Un error informático

Publicado: 8 febrero, 2022 en actualité...

No me dirás que lo del voto del diputado del PP no resulta sorprendente. Ya sabes, Alberto Casero andaba indignado y llorando por los rincones porque el “malvado” sistema informático “se equivocó” a la hora de registrar su voto, tanto como que votó SI dos veces (una para votar y otra para validar) pero el buen hombre quería decir NO.


El caso es que sea por lo que sea, tontería, incompetencia, mano negra o justicia divina, por fin parece que se ha conseguido mover el mundillo laboral. Necesitábamos que se abriesen, como fuese, las ventanas y se ventilase un poco el tufo rancio de señoritos, siervos, lacayos y pseudoesclavos autónomos que se respiraba. Primero airear para que se disipe el humo y después, cuando consigamos ver algo, ya hablamos. Lo importante ya se ha hecho, ponerse en marcha.


Pero bueno, volvamos a lo de la informática, que ya me había ido otra vez por los cerros de Úbeda. Decía que en Génova van rabiando con eso de que Casero se equivocara en el voto y en la verificación, algo que sería raro viniendo de cualquiera pero no de un Señor Diputado que se “equivocó” tres veces el mismo día. ¡Pero es que el partido entero metió la pata en otra votación!. No hace falta ser Sherlock Holmes para entender que o son unos negados o que eso de casualidad tenga poco y más después de que lo previsto se viniese abajo por el voto en contra, in extremis, de UPN. ¿No será que se vieron obligados a montar una historieta para aparentar lo que no es y salvar el guión establecido? (Hay que ver lo malpensado que soy) Pero ¿Cómo van a equivocarse ellos, hombres renacentistas encabezados por un ser superior al mismo Leonardo que sabe de todo y hasta intentará hacer votar a las ovejas de Castilla? Por mítines en granjas no será.


Pero bueno, aceptaremos lo que nos digan. Será que el sistema informático fue diseñado por Rasputín y que la informatización puede que no sea apta para todos. Lamentable y espantoso para los diputados pero por lo visto no para los miles de personas y no sólo ancianos, que se han de enfrentar en su día a día a una tecnología a la que o no tienen un acceso decente o les queda un poco lejana y se las ven y desean para tratar con su banco, con la administración o con el ambulatorio, ellos solos, sin ser siquiera diputados ni tener asistentes o dispositivos válidos. Se han de enfrentar a cajeros o páginas web de entidades que han olvidado lo que les dieron esas mismas personas cuando al “crack”. Servicios que no están pensados para gente mayor o poco puesta en tecnología que está acostumbrada al trato personal en la oficina y que no entiende de passwords ni pines pero que les hicieron ricos y que les han demostrado muchísima más fidelidad que ellos con años y más años como clientes. Menos mal que una vez más nuestros mayores nos enseñarán cómo se hacen las cosas, por lo pronto Carlos San Juan ya ha batido todos los records reuniendo 600.000 firmas con su iniciativa «soy mayor no idiota» en la que nos ha hecho ver a todos que acceder a una oficina que, con la excusa del virus, se ha transformado en lo más parecido a colarse en Fort Knox.

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