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Es Navidad

Publicado: 25 diciembre, 2013 en actualité...
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arbre

Hoy sólo quiero felicitaros, desearos unos días inolvidables junto con los vuestros, ya sea físicamente o dentro de cada uno de nuestros corazones, en ese lugar donde tenemos escondida la paz y la tranquilidad, donde todo es posible y que estos días todos debemos visitar con la intención de hacer perdurar el resto del año.

Llamadme posturero o sensiblón pero creo que estas fechas del calendario tienen ese “no seque” que los hace especiales, se iluminan los rostros y nos volvemos como más “blanditos”. No me refiero, por supuesto a los tópicos de los escaparates de “El Corte Inglés” tregua_navidad_650ni a comprar, como locos desesperados, regalos carísimos con la idea de provocar la envidia de los cuñados, suegras y resto de congéneres. Me refiero a ese ambientillo que no deberíamos abandonar. A ese espíritu que hacía que hasta en las guerras hubiese tregua, me viene a la cabeza la de 1914, en plena I guerra mundial unos soldados saliesen de sus trincheras para jugar al fútbol, se la recuerda como “La Tregua de Navidad”. (ya me diréis si eso no fue espíritu navideño, aunque no me guste el fútbol) Me refiero a esa magia que hace que estos días sean los últimos del año, los que dejamos para el final, para pasar la última página del calendario de forma entrañable.

De verdad creo que os merecéis las mejores fiestas, y que, por unos días, seamos capaces de imitar a los soldados de antes, hacer una tregua y disfrutar de los nuestros, de esos a los que en ocasiones, tenemos abandonados todo el santo año. No importa que no haya caviar o jamón del caro, que no olvidemos que no andamos para grandes dispendios y además al final resulta que las comilonas pantagruélicas acaban rellenando los cementerios. 

Lo que importa de verdad es disfrutar de los nuestros (aunque en ocasiones la compañía no sea grata, así de buenas a primeras, nada que no arregle o desbarate aún más un par de copas de vino) y olvidar por unos momentos todos los espantos que nos agobian todo el año. No dejemos que nos roben también nuestras ilusiones y deseos de paz.

Bueno, os dejo que ya empiezo a parecer el Rey y su discurso. Os deseo, de todo corazón unas entrañables fiestas. Sin duda os las merecéis.

Con toda mi gratitud.

Salva

El fémur de Eva: Puta navidad

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Han pasado las fiestas, las comilonas y los polvorones así es que, a no ser que seamos potentados, nos hemos propuesto firmemente dejar de comer como diputados y volver al régimen del caldo de Pollo de sobre con ensalada, a la vida austera y monacal Benedictino Style que nos están brindando.

Este año lo de las Rebajas va a estar chungo, a no ser que las tiendas cuelguen un cartel de “DONACIONES!”. Las Rebajas hace tiempo que las llevamos incrustadas en el hipotálamo a golpe de martillo ¡ Pum, Pum, Pum! en todo nuestro cabezón. Interiorizadas a base de hacer malabarismos y equilibrios equiparables al Cirque du Soleil para conseguir amasar como Golum y gastar la miseria conseguida en cualquier idiotez que nos venden como imprescindible para poder ser algo en esta vida. Estoy pensando en los que tienen un flamante Iphone5 pero van mendigando Wi-Fi por todo el universo mundo o los que tienen un pedazo de coche que no usan por falta de gasolina y/o seguro. Que de haberlos hay los, como las Meigas.

Esta vez no abundarán aquellas pilas de objetos, anónimos en otras épocas del año y codiciadas como el oro estos días. Aquellas carreras, tumultos de gente amontonada mordiéndose una oreja para conseguir el suéter que está debajo del montón. Todo un amasijo de cuerpos, piernas y brazos luchando desaforadamente por alcanzar la montaña de artículos supervivientes a la campaña navideña. Eso era antes porque ahora, como no nos paguen por llevarnos las cosas no tengo muy claro ni cómo acarrearemos con el escuálido botín ya que viendo el precio que se ha puesto la gasolina creo que voy a acabar vendiendo un riñón, de rebajas eso sí, para desplazarme al trabajo a diario. Y a cuento de esto digo que el coche eléctrico no sé si es solución visto el precio de la electricidad, el transporte público cuesta un Potosí y trasladarme en bici los más de 40 Km (os juro que me lo he planteado) que me separan de mi trabajo es garantía, antes que nada, de atropello visto cómo se las gastan por esas carreteras de Dios, casi que me renta quedarme en casa. Hala ya me he desahogado. Sigamos.

¿Os acordais de la temida “ Cuesta de Enero?” Eso era antes porque ahora nos parece un chiste comparado con la ascensión al Monte Everest, descalcitos y en ropita interior que recorremos cargados con losas de plomo y en silencio. Subsistimos tristemente acostumbrados al “Pan y Agua” de la cárceles de los dibujos animados no a las palaciegas dónde “ veranean” o debieran pasar el Rato políticos y financieros que han pasado de estrellas a estrellados y aguardan su inminente salida, eso si llegan a entrar.

¿De verdad podemos seguir así? ¿ No debieramos abrir ventanas para que entre la luz y corra el aire? Si no lo hacemos nos vamos a aflixiar! En serio, sumidos en la oscuridad en la que estamos no vamos bien.

Podemos dejar atrás esta época siniestra mirando hacia otro lado, no por este camino sin retorno en el que nos llevan encajonados como reses en las películas del Oeste ya que si siempre seguimos el mismo trayecto siempre iremos al mismo lugar. Igual la solución está en un escenario en el que no estén los que se lucran con nuestro sufrimiento. No propongo la Tierra de Jauja, necesitamos evitar retroalimentar esta estafa a la que llamamos crisis. Volver a las cosas sencillas, una buena charla con la familia, unas risas con los amiguetes, un atardecer en calma, valores que no cotizan en bolsa pero que al final nos hacen más felices y más ricos. Al fin y a la postre, no será la primera vez, cuando se abandonó “el Patrón Oro” también parecía cosa de locos.

Sólo sugiero la vuelta a unos valores más humanos aunque dentro de un rato nos encontraremos en la pila de trapitos en rebajas del Zara y nos desollaremos vivos para conseguir unos pantalones. Porque glorificar a Amancio es la esencia humana, parece que estamos creados para ello. Somos incorregibles… o igual no tanto!

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