La lista de Marlaska

Publicado: 10 septiembre, 2026 en actualité...

Te sirves una taza de café recién hecho para intentar arrancar el día aparentando cierta dignidad y te dispones a empezar el día pensando que la mayor amenaza a tu libertad va a ser el algoritmo de Netflix. Y entonces abres las noticias y descubres la filtración de las listas de periodistas del Ministerio del Interior. Te da por mirar de reojo al router por si acaso.

Imaginar la escena tiene su punto berlanguiano: un despacho oficial con luz fluorescente y alguien entretenido en clasificar informadores como si fueran cromos de la Liga. «Este es peleón», «este nos tiene mania», «este escribe raro». Sería para partirse de risa si no fuera porque, en el fondo, es un bofetón con la mano abierta a nuestra sensación de democracia. De repente te das cuenta de que el Estado, ese que se supone que vela por tus derechos, estaba en el pasillo haciendo listas de quién es «bueno» y quién es «malo» para la causa y eso, llamame ratito, no parece muy tranquilizador.

No he podido evitar acordarme de los primeros años noventa, justo cuando cayó el Bloque del Este y se abrieron los archivos de la Stasi. Esas imágenes de los ciudadanos de Berlín Este haciendo cola en la puerta de los antiguos ministerios, acercándose a las carpetas con una mezcla insuperable de curiosidad cotilla y puro espanto. Acudían temblando por descubrir si el informe oficial sobre su vida lo había firmado su vecino del quinto o su propio primo, y qué puñetas habían dejado anotado sobre ellos en una máquina de escribir con cinta desgastada.

Hoy las carpetas de cartón con gomas elásticas se han cambiado por archivos de Excel y bases de datos, pero la pulsión de «fichar al personal» sigue intacta. Que desde las cloacas (o las plantas nobles) del poder se dediquen a catalogar a la gente que tiene la puñetera obligación de fiscalizarlos roza lo estrambótico, pero sobre todo es peligrosísimo.

En fin, apuro el café y espero que, si en algún despacho oficial hay un informe sobre este blog, al menos hayan anotado que el autor es un «Friki»  que escribe con un café excelente y un par de pantuflas bien cómodas. Porque como nos quiten la retranca, ya solo nos queda echarnos a llorar y exiliarnos a Pernambuco.

Participa!. Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.