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Papá, ¿Cómo acabará esto?

Publicado: 1 marzo, 2022 en actualité...

    Ayer me encontré por uno de esos cajones donde acaba todo y que ya ni cierra ese cajón donde va a parar el  ticket del supermercado, una pila gastada, el calendario del año pasado o  hasta la vergüenza esa que hemos perdido y que no sabemos ya por donde buscar para encontrarla. Seguro que tu también tienes uno de esos. Decía que me encontré una pegatina con dos nubes y un arcoíris muy colorido. En una de las nubes ponía #TodoSaldráBien y en la otra #SaldremosMejores. Estoy seguro que te acuerdas de ellas, tampoco hace tanto como mucho un año y pico. Era de la época en la que todos estábamos asustados, aplaudíamos desde los balcones y aprendíamos a andar con “el bicho”. Me dibujó una sonrisa un tanto amarga porque si por aquella época nos llegan a decir que un año escaso después esa misma humanidad que parecía poseída por el espíritu de MrWonderful acabaría inmersa en una locura de consecuencias imprevisibles que nos ha devuelto a los tiempos en los que nos íbamos a dormir sin siquiera saber si  desapareceríamos en una explosión nuclear . Seguro que no nos lo creeríamos, ¿verdad?

Andreu ayer me preguntaba ¿Papá, cómo acabará esto? Se le veía preocupado y la verdad es que tuve la tentación de contarle una versión Disney de asunto y decirle que todo irá bien, que todo volverá a la normalidad y la humanidad entera se sentará a hablar. Pero me acordé de la pegatina y lo ridícula que me parecía ahora, después de tanto dolor y muerte. Decidí no transformarme en esa pegatina y le dije la verdad, además los niños son niños, no estúpidos y saben muy bien lo que está ocurriendo, puede que más que nosotros mismos. Le dije que no tenía ni idea porque cualquier cosa era posible. También pensaba que Putin no entraría en Ucrania como un elefante en una cacharrería y ya ves. Ahora ya no se ni siquiera si sería capaz de “apretar el botón” y enviar al planeta a freir monas.

Fui un ingenuo que confiaba, como siempre, en la diplomacia y en que las instituciones servirían para algo más que como carísimo decorado de una película en la que acabaremos pagando los de siempre. Porque todavía no hemos aprendido que en las guerras nunca muere el que las declara desde sus palacios. Los que están muriendo ahora en Ucrania son los mismos que los que morirán en cualquier otra parte del mundo, mujeres, niños, hombres, personas que nada tienen que ver con que un ególatra tenga designios de grandeza y acaba enviándonos al matadero.  Son personas que hace una semana tenía sus vidas, sus familias, sus problemas, igual que tú o yo mismo y ahora se esconden, en el mejor de los casos, en los túneles del metro intentando no ser víctimas de las bombas. Da igual quien las tire. Es una vez más el ansia extraña que tiene esta especie por destruirse los unos a los otros de la manera más dolorosa y cruel posible. Unos, los poderosos sin que parezcan muy afectos, los otros intentando salvar la vida de los suyos y, si es posible, la suya propia. Porque de eso se trata, de supervivencia. Las palabras grandilocuentes como patria, héroes y todo eso palidecen ante la realidad. El que más y el que menos intenta salvar a sus familias y a sí mismo en una lucha por la supervivencia que nos lleva desde que bajamos de los árboles hace miles de años.

Hemos vivido tantas veces esta misma situación a lo largo de la historia que resulta increíble e imperdonable que no hayamos aprendido nada en esta vieja Europa que de guerras, dolor y sangre vertida en balde tiene un doloroso Máster. Nosotros que venimos de la mezcla de barro y sangre  de las trincheras de dos guerras mundiales  seguimos sin aprender de nuestros errores y nuestra UE se muestra otra vez más débil y lenta ante los desafíos, ya sean en el mar como en tierra.  Hitler, Napoleón… Todos se envolvieron en sus banderas y enviaron a miles a la muerte, ¿con qué finalidad?  La que quieras, porque cada uno es muy libre de creer en lo que le plazca, pero la perdida de una sola vida humana nunca será justificada por una paranoia.

El seppuku

Publicado: 22 febrero, 2022 en actualité...

El seppuku es una técnica de suicidio ritual japonesa un tanto cafre que, según se cuenta, cometían los antiguos samuráis para huir de la deshonra y el deshonor, cosas del bushidō. Creo que como sale en muchas películas me ahorraré la descripción gore del asunto porque creo que ya sabemos cómo funcionaba eso y así, de paso, me ahorro sacar el mocho y fregar cubos de sangre que lo deja todo perdido.

No negaré que vistoso si que era el asunto pero puede que lo de Génova sea, como mínimo, igual de vistoso aunque se lo tomen más bien al revés, todos buscan que sea el otro el que se haga el Hara-Kiri porque eso ha de doler mucho. Al final cambiaremos de película, harán un remake de “Los inmortales” y en lugar de quedar uno, palmarán todos en una especie de implosión que se oirá desde Júpiter.

A mí por lo menos me tiene alucinado ver como el jefe de un partido político que aspira al gobierno sea capaz de mantenerse agarrado al sillón, intentando ganar tiempo como si esperase que se le aparezca la Virgen o algo parecido y sin que le importe el daño que hace a su partido y a pesar de que todos le pidan que se aparte de enmedio. Gritando que «dimitir» igual es un nombre ruso y que agotará el mandato “democratico” viendo ,impertérrito, como todo quisque empieza a largarse de su lado y el mundo se hunde a su alrededor. Oye, épica no le falta al asunto pero lo que es ética o dignidad ¿Qué quieres que te diga?¿Llegará vivo hasta el lunes?

Es lo que tiene dejar un barco de semejante tamaño a un grupo de gente que se preocupa más de hacerse fotos con ovejas que en hacer frente a la tarea que supone dirigir un partido político de ese calibre. Les viene un poco grande, todos quieren trastear con el juguete y acaban rompiéndolo. Se pegan por un trocito de timón pero como ni sospechan aquello de que la vida no es de color de rosa, a la mínima que desde el carajo gritan barco a la vista, saltan nadando.

Esto no sería más que un chiste de los de reír a caja partida o una película para sentarse a ver con un bidón de palomitas si no es porque la magnitud de la tragedia es enorme. Me asusta saber que sucedería si el PP desapareciese. Ya sospecharás que igual no son santo de mi devoción pero siendo deportivos, no negarás que la victoria sólo es buena si el enemigo es digno. Además piensa algo verdaderamente terrorífico. La teoría de la mecánica de fluidos dice que cuando un espacio queda libre rápidamente tiende a llenarse con todo lo que hay alrededor y alrededor de PP está lo que está (ya lo viste en Andalucía o Castilla León) así es que no se si la cosa está como para chistes. Puede que necesitemos un PP digno, o por lo menos, cuerdo para que la democracia no corra peligro. Imagina que los señores del diccionario llenasen el vacío…

La culpa no es nuestra

Publicado: 15 febrero, 2022 en actualité...

Seguro que si ahora vengo yo diciendo que puede que la culpa no sea de VOX mucha gente empezaría a rasgarse las vestituras y a pensar que me he pasado al lado oscuro –Dios me libre- y puede que acabara lapidado en cualquier solar porque visto como están los ánimos nunca se sabe. Pero es que tampoco dejaría de ser verdad que igual la culpa va a ser de los partidos que ahora van diciendo que somos culpables del paisaje que nos ha quedado después de las elecciones en Castilla León porque no sabemos votar -como Casero y su ordenador- y andan como Boabdil (o mejor como la zarzamora), llorando por los rincones y gritando desaforados “Que vieneeeee la derechaaaa, hay que pararlossss”.

Pues si, hay que pararlos porque aunque hasta me puedes decir que parece antidemocrático por aquello de que al final y a la postre es lo que se ha votado y puede que eso debiera ir a misa. También es verdad que si se enquistan en los gobiernos de los ayuntamientos y las autonomías lo que sucederá es que no nos dejarán votar para tirarlos cuando veamos la piel al lobo y  descubramos los engaños. Ya lo vimos el siglo pasado en Alemania se votó a un hombrecito con bigote y después costó millones de vidas sacarlo.

El PP ha metido la pata hasta el cuello con la maniobra esta que les ha llevado a perder un montón de votos, ganar un par de procuradores y cambiar un socio “razonable y maleable” por otro que les va a llevar por la calle de la amargura (creo que no hago ningún spoiler). Ahora puede que pensemos que no merecen que les vayan tirando un capote el resto de los partidos para que les dejen gobernar en solitario y salven los muebles. Ellos, orgullosos no van a pedirlo pero igual sería una salida decente. Tan raro no sería, Merkel ya lo hizo en Turingia para parar a los remakes de Hitler y Cia y no fue mal la aventura. Por supuesto que gratis no debiera ser, por aquello de quid pro quo. ¿Y si dejamos que gobiernen los nuevos granjeros a cambio de que se comprometan a por una vez en su vida comportarse como partido democrático y se cuiden de no andar con malas compañías? Seguro que nos vendría bien a todos si se separasen de la indecencia, de las prácticas de juzgado de guardia, y más aún de los que niegan la violencia de género y de los que se juntan con lo peor de Europa. Eso ya sería un buen rédito.

Pero dejando a un lado los resultados deberían sentarse todos los partidos decentes a reflexionar un poco sobre como es que los ultras están comiéndoles la merienda. No creo que la cosa sea que la mayoría de la gente de repente se haya vuelto troglodita, igual, más bien, los extremos se están alimentando de los votos de los que se van hartando, porque eso es lo que ocurre. Nos estamos hartando de tanto circo, de tanto espectáculo deleznable, de tanta foto con ovejas o de tanta promesa que acaba en nada.

Son tiempos difíciles, venimos de pasarlo mal en una pandemia, mucha gente está anímicamente al límite y no recibe más respuesta que números circenses de diputados que han perdido el respeto al hemiciclo, de otros que no atienden ni a lo que votan o de candidatos que se acercan al medio rural para insultarlo con sus puestas en escena. Ese es el caldo de cultivo en el que proliferan los extremos y eso es lo que se está generando por hectómetros cúbicos con la bronca continua y ahí es donde aparecen los oportunistas a llevarse la carroña.

No, igual la culpa no es de que se vote a los extremos, deberíamos pensar sobre ello la próxima vez que nos digan que no votamos bien.

Un error informático

Publicado: 8 febrero, 2022 en actualité...

No me dirás que lo del voto del diputado del PP no resulta sorprendente. Ya sabes, Alberto Casero andaba indignado y llorando por los rincones porque el “malvado” sistema informático “se equivocó” a la hora de registrar su voto, tanto como que votó SI dos veces (una para votar y otra para validar) pero el buen hombre quería decir NO.


El caso es que sea por lo que sea, tontería, incompetencia, mano negra o justicia divina, por fin parece que se ha conseguido mover el mundillo laboral. Necesitábamos que se abriesen, como fuese, las ventanas y se ventilase un poco el tufo rancio de señoritos, siervos, lacayos y pseudoesclavos autónomos que se respiraba. Primero airear para que se disipe el humo y después, cuando consigamos ver algo, ya hablamos. Lo importante ya se ha hecho, ponerse en marcha.


Pero bueno, volvamos a lo de la informática, que ya me había ido otra vez por los cerros de Úbeda. Decía que en Génova van rabiando con eso de que Casero se equivocara en el voto y en la verificación, algo que sería raro viniendo de cualquiera pero no de un Señor Diputado que se “equivocó” tres veces el mismo día. ¡Pero es que el partido entero metió la pata en otra votación!. No hace falta ser Sherlock Holmes para entender que o son unos negados o que eso de casualidad tenga poco y más después de que lo previsto se viniese abajo por el voto en contra, in extremis, de UPN. ¿No será que se vieron obligados a montar una historieta para aparentar lo que no es y salvar el guión establecido? (Hay que ver lo malpensado que soy) Pero ¿Cómo van a equivocarse ellos, hombres renacentistas encabezados por un ser superior al mismo Leonardo que sabe de todo y hasta intentará hacer votar a las ovejas de Castilla? Por mítines en granjas no será.


Pero bueno, aceptaremos lo que nos digan. Será que el sistema informático fue diseñado por Rasputín y que la informatización puede que no sea apta para todos. Lamentable y espantoso para los diputados pero por lo visto no para los miles de personas y no sólo ancianos, que se han de enfrentar en su día a día a una tecnología a la que o no tienen un acceso decente o les queda un poco lejana y se las ven y desean para tratar con su banco, con la administración o con el ambulatorio, ellos solos, sin ser siquiera diputados ni tener asistentes o dispositivos válidos. Se han de enfrentar a cajeros o páginas web de entidades que han olvidado lo que les dieron esas mismas personas cuando al “crack”. Servicios que no están pensados para gente mayor o poco puesta en tecnología que está acostumbrada al trato personal en la oficina y que no entiende de passwords ni pines pero que les hicieron ricos y que les han demostrado muchísima más fidelidad que ellos con años y más años como clientes. Menos mal que una vez más nuestros mayores nos enseñarán cómo se hacen las cosas, por lo pronto Carlos San Juan ya ha batido todos los records reuniendo 600.000 firmas con su iniciativa «soy mayor no idiota» en la que nos ha hecho ver a todos que acceder a una oficina que, con la excusa del virus, se ha transformado en lo más parecido a colarse en Fort Knox.

Contar hasta 10

Publicado: 1 febrero, 2022 en actualité...

Antes, cuando el mundo tenía un ritmo más sosegado, cuando todavía tenía algún sentido aquello de “Cuenta hasta 10 antes de hacer algo de lo que después puedas arrepentirte” eso de reaccionar a lo bestia en las redes, como un hooligan cualquiera, estaba mal visto. Más que nada porque si después tenías que envainártela sentías cierto bochorno. ¿Sorprendente, verdad?

Era un tiempo en el que se consideraba de buena educación eso de ser reflexivo, tomarse un tiempo y sopesar las cosas en su justa medida – no, no sucedía casi nunca pero estaba bien visto intentarlo- Ahora parece que estemos en el extremo contrario. Nos hemos instalado en el “Fast Food”, todo es para ya, sin pensar. Todos sabemos tanto de todo que no podemos tardar ni dos decimas en opinar de algo, como si se nos pasase el turno. Y así nos luce el pelo. Desde el vendedor que quiere que tomemos una decisión que nos mantendrá enredados durante años en segundos hasta los programas de la tele en el que se opina de todo sin contrastar, sin saber siquiera si es verdad o se parece lo que cuentan. Entre todos nos han metido el estilo “Sálvame” como el esquema a seguir en todo. Se han cargado el rigor, no les importa, saben que sólo nos quedaremos con el titular porque no nos da la vida para procesar tanta información, entenderla y si se tercia, comentarla. Nos han convertido en devoradores de información sesgada que después repetiremos de la manera más salvaje posible amparados en el anonimato que creemos que nos dan las redes. Somos como haters profesionales al servicio de terceros, pero sin sueldo.

¿Qué porqué te cuento ahora este rollo? Te parecerá una frivolidad pero resulta que el sábado me plante cara la tele para ver el BenidormFest y me quedé sorprendido por el triunfo de Chanel (Confieso que uno tenía predilección por Tanxuguerias) pero de ahí a tomárselo como una afrenta gravísima o como una cuestión de Estado en la que intervienen hasta los sindicatos que se quedan sentaditos en otros asuntos, va un mundo.

Los haters se pusieron manos a la obra desde el minuto 0 con una campaña de acoso y derribo desproporcionada que no se había visto desde tiempos de Maria Antonieta. Parece que de repente nos vaya la vida en un festival de canciones. Puede que otros trabajos fuesen más reivindicativos, con más fondo, o que simplemente te gustase más pero parece que nadie haya parado a pensar en el trabajo ingente que supone presentar una canción al festival sea o no la ganadora y que el esfuerzo debe ser reconocido. Pero eso ahora ya no se lleva, nos quedamos en lo superficial que permite a demasiados salir a las redes a zurrar a Chanel como a una piñata.

Lo peor es que esto no es más que un reflejo de la sociedad visceral e irreflexiva en la que hemos acabado en manos de vete a saber quienes. Pero lo que parece claro es que si esto ocurrió en un festival, no se que podría pasarnos en algo más serio pero seguro que nada bueno, por lo pronto no ha faltado demasiado para que se viese algún tío vestido de búfalo en el ayuntamiento de Lorca. Igual deberíamos tirar el freno y volver a aquello de contar hasta 10 antes de abrir fuego.

Otra vez tambores de guerra

Publicado: 25 enero, 2022 en actualité...

Parece mentira que en los centenares de miles de años que vamos trajinando sobre la tierra no hayamos escarmentado nada y continuemos con esa extraña querencia que tenemos a darnos los unos a los otros como a una estera. Cambian las armas, desde un palo a un dron pero en esencia siempre estamos igual, cada tres por cuatro a alguien se le va la pinza, amenaza al vecino y se arma la gorda. El caso es que cuando a algún poderoso se le salta el resorte empezamos otro intento de autoexterminio de la especie que fracasará porque, en el fondo, a nadie le hace ninguna gracia que lo borren de la faz de la tierra, como si lo frotasen con una goma de Milan, a lo bestia.

Lo que no negaré es que lo de estos días resulta preocupante y más cuando sacan a pasear el reloj del fin del mundo que ya está acercándose a la media noche. ¿No sabes que és? Si quieres pincha aquí o si no te diré que es una especie de cuenta atrás que fija las 12 de la medianoche como el momento en el que empezará una guerra termonuclear que lo dejará todo hecho unos zorros, muy al estilo Madmax. Pues bueno, lo dicho, el otro día estaba a sólo 100 segundos de que esto ocurriese y mientras tanto Putin envalentonado como gallo de corral, Biden azuzando el ambiente y la UE amenazando con tomar medidas. Y si todo esto lo regamos con unos medios de comunicación que nos enseñan imágenes, sin contrastar y sin ubicar, de tropas que se amontonan, gente con cara de enfado y barcos que salen de España sin que nos digan que igual estaba previsto de antes (Resulta irónico. Si a alguien por el Ministerio le importase algo la historia no enviaría un barco llamado Blas de Lezo a unas maniobras con barcos británicos, más que nada porque el espíritu de “mediohombre” podía aparecerse y hundirlos a todos, pero eso es otra historia).

El caldo de cultivo pre-bélico está servido una vez más. Las barras de los bares tuiteros ya sacan humo con comentarios envalentonados por parte de gente que parece poseída por Millán Astray, pero que si oyese un tiro saldría por patas (yo seguramente lo haría). Nos harán creer que la guerra es inevitable para vendernos otro desastre en el que por supuesto no seremos nosotros los que ganemos algo. Siempre picamos a pesar de que sepamos que en una guerra el primer muerto siempre es la verdad y aunque llenemos la calle con pancartas de NO a la guerra, siempre nos acaban vendiendo la moto.

Pero lo que está claro es que una vez más no serán los que pregonan los porrazos los que vayan a matarse en cualquier esquina, para beneficio y gloria de otros, como siempre. Los que se hinchan los carrillos llamando a la guerra no serán los que tengan que enterrar a sus hijos. Nunca lo hacen. Nos envían a nosotros y a nuestros hijos a matarse por alguna causa que nos han hecho creer y que casi siempre es la misma envuelta en celofán, el beneficio del que te pondrá una bandera y una medallita en el féretro por haberte dejado la vida, convencido de su propaganda y su desinformación. ¿Tú crees de verdad que puede beneficiarnos en algo el hecho de que USA y Rusia se pudiesen pegar en Europa? Bueno, igual si eres chino puedes pensar que lo que quede en pie en el solar que resultaría de todo esto te comprará en Aliexpress. No caigamos una vez más en su trampa. Puede que la clave esté en Mafalda, “Si los cobardes que deciden las guerras tuvieran que ir a pelearlas, viviríamos todos en paz”

Mírales a los pies.

Publicado: 18 enero, 2022 en actualité...

Vengo de un mundo antiguo, de personas honestas en el que la palabra dada vale más que una letra de cambio avalada por un banco. De un mundo en el que las personas se levantan temprano, mucho antes de la salida del Sol y andan cada día a partirse el espinazo “birbant serreig” (arrancar malas hierbas del arroz) , llueva o nieve, haga frío o calor para arrancar a la tierra el sustento de sus familias con un producto que les cuesta la salud pero que nunca llega a conseguir el verdadero precio que merece el esfuerzo. Vengo de un mundo de personas embarcadas al amanecer, en el frío del mar muchas veces áspero y nada placentero. Ese frío húmedo que te cala las entrañas y que nadie que no lo haya vivido sabrá describir pero que se ha de pasar para poder sacar unas redes, unos “tresmalls” (tipo de red de pesca muy usada en Valencia) llenos con los que poder alimentar a la prole. Un mundo y unos tiempos de gente dura, sincera en el que el caballo o la mula eran un miembro más de la familia y su muerte era amargamente llorada porque podía suponer un invierno de miseria.

Llámame viejo, quizá lo sea de alma, pero haber vivido esto, haber escuchado tantas historias de mis mayores puede que me de una visión un poco especial del vodevil que están siguiendo nuestros políticos estos días con eso de salir corriendo al medio rural a hacerse una foto con alguna vaca como fotocall, con la excusa de los comentarios del Ministro de Consumo y aprovechando que se acercan las urnas en Castilla León. Por lo visto cualquier cosa es buena para montar el teatrillo y conseguir una imagen que venda porque no se trata nada más que de eso.

¿Sabes en que se puede distinguir a los que saben dónde se meten de los que simplemente se acercan para la foto? Decían los viejos que no, la diferencia no siempre está en las manos porque puede que alguien no haya trabajado la tierra pero sea labrador, porque conoce y sabe respetar el trabajo de sus antepasados, lo que le ha llevado a ser lo que es, raíces a las que no se renuncia. No, según me dijeron puede que la diferencia entre “uno de los nuestros” de un impostor esté en los pies. Nunca me ha fallado. Los que saben donde se meten cuando entran a un huerto no llevan zapatos caros de los de pisar moqueta, ¿verdad?. Los pies de una persona digna siempre han de saber acompañar por donde pisan. ¿Has visto alguna vez a un marinero con zapatos de charol?¿A un arrocero con mocasines?

Pues eso, párate a pensarlo, estos días han salido de sus mullidas moquetas y se han acercado en tromba a hacerse fotos con ovejas, ellos que no sabrán distinguir una churra de una merina. Se retratan con vacas sin que les importe si es una retinta o una morucha. Se las traemos al pairo, sólo vienen a por la foto, nos mienten, mírales a los pies.

“Un viaje de mil millas empieza con un primer paso” Lao Tse

Dicen que el año empieza de verdad esta semana, ahora que las luces se apagan, dejamos de oír el soniquete de los villancicos y en el súper han retirado los polvorones es cuando toca apechugar con los resultados de estos días en los que nos hemos deseado un buen año. Son los días en los que suena el teléfono y ya no se oye “Feliz año nuevo” sino el “¿para cuando?”. Toca ponerse en marcha otra vez, vuelve la rutina.

Han pasado los días de navidades y empiezo a guardar los adornos que han invadido estos días toda la casa. De hecho me pillas guardando en cajitas las bolas del árbol de plástico “made in China”. Intento hacerlo de forma ordenada porque quizás resuena en mi cabeza la voz de mi tía cuando te llamaba para enseñarte lo que guardaba en cada caja y decía “lo guardo así porque quién sabe si seré yo la que lo saque al año que viene”. Es inevitable, me invade la tristeza, la misma que en los días pasados en los que faltaba alguien para cenar (cuando se podía) y me salta a la mente el primer año en el que fui yo el que sacó las figuritas del Belén, hasta el angelito de la anunciación me pareció que estaba triste ese año. En fín, el tiempo no deja a nadie indemne, pasa y va dejando sus surcos que al fin y a la postre es lo que nos hace ser como somos. Con nuestras luces y nuestras sombras, humanos.

Empieza un año nuevo, ahora que la rutina ha desterrado a los Reyes Magos que todavía se otean en el horizonte. Nos toca arrancar un año más que, de momento, empieza un poco más sosegado. Si te paras a pensar, seguimos con el bicho pero por lo menos ya no mata tanto y además, recuerda que el año pasado por estas fechas nos visitaba la “amiga Filomena” y unos tipos vestidos de búfalo habían asaltado el Capitolio Algo es algo, ¿no?.

Empieza todo un año por delante y como en todo, nuestra actitud va a marcarlo todo. Podemos sentarnos a “verlas venir” y ya te digo yo que te quedarás sentadito porque nadie va a dar nada en un mundo desnortado en el que nos hemos olvidado de lo obvio y continuamos abrazando versiones interesadas de la vida en las que nos venden el miedo y el terror a todos los fantasmas que quieran hacernos ver. No vaya a ser que rompamos un guion en el que lo importante es que produzcamos, aunque sea negando los efectos de la pandemia e imposibilitando la «conciliación familiar» para que el rico cada vez lo sea más y el necesitado cada vez esté más desahuciado. Escondido bajo la alfombra de las estadísticas y sometido a los designios artificiales y “milagrosos” de I.P.C.

Pero puedes levantarte de la silla. Ya va siendo hora de darse cuenta que sólo nosotros podemos escribir nuestro destino, y enfrentarnos al año con ganas de hacer algo de lo que podamos sentirnos orgullosos, por pequeño que sea porque muchas cosas pequeñas pueden cambiar el mundo. Puedes hacerlo, te dirán que no. Igual como hicieron con quién intentó algo y lo logró. Puedes fracasar, es cierto, pero nada se consigue si no se intenta nada se gana si se sale derrotado de casa. Al final, como decía Lao Tse “Un viaje de mil millas empieza con un primer paso” ¿Vas a darlo este año?

Deseos de año nuevo

Publicado: 4 enero, 2022 en actualité...

   Todos los años por estas fechas nos llenamos de buenos propósitos. Son los días “MrWonderful”, los  de las agendas con mensajes maravillosos. Esos días de los buenos propósitos, esos de las buenas intenciones que justo esta semana empezarán a ser aplazadas. Que si da pereza empezar eso de una vida menos sedentaria;  que si  ya empezaré con el régimen después de Reyes… Vamos lo de siempre. Son los días en los que andamos confundidos y no sabemos si apuntar 2021 o 2022 (no te preocupes, nos pasa a todos). Son días en los que todavía andamos hinchados de insulina navideña. Nos hemos felicitado a distancia el año nuevo y seguro que te has dado cuenta de que no hay mucha gente que augure que la pandemia acabará. Creo que el  mecanismo adaptativo que nos ha llevado hacia donde estamos en la evolución está empezando a ponerse en marcha, a ratos pienso que nos vamos acostumbrando. Si, también a esto. Igual el lapsus en las campanadas de Ramón García y su regreso a 2020 no es más que una prueba de que nuestro cerebro intenta olvidar los malos ratos para seguir adelante, ¡yo que se!

Lo que sí que he notado es que parece que hayamos entendido el significado de un gesto que repetíamos mecánicamente. Parece que estas fiestas hayamos comprendido a qué nos referíamos cuando chocábamos nuestras copas y decíamos aquello de “salud” – aunque hagan “crock crock” en lugar de “chin-chin”- . Desde siempre hemos brindado y nos hemos deseado “salud” y puede que no calculásemos la magnitud del deseo. ¿Verdad que estas navidades eso tenía otro sentido?.  Deseo que mucha gente te haya mirado a los ojos -aunque sea a distancia- y te haya deseado eso, salud. Si es así, felicidades. Si no lo es quiero que sepas que, por lo menos puedes contar con mis buenos deseos sinceros para ti y los tuyos en este año que empieza, nuevecito, a estrenar.

Salió el Sol el día 1 y no pasó nada prodigioso. Salió por el Este, se puso por el Oeste y todo eso, sin que cambiasen demasiadas cosas. La bola de fuego continuó iluminando un mundo bocarriba en el que el ruido parece inundarlo todo y en el que vamos navegando como una cáscara de nuez en mitad de una tormenta alentada por agoreros que no hacen más que alimentar terrores bíblicos, que magnifican los hechos para hacer bueno aquello de que sólo venden las malas noticias o que confunden por el simple placer de  liar la madeja. Igual ha llegado el momento de atreverse a poner en la báscula los “pros y los contra” en todo esto que estamos viviendo.  Seamos prudentes pero no nos dejemos llevar por un pánico que nos ha vuelto vulnerables y manejables, presas del miedo. Te aseguro que si nuestros antepasados no hubiesen vencido el miedo seguiríamos viviendo en los árboles saltando de rama en rama.

Ojalá este año que empieza seamos capaz de descubrir el valor incalculable de la vida que, a pesar de todo, merece ser vivida plenamente. Sin caer en el monotema que no hace más que retroalimentar el pesimismo, nos vuelve grises y nos va sumiendo en un extraño sentimiento de vacío. Espero de verdad que seamos capaces de descubrir que hay algo más allá del maldito bicho, que hay vida más allá de las noticias desesperantes y que debemos dejar hacer a la ciencia confiando en ella, pero también debemos trabajar en nosotros mismos para que cuando llegue la solución no nos pille tan bajos de moral que no la veamos. Igual mi deseo sería que levantásemos esa cabeza antes de que sea tarde, tienes 365 días por delante para caminar y hacer realidad algo que sin duda mereces y que te deseo de todo corazón, que tus pies te lleven este año por el camino que conduce a ser quien realmente eres.

Mi más sincero abrazo, Feliz año nuevo.

Bueno, ya parece que hayamos pasado las navidades un año más. Ya ha pasado el primer MatchBall de los que nos amenazan con que van a subir los contagios a lo bestia. Ya veremos, la suerte esta echada. Algunos habrán montado una cena en casa, con los de siempre y otros habrán montado grandes fastos en venganza por el año pasado cuando se pusieron restricciones y los gobiernos no escurrieron tanto el bulto pensando que así la culpa de lo que ocurra será nuestra, por cerriles. No se yo como habrá salido el asunto aunque a juzgar por lo que se veía por las calles, pinta mal. De todas formas las estadísticas nos lo dirán dentro de unos días pero bueno “a lo hecho, pecho”.

De algo que no se yo si te habrás dado cuenta es que este año la gente repartía buenos deseos de otra manera. No se a tí pero a mí la mayoría de la gente me deseaba unas felices fiestas, muy pocos han seguido con aquello de “feliz año nuevo”. Igual será porque ya hasta nos da miedo pensar en la idea de un año más como este porque ya andamos tan justitos que me parece que aquello de las uvas en la Puerta del Sol, los besos, abrazos y todo eso de la canción de Mecano nos parece otra vida. O puede que de repente todo el mundo se haya vuelto pitagórico y crea a píes juntillas aquello de «no hay dos sin tres».

Me espanta pensar que el guionista del 2022 quiera superarse. Me acuerdo de la cara que se nos quedó a todos cuando intuimos que este año sería un remake del anterior o incluso lo superaba. Yo soy de natural tirando a cobardica y ya no se si me atrevo a pensar que será de nosotros si seguimos igual porque me parece que en esta sociedad que saldría «mejor» hacemos ya más agua que el Titanic. Así que imagina si subimos la apuesta con la venida de los marcianos o un meteorito XXL. Ya veremos porque ya todo es posible.

Este año también será de los que nos va a costar olvidar, el bicho (again), los problemas de siempre que parece que van a seguir siendo los de siempre, cada vez es más evidente que no podemos pasar por alto que todo esto nos está afectando mucho a la psique y hasta un volcán. ¿Qué más ya? Pues lo dicho. El meteorito, a veces creo que si llegase muchos saldríamos corriendo a saluadarlo. Aunque también es verdad que con todo lo que hemos pasado ya sólo nos queda un camino, la remontada. 2022 suena bien. Ya veremos, pero seré prudente y visto lo visto lo verdad es que no puedo más que desearte que el año que empieza no se porte demasiado mal con nosotros.