Seguro que alguna vez has visto alguna película de casinos, gánsteres y robos. Ya sabes, aquellas en las que aparecen unos señores de frac moviendo fichas y bolitas en una ruleta mientras otros, vestidos a lo ninja intentan asaltar la caja fuerte y largarse con los cuartos. Algunas veces los pillan, otras no, depende de quienes sean los actores. Si es alguno de medio pelo seguro que aparece un detective de policía genial y acaban en Sing Sing, pero si es George Clooney la cosa cambia y acabará gastándose en botín en cualquier paraíso, como muchos patriotas de los que esconden el dinero en Andorra para que no los pille el fisco, ¿verdad?. Lo que resulta inevitable es que sintamos cierta atracción por los cacos, quizás sea porque estamos un tanto hartos de oír aquello de “gana la banca”, ¿quién sabe?
Pues yo no se a ti pero a mí por lo menos me está ocurriendo algo parecido cuando veo que Caixabank quiere echar a más de 8.000 trabajadores, y el BBVA a casi 4.000, sin pestañear siquiera y sin que el ministerio del ramo ni los sindicatos del sector armen la de Troya, ahí es nada. Ahora, después de que lleven años haciendo que nos acostumbremos a hacernos nuestras propias gestiones en los cajeros o por internet adivinamos que sus intenciones eran las de “hacer que sobre gente” Si los empleados se hubiesen vuelto luditas quizá no hubiésemos llegado a esto. Pero bueno, eso es otra historia, una historia en la que entran las miradas prepotentes que recibíamos cuando nos decían “Eso se hace en el cajero” o “eso de 9 a 10:45”. De aquellos polvos vienen estos lodos, dicen.
Ellos, los que nunca tienen bastante, siempre ellos, pobrecitos que se llevaron el oro cuando nos dijeron que estaban arruinados y que se las han apañado para no devolver nada y justificar el cobro de comisiones sólo equiparables a las de algunos políticos bien vestidos. Los mismitos que esta semana han ganado en bolsa muchísimo más de lo que ganarán todas nuestras familias durante varias generaciones nos dicen que necesitan despedir a miles de sus empleados para sanear sus bancos mientras vemos lo que se llevan sus mandamases al año. Por citar un par de ejemplos, Gonzalo Gortázar (Caixabank), 3 millones. José Ignacio Goirigolzarri (Bankia), sobre los dos millones (sin olvidar que todavía ha de estar disfrutando de los 50 millones que se llevó como pensión en 2009 del BBVA). Y ya que mentamos a los de Vizcaya podíamos decir que su presidente , Carlos Torres, se lleva millón y medio de un banco que paga 80 millones a un señor al que se le piden cuentas por sus trejemenejes de novela negra cutre con Villarejo. Viendo estas cifras lo que resulta complicado es encontrar a alguien no comprado que no sienta cierto resquemor contra esta especie de ejército de Pancho Villa que continúa haciendo de las suyas.
Siguen a lo suyo, se llevan las comisiones, nos maltratan cuando llamamos a sus puertas y no les importa demasiado llevarse el techo de los que andan apurados en estos tiempos en los que, como cantaban Celtas Cortos, vivir es un arte. Saben que están blindados por obra y arte de las puertas giratorias y los sillones mulliditos para el que se porta bien con ellos. Mucho me temo que,una vez más, oiremos aquello de “gana la banca” ¿Hasta cuando?








supervisar la información que llega al cerebro para hacer saltar las alarmas ante cualquier cosa que pueda afectar a nuestra supervivencia. El problema es que nuestro cerebro no tiene sentido del humor, no distingue lo que es verdad y lo que es mentira o lo que es realidad o fantasía. ¿Qué más le da? La idea es salvar el pellejo y a la mínima hace saltar las alarmas, libera cortisol y nos pone tensos como cuerda de funambulista. Los medios lo saben, saben que las noticias malas nos atraen más que las buenas porque necesitamos los inputs para conocer nuevos peligros “por si acaso”. Y es por eso que lo normal es que nos inunden a base de titulares horripilantes, necesitan audiencia y muchos “clicks”. Tanto abusan de ello que llegamos a pensar que no pasa nada bueno en el mundo y es más bien al contrario, lo que ocurre es que las buenas noticias no venden.
llegada del “enemigo público número uno”, el que provoca todos los males y el malo entre los malos. Tan tocados andamos que ya se dice que la cuarta ola de esta pandemia va a ser la de la salud mental y para eso, mira por donde que tampoco estamos preparados. La falta de recursos y el aumento de la demanda urgente de tratamientos psicológicos ante la avalancha de los que no andamos precisamente sobre una nube después de tanto confinamiento, incertidumbre y encierro no ha hecho otra cosa que sacar a la luz el hecho de que como se han empeñado en hacernos creer que vivimos en una
un psicólogo o un psiquiatra antes de que sea muy tarde o que, por lo menos debieras aprender a desconectar un rato de tanta mala uva, relajarte, cambiar la perspectiva, hacer yoga, meditación, salir a correr. Lo que sea para romper la espiral en la que andamos metidos y te haga recuperar un poco de aire. Si te sientes mal puede ser normal, no somos diferentes del resto de animales y nuestro primer objetivo es la supervivencia y el rosario de noticias contradictorias en las que un día se puede hacer algo, el día después no y que todos los santos días estén diciéndote que vamos a palmar todos en la próxima ola no han hecho otra cosa que ir destrozando poco a poco todos nuestros esquemas y nos sintamos hechos un guiñapo.
dormir… y tantas otras cosas que están afectando cada vez más y más a la mayoría de los humanos que nos ha tocado lidiar con “el bicho”. No creas que eres débil. Aunque en las redes sociales sigan apareciendo personajillos sonrientes, este virus nos ha afectado a todos. Nos ha dado la vuelta a nuestra vida como a un calcetín y nos ha hecho más vulnerables, más necesitados de ayuda. Justo ahora que dicen que no podemos tocarnos es cuando descubrimos el valor de un cálido abrazo para mantenernos en pie ¿Qué le hemos de hacer? Somos así, solo apreciamos lo que perdemos.