Hay gente de ciudad que cree que las patatas ya brotan en bolsitas o que de los naranjos penden botellas de zumo. Esa gente puede que no sepa que para arrancar a la tierra una buena 
cosecha, como para todo, hace falta luchar contra las malas hierbas y hierbajos que aparecen en el huerto. Es un trabajo laborioso, interminable, ingrato que marca el carácter de las personas que las realizan y que se juegan el sustento de sus familias con cosas tan imprevisibles como la lluvia o la sequía a cambio de “cambio de cuatro duros” porque no creais que el que “curra” de sol a sol y se mata para arrancar verduras gana dinero, resulta indignante comparar los precios en el campo, de risa, con los del Super donde venden las piezas de fruta como si fuesen de oro (pero eso es otra guerra). Bueno, como decía, hay varias formas para conseguir arrancar la mala hierba, o te deslomas con el azadón, de sol a sol, y acabas con unas manos como las del David de Miguel Angel (de mármol) y los riñones como cocinados “al Jerez” o encomiendas tu alma a la “maravillosa” química.
Con el paso del tiempo, en la vida agrícola, todos nos hemos visto obligados a utilizar en algún momento mejunjes más que peligrosos, venenos que se venden en botellas de vivos colores como las de refresco y
que se anunciaban por la tele (recuerdo el anuncio de un simpático labriego de cómic que se paseaba con una máquina de pilas y Roundup). A nuestros padres les dijeron “Toma, dale con eso a la hierba y se acabaron las manos desolladas en una temporada”. Y eso hacían, cogían la mochila de sulfatar, las chancletas y un caliqueño para tirarse toda la santa mañana a pleno sol oliendo el “Eau de Roundoup”. Ha pasado algún tiempo y resulta que aquello que decía el de la cooperativa de “no pasa nadaaaa, si eso no es peligrosooo” ha empezado a mostranos sus efectos secundarios. En mi pueblo (al igual que en muchos agrícolas) los casos de enfermedades como cáncer e incluso de Parkinson misteriosamente se han ido sucediendo hasta niveles intolerables. ¿Casualidad? No creo, como igual 
tampoco lo creen todas las voces que aseguran que el herbicida total, el Glifosato presente en herbicidas famosísimos como el Roundoup (algo más bestia que Atila con caballo y todo, por aquello que por donde crece no vuelve a salir la hierba) puede ser cancerígeno. Es por eso por lo que se ha pensado en prohibir en algunos lugares como el ayuntamiento de Madrid.
El resultado de esta fiebre por el uso de fitosanitarios es que nos han ido envenenando a todos poco a poco por acumulación, de una forma que ya 
quisiera habérsele ocurrido a Lucrecia Borgia. A tí también te están envenenando porque aunque no te duches con plaguicidas (como sucede en los huertos a pesar de los cursillos de manipulador de fitosanitarios con los que en Bruselas nos han hecho comulgar para así hacer creer que sólo los capacitados pueden usar estas armas químicas), aunque no manipules los botecitos de marras esto te afecta comes frutas y verduras grandes y bonitas, tratadas con fitosanitarios o puede que te afecte porque llevas a tus hijos a jugar a parques en los que hasta hace poco tiempo no se tenía en cuenta que ahí jugaban niños a la hora de matar los hierbajos que quedan feos.
Si te resulta alarmante, ten en cuenta que esto continuará ocurriendo 
porque una vez más en algún lugar alguien está cambiando nuestra salud por el negocio. Resulta increible pero el parlamento Europeo ha renovado la autorización del glifosato para aquellos “profesionales” que sólo se diferencian del que no lo es por unos cursillos de dos tardes (literal, no como aquellas tardes de Jordi Sevilla) en los que lo importante es haber pagado los honorarios.
Una vez más parece claro que en Bruselas cuando tienen un conflicto entre enfermedad y negocio del 
quimicefa se opta por lo segundo. Parece que no les importemos lo más mínimo, se permiten jugar con nuestra salud y nuestras vidas vete a saber por que oscuros motivos pero las gentes de Monsanto estarán contentas, supongo. El caso es que vamos a continuar caminando entre unos herbicidas que matan y mucho. Se cargan más que los hierbajos, pero parece que a pocos les importa eso si se consiguen llenar los bolsillos.
El PE apoya autorizar el herbicida glifosato sólo 7 años y para uso profesional
La OMS eleva el riesgo de cáncer del herbicida más popular, ¿cómo se usa el glifosato en España?
Toxicología del Glifosato: Riesgos para la salud humana








me hinchan las meninges y eso no es bueno.
darán cuenta de que no podemos tragar con este chantaje sin nombre al que nos somete el señor de la barba diciendo “si no me aceptáis, votareis en Navidad y colgareis papeletas en el arbol” y conseguirán evitarlo, hay forma
que convocar elecciones no parece que sea más que otra de esas trampas saduceas a que nos tiene acostumbrados y que al final, ni se sabe como, acaban saliéndole bien. De hecho ya han empezado a dar sus frutos porque con esto de la negociación con Ciudadanos ha conseguido ya cosas como rellenarnos el verano y llevarnos a estos días taciturnos en los que olemos el final del verano (poned al Duo Dinámico, please). Aparecen los coleccionables en los kioskos, lo vemos todo un poco menos luminoso, volvemos a la realidad, los días ya acortan y empezamos a tener menos ganas de caipirinhas.
llos y
apoplejía o sucumbiesen a la modorra de una investidura a las 4 de la tarde un verano, Mariano habría conseguido tener a un “tonto útil” al que cargarle el muerto del invierno que nos espera después de 4 años de gobierno sordo y despótico. Lo dicho, un maestro, ni a
entrado en el juego de Mariano como ratón en una ratonera. Ha aceptado la posibilidad de sacar a pasear las urnas en Navidad, sin temer que los cuatro integristas que acudirán a votar acabarán dándole una flamante mayoría absoluta al PP
Elefante y aquello de
desarrollar un cáncer de piel a lo largo de los 30 años de esperanza de vida de que disponen. Los albinos han de hacer frente a una grave amenaza que los hace objeto de una pesadilla que parece recortada de tiempos ancestrales. Se les persigue por culpa de creencias y supersticiones que en muchos casos les llevan a una muerte cruel y sin sentido, como si todavía estuviésemos en la Edad Media. Son atacados porque se les cree malditos (algo así como los
cualquier periódico (incluso en papel). Si hemos podido llegar a saber de esto es
algo, porque igual no sabe que muchos viven instalados al borde del pánico. El primero es el miedo a lo desconocido, que es el susto inevitable a aquello de “a ver que me encuentro”. El que se genera cuando, por ejemplo, cuando vas a cruzar una puerta en una más de esas miles de entrevistas de trabajo que padecen las personas normales esas que han de aguantar carros y carretas para que alguien le diga, con esa sonrisa sádica que usted conoce, “es que no eres lo que estamos buscando” y así hasta la próxima mientras el tiempo pasa, el paro se acaba y cada vez andamos más desanimados con esa sensación falsa de “no valgo” que al final te hace aceptar un trabajo en los trirremes de Caesar Augusto porque hay que alimentarse a uno mismo y a la prole en la que cada vez hay más gente, hijos, hermanos, suegras…. Ese miedo usted no lo conoce, para usted el miedo a lo desconocido seguramente se limitará al cosquilleo ese que se siente al ir a tirarse por una montaña rusa en un parque de atracciones. Bueno, ese sustito también me vale, a algunos hasta nos gusta.
para el porrazo. Usted Sr. Trump, con su oportunismo y sus maneras al más puro estilo
a la gente lo que quiere oír, lo que sus más bajos instintos quieren escuchar porque, como en Europa, están quemados por no llegar ni a pagar las facturas. Usted sabe manejar esa frustración y la utiliza en beneficio propio proponiendo como si fuese una novedad el retorno a la política de lo básico. El brillo de sus ojos le delata, Sr. Trump.
cuando poco a poco vi como, valiendose de que el Partido Republicano está hecho unos zorros, se deshacía de sus contrincantes uno a uno, con unas formas agresivas, zafias y en las que valía todo. Fui dándome cuenta que estamos ante un gran peligro público, más que nada por las consecuencias que puede traernos el “desatar la bestia” que una sociedad al límite como la nuestra tiene dentro. De eso, Sr Trump, en el SXX ya hemos tenido demasiados y dolorosos ejemplos, no los reeditemos.

y nos internaríamos en un monasterio de esos de
narices y se encerraban a pan y agua en una habitación tapiada para el resto de sus días y así purgar sus pecados (un día podíamos hablar de ellos, daría para un post muy interesante). Una decisión un tanto drástica pero bueno, eran aclamadas por sus vecinos, consideradas poco más que “santos en vida” y se recurria a ellas para pedirles milagros o consejos a través de la ventanita por la que se les pasaba el pan y el agua. El caso es que simulaban su propio sepelio, se encerraban y “aquí paz y después gloria”. Pues bueno, parece que la moda esté volviendo (ya decía mi abuela que no tirase los pantalones acampanados, que los guardase porque volverían a ser de lo más “cool”). Los primeros casos de esta enfermedad se dieron en Japón, pero parece que ya empiezan a haber casos por aquí. Son los ‘hikikomori’ (en japonés, “recluido”).
que esto se queda allí porque los japoneses “llevan un estilo de vida muy peculiar” y tienden a ignorar los problemas familiares. En España ya hay decenas de casos. En algunas ocasiones los ‘hikikomoris’ europeos pasan hasta 30 años encerrados en sus casas sin que nadie se de cuenta. Necesitan que la sociedad que los ignora, por el rechazo y la falta de interés, les tienda la mano y les ayude a reincorporarse o su vida se va encerrando más y más en sí misma hasta el punto de volverse irrecuperables.
excepto algún que otro en las redes sociales, se encuentran sumidos en un estado de tristeza permanente, duermen durante el día, descuidan su higiene (como el que levanta el brazo para agarrarse a la barra del metro justo a tu lado) y se suelen quedar viendo la tele o jugando a videojuegos aunque ni siquiera parecen enfermos encerrados únicamente en un mundo de videojuegos como los antiguos “Utakos”, que ahora andan y corren por la calle como Forrest Gump en busca de Pokemon. Mira. algo bueno tendrá el fenómeno, hace que salgamos a la calle y nos “de el aire un rato”. Puede que la solución para los Hikikomoris sea esa justamente, la de conseguir que poco a poco salgan a la calle, hagan actividades y así se vayan reinsertando. En japón ya se han creado centros en los que voluntarios y especialistas intentan devolverlos a la vida social.
alistas japoneses nos dicen que gran parte de los enfermos son personas tímidas que han sufrido el
cerebro parece que nos duelan más los cercanos, como si los otros fuesen “menos muertos” o importasen menos. Ya poco sorprende el fallido golpe de estado en un país que nos sirve como tapón de pago para tapar nuestras vergüenzas y comprar nuestra conciencia y que al final va a resultar tan democrático como cualquier otro. Erdogan se vale de lo acontecido para afianzar la represión igual que Hollande de la alarma social para prorrogar el “Estado de Excepción” y el recorte de derechos civiles. Al final Churchill tenía razón “La democracia es el menos malo de los gobiernos posibles” porque a estas alturas la democracia se ha transformado en un juego de poderes en el que todo tiene un precio. ¿Que queréis que os diga? Hoy me encuentro solo ante la pantalla en blanco con el alma tocada por un extraño frío espectral a pesar de que fuera sea verano y haga calor.
beneficio de nuestra desgracia y nos enfrentan los unos a los otros para arrancarnos lo poco que nos queda valiéndose de las mismas artimañas ancestrales de siempre, la religión y las ideologías trasnochadas. Sorprende ver como cada vez más gente “normal” abraza a personajes que hace unos meses tomábamos como unos descerebrados que nos hacen caer en los engaños más peligrosos de la historia, la religión y la xenofobia. Parece que seamos tontos pero es que es más cómodo creer en quien nos ofrece falsas soluciones que aceptar que el mundo se desmorona ante nuestros ojos sin que hagamos nada.
nuestro sistema está derrotado y que ha llegado la hora cambiar la concepción de las cosas. Deberíamos admitir que este sistema económico y social ha estado alimentando la desigualdad hasta el punto de que la desesperación extrema (el sentimiento más peligroso que pueda sentir un humano) acampa entre nosotros. Ha llegado el momento de comprender que la NADA de «La Historia Interminable» puede inundar el corazón de quienes de repente ven como lo han perdido todo. Estas personas, presas de la impotencia, son capaces de cualquier cosa sin que en ello tenga nada que ver ningún dios (que de existir, debería sentir vergüenza por repartir tanto dolor). Si nos paramos a pensar, puede que poco tenga que ver el Islam con los que sacan algún provecho del que no encuentra salida en una sociedad degenerada que ni puede, ni quiere solucionar un problema del que es parte. Más bien el origen del problema puede estar en la marginalidad y la exclusión social que, promovida por gobernantes indolentes, nos está llevando poco a poco al límite de la locura. Pero bueno, puede que mi alma hoy esté derrotada y no vea la luz.
Dice que han pasado muchos años y no recuerda aquellos días en los que el ínclito José María Aznar (
informe, parece que no se lo ha leído y a juzgar por la parsimonia con que se toma las cosas y
para que le haga un resumen estilo “El rincón del vago”. Aunque bien pensado, puede que no lo necesite porque, casualidades de la vida,
Mataron a un dictador atroz pero olvidan que también