Ceuta. Un mechero en el polvorín

Publicado: 28 agosto, 2026 en actualité...

Hay días en los que uno se sirve un café cargado  y desearía con todas sus fuerzas que el periódico viniera solo con el crucigrama y el horóscopo. Pero enciendes la pantalla y te encuentras con que la situación en Ceuta ha decidido escalar a categoría de polvorín. La cosa ha cruzado esa frontera donde la tragedia humana se mezcla con la irresponsabilidad absoluta: un grupo de migrantes embistiendo un vehículo del Ejército —que tampoco es exactamente el mejor formato para pedir asilo— y, como respuesta vecinal, unos cuantos linchadores de fin de semana quemando campamentos de paja en la playa del Trampolín e impidiendo el paso a la Cruz Roja. Confundir el orden público con un partido de rugby sin árbitro es la receta perfecta para el descalabro.

Lo fascinante —si por fascinante entendemos esa ironía amarga que te hace suspirar— es la rapidez del efecto contagio. En Valencia ya han asomado la patita unas patrullas nocturnas que recuerdan demasiado a un casting fallido para una película sobre los años treinta. Muchachones «muy indignados» , con la estética de siempre y el discurso de «proteger el barrio», paseando un fascismo de garrafón camuflado de civismo que a estas horas espero que ya no engañe a nadie. Es la jugada clásica de la extrema derecha: coger el desconcierto legítimo de los vecinos, aderezarlo con un par de eslóganes identitarios y vender la cacería de gente vulnerable como si fuera voluntariado social.

Mientras tanto, en la Moncloa, se reacciona con la agilidad que le caracteriza: la de un perezoso tomando una tila. Es exasperante comprobar cómo la alta burocracia necesita cuatro comisiones de análisis, dos reuniones extraordinarias y un borrador de argumentario electoral antes de admitir que la casa se está incendiando. Van a remolque de la realidad, dejando a las fuerzas de seguridad sin directrices claras y pretendiendo apagar un conflicto estructural a base de cosmética mediática y tuits bienintencionados.

¿El trasfondo? El de siempre. Un vecino al otro lado del Estrecho que abre o cierra la llave de la desesperación humana cada vez que necesita apretarle las tuercas diplomáticas a Madrid y a Bruselas, sumado a una oposición parlamentaria a la que el caos le parece un precio razonable si le da tres puntos más en las encuestas. Defender los derechos humanos con pragmatismo, exigir un Estado eficaz y plantar cara al matonismo callejero no debería ser una quimera; es, simplemente, tener dos dedos de frente. Pero claro, pedir sensatez institucional en estos tiempos empieza a parecer una excentricidad de la izquierda moderada.

Se me ha vuelto a enfriar el café de la mañana, y no precisamente por despiste. Estaba mirando la pantalla con la misma cara de perplejidad de siempre mientras leía los detalles del asalto y la presión en Ceuta de este pasado fin de julio. Ver las imágenes de cientos de chavales jugándose el pellejo en el agua te encoge el cuerpo, pero lo que te indigna de verdad —si nos quitamos la venda de la corrección política un segundo— es la sensación de estar presenciando una función de teatro perversa donde las marionetas ponen la piel y los titiriteros mueven los hilos desde el palco. Vamos a ser claros. Que un flujo masivo de esa magnitud coincida en el calendario con la celebración del Día del Trono y con el propio rey Mohamed VI paseando plácidamente a tiro de piedra de la frontera, entre Tetuán y Castillejos, no es casualidad. En la alta diplomacia las casualidades no existen. Quien crea que esto es solo un fenómeno espontáneo alimentado por cuatro canales de Telegram ignora cómo funciona el grifo de la frontera marroquí: cuando interesa presionar a Madrid o apretar las tuercas a Bruselas para arañar concesiones, la vigilancia se relaja y se deja hacer. Lo perverso del asunto es la frialdad con la que se utiliza la vulnerabilidad de miles de jóvenes como moneda de cambio geopolítica. Rabat mide los tiempos y abre la mano mientras nosotros, desde la comodidad del sofá, nos enzarzamos en debates estériles entre el buenismo ingenuo de salón y el discurso del odio. La realidad a ras de suelo es durísima: los servicios de acogida desbordados, las fuerzas de seguridad al límite, la población de Ceuta viviendo en un sinvivir y la dignidad humana pisoteada en la orilla. No es cinismo, es realismo básico: se debe exigir una política migratoria y humanitaria intachable, pero sin pecar de pardillos ante el chantaje de palacio. Desde estas zapatillas con las que piso el suelo de mi casa, lo tengo cada vez más claro: la empatía nunca debería volvernos ciegos frente a la geopolítica de trinchera. ¿ Verdad que también piensas que desde España y Europa seguimos pecando de demasiada ingenuidad cuando nos miden el pulso desde el otro lado del estrecho?


El Gobierno ha aprobado el proceso de regularización extraordinaria y las solicitudes ya pueden empezar: telemáticas desde el 16 de abril y presenciales a partir del 20 de abril, hasta el 30 de junio de 2026. Se trata de dar papeles (residencia y trabajo por un año y no las barbaridades que algunos van contando por ahi) a esos miles de personas que ya llevan tiempo aquí, trabajando, consumiendo y existiendo como todos nosotros… pero de forma “invisible”.

Y sí,  esto es una excelente noticia porque significa sacar a seres humanos del cajón donde malviven para considerarlos como lo que son, personas con derechos y obligaciones. Aunque algunos se pongan de los nervios. Esto es beneficioso para la Seguridad Social (sí, lo siento señores caciques.Lamento que les duela aceptarlo, ya se que están ustedes muy a gusto en sus invernaderos de fresas y con sus esclavos)

Estas personas ya están aquí. Ya curran, ya pagan en negro, ya llenan supermercados y ya sostienen sectores enteros. Pero sin cotizar como dios manda. Con la regularización pasarán a pagar impuestos y cotizaciones de verdad. Más dinero para las pensiones, más sostenibilidad del sistema y menos peso sobre los que ya estamos dentro. Es casi como que regularizar fuera bueno para las cuentas públicas! Qué escándalo, ¿verdad? Tenemos una población envejecida que necesita de cotizantes, no tenemos relevo generacional, necesitamos urgentemente que esas personas nos sostengan y no verlo es de estar muy cegato.

Pero algo más importante, es obligatorio para que dejen de ser esclavos sin derechos. Porque vivir en irregularidad es exactamente eso: explotación a mansalva, miedo constante, salarios de risa y cero protección. No denuncias abusos porque te pueden deportar, no coges baja porque te echan, y vives con la espada de Damocles encima. Darles papeles no es un “regalo”, es lo mínimo decente que debería hacer un país que presume de ser civilizado en el siglo XXI. O sea, acabar con la esclavitud moderna disfrazada de “economía sumergida”. ¿Tan difícil de entender?

Y aquí llega la parte que no sorprende a nadie con dos dedos de frente: esto no le gusta a los señoritos de PP y  Vox que prefieren jugar a los terratenientes secesionistas del Mississipi de «Norte y Sur». Mientras la patronal, la Iglesia, los sindicatos y una enorme mayoría de la sociedad ven esto como algo lógico y necesario, los partidos de la derecha y la ultraderecha ya están con los recursos, las campañas y los anuncios de llevarlo al Supremo. Prefieren mantener a miles de personas en la sombra, explotables y sin derechos. Porque, claro, mano de obra barata y asustada es mucho más cómoda que reconocer que la realidad existe y que hay que gestionarla con dignidad.

Me teniais intentando hacer volar la cometa mientras sostenía la mona de pascua el día de San Vicente ( te juro que la Artemis 2 le resultó más fácil a la NASA) cuando de repente el móvil me avisa: Donald Trump ha decidido jugar a los piratas. Pero no con un parche en el ojo y un loro gritando “¡doblones!”, no. Este capitán lleva corbata roja, pelo raro imposible y una flota de portaaviones que cuesta más que toda la economía de algunos países.


“¡Arrr! ¡Nadie pasa por Ormuz sin mi permiso!”, debió de rugir desde la Casa Blanca, porque ordenó a la Marina de los Estados Unidos bloquear el estrecho entero. Puertos iraníes cerrados a cal y canto. Cualquier barquito que se acerque demasiado… ¡al fondo del mar! Y todo después de 21 horas de negociaciones en Pakistán que acabaron como el rosario de la aurora: con cero acuerdo y Trump sacando el sable naval.


Irán, cómo no, ha respondido con su mejor cara de indignación: “¡Esto es piratería pura y dura!”. Y uno se queda mirando la pantalla pensando: ¿en serio? ¿El país que llevaba semanas cobrando peaje “voluntario” en el estrecho ahora llama pirata al otro? Es como si Barbanegra acusara a Jack Sparrow de robarle el barco.


Imaginate la escena. El Capitán Trump el Terrible, de pie en el puente de mando del USS Gerald R. Ford, con el viento ondeando su melena rubia y un megáfono en la mano:
— ¡Escuchadme, perros sarnosos iraníes! ¡Este estrecho es mío! ¡El 20% del petróleo mundial pasa por aquí y yo decido quién llena el depósito y quién se queda con el tanque vacío! ¡Si os acercáis, os envío un misil de crucero con dedicatoria personal en mayúsculas!
En vez de “¡al abordaje!”, tuitea (perdón, publica en Truth): “¡El bloqueo más grande y hermoso de la historia! Irán va a suplicar. ¡Make Oil Expensive Again!”.


Lo bonito del asunto es la hipocresía de manual. Cuando Irán cerraba el grifo era “extorsión terrorista”. Cuando lo hace Trump «con cien cañones por banda, viento en popa y a toda vela..»y la Armada más cara del planeta,  es “defensa de la libertad de navegación”. Libertad de navegación que, casualidades de la vida, solo se defiende bien cuando tienes más cañones que el otro y un ego tan grande como para creerse Jesucristo a pesar de estar cada vez más solo y más descerebrado.
Mientras tanto, el petróleo ya baila por encima de los 100 dólares, la gasolina sube como la espuma y aquí en Europa empezamos a calcular si este mes comemos caviar o volvemos a las lentejas. Todo porque el capitán Barbapanocha quiere  el control del estrecho más importante del mundo. Uno con bandera verde y misiles balísticos, el otro con bandera de barras y estrellas y un presupuesto militar que podría comprar media galaxia.


Esto es como ver una película de piratas pero con efectos especiales reales y consecuencias mortales para demasiados inocentes  que parecen no importar en este asunto. Seria un espectáculo si no es porque se nota en la cesta de la compra y si quieres que te diga la verdad, tampoco estamos para gracias en las cosas del comer. Porque al final, da igual si el parche lo lleva Trump o los ayatolás: el que más barcos tiene suele ser el que decide quién es el pirata y quién es la víctima aunque, si quieres que te diga la verdad las víctimas son los inocentes que mueren a bombazos y los que ya hemos de pedir una hipoteca para llenar el depósito y poder ir a trabajar.

Me he levantado, me he puesto las zapatillas de andar por casa (las de siempre, las que ya tienen más kilómetros que un camión de mercancías) y me he preparado el café. El primero del día, caerán litros. Ese que sabe mejor cuando el mundo parece empeñado en demostrar que la especie humana tiene un máster en autodestrucción.
Abro el móvil y… ahí sigue. La guerra de Irán. O mejor dicho, la guerra del hombre panocho del pelo raro e Israel contra Irán. Empezó el 28 de febrero con bombardeos sorpresa. Llevamos mes y pico de misiles cruzando el cielo como si fueran fuegos artificiales caros, drones kamikaze, refinerías ardiendo, el estrecho de Ormuz cerrado a ratos y precios del petróleo que hacen que llenar el depósito sea casi un acto de fe. Miles de muertos, la mayoría civiles, porque al final siempre pagan los mismos. En Irán han liquidado al líder supremo Jamenei y a medio estado mayor. En Israel caen misiles con cabezas de racimo. En Líbano los bombardeos contra Hizbolá siguen como si el alto el fuego fuera solo una sugerencia. Y hoy, 10 de abril de 2026, tenemos un “alto el fuego de dos semanas” que nadie se cree del todo. Trump lo vende como la mayor victoria desde la invención del palo selfie, Irán lo celebra como si hubiera ganado la Champions… y mientras tanto la gente sigue muriendo en Beirut y en Teherán. Brillante.

Pero lo que realmente me atraganta el café no es solo la guerra convencional. Es ese detallito que casi nadie resalta en los telediarios: los misiles iraníes que han caído peligrosamente cerca del Monte del Templo en Jerusalén. Shrapnel salpicando el Muro de las Lamentaciones. Un impacto que rozó la Ciudad Vieja. No ha sido el golpe directo todavía, pero ha estado a unos cientos de metros. Y todos sabemos lo que significa ese sitio.

El Muro de las Lamentaciones es el lugar más sagrado para los judíos. Justo encima está la Explanada de las Mezquitas, tercer lugar santo del islam. Y para un montón de cristianos evangélicos radicales, es el decorado perfecto para el Tercer Templo y el gran estreno del Armagedón. Así que imaginaos la escena: un solo misil que se desvíe medio kilómetro (o un “accidente” de esos que luego nadie reclama) y pasamos de guerra regional a apocalipsis mundial con banda sonora de trompetas celestiales.
Madre mía, qué ingeniosos somos. Después de miles de años de civilización, seguimos jugando a ver quién hace explotar primero el sitio más delicado del planeta. Es como si hubiéramos construido una bomba de relojería y ahora nos peleáramos por ver quién tiene el honor de ser el que aprieta el botón.

Yo desde aquí, con mis zapatillas rotas y el café ya frío, solo puedo pensar en la gente normal. La madre iraní que perdió a su hija en un colegio alcanzado “por error”. El padre israelí que mete a sus niños en el refugio cada vez que suenan las sirenas -como soy un pardillo sigo pensando que alguien decente habrá por allí -. El libanés que ya no sabe si reconstruir la casa porque mañana puede volver a caer. Esa gente no quiere Armagedón. Ni siquiera quiere esta guerra. Solo quiere vivir en paz y que sus hijos lleguen a la edad de quejarse de los precios del pan.

Y mientras tanto, los de arriba firman altos el fuego de papel higiénico y siguen moviendo fichas en el tablero como si el mundo fuera un Risk gigante y ellos los jugadores inmortales.

No sé vosotros, pero yo estoy hasta las narices de que nos vendan el apocalipsis como si fuera inevitable. No lo es. Es una elección. Una elección estúpida, absurda y criminal.

Ojalá este alto el fuego aguante más de lo que duran las promesas electorales. Ojalá nadie apriete el botón sagrado. Ojalá un día nos despertemos y el mayor titular sea que por fin alguien ha decidido que la vida de la gente vale más que cualquier muro, cualquier templo o cualquier profecía de pacotilla.
Mientras tanto… yo sigo aquí  tomando café. Y rezando (a mi manera descreída) para que el Muro de las Lamentaciones siga siendo solo un muro donde la gente llora sus penas como la Zarzamora… y no el escenario donde el mundo entero se viene abajo por un error de puntería.

Consternación

Publicado: 19 enero, 2026 en actualité...
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Hoy, como todo el país, como toda la buena gente de bien, hemos sentido ese frío que te recorre la columna y se te queda ahí, alojado.
Ese zarpazo extraño, mezcla de irrealidad y de realidad demasiado cruda. Algo terrible que nos recuerda que nuestros planes, nuestras agendas no valen de nada. El destino o como quieras llamarle te llevará a subir al tren y cambiará las reglas del juego.


Una tristeza honda, de las que pesan en el pecho y no se quitan con nada. Un golpe que sabes que tardará en borrarse, si es que alguna vez se borra del todo. Pero que una vez más nos enseñara lo bueno y lo malo de la especie humana, mientras unos, la mayoría se volcara con las víctimas, arrimando el hombro con lo que buenamente se pueda, otros se dedicarán al amarillismo, a la venta de lágrimas y a la audiencia fácil. En fin, somos así.


Un accidente como el que los ha estremecido hoy nos recuerda, de la manera más bestia posible, lo frágil que es esto de estar vivos. Que en cualquier momento, zas, todo puede cambiar. Hoy estás pensando en las vacaciones o en el cumpleaños que viene y en dos segundos, la nada más absoluta. Es la vida, es lo que está fuera de nuestro alcance y escondemos como si fuésemos dueños de nuestro destino.


Y ahora qué? Pues nada… somos humanos,  Tocará seguir. Porque así estamos programados, porque los genes no entienden de duelos eternos y porque, nos guste o no, hay que levantarse, hacer café y seguir andando por casa (o por donde toque).
Pero madre mía, qué horror.
Qué nudo en la garganta colectivo.
Qué desgarro.
Eso, exactamente eso, es la consternación.

Hoy hace algo de fresco, el tiempo ha cambiado ya a lo que debiera parecerse, se está bastante bien en casa con una taza de café nada pretencioso en la mano pero con una sensación extraña, como de tener el corazón este hipertensión que me ha tocado apretado como un puño.
Parece que vivamos en un mundo reducido a un scroll infinito de noticias cada cual más espantosa que la anterior, por eso vale la pena de vez en cuando apagar cacharros, sentarse con un café (contradicción pero de algo hay que morir) y charlar si la ocasión se tercia, en buena compañía.
Estoy repasando lo último que se cuenta de la Flotilla de Gaza 2025, y da ganas de salir gritando al balcón pero como nadie me va a oír, abriré la ventana esta que tengo un tanto oxidada. Estava leyendo algo de esa epopeya de coraje humano que Israel acaba de ahogar en mitad del mar de la impunidad del que se sabe intocable porque lo protege el matón del patio y sabe que en dos días todo a a ara al final de scroll ese que decía antes y que todo lo aplasta. La verdad es que ando con una rara la mezcla de rabia y esperanza, porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién? En la ONU, nada de nada..
Imaginadlo, 42 barcos, un ejército de velas blancas surcando el Mediterráneo como un sueño colectivo de solidaridad. La Global Sumud Flotilla, organizada por la Freedom Flotilla Coalition y aliados globales. Los esquíes zarparon con un mensaje claro: romper el bloqueo ilegal de Israel a Gaza, intentar llevar ayuda humanitaria y gritar al mundo que el genocidio está ante nuestras narices. Eran 450 activistas de todos los rincones –europeos, árabes, africanos, latinoamericanos–, gente que se embarcó en una aventura que ya se intuïa perdida pero ¿y qué? Acaso don Quijote no asalto a los molinos? .
El 1 de octubre, el sueño chocó contra la implacable realidad: fuerzas israelíes interceptaron la flotilla, arrestaron a cientos y la desmantelaron como si fuera un juguete roto. Un último barco logró avanzar un poco más, pero el resto… evaporado en detenciones y deportaciones.
Y ahora empieza la pesadilla. Las voces de los liberados claman desde las sombras de la vergüenza. «Nos trataron como monos», dice una activista deportada, describiendo golpes, interrogatorios interminables y celdas que apestan a miedo. ¿Derechos? ¿Garantías? Y eso que es?
313 personas siguen retenidas ilegalmente en prisiones de alta seguridad, atrapados por un apartheid que el mundo finge no ver mientras Gaza se desangra –con bombas crueles y experimentales que caen como lluvia ácida sobre niños que sueñan con vivir y reír en vez de con misiles–, estos héroes del mar nos recuerdan que la resistencia no es un hashtag. Es carne, sudor y salitre.
El domingo pasado, mientras pedaleba bajo un sol propio del cambio climático que quema como la conciencia, no podía dejar de pensar en esos niños de Gaza. ¿Cuántos flotan ya en el mar de la indiferencia? ¿Cuántos marineros enrolados volverán a casa con moratones en el alma, se miran al espejo y se preguntan si valió la pena? Pues sí, valió. Porque cada vela rasgada enciende una antorcha en nuestras vidas sedentarias. Recordad el Muro de Berlín, que cayó no por tanques, sino por manos unidas. Hoy, los muros son invisibles, pero igual de criminales.
Esto no va de política lejana. Es nuestra hipocresía expuesta. Europa, que llora por Ucrania, calla ante Palestina. EE.UU., que predica libertades, arma el bloqueo. Y nosotros, en casa, ¿qué? ¿Otro like en Instagram?
La Flotilla de Gaza no llegó a su destino, pero plantó una semilla. El próximo convoy ya se gesta –llegará pronto, dicen las voces del Instagram de la Coalición. Sumud: resistencia. No es solo una palabra árabe; es el pulso de la humanidad.
Una cosa,. Si queréis profundizar, mirad el informe de Al Jazeera sobre las detenciones. Y sí, el café ayuda, pero la acción cura.

En los últimos días no ganamos para sustos. A la barbaridad genocida de Israel le sumamos los ataques militares de Estados Unidos contra objetivos iraníes que nos han puesto los pelos en punta. Las ganas de autodestrucción de esta especie no es ni medio normal. Desde los pasillos del Pentágono aseguran que se trata de una respuesta «limitada y proporcional», un castigo quirúrgico a los que ellos dicen son instalaciones relacionadas con la Guardia Revolucionaria y grupos armados alineados con Teherán. Viniendo de los que veían armas de destrucción masiva en Irak como don Quijote gigantes en La Mancha no es que resulte muy tranquilizador. Sin embargo, visto como está el avispero de Oriente Medio hay algo que ya no sorprende: esta guerra no empezó ayer, ni va a terminar mañana.

Lo que estamos viendo ahora no es el inicio de una guerra, sino la continuación de una que nunca se detuvo del todo en las últimas décadas. Estados Unidos e Irán llevan años jugando al gato y al ratón en Siria, Irak, el Golfo Pérsico e incluso en el ciberespacio. No lo llaman guerra porque no conviene, pero hay soldados muertos, ciudades destruidas y millones de personas viviendo entre amenazas cruzadas. Lo de ahora es solo una página más de un libro que no deja de escribirse. Mientras tanto, el resto del mundo mira de reojo, preocupado por las consecuencias colaterales. Suben los precios del petróleo, tiemblan los mercados, y muchos líderes internacionales cruzan los dedos para que la sangre no llegue al río. Porque si a Irán decide se le ocurrr cerrar el Estrecho de Ormuz —por donde pasa una quinta parte del petróleo mundial—, el impacto se sentirá incluso en la factura de la luz de tu casa y eso duele, ¿verdad?.

No es casual que estos ataques lleguen en plena crisis global. Gaza arde. Yemen lanza misiles. Israel está en modo asedio con su ansia genocida desatada. Y Hezbolá amenaza con incendiar el norte si la presión no cesa. En ese contexto, Irán mueve sus peones y Estados Unidos reacciona como quien no quiere perder el control del tablero. ¿Defensa legítima o provocación calculada? Cada quien elegirá su interpretación allá con cada cual. Pero lo que está claro es que esto no es solo un conflicto militar: es un pulso político, energético y hasta simbólico. Un mensaje que se lanza con misiles, pero también con cámaras, titulares y silencios.

Desde este rincón del mundo donde tratamos de entender lo que ocurre sin corbatas ni banderas, solo podemos mirar con atención y pensar. Pensar que detrás de cada explosión hay familias, ciudades, historias interrumpida vidas inocentes perdidas… . Pensar que en los despachos donde se planifican estas operaciones no se escucha el llanto de los civiles ni el dolor del hambre. Y qué puedes hacer? Pues piensa que aunque no podamos parar los misiles, sí podemos no tragarnos todas las versiones sin pestañear porque estar informados no cambia el mundo, pero sí nos cambia a nosotros. Y eso, a veces, es el primer paso

Y votaron NO

Publicado: 24 enero, 2025 en actualité...

Ya estamos Otra vez! Parece que nuestros políticos no pierden oportunidad de demostrar que les encanta jugar con nuestras vidas sin que les importe un pimiento el si podemos llegar a comer o no ¿Qué más les dará? Están a lo que están y total por unos jubilados o unos cuantos miles de personas destrozadas por una barrancada que si ha dejado algo claro es que el Estado no funciona como debiera porque ya me dirás tu a mi si es normal que los voluntarios y las buenas acciones sean más efectivas que las acciones de nuestras instituciones
.

Esta semana, el culebrón político medio indecente ese a que nos tienen acostumbrados ha girado en torno a las pensiones, las ayudas al transporte y así como quien no quiere la cosa, a las ayudas para los que han visto su vida reducida al barro.

Y es que, entre tanto tira y afloja, se les olvida lo que debiera ser importante para nuestras instituciones, nosotros, los ciudadanos, los que sufrimos las consecuencias de que sus rencillas afecten a las decisiones que toman. Creo que ya va siendo hora de que nos hagamos oír y exijamos que nuestros representantes se pongan de acuerdo y trabajen por nuestro bienestar. Al fin y al cabo, si te paras a pensar, para algo los votamos.

No podemos permitir que sigan jugando con nuestro futuro, no podemos seguir mirando pasmados como se permite el lujo de mercadear con lo que mantiene a centenares de miles de personas que necesitan un apoyo AHORA, en este momento, no cuando a ellos les plazca. Igual deberían aprender lo que seguro te decía tu madre “no se juega con las cosas de comer” y menos si son las de comer los otros.

Jubiletas insolidarios

Publicado: 11 octubre, 2024 en actualité...
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La verdad, no se que nos ocurre por estos barrios. Parece que nos guste lo masoca. En una tierra en la que hemos padecido las mayores atrocidades por parte de los nazis, sus amigos, sucedáneos o aledaños resulta que continuamos sintiendo simpatía por la Derechona rancia. Los escuchamos, algunos los miran con simpatía, compran sus ideas sin saber que la moto que nos venden está podrida y en cualquier parte de Europa, a la mínima ocasión vamos y los votamos. Lo dicho, no tenemos apaño.
Parece que continuamos queriéndonos creer aquello de los inmigrantes malos, los distintos, malos. Los que no siguen las ideas de los que nos mandan pues eso, malos. Siempre la misma cantinela, siempre el mismo discurso, siempre las mismas caras, las de los estafadores y las de los borregos que nos creemos sus discursos sin llegar siquiera a plantearnos qué pretenden con ellos. ¿Porqué nos aborregan?¿Cómo es que ellos viven bien y los que se supone que son sus protegidos cada vez peor? Algo no cuadra, ¿verdad?. Siempre me ha parecido que igual eso de «dar brillo» a escenas pasadas y vender una historia de cuentos de hadas en las escuelas tiene sus consecuencias. Si nuestro pasado reciente ha sido negro y asqueroso, no entiendo a santo de que se ha de «proteger» a los críos de conocerlo, áspero y salvaje, sin filtros. Igual eso tiene algo que ver en que nuestros jóvenes compren el falangismo como algo novedoso y liberador. El otro día me sorprendió oir a algún compañero de clase de mi hijo cantando el «Cara el Sol», ¿Lo curioso? El chaval es de origen extranjero.
Pero ahora están empezando a dar una vuelta de tuerca más a sus asquerosos argumentos. Ahora van a por tus padres, a por tus abuelos. Y oye, ¿Por qué no? A por tí mismo. ¿O no te has parado a pensar que eso de envejecer nos va a pasar a todos? No creas que te vas a quedar joven y maravillos@ para siempre… Nadie se queda “para muestra” y ya sabes aquello de “tempus fugit”. La vejez te va a llegar y entonces igual recuerdas cuando empezaban a decir que los jubilados son unos insolidarios porque quieren cobrar sus pensiones. ¿No lo has oído todavía por ahí? Pues sí, sí. El Sr Ángel Machado, como cualquier otro, no vayas a pensar, dejó caer, como quien no quiere la cosa, que nuestros pensionistas cobran tanto que hacen peligrar las pensiones las jubilaciones y todo lo que se te pueda pasar por la cabeza. Por lo visto no cuentan para el los años deslomados picando piedra o recogiendo patata. Nada, que no se cobra y en paz, que hay que arrimar el hombro, ¿no?. Hace falta ser indecente y amoral para, siquiera, pensar esa aberración. Ni te cuento pregonarla a los cuatro vientos a ver quién compra.
Esa falacia de discurso podría haber sido hasta gracioso, propio de una sobremesa de excesos navideños y botellas de vino vacías. Pero no, el problema es que la idea se soltó muy en serio dirigida a los de siempre, a los aborregados capaces de tirar la culpa de sus desdichas a quien sea, a los inmigrantes “robatrabajos” a “los quinquis de raza” o a quien sea menos a los que les están intoxicando la mente. Se dirigen a ellos diciéndoles que nuestros mayores son muchos y viven mucho (si Ayuso no lo remedia) y claro, el desastre está servido. Nadie les cuenta que nuestro sistema de pensiones hace mucho que no se sostiene a base de un trabajador=a un jubilado ni nada parecido. Nos faltarían currantes! Ahí entra en juego los impuestos, que para eso están .
Espero que todavía quede un poco de seso en las molleras (pero eso ya es mucho esperar) y no empiecen a perturbar la paz de los que se la han ganado a base de darnos todo lo que tenemos.
La verdad, espero que no nos de por transitar la senda de la gerontofobia, con Ayuso ya tuvimos bastante, y seamos capaces de entender que una sociedad en gran parte vale lo mismo que el respeto y el cuidado que tiene con sus mayores.