paso, hacernos quedar a la plebe como unos maltrabaja. En su idea de la meritocracia les falta una pieza para que todo encaje y es que no añaden a esta ecuación el principio de equidad ese que decía que no se puede tratar igual a los diferentes (si, ya estamos con Aristóteles) ¿De verdad el mérito se puede medir en función de los resultados si en una carrera un caballo sale 200 metros delante del otro y además al segundo le van embarrando la pista?