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Colapso del sistema

Publicado: 5 diciembre, 2016 en actualité...
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El otro día un amiguete de los que me acompañan en eso del pedal me enseñó su bici nueva. Se había hecho con un “pepinaco” alucinante, una bici de esas que casi andan solas (“casi”), de esas que le valdría para darle un par de sustos a Chris Froome en el lama-2Tour. El único defecto es que  tardará lustros en pagarla. No le hacía falta para el nivel modestillo de nuestras aventuras, en realidad fué al taller a comprar unas zapatas de freno nuevas pero claro, el sistema se puso en marcha. Una cosa llevó a la otra y con la ayuda de un buen vendedor el desenlace estaba claro. Él tiene una bici nueva, el taller ha hecho una venta y la fábrica ha colocado un producto. Sería perfecto si no es porque mi amigo no va a poder usar la bici, tendrá que invertir parte del tiempo de pedaleo en trabajar para pagar una letra más. ¿Surrealista, verdad? Pues no le dije nada, todos somos víctimas de estos detalles irónicos del sistema. Como dijo el Dalai Lama » El hombre occidental pierde su salud para ganar dinero, después gasta su dinero en recuperar la salud».

Hoy en día estamos viviendo una época en la que asistimos a un juego de balanzas inestable que empezó con el desmoronamiento del régimen magefesacomunista. No es que yo a estas horas vaya a salir Bolchevique, pero lo que resulta innegable es que mientras existía algo “a la otra parte”, mientras existía un héroe al que temer el villano no se mostraba en su plenitud (o al revés,¿qué más da?). Ya se que  esto viene de antes. Estamos viviendo el capitalismo desde el año de la mariacastaña, después de la caída del Antiguo Régimen y la revolución industrial, pero es verdad (y que me perdonen mis antiguos profes de economía) que después de las Guerras Mundiales nos dio por dar una vuelta más a la tuerca y hacernos consumistas pero todo tenía el límite de no saber que pasaba «al otro lado». En USA empezaron a meternos en la cabeza la idea de comprar como si no hubiese un mañana, de comprar para ser felices. La cosa empezó marcianos.jpgsiendo hasta simpática pero ya digo, lo que empezó de forma recatada y moderada se ha transformado en un sistema perverso que está llegando a su extremo. Ahora ya los objetos que se consumen y se tiran somos nosotros, los seres humanos en manos de monstruos y corporaciones que nos usan como Kleanex y a los que adoramos como los muñecos verdes de Toy Story al gancho. Y ahora, con la muerte de Fidel, último icono anticapitalista y la llegada del indescriptible mercantilista neoliberal, Trump, seguro que asistimos a la última aceleración de la perversión. El liberalismo salvaje ya se ha quitado la careta y se muestra como es, un sistema en el que, si no espabilamos, los mortales como tú y como yo seremos simples medios de producción a los que desplumar, consumir, y después dejar tirados en la miseria, en el olvido. ¿No ha empezado ya? Pues con las cifras de paro, miseria, recortes y desesperación que padecemos en España, casi que lo parece.

Todo ha empezado a girar a una velocidad alucinante, la desigualdad ha crecido, perdemos derechos de la noche a la mañana, sin ningún tipo de argumento que no sea el de enriquecer a los que ya son ricos. Mientras tanto nosotros seguimos con la mente totalmente evadida, celebrando (ayer) una Constitución que cada vez es más papel mojado y pensando en como compraremos los regalos de navidad.

¿Dónde acabará el juego? Supongo que lo normal, en el caso de que en todo esto haya algo “normal” sería darse cuenta de que estamos autodestruyéndonos en un juego en darwinel que la banca siempre gana. Ojalá todavía estemos a tiempo de decir “basta”. Basta de ser tratados como máquinas de usar y tirar. Pero personalmente ya dejé de creer en cuentos de hadas, lo siento, estamos demasiado anestesiados (las elecciones en todo el mundo occidental lo demuestran). Eso sí, me asusta la velocidad a la que se están sucediendo las cosas, descontento, radicalismo, populismo, “outsiders”, crisis y un robo de derechos que no hace más que retroalimentar la rueda. Parece que este juego perverso tiene sus días contados, va a explotar de pura avaricia y el “BOOM” se oirá desde la Galáxia de Andrómeda. El sistema colapsará, se hundirá y nos veremos nadando entre tiburones. ¿Entonces seremos capaces de darnos cuenta y empezar de nuevo? La Humanidad, si de algo es capaz y lo ha demostrado, es de reinventarse a sí misma Millones de años de evolución no pueden quedar en esto. Esperemos.

trump

Tal día como hoy hace 27 años caía el muro de la vergüenza, la pared que separó una nación en dos. Un 9 de noviembre de 1989 caía el muro de Berlín y Alemania volvía a ser una nación unida.

Hoy 9 de noviembre de 2016 se ha construido otro muro y no precisamente frente a México. Un muro invisible sin pared alguna. Un muro racial y étnico cuyo material principal es el odio. Un muro que hoy el republicano Donald Trump ha conseguido construir, convirtiéndose en el próximo presidente de los Estados Unidos y polarizando a la población estadounidense en dos mitades.

Probablemente, la mayoría de propuestas de teatrillo que prometió el multimillonario durante la campaña no las llevará a cabo, bien porque sean inviables o porque su propio partido y el sistema le imposibiliten llevarlas a cabo. Aunque, hay que tener en cuenta que los republicanos controlarán las dos cámaras, Senado y Congreso, que junto con la presidencia les da un poder legislativo enorme, que rompe totalmente con el reparto del poder político estadounidense de los dos principales partidos con una gran hegemonía por parte de los conservadores. Un hecho que no ocurría desde 1928 en Estados Unidos.

Muchos se acuerdan hoy de Bernie Sanders, un candidato fuera del ‘establishment’ con propuestas socialdemócratas, fuera de radicalismos y con una mejor valoración que Hillary Clinton entre la sociedad norteamericana y del que nunca sabremos si podría haber vencido ayer a Trump en las elecciones presidenciales.

Sin embargo, ¿cómo una persona como Trump, sin ninguna experiencia política ha logrado ser presidente de EE. UU.? Principalmente hay dos respuestas.

La primera es muy simple. Multitud de compatriotas suyos piensan como él, creen que los inmigrantes llegados de fuera solo vienen a delinquir y a ganarse la vida robando. Esto lo apreciamos en que un 90 % de los hombres blancos, mayores de 65 años y sin estudios han votado la candidatura del republicano. Esto es una causa de la globalización que se aprecia en Estados Unidos desde hace décadas y que va en aumento cada vez más. Pillando a contrapié y generando en el hombre estadounidense tradicional un sentimiento de odio y rechazo hacia los que vienen de fuera. Que hábilmente ha sabido canalizar Trump en sus numerosos discursos totalmente populistas y fascistas que han convencido fácilmente a esta parte de la ciudadanía.

Todas las afirmaciones que ha repetido Trump en contra de mexicanos, musulmanes u otros extranjeros venido de países pobres, calificándoles de criminales o terroristas, o su medida rocambolesca de construir un muro frente a México, no hacen más que acrecentar una brecha racial insalvable que radica en un nacionalismo extremo apoyado de una xenofobia y racismo fuera de control. Dichas afirmaciones son totalmente falsas y no tienen ningún fundamento, debido a que los extranjeros procedentes de países poco desarrollados a tierras norteamericanas son los que sustentan al Estado, teniendo los peores empleos y además aumentando la natalidad, rejuveneciendo de esta manera a buena parte de la población del país.

La segunda es por el hecho de que Trump es un ‘outsider’, alguien totalmente fuera del sistema político que está en contra del mismo. No obstante, la fortuna que ha adquirido él es gracias al propio sistema que tanto critica actualmente. Un candidato muy diferente al clásico, como es Hillary Clinton que viene de la mano de Wall Street. Un aspirante que no necesita la ayuda de ‘lobbies’, debido a que autofinanció su propia campaña. Una persona en definitiva muy incómoda para el ‘establishment’, que viene a destruir todo lo establecido en los últimos años.

Todas estas razones se engloban en una sola palabra, cambio. Un cambio que ha seducido a muchos hartos de ver reducir sus salarios e incrementadas sus jornadas. Cambio real ya que Clinton es de sobra conocida, ella y sus políticas. Por lo que prefieren optar a algo nuevo y arriesgado que a otros cuatro años más de Obama en esencia. El cual ha creado gran frustración entre la población norteamericana, ya que las expectativas que había creado hace ocho años eran enormes y no se han visto ni mucho menos satisfechas.

Debido a estos motivos y a las numerosas propuestas inverosímiles de Trump, gran parte de la clase media le ha secundado. Deseando simplemente ver mejoradas sus condiciones de vida. Pero, cuesta mucho creer que un multimillonario evasor de impuestos comience a legislar a favor de la mayoría de la ciudadanía y en oposición a la parte adinerada de la que él mismo forma parte.

A estas dos principales razones hay que añadir que a título personal Trump es una persona despreciable. Siendo un misógino machista que hace gala de tratar de forma deplorable a las mujeres gracias a su cuenta bancaria. Sin embargo, algunas mujeres e incluso latinas acudieron a votarle a pesar de todo lo que ha afirmado Donald durante la campaña en contra de inmigrantes y féminas.

Las ideas de Donald Trump no son nuevas, ni mucho menos. Son ideas fascistas tradicionales. Ideas que están volviendo a resurgir y a coger auge en todo el mundo. Un auge que hemos apreciado ya en Europa. Como fueron las razones que llevaron a muchos británicos a votar en favor del Brexit. Como son los gobiernos de extrema derecha en países como Polonia e Hungría, la subida de Marine Le Pen en Francia, Amanecer dorado en Grecia, Alternativa en Alemania y otros tantos de la zona euro.

Todos estos radicalismos cumplen un mismo patrón, un nacionalismo extremo derivado del fascismo clásico, un odio al sistema y a la clase política actual y una xenofobia y racismo desmesurado acompañado de un populismo brutal.

Hoy Donald Trump se ha convertido en el 45º presidente de los Estados Unidos. Su mensaje ha sido calado a muchos norteamericanos y aunque se marche, tras 4 u 8 años esas ideas seguirán en la cabeza de muchos. Trump ha partido a Estados Unidos en dos mitades, con un muro social imperceptible, que será muy difícil y laborioso derribar. Hoy el miedo ha vencido, hoy 60 millones de personas votaron por Donald Trump con 60 millones de razones, pero que tienen una razón en común, el odio. Hoy millones de razones no me hacen creer en este mundo, pero una sola continúa haciéndome seguir creyendo en él, la esperanza.

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Un nuevo César

Publicado: 8 noviembre, 2016 en actualité...
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En un rato conoceremos el nombre del nuevo presidente de los Estados Unidos. Eso viene a ser como saber quien será en nuevo Cesar, visto que nos empeñamos en continuar creyendo wp-1478603502992.jpegaquello de que en USA son especiales, como del Olimpo, y no queremos ver que el 99,9% de los que viven allí son personas como nosotros mismos, con sus glorias y sus miserias, con una tasa de paro alarmante y azotados por el mismo timo que nosotros, si no más. No vayamos a creer que aquello es otro planeta, puede que coman raro y que lleven armas pero no son tan distintos. Si queréis, la única diferencia que veo es que ninguno de los candidatos defiende las ideas de la izquierda europea, más bien nadan todos en un caldo algo indeterminado (anda, como el PSOE desde que se pasó al “lado abstenido”).

Nos dicen que el que gane las elecciones será el próximo presidente de la potencia que wp-1478614969426.jpeggobierna el mundo. Permitidme pensar que eso no es verdad. El mundo está regido por otro tipo de poderes que tienen más que ver con las multinacionales y las puertas giratorias que con el poder ejecutivo de un Gobierno, poderes que hacen sacar una banderíta blanca al más aguerrido de sus presidentes, o mejor dicho, que los untan como si fuesen rebanadas de pan con mantequilla. Ya lo vimos con Obama, quería cambiar el mundo y no ha sido más que otro presidente como otros tantos, con luces y con muchas sombras, pero eso sí, con uno de los premios Nobel de la paz más surrealistas que se recordarán.

Esta vez las elecciones en USA han tenido un aire distinto y eso es lo único con lo que me quedo, el espectáculo ha superado, con creces, el «más dificil todavía» de los circos de tres juego-de-tronospistas. Se han enfrentado dos candidatos que no gustan un pelo a la mayoría de sus votantes, que han visto como han de elegir entre “susto o muerte”. Creo que la mayoría de las masas no se sienten identificadas, ni con la candidata del aparato, ni con un multimillonario al que parece que todo le importa un pimiento pero que ha sabido contactar con las clases más radicales y más, digamos, “outsider” de los Estados Unidos y que ya ha ganado, pase lo que pase, porque ha dado la vuelta como un calcetín a la política en USA y ha llegado muchísimo más lejos de lo que se podía esperar.

No se todavía resultados pero creo que nos podemos llevar una sorpresa nada agradable si Trump se hace con la Casa Blanca. No sería raro, no harían más que seguir la peligrosa “moda” de la tenencia nacionalista derechista que se lleva en  Europa y que es un reflejo del hartazgo con la clase política (Brexit, Francia, Alemania, Hungría…)

De todas formas, aunque Trump o Hillary ganen los comicios tampoco va a cambiar demasiado, ni el mundo se acabará ni sonarán las trompetas del Apocalipsis en «dolby calma-vota-le-pen--478x470sorround». Los electores lo tienen asumido, en realidad son dos caras de la misma moneda y puede que por eso ninguno de los dos haya levantado a las masas. Por mucho que se empeñe el FBI con sus manejos, los dos candidatos se deben a otros factores como la composición de las cámaras (si, allí también tienen congresistas, senadores y seguramente jugadores del «Candy Crush»). Quién salga elegido ya tiene sus compromisos adquiridos con todos los que han puesto los dineros para ponerlos ahí y que vete a saber cuales serán. Si por un lado se rumorea de Trump y Putin, por otro se habla de los jeques árabes financiando la fundación Clinton. Si de algo se caracterizan por USA es por hablar sin temor a la “Ley Mordaza”, a no ser que seas Snowden.

Al final no se quién se va a hacer con la Casa Blanca, pero lo que si aseguraría es que no wall-street-binary-optionsdebería quitarnos mucho el sueño. Más allá de la decoración más o menos country de la mansión no creo que pasen grandes cosas. Para ello deberían cambiar no la cara del Presiente de Estados Unidos sino, más bien, para que cambie algo deberían temblar los cimientos WallStreet y todos sus sucedáneos. No debería cundir el pánico gane quién gane, en el fango ya estamos y no creo que ninguno de los dos quiera, ni pueda, sacarnos de ello. Hasta que no seamos capaces nosotros mismos de darnos cuenta del juego de sombras chinescas en el que estamos inmersos no vamos a salir de esta.