El Estallido

Publicado: 8 noviembre, 2022 en actualité...
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Cuentan en los libros de historia algo parecido a que un buen día hartos de aguatar el ver como unos no tenían con que alimentar a la prole mientras otros vivían en la opulencia y el fasto. Los desarrapados marcharon hasta donde los monarcas y la liaron tan gorda como que acabaron las cabezas de los de las coronas en unos canastos de mimbre. También cuentan que allá en Rusia, donde hacía frío, llegó alguien y reunió a los mismos, a los que estaban pasándolas canutas, y acabaron “calentando” a los zares… y así podemos encontrar innumerables aventurillas en las que a las gentes se les hincharon las narices y se hartaron de vivir en este valle de lágrimas mientras otros empalmaban fiestas y más fiestas en su cara. Puede que en un país en el que trabajar de sol a sol no te asegura nada y en el que según Cáritas seis millones de familias -el 31,5 % de los hogares en España- no cuentan con un presupuesto que garantice unas condiciones de vida dignas esa música debiera sonarnos pero no, aquí no sucede nada, todos continuamos creyendo esa falacia de que la pobreza no nos alcanzará porque somos «clase media» y hacemos bueno aquello de nuestros antepasados cuando volvió FernandoVII, desengancharon los caballos y se pusieron a gritar «que vivan las cadenas». Nada, barbaridades que se le pasan a uno por este cerebro medio enfermo que llevo puesto dentro del cráneo.
Ya no sé qué pensar, pero a veces me salta a la cabeza Antonio Machado cuando decía aquello de “Nuestro español bosteza. ¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío? Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?” Pienso si no tendrá todavía razón y se me hiela la sangre. Quizá sea que andamos todos un poco atrofiadillos o puede que, por suerte, nos hayamos civilizado un poco y ya no nos atrae tanto el tema de hacer rodar cabezas. No lo se, pero cuando sale el tema Paco, en el café, siempre dice lo mismo; “A nuestros abuelos esto no se atrevían a hacérselo” ¿Tendrá razón? Seguramente. Ellos la hubiesen liado parda, pardísima.  en una «discusión» de esas que intenta ningunear  un tal Feijoo con la solemne barbaridad de dejar una guerra civil con miles de muertos y una sangrienta dictadura de 40 años en una mera “discusión de los abuelos” Debiera salir alguien de su partido a explicarle un poco de SU propia historia y de paso contarle que lo de banalizar la historia, reducirla al absurdo para que «pasemos del tema» es una táctica tan vieja que no cuela y encima ofende a propios y extraños.
¿Qué nos sucede? Igual estamos un poco idiotizados, saturados, mega DESinformados, como distraídos en miles de noticias cada una más horripilante que la anterior, inmersos en la vorágine, en las sandeces de gentes como Ayuso y sus “ayusadas”, en las previsiones que hacen los ricos y los perpetuos anuncios del fin del mundo, demoledores, de los que dicen que nos van a sacar de una debacle financiera que está por llegar.  Ruido, nada más que ruido que nos impide pensar, como cuando alguien está toda la tarde tocando los platillos a nuestro lado.
Puede que se trate de eso, de crear ruido, mucho ruido para que nos estemos quietecitos, para que no nos acerquemos a su palacio, para que no molestemos y que no tengan que enviarnos a “comer pasteles” como cuentan que dijo María Antonieta. Estruendo atronador para mantenernos en este estado de acogotamiento en el que parecemos inmersos. Igual no saben que al final, con tanto ruido, nos volveremos sordos y entonces esto desembocará en una revuelta de los que cada vez andamos más hartos de ver como no podemos salir de la miseria de manera digna y el asunto acabará como y cuando acabe. Espero que entonces sepamos reconducir esto como hemos aprendido, sin tener que verter sangre, sin que lleguemos al estallido social. ¿Sabes? Hoy soy pesimista, creo que nos acercamos al punto de no retorno como los lemmings al acantilado, con demasiada osadía, con imprudencia, con alegría incluso después pasan cosas y nos dicen que no podían preverse o que la culpa es nuestra, por quejarnos por encima de nuestras posibilidades o algo así. Sólo falta que aparezca algún iluminando vestido de mesías, que hipnotice a las masas y que desencadene el desastre, el terreno parece abonado ¿No lo huelen en el ambiente nuestros políticos? ¿No perciben nada cuando ven que cada vez está tomando más fuerza la ultraderecha más rancia? ¿No hemos aprendido nada? Si al final hay veces que llego a pensar si no sería un tanto profético Marty McFly, en “Regreso al futuro II” cuando le dice a Doc aquello de “¿Qué pasa, Doc?¿En el futuro nos volvemos gilipollas?” Espero que no

La verdad es que llevo ya un tiempo un tanto desconcertado. Despistado, desnortado y paralizado como un gato iluminado por los faros de un coche en mitad de una noche sin estrellas. Se me nota, lo sé, hasta en el café Paco me dice que me encuentra un tanto raro, como bajo de ritmo y puede que eso sea exactamente lo que ocurre. Paco es una persona de esas que te cala de una sola mirada, le funciona hasta con los melones, Los mira y dice “este está maduro”. Nunca falla el buen hombre.
Si, tiene razón, esta vez mucho me temo que si lo que querían era bloquearnos, lo están consiguiendo a base de inundarnos con multitud de opciones que siempre acaban en algo parecido al fin del mundo. Cada cual más intrincada que la anterior ya ni sabemos si el meteorito devastador llegará del cielo, la cuestión es llevarnos al límite. ¡Os juro que llevo semanas queriendo escribir un post sobe algo y cuando parece que tenga hilada la idea… ZASCA! Te meten un golpe distinto, donde menos te lo esperas que te deja fuera de juego, y te hace olvidar lo que estabas contando. Ya te digo, noqueado y esa sensación de saber que escribes algo que ya no importa frustra, y mucho. Tanto como para llegar a pensar, muy en serio en tirar la persiana y abandonar esta choza y lo que resulta curioso es que he hablado con gente que también se sube a un cajón de naranjas en mitad de la plaza para vociferar un rato y están igual que yo, uno de ellos me dijo “Puede que esta vez nos estén logrando callar”. Espero que no pero lo que si que es verdad es que nos han acostumbrado a triturar contenido y olvidarlo a una velocidad pasmosa, sin poder llegar a asimilarlo, cerrando todo en falso.
Noqueados. Esa puede que sea la palabra, nos llevan noqueados, con una guerra medieval sin sentido en pleno SXXI que ya va por ocho interminables meses – y nos decían que sería una simple y lamentable escaramuza- que ya nos está haciendo tambalear los cimientos de una sociedad rota que andaba un tanto regulinchis después de la del COVID, del que parece que nadie se acuerde ya. Si conseguimos vislumbrar más allá de la guerra que lo invade todo (o por lo menos que sirve como excusa para todo) descubrimos que en este siglo de marras, ya pesar de que creamos que estamos mejor, nuestras mujeres continúan teniendo que recurrir al valor y la épica – a la que, por desgracia están acostumbradas después de tantos siglos de mordaza- , para que las traten como a seres humanos, me refiero a Irak y los velos, seguro que sabes que aquello continúa, que siguen “desapareciendo” mujeres pero que, como aquí ya “les ha pasado el turno” de los informativos ya parece que ni existan pero no solo allí, aquí, en este país, en tu barrio o en tu propia escalera existe una mujer que calla sus tormentos y que puede acabar siendo la próxima en esa lista de la infamia que no somos capaces de parar.
Nos ha tocado vivir un tiempo descentrado, tanto como que en Gran Bretaña hasta una lechuga es contrincante de una primera ministra, y encima le gana. Un tiempo que gira de un manera demasiado acelerada y loca como para que podamos realmente tener tiempo de pensar si lo que dicen que es la crisis abismal esa que pregonan los de siempre no será más que otra entrega del timo sin paliativos que fue la anterior pero que está consiguiendo que nos volvamos un tanto irracionales y nos larguemos con el primer extremista que nos prometa un poco de pan para comer porque hasta eso vemos ya peligrar. Después dicen que la gente está descerebrada y vota a Meloni. Curioso que cada vez sean más los descerebrados en lugares muy distintos, ¿Verdad? ¿No será que con esta aceleración y esa riada de “apocalipsis a la carta” que nos venden todos los días pretenden justamente eso, llevarnos a la desesperación e impedir que pensemos un poco? ¿No será que cada vez más y más personas se ven fuera del sistema y se convierten en outsiders que creerán a quién sea a cambio de un poco de esperanza? No lo sé, llámame conspiranoico pero lo están consiguiendo, nos están llevando derechitos al mismo punto que a finales del primer cuarto del siglo pasado ¿y sabes una cosa? Eso sí que asusta, mucho.

Mis moreras (2.0)

Publicado: 18 octubre, 2022 en actualité...

Otoño siempre ha sido el tiempo del retorno. De la vuelta a la rutina, la vuelta a casa y el retorno a la normalidad, si es que eso puede significar algo en un tiempo en el que no sabemos si mañana nos va a quedar planeta o cualquier loco desnortado nos lo habrá borrado del mapa estelar.

Llega septiembre, los días se acortan, los labradores se afanan en cosechar el arroz antes de que lleguen las lluvias, difícil este año, llevamos retraso y el cielo amenazante parece que va a descargar de un momento a otro. Hasta las nubes no son lo que eran, en otros tiempos sabíamos que si el viento venía de levante la lluvia estaba servida, ahora ni con los avisos de Aemet que se van sucediendo, podemos asegurar nada. Antes, cuentan los viejos, el pueblo se llenaba de “oncles”, personas venidas de todas partes para cosechar a mano, contra reloj, llenaban las calles y las plazas de caras y acentos desconocidos. Ya no vienen, los sustituyeron por esas enormes máquinas capaces de engullir hanegadas y hanegadas de cereal. También entonces cambiaron los otoños. Aunque lo que no cambió es el que la llegada de otoño significaba la vuelta a la vida interior, esa vida que con el buen tiempo sacábamos a la calle y que con el recorte de la luz del Sol vuelve a encerrase en casa esperando tiempos mejores. Como los mueblecillos de las terrazas.

Yo tengo un calendario un poco peculiar. Las moreras del camino del cemeterio. Ellas me indican cuando toca salir a la calle, cuando verdean, y cuando es tiempo de empezar a recoger los trastos de verano. Son los días en los que cambian su verde intenso por un marrón amarillento, introspectivo. Es cuando sus hojas empiezan a caer y nos advierten de que ya ha llegado el tiempo de los días cortos, de la maravillosa melancolía a la que, en el fondo, a todos nos gusta entregarnos de vez en cuando. La necesitamos para reorientarnos. Es importante… Te voy a contar un secreto ¿Has probado a escuchar la lluvia con el coche parado ante las moreras marrones? Y si ya le pones algo de Chopin ha de ser algo parecido al Nirvana ese que nos cuentan.

Mis árboles amigos son listos, tan listos como que se han solidarizado con los días extraños estos que vivimos. Lo saben. Algunas de mis moreras han perdido su color mientras otras permanecen verdes, confusas, igual que los tiempos que vivimos. Me cuenta un amigo que eso es cosa del cambio climático pero yo prefiero pensar que andan liadas con nuestros trasiegos y no alcanzan a entender el ansia que tenemos en autodestruirnos como especie. El problema es que el calendario es inapelable y dentro de nada tendrán que acicalarse para vernos pasar, como todos los años, cargados de flores a visitar a nuestros seres queridos al final del camino, entonces disimularán, harán como que todo está en orden, como si no fuese con ellas, pero estarán disimulando, estoy seguro.

Este año dicen que pintan bastos, puede que no haya flores para los que ya no están, son demasiados ya y no poderemos permitirnolos. Nos tocará ser fuertes de nuevo y poner la esperanza en mis moreras, en que ellas sean capaces de ganar la partida al calendario, de hacer llegar a los nuestros aquello de que a pesar de todo no los olvidamos y conseguir contagiarnos algo de su paz.

Pagando impuestos y croissants

Publicado: 4 octubre, 2022 en actualité...

El otro día me encontré a Paco en el café, esta tan contento que estaba a punto de pagarse una ronda de croissants. Decía que con lo que se ahorraría en el IRPF y el Patrimonio le daba como para pagar una comilona a los parroquianos, supongo que algo de fantasmería habría en la frase porque no creo que su pensión de jubilado de Telefónica le dé para tanto. Bueno, tampoco le he contado los dineros que pueda tener en el banco.

Supongo que notaría algo raro en el careto que le puse porque se acercó preguntando que pensaba yo de las rebajas generalizadas estas tipo ofertas de “black Friday” con que nos obsequian en los impuestos casi todas las Comunidades autónomas. Ya le dije que se nota que se acercan elecciones porque hay que vender la carne como sea pero jugar con los impuestos es peligroso si no te quieres encontrar con que vas al médico y no existe ni el ambulatorio. Alguien tendrá que pagarle.. ¿No crees?

Por eso habrá que pagar impuestos, aunque te duela, si no ay que pagar impuestos. No solo porque es una obligación legal, sino quieres verlo como una necesidad cívica hazlo porque el fisco te obliga. El dinero que se recauda a base de impuestos se supone es lo que mantiene los servicios que recibimos, todos, hasta los más básicos (se supone porque, claro, negar la existencia de manos largas sería de tontos). Sin impuestos, no tendrías médicos, escuelas, carreteras ni nada parecido a ayudas a los más necesitados. Piénsalo, solo podrían sobrevivir los que pudiesen pagárselo todo y oye, mucho me temo que casi nadie de nosotros estaríamos en esa lista.

A mí mi padre siempre me dijo que quería pagar más IRPF, no lo entendía hasta que me dí cuenta que si yo pago más impuestos, siempre y cuanto sea proporcionado y se cumpla lo de la función redistrubutiva de la renta, es porque me va bien y entonces debo contribuir a ayudar a los que no llegan. Es justo, pero sobre todo es humano y decente, en ese saco debiéramos estar todos, sería señal de que todos trabajamos, utópico que es uno. Otra cosa es el Impuesto de Patrimonio (que no es lo mismo aunque lo metan los de la Junta de Andalucía en un pack) en este caso uno paga por lo que ya tiene, no por lo que gana currando “Pagar según nuestras posibilidades y recibir según nuestras necesidades”. Es lo que viene a ser el carácter redistributivo de la fiscalidad.

¿Verdad que resulta fácil? Pues oye, mi amigo Paco no me quiso entender y continuó pagando croissants hasta que le hice una pregunta muy sencilla ¿Cómo van a sustituir todos los políticos- Papá Noel que nos han salido de la chistera los ingresos perdidos?¿Qué pretenden con ello?¿No están diciéndonos que nos vamos de cabeza a la ruina caracolera?Si nos vamos de cabeza a la quiebra,¿no deberíamos ahorrar un poco? Entonces se giró con la cara blanca, guardó la cartera y se sentó en la mesita del fondo.

Desesperados con Meloni

Publicado: 27 septiembre, 2022 en actualité...

El lunes por la mañana nos desayunamos con una de esas noticias que hacen que se te agrie la leche del café. Hasta los cereales parecían amargos. Los resultados en Italia nos llevaban a dar adentrarnos un poco más hasta el cuello en esta ciénaga inmunda en la que estamos metidos. Si es que, hijo mío, entre Putin, “los mercados”, que ya no podemos ni comprar comida decente, desastres varios y ahora esto de verdad que ya va apeteciendo que el cohete ese de la Nasa desvíe el asteroide de tal manera que nos acabe cayendo en toda la cocorota.
Vale, la extrema derecha se ha adueñado de Italia (bueno, digamos las cosas por su nombre, el fascismo ha vuelto a Italia) y veremos como salimos de esta en una Europa desquebrajada que parece paralizada como un gato de escayola mientras se nos va hundiendo el barco. Ha llegado ‘ la Meloni” pero también como ha llegado ya a otros países de Europa, cada vez con más fuerza Hungría, Suecia… y no vayas a pensar que por España somos inmunes que a este paso va a ser cuestión de tiempo el que nos camelen también. Pero claro, con el recuerdo de Mussolini, lo de Italia parece más grave. Algo peligroso está ocurriendo. ¿Verdad que queda raro que los italianos hayan decidido descolgar al Duce de la gasolinera de Milán? Tenemos un serio problema y mirar hacia otro lado haciendo ver que no existe no va a solucionar nada, a los monstruos hay que combatirlos antes de que crezcan demasiado y se nos zampen.

Lo que parece ridículo es que ahora todo el mundo vaya rasgandose ahora las vestiduras al ver a Meloni sonriente por haberse llevado el gato al agua. Ella, que vino a hacer un cameo con VOX con su discurso equivoco, trasnochado y lleno de bilis. Pero de sorprendente tenía poco, no creas lo que te van diciendo por los medios de comunicación, igual son ellos los que la han aupado allí. Te dirán, otra vez, que en Italia no saben votar o que nosotros, el vulgo, somos unos inconscientes porque, claro, la culpa siempre es de los otros. Nada de eso, nos condicionan a hacerlo. Me explico, si los medios de comunicación se pasan el día dando altavoz a los que pregonan la barbarie, al final la cosa va calando como la gotita de agua que acaba perforando la piedra. Si un vocero suelta una barbaridad queda en eso, en una sandez, pero si después la repiten muchos y algunos pseudo-intelectuales la venden bien envuelta y con lacitos acaba colando. Si es que ya lo decía Goebbels “una mentira repetida mil veces acaba siendo verdad”. Además, si te paras a pensar que la inmensa mayoría de los medios están en manos de unos pocos y que tampoco es que los públicos presenten mucha batalla… ya me dirás tú quien puede formarse una opinión imparcial.


Pero ni siquiera eso sería lo más grave. Párate a pensar porqué la gente se vuelve loca y vota fascista, aunque en el fondo sabe que es como tirarse piedras a la cabeza uno mismo, es como ser clavo y votar al martillo. Si, exactamente, estamos ya muy cerquita de repetir el escenario de cuando subieron los totalitarismos del siglo XX, faltos de ilusión, desesperados y sin demasiada perspectiva de mejora. Necesitamos esperanza, necesitamos creer en que prosperar es posible y que el esfuerzo vale la pena, que viviremos mejor. Y en lugar de eso se pasan los días taladrándonos y diciéndonos que vamos a acabar peor que en el gulag, que viene la madre de todas las crisis y que el mundo va a explotar de un momento a otro por obra y arte de un loco con ansias de grandeza. Todo eso mientras vemos que solo los ricos ven que les bajan los impuestos, justo ahora que debiéramos tener más claro que nunca lo de la función distributiva de los impuestos para que el que más tenga contribuya un poco más, equitativamente, para que nadie se ahogue. No es comunismo bolivariano, es justicia y empatía.


Nos minan la moral para evitar decir que están desbordados, para no tener que admitir la derrota del que no ha hecho nada. El discurso del derrotismo ha calado bien, sobre todo entre la gente joven que intenta trabajar pero no le llega para tener un proyecto de vida y que encima sabe que tampoco va a tener una vejez digna. Puede que no sea verdad, pero ese es el discurso que nos ha llegado y las consecuencias son claras. ¿Cómo quieren ahora que no se marchen ahora las masas con los cantos de sirena? ¿Realmente tiene la culpa el que votó desesperado o los que lo llevaron a ese estado? ¿Quién es culpable, el que se suicida o los que lo inducen?

Ociosos

Publicado: 6 septiembre, 2022 en actualité...

Me parece que ya empieza a sonar Amaral con aquello de “No quedan días de verano” o hasta si me apuras el Dúo Dinámico con “El final del verano”… Resignación. Los días ya van acortando, vamos abandonando el paseo marítimo y poco a poco la rutina irá llenando los días. En unas semanas este verano pasará a engordar la lista de recuerdos. Espero de todo corazón que sean unos buenos recuerdos, imborrables. Yo por lo menos lo he intentado, aunque, más a menudo de lo que quisiera me ha tocado volver a pensar en los asuntillos porque, claro, estamos de vacaciones pero no acabamos de desconectar. ¿Verdad?

Pues mira, igual vamos a poder tener más tiempo libre para no acabar de desconectar nunca. Según se va leyendo por ahí va cuajando la idea de recortar la jornada laboral o incluso acortar la semana (permíteme que lo dude). Así, de buenas, la idea puede resultar genial pero si te paras a mirar un poquitín desconfiarás como muchos. Quieren que trabajemos menos para que produzcamos más. No se trata de preocuparse por nuestra salud o intentar que nuestras familias parezcan eso, una familia o de que llevemos una existencia un poco más humana. Sólo pretenden que les engordemos más la producción para que así, ya dicho sea de paso, aceleremos el sistema perverso que nos da dinero a cambio de nuestro tiempo de vida. Si te paras a pensar no estamos haciendo más que entregar horas y horas de nuestra existencia en una rueda de consumo, muchas veces inútil, que se retroalimenta y que hace que cambiemos algo volátil y artificial como “el parné” por algo irremplaçable como es nuestro tiempo de vida. Hay que ver como me ha dado el sol en la cocorota, ¿verdad?

Volviendo a lo de reducir la jornada para tener más tiempo. Tal y como lo venden es como si les debiéramos algo, como si nos “concedieran” momentos libres en NUESTRA propia vida. ¿De verdad hemos llegado a un punto en el que nuestros momentos de descanso han de ser concedidos por otros? Igual eso nos pasa porque no llegamos a entender en que el ocio no consiste en no ir al trabajo, en que es algo necesario para nuestro equilibrio mental, que ya anda tocadito, en que es un valor preciado en sí mismo.

Cada vez tenemos menos tiempo libre y el que tenemos anda contaminado y lastrado. Si es lo que estás pensando, la tecnología tiene bastante que ver, todo el día acariciando pantallitas, pero también el que estamos tan acostumbrados a hacer setecientas cosas al mismo tiempo que trasladamos eso a nuestro tiempo libre y nos sentimos culpables si no “hacemos algo”. No cabe en nuestras cabecitas postmodernas que igual el tiempo no se gasta sino que se pasa y nadie nos enseña nunca a apreciar el placer ese que encierra el hacer “nada”, sentarse a mirar las musarañas mientras cae la tarde y damos un poco de paz al cerebro. ¿Te acuerdas?

Empezamos temporada, la décima. ¿Quién lo diría? ¿Seguimos adelante?

Con la mollera fundida

Publicado: 2 agosto, 2022 en actualité...

Una cosa, ¿verdad que estos días están resultando un tanto pesaditos? No se si será que ya llevo más de un año sin vacaciones, que ando acelerado como el Hacón Milenario después de que apretasen el botoncito de hiperespacio o por el calor este que hace que hasta las teclas del ordenador parezcan de chicle pegajoso pero ando con el cerebelo derretido – más aún- como los relojes de Dalí.

Vale, estamos en verano y hace calor pero oiga, lo de este año es algo así como si se hubiesen dejado el horno de las pizzas encendido. Hasta los turistas que se amontonan en la playa se quejan de que el agua del mar está caliente como un Sopistant, a lo que los aborígenes respondemos asintiendo y diciendo que ya vendrá el Otoño y pediremos ayuda a Noé para que venga a rescatarnos. No falla, si el agua del mediterraneo está demasiado caliente, al acabar el verano nos llegan las gotas frías y nos ahogamos. Seguro que será así, cada vez es peor a pesar de que los negacionistas se empeñen en decir que siempre ha llovido en Octubre, razón no les falta pero eso de acabar yendo a comprar al súper con el agua por la cintura muy normal no es. Ya verás, ya… yo, por si acaso, voy hinchando la barquita.

Ya ves, es un hecho probado, ando con el cerebelo un tanto fundido de hace tiempo. Igual ha llegado el momento de tirar la persiana, un año más, de cerrar la temporada (y ya van DIEZ años lo que llevas soportándome) y descansar un poco. Recargar las pilas, desconectar, dar un mazazo a la radio que siempre me acompaña y alejarme un poco del mundanal ruido como San Juan de la Cruz, por pura salud mental porque la mollera ya no rinde.

Si te apetece, nos veremos en Septiembre, espero que con energías renovadas y con alguna novedad porque, oye, ¡diez años no los cumple cualquier blog! Te espero, te espero con alegría, os espero a todos. No pasaré lista pero de verdad que me alegraría saber que nos reunimos todos de nuevo en este viejo café. Ya sabes, en la mesa del fondo, la que tiene la luz fundida. Muchas gracias, un año más por acompañarme.

Cuídate, disfruta, desconecta del ruido y recupera los lazos contigo mismo y con los tuyos. Lo necesitamos todos.

BUEN VERANO!

 
 

¿Te has parado a pensar en que nos han abandonado en un mundo que gira cada vez a más y más velocidad? Antes, cuando los periódicos eran de papel, estos días notábamos como reducían su grosor y se transformaban en verdaderos panfletos con un par de hojitas. Eran los días de las “serpientes de verano”, noticias que se repetían cíclicamente y que servían para entretenernos y vender papel porque, aunque más de media redacción se largaba de vacaciones, seguimos teniendo el mal hábito de comer todos los días y los anuncios necesitaban un papel donde imprimirse. Ahora ya ni eso, no hay piedad. Vamos de una guerra a un incendio pasando por la emergencia sanitaria de la viruela del mono a unas velocidades propias de la Enterprise en Star Trek.  

Está visto que eso de la calma veraniega era antes, porque ahora el ritmo no afloja en ningún lugar. Es más nos continúan apretando el acelerador. Parece que vivamos en plena competición de Fórmula 1 en la que cada décima cuenta, pero cuenta ¿para quién? -No será para los que vivimos al límite -.  Igual que no baja el ritmo en las redacciones donde corren para contarnos las barbaridades que salen del cerebro de un consejero que culpa a los ecologistas de los incendios, tampoco lo hace la exigencia en el puesto de trabajo, en ninguno de ellos, aunque la presión lleve a la muerte por golpes de calor del currante. Parece que este año los días calurosos y “pastosos” del verano no lleguen con las siestas, los días amables, las terrazas ni nada que se le parezca. Seguimos igual, con una extraña impresión de andar desesperados, agotados, agobiados y con esa sensación, más que real, de que parece que trabajemos más que antes pero no llegamos a nada mientras no hacen más que anunciarnos nuevos desastres para este invierno – ¿verdad que no son manías mías? -. Es como si no hubiese verano. 

Y es que es todo así, nos hemos instalado en la prisa, en el “corre-corre” interminable que nos hace consumir y olvidar, cada vez más rápido, como si se tratase de una hamburguesa de cualquier franquicia. Se ha reducido todo a eso, miramos, nos impresionamos, olvidamos… en un ciclo cada vez más rápido, cada vez más exagerado y más efectivo para que acabemos tragando con cualquier cosa y que no nos dé tiempo a darnos cuenta de que aquí los sacrificios siempre acabamos haciéndolos los mismos. Te cuento un ejemplo; Me he dado cuenta más que nada en una tragedia que sigo bastante de cerca. ¿Te acuerdas de la guerra de Ucrania? Antes se hablaba hasta en la sopa pero, poco a poco, se va diluyendo entre todas las noticias y sandeces que van aconteciendo y así, como nos tienen acostumbrados al “fast food”, nos olvidamos. Si, nos olvidamos de que los tiros continúan y de que puede que las cosas no vayan como nos dijeron. Algunas cosas, como las guerras, se hacen para que duren y que poco a poco se vayan perdiendo entre el maremágnum del día a día para que acaben siendo un recuadro perdido y dejen de importar. Es entonces cuando empezará el negocio y descubriremos, de vez en cuando, que los muertos siguen muriendo, el dolor sigue vivo y no va reduciéndose como el tamaño de las letras. 

Sombrillas anodinas

Publicado: 19 julio, 2022 en actualité...

El otro día andaba suelto por el paseo marítimo y me dio por fijarme en los habitantes de las sombrillas. Había gente de todo tipo y claro, uno empieza a pensar en cómo serán sus vidas, qué harán en su estado normal, si tendrán familia, si habrán hipotecado un riñón para estar ahí, asándose al sol o refugiados bajo la escasa sombra de esos parasoles nuevecitos a estrenar, no vaya a ser que pensemos que no les da para mucho. Porque, oye, en eso de las sombrillas también hay mucho postureo, las modas cambian y mucho. Si el año pasado se llevaban topos, este año rayas.. y así como todo. Parece mentira pero las sombrillas dicen mucho de los que las usan. Cuando llegas a la playa reduces todo tu mundo a lo que cabe bajo la sombra de ese paraguas gigante, hay quien es un verdadero experto, hay quien enseña todas sus posesiones en dos metros cuadrados en un alarde exhibicionista de poderío y otros, recatados, que plantan el mástil y no llegan ni a abrirlas, algún experto podría escribir un tratado al respecto, ahí lo dejo. Menos mal que de vez en cuando ves una sobrilla con solera que te recuerda donde estás, ayer me encontré una de una marca de helados que hace unos veinte años que desapareció. Me dieron ganas de bajar a la playa, aplaudir a su usuario y postrarme en dos. Ya te digo, toda una declaración de intenciones en mitad de un mar de sombrillas y toallas anodinas.
Pero había otra cosa que si que se repetía en todos los casos. La gente no miraba a su alrededor, nadie ponía esa música horrorosa porque ese es otro detalle que hace saltar las alarmas, hace varios años que no padecemos «la canción del verano» esa machacona que acaba metiéndose en tu cerebro a base de repetición y decibelios. En la playa todo el mundo repetía los mismos gestos, todo quisque se mantenía centrado en la pantallita del móvil, todos hacían la misma foto de sus pies bronceados y la colgaba en Instagram porque en este mundo en el que nunca hemos estado más conectados, jamás hemos estado tan solos. Necesitamos contar al mundo donde estamos y que lo estamos pasando en grande. Pero, ¿de verdad es eso? ¿No será que necesitamos ocultar nuestra realidad y seguir el guion establecido en el que se nos obliga a aparentar ser felices para que no nos caiga un “unfollow”? Párete a pensarlo. Puede que hayamos caído en la desgracia de estar viviendo una vida “para los otros” y olvidando nuestra propia existencia. Puede que en esta sociedad hiperconectada en el que todo está a golpe de click vivamos para contarlo pero no para vivirlo. Muy práctico pero que nos cuesta un riñón, el precio es nuestra propia existencia, en vaciarla de contenido, en ser un mero escaparate de una tienda. En ser como los edificios esos que sólo son fachadas de madera de las películas antiguas. Nada es gratis.
Todo recuerda demasiado a Orwell y su Neolengua en la que otros son los que juzgan y dan significado a lo que dices. Al final no hacía falta llegar a tanto para controlarlo todo, bastaba con crear las Redes Sociales y controlarlas para distorsionar nuestra realidad y hacernos creer lo que sea, somos fotógrafos en Instagram, expertos en Twitter… lo creemos y vivimos pendientes de los otros. Al borde de la frustración en un mundo en el que todo es o blanco o negro en el que ya no sabemos distinguir muy bien entre la realidad y el postureo.
Estaría bien que ahora que llegan los días de verano intentemos sacar nuestra sombrilla vieja, la que nos hace diferentes y enseñarla con orgullo. Intentemos juntarnos con nuestros amigos, saludar a los conocidos, quedar en el malecón, recuperar las tardes de puestas de Sol, los ratos de playa y los momentos de sonrisas de verdad… ¿Y si este verano intentamos vivir?

Mentiras

Publicado: 12 julio, 2022 en actualité...

Igual va a ser eso de los calores que ya empiezan a reblandecer el cerebro y hacen que se te iluminen lucecitas raras o puede que me esté volviendo un poco Neo en Matrix – no estaría nada mal, la verdad- pero el caso es que, sin venir a cuento, me ha venido a la cabeza cuando mi padre me decía aquello que dicen de vez en cuando los padres “La vida es una mentira, hijo mío”, entre eso y que en la App de música de turno me ha salido Dani Martín cantando La mentira me ha dado por pensar sobre ello y va a ser que razón no les falta

Cuando éramos críos nuestros mayores nos contaban algo sobre los Reyes Magos o el Ratón Perez. Siempre inventaban algo para hacernos un poco más digerible la realidad, ya sabes, salvando las distancias, como hace Guido Orefice para proteger a su hijo de la barbarie sin nombre en La vida es bella. Así pasamos lo que recordamos en la mayoría de los casos como la etapa más dulce de nuestra vida, protegidos de la realidad. Pero poco a poco vamos madurando y despertando, pensando que vamos desenmascarando las mentiras, creyéndonos capacitados para contar las nuestras a los críos y cerrando el circulo, sin darnos cuenta de que igual, las peores de las mentiras se quedan sin descubrir.

Damos por verdad todo lo que también puede ser una trola, pero como se ajusta a lo que queremos, adelante. Pueden ser mentiras políticas, históricas, religiosas, sobre grupos de personas, razas, lo que sea. Nos las creemos tanto que acaban siendo parte de nosotros sin que nos demos cuenta de que alguien nos las ha metido tan profundo que llegan a nuestra alma. Pensar que eso puede ser otra patraña más nos desestabilizaría tanto que mejor ni nos lo planteamos, mejor seguir aborregados.¿Verdad?

Nos mienten cuando nos hablan de democracia, de economía, de política, de religión o hasta de ecología o cuando te dicen que una norma está escrita, no se puede cambiar y descubres que ellos las cambian de la noche a la mañana, igualito que el cerdito Napoleón y los suyos en “Rebelión en la Granja”. Nos cuentan las noticias a su gusto, como hacía tu abuelo cuando te caía un diente y venía Pérez, intentando esconder la baraja marcada con pactos, entrevistas, y cambalaches de todo tipo con los lacayos de las élites vestidos de policías o periodistas que en público se sacan los hiladillos y en privado se van de cañas Todo para intentar que no descubramos la verdad porque si lo hacemos acabará su poder y ya no podrán mantenernos en un estado de zombificación en el que pueden hacer de nosotros cualquier cosa. Harán lo que sea para que siga la función. ¿Acabará alguna vez esto?